los medios propios para alcanzar algún fin En otras palabras, cada división del tema presentará un medio para alcanzar tal tema.
F. LA ELABORACION DEL SERMON
Cuando llegamos a este punto en la preparación del mensa je, tenemos un esqueleto o un armazón estructural. El bosquejo está listo, pero sin embargo sabemos que el armazón de un edificio es feo, y un esqueleto no nos apela sino que nos asusta. Hay que revestirlo, elaborarlo con materiales que atraen al au ditorio. Por conveniencia, usaremos la palabra “ilustración” para describir este proceso. Es absolutamente necesario agre gar materiales ilustrativos. Estos materiales apelan al entendi miento, a la razón, al sentido de necesidad, a la conciencia mo ral, y a las emociones básicas del ser humano. Muchos predica dores piensan que “una ilustración” es nada más que una anéc dota que se encuentra en un libro de ilustraciones. Sin embargo, están equivocados. La ilustración cumple con la función descrita arriba y puede ser una sola palabra o un relato muy largo. Es necesario, pues, revestir el esqueleto o sea “agregar la carne a los huesos”. Estas ilustraciones llegan a ser “las ventanas” del
M A N l l A l . D E I t O M t L é . T I C A P A R A L A IC O S
sermón, por las cuales los oyentes observan la estructura. “Ilus trar”, según la etimología de la palabra, quiere decir “arrojar luz” sobre un asunto. Pero como material de elaboración en la predicación, las ilustraciones se usan para explicar, probar, adornar, convencer, conmover e imprimir ideas. Entonces, son materiales que sirven como “resortes” para mover la voluntad. Es la parte del sermón que ayuda a la congregación a ver a tra vés de los ojos de la mente. Estos materiales asumen ciertas formas en el sermón.
1. Formas de elaboración:
> a) La definición es una ilustración y tiene por función de limitar con precisión lo definido, separándolo idealmente de to do lo demás. Hay que incluir definiciones en nuestros sermones, especialmente cuando hablamos a nuevas personas en una ter
minología evangélica. Apela al entendimiento. Si empleamos
términos teológicos, es necesario usar sinónimos de tales térmi nos para que el oyente entienda nuestra jerga. Si no lo hacemos, estamos “hablando en lenguas” sin un intérprete.
b) La narración apela al entendimiento y a los afectos. Quien oye o lee el relato, participa imaginariamente, como si fue ra propia, de la experiencia narrada. Cristo fue un maestro de este método y sus parábolas son clásicas hasta el día de hoy. Uno de los principios didácticos que pregona la moderna pedagogía, es el del aprendizaje indirecto. La narración responde eficazmen te a ello. La Biblia es un ejemplo por excelencia de la narración. c) La descripción apela al entendimiento por medio de la imaginación. Ruskin dijo: “La cosa más grande que el alma humana jamás puede hacer, es contemplar algo, y luego contar lo que vio de una manera sencilla... Contemplar claramente es poesía, profecía y religión”.
Los tres requisitos de la descripción son: m irar bien, re tener bien y reconstruir bien. Aquí cumplimos con la función de ser testigos. Saber pintar “imágenes mentales” con palabras es un don que debemos cultivar. La práctica de escribir textual mente algunos sermones enriquece nuestra agilidad en la des cripción.
d) La ejemplificación: El público demanda un ejemplo con creto. El predicador no debe dejar su elección para el último
M A N U A L 1)1-. I I O M IlÍ '.T IC A P A R A L A IC O S
sermón, por las cuales los oyentes observan la estructura. “Ilus trar”, según la etimología de la palabra, quiere decir “arrojar
luz” sobre un asunto. Pero como material de elaboración en
la predicación, las ilustraciones se usan para explicar, probar,
adornar, convencer, conmover e imprimir ideas. Entonces, son
materiales que sirven como “resortes” para mover la voluntad. Es la parte del sermón que ayuda a la congregación a ver a tra vés de los ojos de la mente. Estos materiales asumen ciertas formas en el sermón.
1. Formas de elaboración:
a) La definición es una ilustración y tiene por función de limitar con precisión lo definido, separándolo idealmente de to do lo demás. Hay que incluir definiciones en nuestros sermones, especialmente cuando hablamos a nuevas personas en una ter
minología evangélica. Apela al entendimiento. Si empleamos
términos teológicos, es necesario usar sinónimos de tales térm i nos para que el oyente entienda nuestra jerga. Si no lo hacemos, estamos “hablando en lenguas” sin un intérprete.
b) La narración apela al entendimiento y a los afectos. Quien oye o lee el relato, participa imaginariamente, como si fue ra propia, de la experiencia narrada. Cristo fue un maestro de este método y sus parábolas son clásicas hasta el día de hoy. Uno de los principios didácticos que pregona la moderna pedagogía, es el del aprendizaje indirecto. La narración responde eficazmen te a ello. La Biblia es un ejemplo por excelencia de la narración. c) La descripción apela al entendimiento por medio de la
imaginación. Ruskin dijo: “La cosa más grande que el alma
humana jamás puede hacer es contemplar algo, y luego contar lo que vio de una manera sencilla. .. Contemplar claramente es poesía, profecía y religión”.
Los tres requisitos de la descripción son: m irar bien, re tener bien y reconstruir bien. Aquí cumplimos con la función de ser testigos. Saber pintar “imágenes mentales” con palabras es un don que debemos cultivar. La práctica de escribir textual mente algunos sermones enriquece nuestra agilidad en la des cripción.
d) La ejemplificación: El público demanda un ejemplo con creto. El predicador no debe dejar su elección para el último
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momento. Debe esmerarse en buscar los que con la mayor propie dad posible hagan resaltar el punto que se desee aclarar. No se pierda en los detalles del ejemplo. Utilícelo para ilustrar una sola cosa.
> e) La comparación: Esta incluye también el contraste. La necesidad de su empleo frecuente como medio de explicación obe dece a una de las leves fundamentales de la enseñanza. Para apreciar mejor “lo blanco”, tenemos que compararlo con “lo negro”. La yuxtaposición de conceptos aclara mucho.
Estas formas de elaboración son de mucho valor en este tiem po “televisionado” y de medios de comunicación en masa. Los “pensadores abstractos” se encuentran en minoría en este siglo. Como Tomás, el mundo ouiere “ver” al Señor. Nuestro deber es hacer esto posible por medio de “las imágenes mentales” que pintamos con nuestros mensajes La educación por medio de ayu das audiovisuales es muy popular. El cine y la televisión son fuentes de la recreación y las revistas que tienen más circula ción son las que publican el mayor número de cuadros gráficos. Los hechos de la fe todavía interesan a la gente, pero ésta desea verlos iluminados. Nos vemos obligados a “abrir las ventanas”. Podemos hacerlo con estos medios:
2. Medios de ilustración:
a) Figura de lenguaje. Jer. 23:29; Juan 15:1. b) La analogía: Juan 3:14.
c) La alegoría: Gálatas 4:21-31.
d) La parábola, (treinta y tres en los evangelios). el La fábula: 2 Reyes 14:9-10.
f) La alusión histórica: Juan 4:25-27. g) El incidente biográfico: Hechos 11.
h) La experiencia personal: 1 Timoteo 1:2-15.
E s t o s tipos, incorporados en el texto del sermón, fortalecen
los argumentos, proporcionan descanso mental para los oyentes, conmueven los sentimientos, ayudan a la memoria y conservan la atención del público.
3. Las cualidades de una buena ilustración.
El laico debe tomar en cuenta estas cualidades en la elección de su ilustración:
MA N I I A I . 1)1- I I O M I l i I u : A l' AKA i.a i c o s
a) Debe ser comprensible: Si tiene que explicar el signifi cado de la ilustración, entonces no sirve para nada. La fuente de la ilustración debe ser el contexto en el cual viven tanto el predicador como sus oyentes. Un misionero una vez procuraba emplear la descripción de un baño japonés como ilustración en su mensaje a una congregación norteamericana. Resultó un fracaso porque gastó treinta minutos describiendo el método del baño y no hubo tiempo para aplicarlo a su mensaje.
b) Debe ser interesante: Alguien ha dicho que mucho in teresa saber algo extraño acerca de cosas que se ven todos los
días o algo familiar respecto de cosas que no tienen la más re mota conexión con su propia vida diaria. Tanto “lo común” como “lo exótico” interesa a nuestros oyentes.
c) Debe ser gráfica: Por medio de la buena elección de pa labras, el predicador pinta un cuadro sobre la mente del oyente. Es muy necesario leer mucho para robustecer nuestro repertorio de palabras que llamamos nuestro vocabulario. Son los vehículos que usamos para comunicar el evangelio.
d) Debe ser breve: Si no son breves, llegan a dominar el sermón y cesan de ser ilustraciones. En el día de hoy, cuando el mensaje no puede durar más de treinta minutos, es impres cindible que abreviemos las ilustraciones. Lo ideal es: menos ilustraciones extensas, pero más ilustraciones breves.
e) Debe ser honesta: No queremos decir que tiene que ser un hecho auténtico, porque hay lugar legítimo para la ilustración hipotética. Pero cuando una ilustración es un hecho histórico, el predicador tiene la obligación de comprobar cada dato y presen tarlo sin exageración. La documentación breve de citas, de su cesos, etc., aporta al sermón una autenticidad deseable. Esta credibilidad homilética hace falta en un mundo que tiende a “desacreditar” la predicación.
f) Debe ser fresca: En otras palabras, tiene que tener una “frescura propia”. Las ilustraciones de “libros de ilustración” carecen de esta frescura. También las “ilustraciones extranjeras” son inútiles. Este mal se encuentra entre nosotros. Muchos pas tores nacionales buscan ilustraciones de Moody y Spurgeon, en vez de citar a sus propios autores españoles y criollos. Las ilus traciones “criollas” son mejores. Sé que faltan libros evangélicos escritos en castellano, pero el idioma castellano y la literatura, castellana son ricos e inagotables. El laico debe leer literatura,
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predicador como sus oyentes. Un misionero una vez procuraba
emplear la descripción de un baño japonés como ilustración en su mensaje a una congregación norteamericana. Resultó un fracaso porque gastó treinta minutos describiendo el método del baño y no hubo tiempo para aplicarlo a su mensaje.
b) Debe ser interesante: Alguien ha dicho que mucho in teresa saber algo extraño acerca de cosas que se ven todos los días o algo familiar respecto de cosas que no tienen la más re mota conexión con su propia vida diaria. Tanto “lo común” como “lo exótico” interesa a nuestros oyentes.
c) Debe ser gráfica: Por medio de la buena elección de pa labras, el predicador pinta un cuadro sobre la mente del oyente. Es muy necesario leer mucho para robustecer nuestro repertorio de palabras que llamamos nuestro vocabulario. Son los vehículos que usamos para comunicar el evangelio.
d) Debe ser breve: Si no son breves, llegan a dominar
el sermón y cesan de ser ilustraciones. En el día de hoy, cuando el mensaje no puede durar más de treinta minutos, es impres cindible que abreviemos las ilustraciones. Lo ideal es: menos ilustraciones extensas, pero más ilustraciones breves.
e) Debe ser honesta: No queremos decir que tiene que ser un hecho auténtico, porque hay lugar legítimo para la ilustración hipotética. Pero cuando una ilustración es un hecho histórico, el predicador tiene la obligación de comprobar cada dato y presen tarlo sin exageración. La documentación breve de citas, de su cesos, etc., aporta al sermón una autenticidad deseable. Esta credibilidad homilética hace falta en un mundo que tiende a “desacreditar” la predicación.
f) Debe ser fresca: En otras palabras, tiene que tener una “frescura propia”. Las ilustraciones de “libros de ilustración” carecen de esta frescura. También las “ilustraciones extranjeras” son inútiles. Este mal se encuentra entre nosotros. Muchos pas tores nacionales buscan ilustraciones de Moody y Spurgeon, en vez de citar a sus propios autores españoles y criollos. Las ilus traciones “criollas” son mejores. Sé que faltan libros evangélicos escritos en castellano, pero el idioma castellano y la literatura, castellana son ricos e inagotables. El laico debe leer literatura,
£L SERMÓN
diarios, novelas, historias, poesías, siempre con su “ojo homilético” abierto, convirtiéndolo en material de elaboración. Como dice un pastor argentino: “A semejanza del molino, nuestro pensamiento toma el trigo contenido en noticias, sucesos y experiencias, de toda índole, y lo convierte en la harina de meditaciones varias”.
4. Advertencias oportunas en cuanto a las ilustraciones: a) Nunca debemos construir un sermón en torno a una ilus
tración. Es un medio y no un fin.
b) Debemos evitar la monotonía en las ilustraciones emplea das de semana en semana.
c) No es necesario ilustrar lo obvio.
d) No nos hagamos el héroe de nuestras propias ilustracio nes. Deben glorificar a Cristo.
e) Nunca debemos emplear una ilustración que quite la atención de los oyentes del asunto principal del sermón. No se puede poner demasiado énfasis sobre la necesidad de tener buenas ilustraciones en nuestros sermones. La observación es la mejor fuente de las ilustraciones. Hay una regla: observar y anotar. El laico que predica debe andar “en busca” de las ilus traciones, eligiéndolas de todas las ramas de la vida. El trabajo y la vida diaria le proporcionarán una fuente inagotable de ilus traciones.
PREGUNTAS Y SUGESTIONES
1. ¿Qué es una ilustración?
2. ¿Cuáles son las formas de elaboración? 3. ¿Cuáles son los tipos de ilustración?
4. ¿Cuáles son las cualidades de una buena ilustración? 5. Señálese algunas advertencias oportunas en cuanto al uso
de ilustraciones.
6. Traiga a clase cinco ilustraciones y tenga una discusión sobre ellas.