Los médicos hipocráticos expresan desde la Antigüedad que el organismo del hombre reproduce en sí al universo, premisa con la cual hacen un conjunto de observaciones prácticas de carácter terapéutico, pues cualquier perturbación en el cielo repercute en el cuerpo o el alma del hombre.163 En la tradición clásica, el orden y concierto de las esferas celestes del universo aristotélico-ptolemaico- que es el que Sor Juana nos describe en El sueño- es, pues, parte integrante de la alegoría macro-microcósmica. El cuerpo humano es visto en el Renacimiento como un reloj así como las esferas celestes son representadas por un astrolabio. Entre uno y otro mecanismos hay una evidente analogía.164 Sor Juana contaba con un astrolabio entre los diversos artefactos científicos que tuvo que regalar a instancias del arzobispo Aguiar y Ceijas, según nos cuenta el Padre Calleja. El mundo como una máquina que Dios gobierna desde fuera - ...la inmensa muchedumbre de tanta maquinosa pesadumbre...(vv. 470-471), esto es, ...la máquina voluble de la Esfera... (v. 486)- despierta en el alma una curiosidad fáustica. No, Sor Juana no intenta una comunión mística con lo divino. En el clímax del poema quiere aprehender el inmenso cúmulo de objetos que es el mundo. Y el mundo es para ella desde la fuente, la rosa y el hombre hasta ...la cuantidad inmensa de la Esfera... de la que considera el curso ...regular, con que giran desiguales / los cuerpos celestiales... (vv. 302-305).
En su libro El círculo roto sobre la astronomía en la Nueva España, Elías Trabulse da cuenta del caso de Fray Diego Rodríguez, contemporáneo de Sor Juana y astrólogo (como se llamaba entonces a los astrónomos). En él se hallan presentes ideas a las que Sor Juana parece ser ajena: nuevas ideas que corresponden a los avances de la astronomía, de los que tanto se cuidaba la Iglesia. Sor Juana sostuvo el credo tomístico de la incorruptibilidad de los cielos al defender la
163
Tratados hipocráticos, III, De la dieta, pp. 105-116. 164
José Gaos ha observado ya la presencia que tienen los artefactos mecánicos en la obra de Sor Juana. Refiriéndose al volante, el fuelle, el arcaduz y la oficina de El sueño, dice: "Imposible no reconocer en este grupo de imágenes un resabio poético de la concepción mecanicista de lo somático y fisiológico que hizo su trayectoria en la filosofía y en la ciencia desde los animales máquinas de Descartes y el materialismo de Hobbes hasta el materialismo del hombre máquina de Lamettrie. Claro que en la poetisa no pasa el resabio de consistir en una comparación con artefactos y artes, inconsciente de sus orígenes y de intenciones de mayores alcances." Op. cit., p. 59. No tan inconsciente ni libre de intención, creo, pues no es un tema frecuente en la poesía de su tiempo.
posición del Padre Eusebio Kino sobre el trayecto infralunar de los cometas. Esta opción de Sor Juana es convencional por los cuatro costados: lo es porque queda bien socialmente con Kino y con la virreina, y lo es porque se trata de un lugar común en la literatura misma. En su propia poesía ilustra, por ejemplo, el hilemorfismo:
Probable opinión es que, conservarse la forma celestial en su fijeza,
no es porque en la materia hay más firmeza sino por la manera de informarse.
Porque aquel apetito de mudarse
lo sacia de la forma de nobleza...(soneto 183)
Es casi imposible saber cuál fue el verdadero credo astronómico de Sor Juana. Su interés en la observación de las estrellas era algo real -eso lo sabemos de seguro por lo que cuenta ella misma y su biógrafo contemporáneo, el Padre Calleja. Pero por lo que respecta a marcos teóricos, lo único que nos queda firme es la convención aristotélico-ptolomaica prevaleciente en el Siglo de Oro.
Paralelamente sabemos que Fray Diego sostenía que los cielos no eran sólidos ni inco- rruptibles:
...ya que por ellos podían correr libremente los cometas. Deslindando con tacto la fe de la ciencia dice lo siguiente refiriéndose a la inexistencia de esferas cristalinas: "el haber cielos sólidos, fluidos, o un purísimo ether no es de fe..." (...) Los cometas son ultralunares, o como dice fray Diego, " de la luna para arriba," pues sus paralajes así lo demuestran. Cree que la órbita de estos astros es circular y refuta a Kepler quien las creía rectilíneas.165
Fray Diego prosigue en su contradicción con los dogmas. Para él, los planetas giran alrededor del Sol, y no de la Tierra, como la Iglesia sostenía entonces:
En un breve pasaje de su Discurso donde diserta acerca de la imposibilidad de que existan cielos cristalinos da como segundo argumento el siguiente: "La
165
segunda razón [en contra de que haya cielos sólidos] sea de los movimientos de los cinco planetas Saturno, Júpiter, Marte, Venus y Mercurio (como afirma Tycho y otros muchos) que se mueven alrededor del Sol concéntricamente..." Este fragmento es contradictorio, pues según la teoría de Tycho, sólo Mercurio y Venus giran alrededor del sol, el cual junto con Marte, Júpiter y Saturno, gira alrededor de la Tierra. Pero lo que aquí expone fray Diego no es la teoría de Tycho Brahe (pese a que él así lo afirme) sino la de Copérnico; y por el sencillo expediente de ignorar a la Tierra y no afirmar explícitamente que, junto con los otros cinco planetas que mencionó, gira también alrededor del sol, salva su ortodoxia religiosa y afirma indirectamente su verdadero credo astronómico.166
El silencio es un elemento importante cuando se trata de estudiar no sólo la obra, sino la vida misma de Sor Juana. El silencio aparece en El sueño bajo la forma de Harpócrates y el silencio es lo que ella debe guardar, como lo hizo a su vez Fray Diego Rodríguez, cuando se rozan ideas que la Santa Inquisición podía considerar pretexto suficiente para un proceso. Ella misma dice en la Carta a Sor Filotea: "no quiero ruidos con el Santo Oficio." El que sabía, debía callar.
Pero el arte no tiene por qué decir la "verdad" estricta, y es claro que el mensaje profundo de El sueño es, por su naturaleza misma, inherente a la visión antropocéntrica -ora centrífuga, ora centrípeta- propia de la tradición clásica. En otras palabras: bajo una visión del universo distinta, El sueño no hubiese sido compuesto por Sor Juana. De hecho, la Iglesia, a pesar de estar entonces en vías de aceptar con muchas dificultades las ideas copernicanas, descansaba firmemente aún sobre las antiguas bases cosmográficas y lo siguió haciendo mucho después.167 Desde tiempos de Felipe II se difundió en Salamanca el sistema heliocéntrico de Copérnico sin intromisiones del Santo Oficio y se tradujo De revolutionibus al castellano. Pero esto no afectó la convicción piadosa de que la Tierra es siempre la misma y Dios es Dios. Después de la condenación de Galileo en 1616, la teoría de Copérnico fue censurada, pero en los almanaques hispanos se siguieron utilizando sus procedimientos matemáticos.168
166
Ibid., pp. 64-65. 167
Juan Vernet, Astrología y astronomía en el Renacimiento. La revolución copernicana, pp. 134-149. 168
En su poema, Sor Juana critica prudentemente la astrología judiciaria, es decir, la astrología como pronóstico fatalista. El estudio vanamente judicioso lleva, en la culpa, la penitencia de alterar el sosiego de las vidas cuyo futuro sólo pueden decidir ellas mismas por su libre albedrío. Esta crítica se da en el poema cuando el alma se separa temporalmente del cuerpo durante el sueño y se remonta a las esferas celestes:
...La cual, en tanto, toda convertida a su inmaterial ser y esencia bella, aquella contemplaba,
participada de alto Ser, centella que con similitud en sí gozaba; y juzgándose casi dividida de aquella que impedida
siempre la tiene, corporal cadena, que grosera embaraza y torpe impide el vuelo intelectual con que ya mide la cuantidad inmensa de la Esfera, ya el curso considera
regular, con que giran desiguales los cuerpos celestiales
-culpa si grave, merecida pena (torcedor del sosiego riguroso) de estudio vanamente judicioso...169 (vv. 292-308)
Si para la Iglesia no eran válidos los pronósticos astrológicos, sí lo eran, sin embargo, las profecías bíblicas, por tener su origen en la voluntad de Dios. Desde 1586, la bula de Sixto V contra la astrología judiciaria y otras formas de adivinación puso coto a la formulación de horóscopos, aunque es sabido que en la corte siguió siendo una práctica. En realidad la bula misma permitía las predicciones astrológicas relativas a la agricultura, la navegación y la medicina, y en España se tradujeron libremente tratados astrológicos italianos, como el de Paulus Gallicus (1584; Granada, 1606, 1612 y 1617), que tomaba en cuenta los horóscopos para el diagnóstico médico. Se condenó la astrología "árabe" por su fatalismo, pero mientras se salvase el credo del libre albedrío (Deus super omnia), se permitió la publicación repetida de
169
tratados como el de Gerónimo Cortés, Phisonomia y varios secretos de naturaleza, que se centran en la significación fisonómica de los influjos astrales en los humores y temperamentos. Dicha obra fue expurgada por la Santa Inquisición y aún así contiene propuestas como la siguiente:170
Y es de notar que por el Planeta, que reynaba en la hora que cada uno nacía, sacaban y sabian la naturaleza, la inclinacion y condicion de cada qual, para qué Facultad era apto, y conveniente; y así se imponian, o aconsejaban a sus Padres, que le impusiese la Facultad, Arte o Letras que a cada uno le ayudaba e incitaba su naturaleza. Pluguiese a Dios nuestro Señor, y otra, y otra vez, y cien mil veces digo, que pluguiese a Dios, que en las Republicas hubiese personas azalariadas que supiesen sacar la natural inclinacion de cada uno, y para qué Arte o Facultad seria bueno, imponiendole a ella, de esta suerte todos saldrían hábiles, diestros y muy entendidos en aquello que emprendiesen...171
Sor Juana nos presenta un sutil razonamiento sobre la predicción de acontecimientos futuros en el Auto del Cetro de José, donde Inteligencia le responde a un Lucero preocupado por la profecía del Mesías:
(...)
INTELIGENCIA
No, porque a tener premisas, ya en los aspectos celestes, ya en los vientos que dominan, o ya en los temperamentos que diferencian los climas, o en otras ocultas causas,
que aunque nunca comprendidas son de los hombre, lo es el efecto que pronostican... ...y si hubieran, como he dicho, precedido estas premisas, se pudieran alcanzar, o ya por ciencia adquirida o por la razón natural o Astrológica pericia,
170
Thorndyke, op. cit., pp. 156-167. 171
siendo humana conjetura, no Revelación Divina, y entonces yo, mejor que él, lo alcanzara, y la noticia les diera a los Agoreros...172
(vv. 732-740, 759-769)
La astrología, a pesar de todas las persecuciones, siguió siendo cultivada. Su sede fue siempre la corte, donde las costumbres eran más permisivas y caprichosas y se conservaba la tradición del humanismo renacentista al modo italiano y borgoñón, con resabios de Marsilio Ficino y Pico de la Mirándola. Sor Juana vivió la corte antes de profesar, y aún después, en su poesía y en su doctas tertulias conventuales, frecuentadas por los virreyes y otros cortesanos y sabios. De hecho, su predilección por los modos de la corte fue, en parte, lo que la condujo a ser cuestionada por autoridades eclesiásticas.
Uno de los muchos reflejos de su cortesanía son los horóscopos a que alude sin ningún recelo en sus poemas. Era propio y elegante entre los nobles tener un horóscopo. Cuando nace el primogénito de María Luisa en el mes de julio, Sor Juana escribe el romance 32:
...Mas no de grandeza tanta en proporcionado asunto el coronado Rugiente, abrasado Signo suyo;
ni menos el que el Romano primer Monarca le impuso en el triunfo de su nombre todo el nombre de sus triunfos:
sino porque en el espacio de su sucesivo curso, nació un Sol, a cuyos rayos quedó todo el Sol obscuro...173
(vv. 5-16) 172 O.C., t. III, p. 226. 173 Ibid., t. I, p. 91.
Cuando cumple años el Marqués de la Laguna, le envía esta endecha (73):
...El dorado torno que daban en bellos hilos de sus rayos claros crecimientos,
de los doce Signos con huellas de fuego pisó ya otra vez los varios aspectos...174
(vv.9-16)
También aprovecha la ocasión del cumpleaños del vástago de los virreyes, en el romance 25, para pedir el indulto de un reo entre hiperbólicas adulaciones astrológicas:
...En fin, ya, gracias a Dios, habemos llegado al puerto, pasando vuestra edad todo el Océano del Cielo.
Ya habéis visto doce Signos, y en todos, Alcides nuevo, venciendo doce trabajos de tantos temperamentos...175
(vv. 73-80)
Uno tras otro desfilan los signos del Zodíaco para aumentar doce veces el elogio, pues el día del natalicio de los nobles es día de indultos y de gracias:
...Ya al León dejáis vencido, ya al Toro dejáis sujeto, ya al Cáncer sin la ponzoña y al Escorpión sin veneno.
174
Id., pp. 193-194. 175
Sin flechas a Sagitario, hollando de Aries el cuello; a Géminis, envidioso, y a Acuario dejáis sediento.
Enamorada a la Virgen, a los Peces dejáis presos; al Capricornio, rendido, y a Libra, inclinado el peso...176
(vv. 85-96)
La astrología le sirve asimismo como metáfora para quejarse por el distanciamiento de sus amigos, como en el romance epistolar 39:
...Mucho dista el Sol luciente de la tierra, y no por eso dejan en ella sus rayos de producir sus efectos.
Por más que doblen distancia esos claros once espejos, ¿dejan de imperar los Astros en los sublunares cuerpos?
¿Les pueden a sus influjos se de algún impedimento las raridades del aire
ni los ardores del fuego?...177
(vv. 101-112)
Sin ninguna cortapisa la ciencia de los astros le da pie, incluso, para hacer una alabanza a la Virgen María en su villancico a la Asunción 254:
La Astrónoma grande, en cuya destreza
son los silogismos
demostraciones todas y evidencias;
176
Id., p. 76. 177
La que mejor sabe contar las Estrellas, pues que sus influjos
y sus números tiene de cabeza,
la que de las líneas tiene más destreza, pues para medirlas
tiene el ejemplo en sí de la más recta,
no forma de astrolabios, pues para más cierta cantidad, se sirve
de los círculos mismos de la Esfera.
Ella hace, en los Signos, que Cancro no muerda, que el León no ruja
ni el veneno nocivo Escorpión vierta.
De benigno aspecto es Luna serena, con que crisis hizo
de su achaque letal Naturaleza.
De eclipse y menguantes vive siempre ajena, pues de su epiciclo
ni el Sol se aparta, ni la sombra llega...178
También piensa en ella cuando la invade el "spleen" o melancolía, como en el famoso grabado de Durero. "Aprendamos a ignorar...", nos dice, y con reverberaciones de Nicolás de Cusa en De docta ignorantia, se queja del saber demasiado en su romance número 2: Finjamos que soy feliz,/ triste Pensamiento, un rato...":
...¡Qué felizmente viviera el que, flojamente cauto, burlara las amenazas
178
del influjo de los astros!...179
(vv. 137-140)
La compleja geometría del macrocosmos, con todos sus tintes filosóficos, es un punto clave de El sueño, donde, aparentemente, encontramos de nuevo ecos de Nicolás de Cusa:
...según de Homero, digo, la sentencia, las Pirámides fueron materiales
tipos solos, señales exteriores de las que, dimensiones interiores, especies son del alma intencionales: que como sube en piramidal punta al Cielo la ambiciosa llama ardiente, así la humana mente
su figura trasunta,
y a la Causa Primera siempre aspira -céntrico punto donde recta tira la línea, si ya no circunferencia, que contiene, infinita, toda esencia...180
(vv. 399-411)
Es difícil establecer si Sor Juana leyó realmente a Nicolás de Cusa. Por su alusión indirecta al De docta ignorantia, cuya idea permea su obra, así como por la teoría de las dos pirámides superpuestas que Vossler, Paz y otros creen que extrajo de sus lecturas de Kircher,181 es casi seguro que lo leyó directa o indirectamente. Pero si los críticos han pasado por alto la presencia en la obra del Cusano del emblema de las pirámides,182 le han atribuido con facilidad a él o a Kircher la metáfora de Dios como centro y circunferencia a la vez.183 Y digo con facilidad
179 Id., t. I, p. 8. 180 Id., p. 345. 181
Pascual Buxó ha propuesto también como posible fuente de la pirámide de sombra en los primeros versos de El sueño la descripción del eclipse de luna de Plinio en su Historia natural: "Y no es otra cosa noche, sino sombra de Tierra. Es semejante su sombra a un trompico, pues que solamente toca la luna con la punto y no excede altitud della y, ansí, ninguna otra estrella eclipsa del mismo modo, y la tal figura siempre acaba en punta... Encima de la luna todo es puro y lleno de continua luz, mas nosotros vemos de noche las estrellas como solemos en las tinieblas ver cualquier otra lumbre...," "Sor Juana egipciana...," p. 8. La traducción de Plinio es del doctor Francisco Hernández. 182 Ver nota 70.
183
"La imagen de Dios como un círculo cuyo centro está en todas partes -proposición a un tiempo irrefutable e indemostrable- viene de Nicolás de Cusa, aunque sor Juana, según ella misma lo dice en la Respuesta a sor Filotea de la Cruz, la tomó de Kircher. En su De docta ignorantia, el Cusano había dicho que el cosmos no tiene
porque ignoran una larga tradición de dicha metáfora en el pensamiento místico español. La encontramos en los franciscanos Fray Francisco de Osuna en su Cuarto Abecedario184 y Fray Bernardino de Laredo en su Subida del monte Sión,185 quienes interpretan el deseo de San Pablo (I Corintios, XIII, 12) y San Juan (Evangelio, I, 18) de contemplar plenamente a Dios dentro de la máxima capacidad humana. Sor Juana tiene un afán similar en El sueño, pero con los ojos vueltos a la máquina del mundo. Aún así se vale de la metáfora, como sus predecesores, para referirse a la "Causa Primera." El círculo, forma básica de la alegoría microcósmica, pues es la versión plana de la esfera, reaparece varias veces en la obra de Sor Juana,186 así en la Respuesta a Sor Filotea187 como en sus muchas metáforas hiperbólicas:
circunferencia, pues si la tuviera habría otro espacio más allá del cosmos... [por esto] no está en nuestro poder comprender al cosmos cuyo centro y cuya circunferencia es Dios... La paradoja de Nicolás de Cusa se inscribe en la tradición de la teología negativa del Areopagita...," Paz, op. cit., p. 427. Y en otra parte dice: "El Cusano se enfrentó, varios siglos antes de Kant, a la antinomia del infinito y quiso deshacerla con la paradoja del círculo cuyo centro está en todas partes. El círculo no encierra al infinito, no lo define, pero es una imagen que nos permite, ya que no pensarlo, entreverlo." Ibid., p. 501.
184
"Si hubiere una circunferencia de compás que hiciere un cerco infinito en grandeza, mayor que el cerco del cielo, y en medio dieses un punto, claro está que podrías traer infinitas líneas de la circunferencia al punto pequeñito; y podrás barruntar la proporción de la ley de amor que el Señor tuvo ab aeterno con cada uno de los escogidos...," Ver Manuel Morales Borrero, La geometría mística del alma en la literatura española del siglo de oro," p. 60.