MANUAL DE
HOMILETICA
PARA LAICOS
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La presente edición es publicada conjuntamente por la Casa Bautista de Publicaciones y la Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.
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Ediciones: 1987, 1990, 1993, 1997 Quinta edición: 1998 Clasificación Decimal Dewey: 251
Tema: Predicación 1.2 M 11 98 Printed in U S.A. ISBN: 0-311-42073 7 C B P Art No. 42073 ABAPArt. No. 14522 ISBN: 950 0074 15-X
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Indice
INTRODUCCION A. Una distinción B. Una definición EL PREDICADOR LAICO A. Su idoneidad B. Su equipo C. Su propósito D. Su mensaje EL SERMONA. El texto del sermón
B. El tema del sermón
C. La disposición del sermón
D. La introducción del sermón
E. La conclusión del sermón
F. La elaboración del sermón
G. La programación del mensaje H. La comunicación del mensaje
I. La invitación del sermón
J. La protección del sermón
K. La repetición del sermón
Prefacio
Un nuevo sentido de urgencia dentro de las filas evangélicas latinoamericanas está impulsándonos a abrir nuevas obras de ex tensión. Pastores e iglesias están manifestando un nuevo espíritu de avance.
La realización de esta visión a veces no puede esperar el largo proceso de preparación teológica que el mundo del día de hoy demanda de los jóvenes que están contestando el lla mado del Señor al ministerio. La mayor parte de ellos piensa entrar en los crecientes Seminarios Teológicos de América Latina.
Sin embargo, el avance se precisa ahora. Se calcula que hay 150.000 iglesias y puntos de predicación evangélicos en la América Latina. Sin embargo, hay sólo 13.000 alumnos en los seminarios e institutos bíblicos. Por eso, las iglesias evangélicas no pueden depender solamente de estos jóvenes excelentes que se preparan formalmente. Tienen que responder al desafío del momento. ¿Cuál es la solución para este problema?: el predicador- laico.
Los anales de la historia evangélica nos muestran que varias veces el laico ha tenido que asumir responsabilidades extras para asegurar la buena marcha de la obra: no es una solución ideal, pero sí conveniente. Lo ideal seria un pastor efectivo para todas las iglesias y anexos. Pero, ¿cuál es la situación en la realidad? Hay una gran falta de pastores. Por lo tanto, hasta que la juven tud llamada por el Señor responda y se prepare, muchas obras nuevas e iglesias serán atendidas por obreros laicos. ¡Gracias a Dios por ellos!
Reconociendo esta realidad, es necesario proporcionar a es tos valientes laicos una preparación “relámpago” que consista de unos estudios prácticos en medio de la práctica. Este obrero laico no puede deiar su trabajo secular, ni su trabajo en la nueva obra para inscribirse en el Seminario. Además no siente un lla mado al ministerio de la Palabra, por lo que tampoco desearía hacerlo, pero le gustaría tener una avuda que facilitase su ardua tarea, hasta que su iglesia o nueva obra pudiese tener un pastor
Entonces, para estos valientes laicos que forman parte de la van guardia de las fuerzas evangélicas, se preparó este breve “Manual de Homilética”, con el deseo de que sea útil en los Centros de Capa citación de obreros laicos. Se espera también que a los pastores- profesores en estos cursos, les será de mucho provecho el propor cionar un plan de estudio alrededor del cual puedan preparar sus conferencias y lecciones.
Este Manual no pretende ser original. Es más bien una com pilación de materiales de varios, libros de texto en el campo
homilético. Ninguno de estos libros sirve adecuadamente como
texto para laicos. Aun el excelente libro de Jaime Crane, El Ser món Eficaz, perfecto para las clases en un Seminario, no se adap ta fácilmente para un Instituto de laicos. Basándose en el libro de Crane, sacando material de los libros de Broadus, Blackwood, Miller, Morgan, Lenski, De Tivisa, etc., el autor ha confeccionado este Manual que, por lo menos, toca los temas más importantes en el campo de la Homilética, siem pre con el predicador-laico en vista. Su única originalidad es la de adaptarse a una necesidad apremiante.
El orden de los temas es importante. El autor, como el mis mo Crane, fue alumno del profesor H. C. Brown, de Fort Worth, Texas, Estados Unidos, y, por eso, procura presentar los temas homiléticos en el mismo orden que debe guardar un predicador en la preparación de un sermón dado. Por tanto, este método usa do por Crane, y en este estudio, se debe al profesor Brown. Por eso, el autor reconoce la valiosa contribución de los profesores Crane y Brown C), además de las secretarias y alumnos que le ase soraron en la preparación del manuscrito, y les agradece profun damente. Si el Manual sirve para impartir una orientación prác tica al obrero laico, el autor considerará que su labor no ha sido en vano
Justo C. Anderson
'1) El alumno que desea profundizar más en el estudio debe leer cuidadosa mente el libro de Crane. El Sermón Eficaz (El Paso. Casa Bautista de Pu blicaciones, 1959) y la obra magistral de Brown. A Quesf tor Reto-mal’C ' r
Preachlng (Waco: Word Books. 1968)
I. Introducción
A. UNA DISTINCION
El derrumbe de la muralla que separaba al clero de los legos, fue una de las más importantes contribuciones de la Reforma. Los reformadores captaron de nuevo la gran doctrina del sacerdocio del creyente. Este principio se encuentra entre los más preciosos de los evangélicos. Esencialmente, todos los creyentes son iguales delante de Dios, pero, funcionalmente, hay una distinción muy importante que no debe ser olvidada: el llamamiento al ministerio de la Palabra. Este ministerio también es una doctrina distintiva de los evangélicos.
Dios sigue llamando y apartando a ciertos hombres para el ministerio de la Palabra. En un sentido, todos los creyentes reciben una vocación a servir al Señor (el ministerio común), pero en otro sentido particular, Dios llama a sus ministros especiales (el ministerio oficial).
La respuesta a este llamamiento implica dos cosas: la predi cación y la dedicación. La primera quiere decir un ferviente im pulso a predicar la Palabra. La segunda, una consagración de todo nuestro tiempo al Señor. El resultado de este llamamiento de Dios y la respuesta del hombre, es el predicador-pastor, el sier vo de Dios que dedica todo su tiempo a la obra y que depende del sostén de una iglesia. A pesar de lo que digan algunas denomi naciones, el ministerio de la Palabra es neotestamentario. Por eso, como bautistas, utilizamos los términos “pastor” y “laico”. Una iglesia local, al reconocer el llamamiento divino en la vida del hombre llamado, después de un período de prueba y preparación, le ordena al ministerio de la Palabra. La ordenación es nada más que el reconocimiento de la obra de Dios en la vida de tal hombre. Entonces, la iglesia reconoce una distinción que Dios ya ha hecho, i En todo el énfasis sobre la importancia del laico en el desarrollo de la obra, no menospreciemos la importan cia del ministerio, ni perdamos de vista el momento cuando Dios
nos provee un iii('iis;ijt'io llamado |);ir;i lodos los pulpitos en l;i Obra.
El predicador-pastor os (’l ideal, poro la historia nos dormios Ira quo en ciortas etapas dol desarrollo de la obra, las iglesias lienen (pie depender di' la obra de predicadores-laicos.
Debido a muchos factores espirituales, económicos y nacio nales, el número de predicadores-pastores os muy reducirlo. Hay más iglesias y obras nuevas que pastores y seminaristas. En esta situación se presenta el valiente obrero-laico para ponerse en la brecha. Esta solución temporaria no quita la distinción, sino que
m antiene la extensión hasta que Dios levante a los llamados. Es interesante que muchas veces estos mismos obreros laicos son llamados por medio de su experiencia frente a esta responsabl
lidad. Quisiera hacer resaltar esta verdad: el mero hecho de
tener obreros laicos adiestrados actuando con mucho éxito en la obra, no quita la necesidad del ministerio de la Palabra. Los dos obreros, “pastor” y “laico”, se complementan.
Definamos, como resumen, los dos términos:
1. Predicador-oastor: Es el que siente un llamado especial de Dios a predicar v a dedicar todo su tiempo a la obra. Si de dica tiempo al trabaio secular es solamente temporario, pro visorio. para poder prepararse meior. o sostenerse hasta que la iglesia mieda hacerlo. Su trabajo fuera de la iglesia es así un medio para llegar a un fin, pues debe ser sostenido
por la iglesia.
£ Predicador-laico: Es el que no siente un llamado a dedicar todo su tiempo al ministerio, sino un deseo de servir plena mente ni Señor por medio de su profesión, v el fiemno qim le
queda, luego de desempeñarse en ella Este hombre predica
la Palabra o atiende la obra interinamente hasta nue D;os
proporcione un obrero llamado v preparado T,a predicación
es en él un medio para llenar a un fin. F l sostiene a la
iglesia
En la nrimera categoría se incluirían los hombres míe sientan un llamado a dedicar todo cu fiemno a la música o a la educa ción religiosa ele ]os raíales son predicadores en un spnt'do
a m p l i o aunoue no están ordenados romo tales
ITn entendimiento claro de eda distinción es nuiv neces.am' Esencialmente n'< ha»' diferencia ñero func;onalmente ■d 'o t” v El pastor debe reconocer la importancia del laico v viceversa
M A N U A L l ) K I I O M I l i . l I UA l ' A K A I . AI COS
INTROD UC CIÓ N
Los dos tienen el deber de prepararse. Los dos tienen su lugar en la obra misionera del Señor.
El laico que va a predicar debe darse cuenta de lo arriba se
ñalado. Debe ser un moderno Juan el Bautista, preparando el
terreno, anticipando la venida de aquel siervo de Dios, estando dispuesto a menguar cuando convenga. Los dos tipos de predi cadores deben tomar muy a pecho la frase paulina, “en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Rom. 12:10).
Mientras tanto, el laico predica con fervor el mensaje, reco nociendo sus limitaciones y tratando de prepararse mejor. Esto nos trae a una definición muy importante: ¿Qué es la predicación? B. UNA DEFINICION
Aquí desaparece la distinción, porque el predicador-pastor
y el predicador-laico predican el mismo mensaje. Sin embargo,
es imprescindible que el laico sepa bien qué es la predicación. Examinemos varias definiciones clásicas:
"La predicación es la comunicación de la Verdad por un hombre a los h o m b re s ..., es la presentación de la Ver dad a través de la personalidad (Philips Brooks) "La predicación es una manifestación del Verbo En carnado desde el Verbo Escrito y por medio del Verbo Hablado". (Bernardo Manning)
"La predicación es la verdad divina a través de la per sonalidad humana para vida eterna” . (A. E. Garvie) "La predicación es la verdad de Dios proclamada por una personalidad escogida con el fin de satisfacer las necesidades humanas". (Andrés Blackwood)
"La predicación es la com unicación verbal de la ver dad divina con el fin de persuadir". (T. H Pattison)
La predicación es la declaración de la gracia de Dios a la necesidad humana, sobre la autoridad D iv in a '.
(Campbe'l Morgan)
Analizando estas definiciones, vemos que tres rasgos del m en
saje se destacan:
1. Es una prédica:
¡Basta de pláticas cristianas! Nuestro m ensaje no es una plá
tica sino una prédica Esta diferencia es muy im portante l'n a
M A N U A I , DE I l ( ) M 1 / . E T I C A PA R A LAICOS
plática es nada más que una charla formalizada, una conferencia, un discurso. Por supuesto, tiene su lugar en el ministerio total, pero no es la palabra que caracteriza el mensaje cristiano, espe cialmente para el laico. La esencia de la predicación es la pro clamación.
En cambio, una prédica lleva el sentido de publicar, de pre gonar y de expresar claramente. Es más fiel el sentido de los verbos que describen la predicación en el Nuevo Testamento, a saber: evangelize y kerusse. El primero significa “traer buenas noticias”, “anunciar alegres nuevas”. El segundo significa “pre gonar públicamente como un heraldo, siempre con la sugestión de formalidad, gravedad y de una austeridad que demanda aten ción y obediencia”. Esta prédica es netamente religiosa y esen cialmente bíblica. Es religiosa porque tiene que ver con las gran des realidades acerca de Dios y el hombre, del pecado y la sal vación, del tiempo y la eternidad, del cielo y el infierno. Es bíblica porque toma sus temas de la fuente pura de las Sagradas Escritu ras. El laico, aun más que el pastor, debe aferrarse a la Biblia como la base de su predicación. No tenemos que buscar la “ver dad divina” fuera de la Biblia.
2. Es personal.
El mensaje es netamente personal porque depende de un per sonaje, de una personalidad v de una persona. Cristo es el per sonaje de la predicación. Nuestro mensaje será cristocéntrico Todos los mensajes girarán alrededor del tema “el Verbo Encar
nado”. Pablo predicaba a Cristo. Martín Lutero buscaba a Cristo en todos los pasajes de la Biblia. El predicador-laico debe incor porar a Cristo en todos sus mensajes, v lo hará si sabe basar su mensaje en la Biblia.
La personalidad mencionada se refiere a la del mensajero Brooks v Garvie dicen “a través de la personalidad”. Cabe de c i r s e anuí que esta personalidad del orador no debe reemplazar al Persona'e Esto sucede muchas veces. Spurgeon solía decir desesperadamente cuando lo alababan: “;A mí no: a Cristo'" Pe ro el instrumento humano es importante v el mensaje depende mucho de esta personalidad. El mensajero no es “el parlante de Dios” I,a Palabra de Dios nasa ñor su vida v adopta 1.a forma
de su personalidad Fl hombre no es una máquina v por e-o su rnensaie no es mecánico, sino profundamente personal No podemos separar el mensaje del mensajero Este proceso crea
una “trinidad” y es incompleta sin la participación del oyente.
La persona mencionada arriba es el oyente. Mucha reflexión sobre Cristo y mucha atención a la expresión de este pensamien to, no garantizan necesariamente la comunicación, que es una re lación del “tú-yo” entre el orador y el oyente. Si la chispa de comunicación no se enciende, esta “trinidad de predicación”, el Personaje-por una personalidad-a una persona, no se completa y fracasa miserablemente. La identificación con esta “persona oyLo te” es necesaria. El Personaje, Cristo, se identificó con sus oyen tes por medio de su personalidad. Cuanto más se identifica con Cristo, el predicador, tanto más se identifica con el oyente. Su personalidad refleja al Personaje y Cristo es comunicado por él. Implica identificación con Cristo y el oyente.
3. Es persuasiva.
“Con el fin de persuadir”, dice Pattison en su definición. Comunicamos el mensaje con este propósito. La persuasión era nota característica de la predicación apostólica. (Hechos 2:40: 20:31; 2:37, 41; 19:26; 2da. Cor. 5:11; 14 y 20; Judas 23). Por lo tanto, nuestra persuasión es autoritativa. El predicador laico debe darse cuenta de esto. No debe pedir disculpas por estar en el púlpito, sino que debe predicar su mensaje con autoridad. Sobre este particular, cabe decir que el predicador-laico tiene el pleno derecho (y el deber) de hacer un llamado después de predicar. No tiene que esperar la venida del pastor o del misionero Si va a ocupar el púlpito, debe cumplir con el propósito del púlpito Morgan dice:
“Toda predicación tiene un solo fin, a saber, el de capturar la ciudadela del alma humana, o sea la voluntad El inte lecto y las emociones constituyen vías de acercamiento que debemos utilizar. Pero lo que tenemos que recordar siem pre, es que no hemos logrado el verdadero fin de la pre dicación hasta no haber alcanzado la voluntad, constnñen- dola a hacer su elección de acuerdo a la Verdad que pro clamamos”.
£1 mensaje es pues una prédica, personal y persuasiva No es la proclamación de una teoría, ni la discusión de una duda Vemos que nuestro análisis de la predicación está de acuerdo con los tres requisitos esenciales de un sermón, señalados por Campbell Morgan V'erdad. claridad y pasión El fiel laico oum
INTRODUCCIÓN
M A N U A L DE H O M I L É T I C A PA R A LAICOS
plirá con su mandato de predicar cuando predica la Verdad bí blica claramente, con el fin de persuadir.
P R E G U N T A S
1. ¿Cuál es la diferencia entre un predicador-laico y un pre dicador-pastor?
2. A la luz de la definición clásica de la predicación, ¿cuál es su definición?
II. El predicador laico
A. SU IDONEIDAD
Habiendo visto la importancia de la personalidad del predica dor, es imprenscindible ocuparnos ahora del carácter del men sajero. La relación entre el predicador y su mensaje no es me cánica, sino vital. Una relación mecánica podría ser ilustrada por la obra del telegrafista. No importa si el carácter moral de éste es bueno o malo. Mientras maneje con exactitud la llave de su aparato, el mensaje será transmitido con entera fidelidad. No es así con el predicador. Está personalmente relacionado a su mensaje. Todo su ser está implicado en su sermón. El ce rebro edificará la estructura lógica, el amor la cubrirá con la carne, la experiencia la vestirá con una aplicación pertinente, la imaginación la vivificará, la voluntad la impulsará hacia su fin y la energía divina la hará eficaz. La' predicación verdadera re quiere una vitalidad física, una prontitud mental, una pureza espiritual y una energía divina. Esta clase de predicador se ca racteriza por:
1. Cuatro rasgos fundamentales
a) Una profunda experiencia de conversión. El laico idóneo conocerá al personaje de la predicación, Jesucristo, no solamente como su Salvador, sino también como su Señor. Esta experien cia será la base de su prédica. Es la experiencia general “del pue blo de Dios”, del cual “el laico” es un representante, f1) Siempre, tiene su testimonio como mensaje, aunque no tenga mucha pre paración formal. Sobre este particular, es un testigo bien califi cado. Con su Salvador, declara que “lo que sabemos hablamos. (1) La etimología de la palabra ‘'laico" revela que viene de! vocab'o gr eqo laós que significa "el pueblo" o "lo común". Más tarde adqu ró una con notación de ignorancia o de incompetencia en el latín laicus debido princi palmente a la separación no bíblica entre "laico" y "clero".
m a n u a l d e h o m i l é t i c a p a r a l a i c o s
y lo que hemos visto testificamos” 4Juan 3:11). Con Pedro, in siste en que “no os hemos dado a conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compues tas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su ma jestad” (2 Pedro 1:16). Y con Juan afirma que “lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos” (1 Juan 1:3).
Sí, como el mensaje básico de todo predicador es la procla mación de la buena nueva de la salvación en Cristo, se sigue que la condición más esencial es la regeneración.
b) La posesión de ciertas cualidades indispensables.
A la luz de la Biblia, (1 Timoteo 3:8-13), se revelan estas cualidades a saber: la conducta moral, la madurez espiritual y la capacidad natural.
(1) La conducta moral del predicador ha de ser “irreprochable”. Debe ser tal que no deje al adversario ninguna base posible para desvirtuar su vocación. El laico que predica debe leer 1 Tesalo- nicenses 5:22 una y otra vez: “Abstenéos de toda especie de mal”. Ha de ser un “modelo a los que creen en palabra, en comporta miento, en amor, en fe y en pureza” (1 Tim. 4:12). Cabe incluir aquí la clásica ilustración de Spurgeon:
“Sucede con nosotros y nuestros oyentes lo que con los relo jes de bolsillo y el reloj público: Si el de nuestro propio uso an duviese mal, pocos se engañarían por su causa, con excepción de su dueño; pero si el de un edificio público, tenido como cronó metro, llegare a desarreglarse, una buena parte de su vecindario fallaría notablemente en la medida del tiem po... El predicador es el reloj de la congregación, y muchos regulan su tiempo por sus indicaciones”.
Por eso, el ocupar el púlpito aumenta nuestra responsabili dad. El apóstol Pablo, reconociendo esto, especifica algunos de los aspectos más importantes. En primer lugar, habla de la vida doméstica. El ministro laico (el diácono, en este caso) manifestará al mundo una fidelidad conyugal y una dirección sabia de sus hijos. Los laicos que tuvieran problemas matrimoniales y domés ticos, deben dejar la predicación en manos de otros. Por supuesto, habrá excepciones, pero, como regla general, es mejor que no predique.
En segundo lugar, la conducta del predicador ha de ser irre prochable fuera del hogar. “Deben ser honestos, sin doblez no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas"
11, PREDICADOR LAICO
Timoteo 3.8). El laico que ocupa el pulpito debe ser irreprensi ble en sus tratos comerciales y sociales. Aparte de la impureza sexual, quizá no hay pecado que desacredite más al ministro que el de faltar a la más completa honradez en cuanto al dinero. (2) Además, el predicador laico debe demostrar madurez espiri tual. Es muy peligroso colocar al “recién convertido” en el púl- pito. Para poder guardar “el misterio de la fe con limpia con ciencia”, el recién nacido necesita un tiempo para interpretar su experiencia, basarla en la Biblia, llegar a sus convicciones pro pias, y experimentar la obra del Espíritu Santo en su vida. Al hacer esto, está calificado para ser testigo. Esta madurez espiri tual, no se calcula por meses o años desde el bautismo. Algunos crecen más rápido que otros. Sin embargo, se notará por medio del Espíritu Santo obrando en la vida.
(3) Por último, el predicador laico tendrá una capacidad natural.
Demostrará una aptitud para expresar “ el misterio de la fe”. También estará adquiriendo conocimientos para llenar su capa cidad. Spurgeon dijo: “Dios ciertamente no ha creado al hi popótamo para que vuele y aunque el leviatán tuviese un fuerte deseo de remontarse con la alondra, ésa sería evidentemente una inspiración insensata, puesto que no está provisto de alas”. Las “alas” que el predicador debe tener son “raciocinio claro, fuertes sentimientos y vigorosa imaginación, así como también capacidad para expresarse”. Es imprescindible que conozca la Biblia, la naturaleza humana, y la cultura general del pueblo al cual predica.
c) Un sentido profundo de responsabilidad.
El laico que se ofrece para predicar, generalmente tiene una gran visión misionera. Ve una gran necesidad y oportunidad. Se da cuenta de la urgencia de la obra redentora de Cristo, y, cuando un pastor no está disponible para aprovechar esta oportunidad, él se pone en la brecha, reconociendo sus limitaciones. La histo ria cristiana nos muestra que estos fieles laicos han mantenido la fe y han extendido la fe. Dios está levantando a nuevos pas tores, pero quizás siempre la extensión de la obra evangélica, dependa de estos laicos. Así pues, los laicos que se encuentran en los pulpitos son los que tienen este profundo sentido de res ponsabilidad. Este sentido es el que los sostiene hasta que venga el hombre llamado de Dios. Si el laico tiene otro motivo, como el amor a la alabanza, el deseo de mandar, el anhelo de sati-fa. cer una necesidad emocional, etc., debe abandonar el pulpito
M A N U A L DE H O M I L É r i C A PARA LAICOS
Debe ser sólo un cristiano dedicado que toma en serio la Gran Comisión del Señor, cumpliéndola hasta que Dios proporcione a otro más capaz para hacerlo.
d) La dirección del Espíritu Santo.
Todo verdadero creyente tiene el Espíritu Santo (Rom. 8:9; .1. Cor. 3:16; 4:19; 12:13). Los grandes siervos de Dios a través de los siglos, han sido los “llenos del Espíritu Santo”. Dada la completa dedicación de sí mismo, una comunión ininterrumpida con Cristo, y un esfuerzo concienzudo por tener la preparación más completa posible, el predicador puede estar seguro que cuan do entregue su mensaje al pueblo, el fuego descenderá de los cielos y consumirá el holocausto, y la gloria de Jehová henchirá la casa” (2 Cor. 7:1).
2. Ciertas ventajas que tienen los laicos
a) Un contacto más directo con el hombre común:
Esta es una ventaja muy grande. El predicador-pastor tiene que esforzarse para mantener este contacto con la realidad, pero el laico, por medio de su trabajo y su identificación, tiene auto máticamente este contacto. El conoce bien las inquietudes, los problemas, el lenguaje y las necesidades del pueblo. Por eso, en su predicación, tratará estos asuntos. El buen conocimiento de su congregación es un requisito indispensable para el pre dicador.
b) Un sentido de necesidad:
Debido a la falta de preparación formal, el predicador laico depende más de su Biblia y del Espíritu Santo en su predicación. Esta es una ventaja porque un pastor que no tenga mucho cui dado, puede depender demasiado de sus estudios teológicos y re tóricos. El profesionalismo es una amenaza constante para el pas tor. El laico no se preocupa de esto.
c) Su posición provisoria:
La congregación, viendo la buena voluntad del hermano, su humildad y el buen desempeño de su trabajo, está dispuesto a perdonarle sus defectos. Esto no debe ser fuente de ociosidad, sino un consuelo al laico que se está esforzando para hacer lo mejor que puede.
1,1, PREDICADOR LAICO
3. Ciertas desventajas que tienen los laicos:
a) La falta de tiempo:
Los domingos y los miércoles o jueves vienen con regulari dad, y el predicador-laico se encontrará sin el tiempo necesario para prepararse. El laico que tiene que pasar por un tiempo así, nunca olvidará la ardua tarea de la predicación. Apreciará más el trabajo de su pastor después y será un miembro que cuidará el tiempo que su pastor necesita para su preparación.
b) La falta de conocimientos:
Sin la preparación teológica, faltarán muchas veces los 'co nocimientos necesarios para predicar. El laico tendrá que acep tar este hecho y limitarse a lo que sabe. No debe predicar sobre ciertos temas muy complicados. Debe limitarse a los principales temas del evangelio, que conoce bien por su experiencia y su estudio. Debido a esto, una congregación bajo un predicador laico, generalmente sufre una falta de equilibrio: mucha evangelización y poco adoctrinamiento. El postre, sin la carne y las papas, no satisface. Esto nos lleva a otra desventaja.
c) La tendencia hacia un desequilibrio:
No habiendo sido expuesto al campo entero de la teología, el laico tiene la tendencia a dedicarse a un solo aspecto del evangelio. El resultado es que todos sus mensajes tratan el mis mo tema y la congregación se cansa. ¡Es el mismo himno con muchas melodías! Como vamos a ver más adelante, la variedad de semana en semana es muy importante. La congregación ne cesita una dieta bien balanceada.
4. Ciertos peligros en el ministerio del predicador-laico:
Es muy importante que el laico se dé cuenta de varios peli gros que amenazan el buen desempeño de su trabajo:
a) El primero es el deseo de reemplazar al pastor. El pre dicador-laico debe recordar que su puesto siempre es complemen tario. Ocurre algunas veces que el laico está tan contento en su trabajo, y la iglesia está tan contenta porque no tiene que sostener a un pastor, que los dos estén de acuerdo y no desean buscar a un pastor. Esta es una situación funesta tanto para el laico como para la iglesia. Ocurre también en iglesias donde hay un pastor.
m a n u a l d e h o m t i,é t i c a t a r a l a i c o s
Algunos predicadores laicos se creen mejores que el pastor (y a veces lo son), y demandan una parte en la predicación. El laico está fuera de lugar cuando toma esta iniciativa. En casos así, el pastor y los predicadores-laicos deben organizarse para la ex pansión de la Obra en otros puntos de predicación.
b) Otro peligro es el de imitar a un pastor. El laico admira mucho a cierto siervo de Dios y, por eso, trata de hablar como él, orar como él, dirigir el culto como él, etc., ad nauseam. Es mejor que el laico sea natural. La admiración que trae la imita ción, llega a ser adoración. Sirvamos a Dios como mejor sepa mos tratando de mejorarnos día a día.
c) Un tercer peligro es el de inflarse. El neófito, o novicio, siempre tiene esta tendencia, especialmente cuando los ancianos de la iglesia dicen: “¡Oh, qué gran orador!”. La vanagloria entra, poco a poco, y se comienza a creer en estos cumplidos. Nuestro deseo de recibir alabanza puede llegar al punto de que no poda mos distinguir entre la adulación superficial y la gratitud sincera expresadas por los hermanos.
Sin embargo, Dios sabe todo, y debemos preguntarnos des pués del mensaje: ¿Qué pensará Dios? El orgullo espiritual es un gran peligro, tal vez mayor para el laico que para el predica dor-pastor.
Concluimos diciendo que el predicador-laico, como el predica dor-pastor, debe ser un hombre idóneo. La necesidad apremiante de la extensión de la obra requiere la participación de ellos, pero no a costa del alto nivel del ministerio cristiano. La calidad to davía es más importante que la cantidad en el cristianismo.
La iglesia que aparte a estos obreros, debe hacerlo después de mucha oración y consideración de la idoneidad que demanda el mundo del siglo XX.
P R E G U N T A S
1. El predicador-laico idóneo se caracteriza por cuatro rasgos fundamentales. ¿Cuáles son?
2. ¿Cuáles son las cualidades indispensables que debe po seer?
3. ¿Cuáles son las ventajas que tiene el predicador-laico? 4. ¿Cuáles son sus desventajas?
5. Señálense cuatro peligros en el ministerio de un predica dor-laico.
B. SU EQUIPO
El predicador-laico, como cualquier artesano, necesita tener sus herramientas. Su “taller homilético” debe estar bien equipado. En este breve capítulo, deseo indicar cuáles son las herramientas esenciales en el equipo del predicador-laico.
Contando con la idoneidad del hombre, hay que equiparlo. De la pericia en el uso de estas herramientas básicas, dependerá la eficacia de la preparación. Este punto es de mucha importancia, porque el predicador-laico cargado de la armadura del predicador- pastor, se da cuenta de que no puede caminar ni manejar todo ese equipo. Como el joven David, es mejor que salga con su honda y unas piedras lisas. Con el correr del tiempo, puede agre gar otras ayudas, pero al principio, debe adiestrarse en el uso de las siguientes herramientas:
1. La Biblia
Por extraño que parezca, nos vemos obligados a hacer resal tar esta verdad: el laico que no conoce muy bien su Biblia, no debe llegar al púlpito. La primera tarea, pues, es dominar la Biblia. Este dominio comprenderá el buen manejo de la Biblia, una comprensión de su naturaleza, su historia, el fondo de sus distintos libros, y sus grandes capítulos y textos de la Biblia. El debe saber las principales reglas de interpretación de la Biblia. La lectura sistemática de la Biblia es el requisito previo a la predicación.
Por eso, el estudio de la homilética viene después del estudio de la Biblia. El laico que anhela exponer la Biblia, debe expo nerse a la Biblia. Debe tener en su biblioteca las distintas ver siones de la Biblia y ejemplares en otros idiomas que pueda leer Debe recordar oue la Biblia fue escrita en hebreo y griego ori ginalmente. Todas las traducciones aue tenemos son interpreta ciones en cierto sentido de la palabra. Por eso. es interesante comparar las distintas versiones, para poder llegar más perfec tamente al sentido correcto. El laico puede hacerlo, y es uno de los pasos más importantes en una verdadera exégesis de un
pasaie. .
Recomiendo que tenga, por lo menos, la versión Reina-Vale- ra en su revisión de 1909 V en la de 1900. la versión de N'acar- Pnlunea. varias versiones ponulares del Nuevo Testamento como “Dios llega al hombre”, la Versión Hispanoamericana la Versión Taizé v otras disponibles, católicas v evangélicas Pero en el es fuerzo por dominar la Biblia, hav otras herramientas que no» son muy útiles.
F I. PREDICADOR LAICO
M A N I J A I . D E H O M I I . Í . T I C A P A R A I. A ICOS
2. Concordancia
La Biblia es “la Palabra de Dios” o, en otros términos, “el sermón de Dios”. Por eso, “las palabras” de “la Palabra” son muy importantes. Son los vehículos que transmiten los hechos y los pensamientos de Dios al hombre. El predicador debe in terpretar estos simbolos fielmente, porque constituyen los temas de la predicación. La concordancia nos ayuda a hacer esto.
Hay dos clases de concordancias: La concordancia alfabética y la temática.
La concordancia alfabética más completa es la Concordancia Española, de la Editorial Caribe (1969). El laico debe tener una Concordancia en su biblioteca. O Todas las palabras de la Bi blia se encuentran en orden alfabético. Cuando uno estudia un pasaje, puede buscar las palabras del pasaje en otros lugares de la Biblia. De ese modo, vamos uniendo las enseñanzas bíblicas y viendo sus relaciones. Por medio de la comparación de los tér minos iguales usados en distintos versículos, comprendemos me jor el sentido que el autor quiso dar al primero.
Por otra parte, por medio de ella robustecemos nuestros ser mones con versículos y pasajes afines.
La Concordancia temática es de gran valor también. En or den alfabético encontramos todos los temas de la Biblia con sus respectivos pasajes y versículos. Tal vez. la mejor es la de Lam- bert. "Diccionario de Paralelos, Concordancia y Analogías Bíbli
cas". Se llama diccionario, pero es más una concordancia tema tica. Es otra herramienta de valor.
3. El Diccionario Bíblico
El valor de esta herramienta es de proveer el fondo histórico
la definición de términos arcaicos, y los datos biográficos dr la Biblia. El más conocido es Diccionario de la Santa Biblia, pe- Rand. Otro es el Compendio Manual da la Biblia, por Ha’W F’ laico debe aprovechar estos libros para facilitar su comprensión d» ía terminología de la Biblia En el Compendio se encuentra a** reseña excelente de la historia eclesiástica
1 La Armonía
El predicador laico predicará mucho de los evange! 1
(1) Generalmente son muy c m 'o ia * pe^o .ion m pre st ^ i h 'e i 01*1 * * * m diente seno de 1a Biblia S; el laico no puede comprar * * *4» una e d ir;rtn de 'a Bib^a {v*ri >*»n de 19801 que tenga c - . v « 1* tanta completa
M A N U A L DE ll O M IL É T I C A TARA LAICOS
2. Concordancia
La Biblia es “la Palabra de Dios” o, en otros términos, “el sermón de Dios”. Por eso, “las palabras” de “la Palabra” son
muy importantes. Son los vehiculos que transmiten los hechos
y los pensamientos de Dios al hombre. El predicador debe in terpretar estos símbolos fielmente, porque constituyen los temas de la predicación. La concordancia nos ayuda a hacer esto.
Hay dos clases de concordancias: La concordancia alfabética y la temática.
La concordancia alfabética más completa es la Concordancia Española, de la Editorial Caribe (1969). El laico debe tener una Concordancia en su biblioteca. P) Todas las palabras de la Bi blia se encuentran en orden alfabético. Cuando uno estudia un pasaje, puede buscar las palabras del pasaje en otros lugares de la Biblia. De ese modo, vamos uniendo las enseñanzas bíblicas y viendo sus relaciones. Por medio de la comparación de los tér minos iguales usados en distintos versículos, comprendemos me jor el sentido que el autor quiso dar al primero.
Por otra parte, por medio de ella robustecemos nuestros ser mones con versículos y pasajes afines.
La Concordancia temática es de gran valor también. En or den alfabético encontramos todos los temas de la Biblia con sus respectivos pasajes y versículos. Tal vez, la mejor es la de Lam- bert, "Diccionario de Paralelos, Concordancia y Analogías Bíbli cas". Se llama diccionario, pero es más una concordancia temá tica. Es otra herramienta de valor.
3. El Diccionario Bíblico
El valor de esta herramienta es de proveer el fondo histórico, la definición de términos arcaicos, y los datos biográficos de la Biblia. El más conocido es Diccionario de la Santa Biblia, por Rand. Otro es el Compendio Manual de la Biblia, por Hallev. El laico debe aprovechar estos libros para facilitar su comprensión de la terminología de la Biblia. En el Compendio se encuentra una reseña excelente de la historia eclesiástica.
4. La Armonía
El predicador laico predicará mucho de los evangelios. Pana 1 (1) Generalmente son muy costosas, pero son imprescindibles para el estu diante serio de la Biblia. Si el laico no puede comprar una, puede comprar una edición de la Biblia (versión de 1960) que tenga concordancia Es bas tante completa.
J l, C K ll l I C .V D O R C A I C O
Cl estudio de éstos, es imprescindible usar Una Armonía de los Cuatro Evangelios, por Robertson. El profesor Robertson nos ha preparado esta valiosa herramienta que hace fácil la compara ción de estas versiones apostólicas de la vida de Cristo. Además, üene notas sobre puntos especiales que aclaran ciertos problemas del Nuevo Testamento.
5. La Geografía
Es necesario también ubicarse bien. En las herramientas
mencionadas arriba, encontrará muchos mapas, y ayudas. Pero
conviene tener un libro sobre la geografía. Recomiendo la Geo grafía Bíblica de Palestina, por Pistonesi. No es sólo una geo grafía, sino también un libro que trata las costumbres de la edad bíblica. Otros dos libros son Atlas Histórico W estminster de la Biblia por Wright-Filson y Geografía Bíblica por Tidwell. Hay disponible también un juego de mapas buenos bajo el título Ma pas Bíblicos de las Tierras Santas.
6. La Introducción
No me refiero a la introducción del sermón, sino a los libros que presentan una introducción al estudio bíblico. Tratan de las fechas, los autores, los destinatarios y los propósitos de los dis tintos libros de la Biblia. También incluyen las reglas de inter pretación v algo sobre el fondo histórico. Dos excelentes obras son Los Libros de la Biblia, por Angus-Green y Nuevo Auxiliar Bíblico, por Manley, Robinson y Stibbs. Son fuentes de informa ción para laicos buscadores de un mayor perfeccionamiento.
Para el que quiere profundizar más, agrego la obra de Gillis.
Historia y L iteratura de la Biblia (en varios tomos!, y las obras
de Dana. El Mundo del Nuevo Testamento y Escudriñando las
Escrituras.
7. Los Comentarios
El predicador laico debe tener, por lo menos, un comentario. No hay muchos en castellano. El breve comentario de Jamieson. Fausset y Brown en dos tomos, es recomendable.
Para el laico que conoce muv bien su Biblia y quiere profun dizarla. menciono el comentario de Abingdon v el de Bonnet y
Schroeder sobre el Nuevo Testamento. Es necesario saber que
los comentarios no son inspirados v no es necesario creer todo lo que en ellos se lee. Sin embargo, son imprescindibles para la exégesis. Hablaré más de esta exégesis en otro capítulo.
M A N U A I . DF. H O M I I , É T I C A TARA I.AlCos
6. Labros de Sermones e Ilustraciones.
¡Cuidado con estos! Hay pocos predicadores laicos que pue
den resistir la tentación de usar los sermones tal como son. Al principio, no conviene comprar estos libros. Con más experiencia, estará listo para consultarlos como un paso en su preparación.
Pero, ¡cuidado con convertirse en ladrón! Su mensaje, por hu
milde que sea, es mejor que ese otro mensaje. Dios tomará el
suyo y lo multiplicará.
Para concluir, recomendamos una biblioteca ideal para el predicador-laico durante el prim er año de su ministerio.
1. Biblia de Reina-Valera, de Nacar-Colunga y la Revisión de 1909.
2. Nuevo Testamento, Dios llega al Hombre, u otras versio- siones populares.
3. Concordancia Española.
4. Diccionario de Paralelos, Concordancia y Analogías Bí blicas, Lam ber!
5. Una armenia de los Cuatro Evangelios, Robertson. 6. Geografía Biblica de Palestina, Plstonesi o Tidwell. 7. Compendio Manual de la Biblia, Halley.
8. Diccionario de la Santa Biblia, Rand, o McEIrath.
9. Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Jamieson. Fausset, Brown.
10. Nuevo Auxiliar Bíblico, Manley, Robinson, Stibbs. 11. Historia de la Predicación, Broadus.
12. La Preparación de Sermones Bíblicos, Blackwood. 13. Historia del Cristianismo, Muirhead.
14. Doctrina Cristiana, Conner.
Estos son libros de referencia que serán las herramientas
del predicador por muchos años. Son “la leche” que tomamos
para poder comer “la carne” después. Tenga dieciséis años o
cincuenta años, ningún título o diez títulos, el nuevo predica dor laico debe tomar estos alimentos antes de probar otra cosa. El fracaso de muchos predicadores laicos se debe a la "indiges tión teológica”. En su afán de mejorarse, pasan por alto los li bros básicos, y se alimentan con libros más profundos de teolo gía y de homilética y se enferman, homiléticamente hablando. La causa es a menudo una falta de humildad. Recordemos el ejem plo de Ignacio de Loyola. Tenía treinta años cuando recibió su
EL rR ED IC A D O R LA IC O
visión, pero se dio cuenta que tenía que prepararse. Se humilló al inscribirse en un colegio con muchachos de diez a doce años ¿Tenemos esa humildad? Sin ella, no se debe predicar.
PREGUNTAS Y SUGESTIONES
El profesor debe proveerse de los libros mencionados en la lección y demostrar su uso en la preparación de un mensaje.
Tenga una discusión sobre otros libros que pueda incluirse en el equipo.
C. SU PROPOSITO
El laico idóneo, bien equipado, está listo para comenzar la preparación de su mensaje. Como el pastor, dará mucha aten ción a su propósito. Por ‘^propósito” queremos describir el obje tivo, el blanco, la meta, el para qué. Muchos predicadores “apun tan a la nada, y dan en el blanco”. La precisión del propósito es el primer paso después de la preparación ^espiritual del predica dor. Consideremos lo que dicen algunos eruditos en la materia: “Las palabras se las lleva el viento, o sólo hacen ruido, cuan do no' instruyen ni tienen fin determinado”.
“Analizando las cualidades que contribuyen a la eficacia del sermón, pongo en primer lugar la precisión del propósito... An tes de sentarse a preparar su discurso, el predicador siempre debe preguntarse ¿cuál es mi propósito en este sermón? Y no debe dar un solo paso más, sino hasta haber formulado en su mente una contestación a esta pregunta”.
“Antes de subir al pulpito es preciso que definamos nuestro propósito en términos sencillos y exactos... Si en el momento de subir al pulpito nos detuviese un ángel exigiéndonos la declara ción de nuestra misión, debemos ser capaces de contestarle in mediatamente, sin demora ni titubeos, diciendo: Este o este otro es el mandato urgente de mi Señor que cumplo”.
Tenemos que aprender a “hacer puntería” con nuestros men sajes. Con un propósito bien definido, el predicador se da cuenta de que su mensaje es un medio y no un fin: depende más de la dirección del Espíritu Santo; se mantiene en un camino directo, y, finalmente, espera frutos de su mensaje. Así se cumplirá la promesa de Dios: “Así será la palabra que sale de mi boca No volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prospe rada en aquello para que la envié” (Isaías 55:111.
M AN U A L DE 1IOMILF.TICA PARA LAICOS
Para poder fijar un propósito, es necesario saber los pro pósitos generales de la predicación. Es una buena idea guardar una lista de estos propósitos en su escritorio, para que nos re cuerde el deber de incluirlos a todos en la predicación. I. Los propósitos generales de la predicación.
a) El propósito evangelístico, o sea el de persuadir a los perdidos a recibir a Cristo como su Salvador personal. Estos sermones se caracterizan por tres rasgos fundamentales, a saber:
(1) Declarar que el hombre natural está muerto en sus pe cados.
(2) Proclamar los hechos verídicos de la obra redentora de Cristo.
(3) Insistir en la necesidad de una manifestación pública de fe en Cristo seguida por el bautismo y la comunión en una iglesia del Señor.
Este tipo de sermón hace resaltar los grandes temas del evan gelio; el pecado del hombre, la gracia de Dios, el arrepentimiento, la entrega de la vida, la confianza en Cristo, y el peligro de re chazarlo. Es la clase de sermón más cerca del kérygma de los apóstoles. En el anuncio de las “buenas nuevas”.
b) El propósito doctrinal: Es el propósito didáctico, o sea el de instruir a los creyentes, haciéndoles ver el ignificado de las grandes verdades de la fe cristiana. Es la “comida” para la “nue va criatura en Cristo”. Estos sermones doctrinales aplican los principios cristianos a la vida cotidiana. La predicación de Cris to se caracterizaba por este propósito. Los apóstoles dedicaron mucho tiempo a este tipo de predicación. (Hechos 2:42: 4:1-18: 5:17-42; 11:26; 20:20; 28:31).
La predicación doctrinal sacia el hambre espiritual e intelec tual del creyente, derrota las doctrinas falsas, anima a la activi dad, y desafía al mismo predicador. La congregación y el predi cador van creciendo en su fe cuando se predican sermones doc trinales.
El laico no debe menospreciarse y decir: “No tengo capacidad para predicar esta clase de sermones”, porque tiene una gran contribución que hacer en este sentido. Debe esforzarse para comprender las principales doctrinas v principios cristianos Li bros de autores como Conner (Doctrina Cristiana) y los textos de historia de la Iglesia le ayudan a hacerlo. Por otra parte expone
M A N U A L I)E M O M I L É r i C A PARA LAICOS
Para poder fijar un propósito, es necesario saber los pro. pósitos generales de la predicación. Es una buena idea guardar una lista de estos propósitos en su escritorio, para que nos re cuerde el deber de incluirlos a todos en la predicación. I. Los propósitos generales de la predicación.
a) El propósito evangelístico, o sea el de persuadir a los perdidos a recibir a Cristo como su Salvador personal. Estos sermones se caracterizan por tres rasgos fundamentales, a saber:
(1) Declarar que el hombre natural está muerto en sus pe cados.
(2) Proclamar los hechos verídicos de la obra redentora de Cristo.
(3) Insistir en la necesidad de una manifestación pública de fe en Cristo seguida por el bautismo y la comunión en una iglesia del Señor.
Este tipo de sermón hace resaltar los grandes temas del evan gelio; el pecado del hombre, la gracia de Dios, el arrepentimiento, la entrega de la vida, la confianza en Cristo, y el peligro de re chazarlo. Es la clase de sermón más cerca del kérygma de los apóstoles. En el anuncio de las “buenas nuevas”.
b) El propósito doctrinal: Es el propósito didáctico, o sea el de instruir a los creyentes, haciéndoles ver el ignificado de las grandes verdades de la fe cristiana. Es la “comida” para la “nue va criatura en Cristo”. Estos sermones doctrinales aplican los principios cristianos a la vida cotidiana. La predicación de Cris to se caracterizaba por este propósito. Los apóstoles dedicaron mucho tiempo a este tipo de predicación. (Hechos 2:42; 4:1-18: 5:17-42; 11:26; 20:20; 28:31).
La predicación doctrinal sacia el hambre espiritual e intelec tual del creyente, derrota las doctrinas falsas, anima a la activi dad, y desafía al mismo predicador. La congregación y el predi cador van creciendo en su fe cuando se predican sermones doc trinales.
El laico no debe menospreciarse y decir: “No tengo capacidad para predicar esta clase de sermones”, porque tiene una gran contribución que hacer en este sentido. Debe esforzarse para comprender las principales doctrinas y principios cristianos la bros de autores como Conner (Doctrina Cristiana) v los textos de historia de la Iglesia le ayudan a hacerlo. Por otra parte expone
j-K F .D IC A D O R I . A l e o
CSÍ3S doctrinas en sus propias palabras, haciéndolas más claras para la congregación. No sabe muchos términos teológicos y ésta es una gran ventaja. Las doctrinas salen de su boca en el vo
cabulario del hombre común. Es más probable que sus sermo
nes doctrinales sean sencillos, prácticos y positivos. Esta clase ¿e predicación es indispensable en un ambiente católico romano y especialmente en las iglesias o nuevas obras atendidas por un laico.
Siga el consejo de Broadus:
“Predicad la doctrina, predicad cuanta doctrina sepáis y procurad aprender siempre más y más doctrina, pero pre dicadla siempre, no para que los hombres la crean, sino para que creyéndola sean salvos”.
La iglesia que sabe de su doctrina y de su herencia, es una iglesia que actúa.
c) El propósito devocional: Es el de intensificar y profun dizar en los creyentes el sentimiento de amorosa devoción para con Dios, así como guiarles en la expresión apropiada de la adora ción que El se merece. No se trata de un sentimentalismo vacío, sino de una profunda devoción delante de Dios. El conocimiento de lo que es Dios y el aprecio de lo que ha hecho por nosotros, fomentan esta sincera devoción. Entonces estos sermones de de voción ensalzan la gloria y majestad de su ser y la grandeza y perfección de su obra redentora. ¡Cuánta falta hacen estos men sajes en el día de hoy, cuando el mundo no hace caso de su Creador!
d) El propósito de consagración: Es el propósito de esti mular al creyente para que dedique sus dones, tiempo e influen cia al servicio de Dios. Hay una relación estrecha entre los ser mones de devoción y los de consagración. En aquél se enfatiza el amor para con Dios que el creyente guarda en su corazón. En éste, el énfasis está sobre el servicio cristiano mediante el cual comprueba la sinceridad de su amor. Esta clase de sermones ani ma al creyente a actuar en la obra del Señor. De modo que to dos los mensajes sobre la mayordomía. la obra personal, la vida mora], la vocación, etc., son sermones de consagración Segura mente, un gran número de nuestros mensajes serán de este tipo
e) El propósito de promoción: Hay una afinidad entre es tos mensajes y los de consagración, pero hay una pequeña
M A M 'A I . 1)F; IIO .M IL É T ÍC A P A R A I.A IC n s renda que es muy importante en nuestras iglesias bautistas. Los sermones de consagración tratan de la experiencia personal. En cambio, estos sermones de promoción tratan de la experiencia colectiva. Se refieren a los proyectos de la iglesia, de las asocia ciones y de la Convención.
Están incluidos en esta categoría también, los sermones que quieren estimular a toda la iglesia a emprender grandes tareas, tales como la apertura de obras nuevas, la celebración de cam pañas evangelísticas simultáneas, la construcción de un nuevo templo, la aprobación de un presupuesto unificado que la desa fíe y la determinación del porcentaje designado al Programa Coo perativo. Este propósito merece encontrarse en una lista que in cluye sólo los más importantes.
f) El propósito moral: Este es el propósito de ayudar al creyente a ajustar su conducta diaria y sus relaciones sociales a los principios cristianos. El mundo contemporáneo demanda una palabra del púlpito sobre las cuestiones sociales y morales. Nues tra predicación debe tener un “tenor moral”, sin caer en el moralismo. La Biblia nos proporciona mucho material sobre el particular. Temas como el matrimonio, el divorcio, las relaciones obrero-patronales, el racismo, el alcoholismo, la veracidad, la hon radez. la gratitud, son tratados en la Biblia. Sin embargo, la Biblia no menciona algunos de los males generalizados en el día de hoy, a saber: el baile, el uso del tabaco, la costumbre de co piarse en los exámenes, etc. Para estos temas, el predicador bus cará los principios cristianos generales y procurará mostrar cómo estas prácticas violan dichos principios. Antes de predicar sobre estos temas, tenga la seguridad de que merecen su consideración desde el púlpito.
g) El propósito alentador: Este es el propósito de fortale cer y animar al creyente en medio de pruebas y de crisis de su vida personal. La vida está llena de dudas, dolores, tentaciones, temores, persecuciones, miseria y muerte. Nuestra predicación no debe ser “el opio” que trae la resignación, sino “un tónico” que trae la comprensión y el consuelo.
Estos siete propósitos pueden reducirse a dos: la evange!’.- zación. y la edificación. Nuestro propósito supremo es anunciar el evangelio a los perdidos V alimentar a los creyentes Los sor mones evangelísticos cumplen con el primero, y los de edificador con el segundo. ¡Qué gran tarea tiene e] predicador!
F L PREDICADOR LAI CO
2. El propósito específico.
Un conocimiento de los propósitos generales, no garantiza necesariamente una prédica “con rumbo”, que “da en el blanco”. El predicador tiene que limitarse más y aplicar estos propósitos a una situación local. El resultado de esto será el propósito es pecifico del sermón. Crane define el propósito específico como: “la aplicación particular del propósito general respectivo a la más apremiante necesidad que una congregación determinada pueda tener en un momento dado”. Por ejemplo, cuando yo era pastor en Texas, tres de los diáconos más fieles de mi iglesia fallecieron en un período de seis meses. Fue un golpe grande para la iglesia y para el pastor. Dos fallecieron de repente, por ataques de co razón. y eran bastante jóvenes. La iglesia sufría de desaliento. Decidí predicar dos sermones con esta situación en mente. Uno con el propósito específico de alentar a los familiares y a la igle sia. Otro, con el propósito de desafiar a los jóvenes a vivir de tal manera que pudiesen reemplazar a aquellas “columnas” de la iglesia. Por eso, yo tenía dos propósitos específicos en una si tuación real y viva. El primer sermón sería clasificado como un mensaje alentador y el segundo, de consagración.
De modo que "la formulación del propósito específico exige un conocimiento de los propósitos generales de la predicación, un conocimiento de su congregación y la autodisciplina de limi tarse a un solo fin.
La predicación tiene una afinidad con el deporte de la caza de perdices: si uno apunta a todas, no le pega a ninguna. Pero si apunta a una sola, es probable que voltee a varias.
PREGUNTAS Y SUGESTIONES
1. ¿Cuáles son los siete propósitos generales de la pre dicación?
2. ¿Qué es el propósito específico?
3. Téngase una discusión sobre la diferencia entre el propó sito general y el propósito específico.
D. SU MENSAJE
Quisiera hacer hincapié, en este breve capítulo, en dos carac terísticas especiales del mensajes cristiano que deben estar pre sentes en la predicación de los laicos: su mensaje debe ser bí blico y actualizado.
M A N U A L DE M O M I L É T I C A PARA LAICOS
1. Bíblico:
Juan Knox (no el reformador), en su libro "La Integridad de la Predicación", dice:
“Somos testigos, en nuestros días, de una nueva insistencia en que la predicación debe ser bíblica. Nada caracteriza mejor las discusiones contemporáneas de la predicación que este én fasis. El mensaje del predicador debe derivarse, no de los sucesos del día, ni de la literatura contemporánea, ni de las tendencias populares de una u otra clase; ni tampoco de filó sofos, estadistas y poetas; ni siquiera, en último caso, de las experiencias y reflexiones del propio predicador, sino de las Escrituras. Todo esto significa que la predicación se ha apar tado en este respecto de su propia tradición... La predica ción en los primeros siglos, así como en todos los períodos más vitales y productivos en la historia de la iglesia, fue siempre una predicación bíblica”.
El laico que procura predicar, debe darse cuenta de esta verdad. Debe aferrarse a la Biblia, y basar sus mensajes en ella. Definamos ahora un mensaje bíblico:
“Un mensaje bíblico es el que está basado en la recta inter pretación de un texto de la Biblia, tomando del texto su tema, desarrollándolo de acuerdo con la enseñanza general de las Escrituras, y aplicándolo a las necesidades actuales de los oyentes”.
Es imprescindible que aprenda de memoria esta definición Ahora, hay dos clases de sermones bíblicos, de acuerdo con esta definición: Sermones de texto y Sermones de asunto.
a) Sermones de texto (a veces llamados expositivos): Son los sermones cuyo punto de partida es un texto bíblico. Sin embargo sobre la definición de un sermón de texto hay una diversidad do opiniones. La misma definición ha venido evolucionando
Antiguamente fue definido así:
(1) “La predicación expositiva (sermones de texto) es *'• método de discurso en el pulpito que consiste en la interpre
tación consecutiva y la aplicación prado a de algún libro de canon sagrado” (Taylor).
Sin embargo, luego se definía así
M A N U A L DE U O M I I . É T I C A PA R A LAICOS
1. Bíblico:
Juan Knox (no el reformador), en su libro "La integridad de la P redicación", dice:
“Somos testigos, en nuestros días, de una nueva insistencia en que la predicación debe ser bíblica. Nada caracteriza mejor las discusiones contemporáneas de la predicación que este én fasis. El mensaje del predicador debe derivarse, no de los sucesos del día, ni de la literatura contemporánea, ni de las tendencias populares de una u otra clase; ni tampoco de filó sofos, estadistas y poetas; ni siquiera, en último caso, de las experiencias y reflexiones del propio predicador, sino de las Escrituras. Todo esto significa que la predicación se ha apar tado en este respecto de su propia tradición. . . La predica ción en los primeros siglos, así como en todos los períodos más vitales y productivos en la historia de la iglesia, fue siempre una predicación bíblica”.
El laico que procura predicar, debe darse cuenta de esta verdad. Debe aferrarse a la Biblia, y basar sus mensajes en ella.
Definamos ahora un m ensaje bíblico:
“Un mensaje bíblico es el que está basado en la recta inter pretación de un texto de la Biblia, tomando del texto su tema, desarrollándolo de acuerdo con la enseñanza general de las Escrituras, y aplicándolo a las necesidades actuales de los oyentes”.
Es imprescindible que aprenda de memoria esta definición. Ahora, hay dos clases de sermones bíblicos, de acuerdo con esta definición: Serm ones de texto y Serm ones de asunto.
a) Serm ones de texto (a veces llamados expositivos): Son los sermones cuyo punto de partida es un texto bíblico. Sin embargo, sobre la definición de un sermón de texto hay una diversidad do opiniones. La misma definición ha venido evolucionando.
Antiguamente fue definido así:
(1) “La predicación expositiva (sermones de texto) es o' método de discurso en el pulpito que consiste en la interpre tación consecutiva y la aplicación práctica de algún libro Je;. canon sagrado” (Taylor).
Sin embargo, luego se definía así:
(2) “ La predicación expositiva se basa en un pasaje un pe
co extenso de la Escritura. El objeto principal es explicar” (Johnson).
Aun en nuestra época, el profesor Blackwood sostenía esta misma definición.
En las décadas más recientes, la mayor parte de los “homi- léticos” concordarían con lo expresado por Sangster:
í3) ‘‘La palabra exposición ha sido empleada de diversas
maneras en relación con sermones. Hubo tiempo en que
era reservado para aquellas ocasiones cuando el predicador no se limitaba a un texto breve, sino que hacía comentarios sobre un pasaje más extenso. A tal predicación se le apli caba el calificativo de “expositiva” para distinguirla de la anterior, la cual se llama “textual”. Pero tal uso del tér
mino era indebido. La exposición significa simplemente
“poner delante de” o sea “explicar”, y si el predicador está explicando un texto breve, o todo un capítulo o aun un libro entero de la Biblia, en todo caso se debe calificar su trabajo como exposición” (Sangster).
La opinión prevaleciente entre los autores modernos en el campo de la homilética, es que “toda predicación verdadera es predicación expositiva”. Pero, por conveniencia, preferimos usar esta definición:
“Un sermón de texto es aquel cuyo tema es encontrado di rectamente en un texto bíblico, sea un trozo breve o un pasaje extenso; tal tema será desarrollado con material pro visto por la recta interpretación del texto, para lograr un propósito que armonice con el significado original del texto" En otras palabras, este sermón de texto (a veces llamado expositivo), no solamente deriva su tema del texto, sino que tam bién desarrolla su tema de acuerdo con el contenido del mismo. Por lo tanto, en el sermón de texto, el punto de partida es el texto bíblico, sea éste un versículo, un capítulo, un libro o toda la Biblia. El tema es el siervo del texto. La forma más antigua de estos sermones fue la homilía clásica.
b) Sermones de asunto:
En el sermón de asunto, el punto de partida es el tema, K!
texto es el siervo del lema, pero no es forzado por el Kn re ración con esto, es muy importante que recordemos la defina ion f [, VREDICADOR I. A IC O