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Elementos de un esclarecimiento fenomenológico dei conocimiento

In document Edmund Husserl Investigaciones Logicas II (página 192-200)

Prólogo

La presente reedición del fragmento final de las INVESTIGACIONES LÓGlCAS no responde -a mi pesar- al programa expuesto en el prólogo que agregué en el año 1913 al tomo primero de la segunda edición. He tenido que decidirme a publicar el texto antiguo, corregido esencialmente sólo en algunas secciones, en lugar de la radical refundición de que ya entonces estaba impresa una parte considerable. Una vez más se ha confirmado la vieja sentencia de que los libros tienen su sino. Primeramente hube de interrumpir la impresión por la fatiga que, naturalmente, sobreviene después de un período de excesivo trabajo. Dificultades teoréticas, que se me habían puesto de manifiesto durante la impresión, exigían reformas profundas del texto nuevamente esbozado, para las cuales eran menester energías frescas. En los siguientes años, en los años de la guerra, no pude suscitar en mí, para la fenomenología de la lógica, la participación apasionada, sin la cual me es imposible llevar a cabo un trabajo fructífero. Sólo pude soportar la guerra y la "paz" subsiguiente entregándome a reflexiones filosóficas generales y reanudando los trabajos de desarrollo metódico y material de la idea de una filosofía fenomenológica, el esbozo sistemático de sus líneas fundamentales, la ordenación de sus problemas y la prosecución de aquellas investigaciones concretas que parecían indispensables en estos respectos. También mi nueva actividad docente en Friburgo contribuyó a dirigir mi interés hacia las ideas generales directrices y hacia el sistema. Sólo recientemente me han devuelto estos estudios sistemáticos a la esfera primitiva de mis investigaciones fenomenológicas y me han recordado los antiguos trabajos para la fundamentación de la lógica pura, que aguardan desde hace tanto tiempo su conclusión y publicación. Pero dividido como estoy entre una actividad docente intensa y una intensa labor de investigación, no sé todavía cuándo me encontraré en situación de poder ajustar estos trabajos a los progresos realizados y de darles nueva forma literaria, y ni sé si utilizaré el texto de la sexta investigación o daré a mis esbozos -cuyo contenido sobrepuja en mucho al de ésta- la forma de un libro completamente nuevo.

Tal como están las cosas, he tenido que ceder a la presión de los amigos de la presente obra, decidiéndome a dar de nuevo a la publicidad su fragmento final, al menos en su antigua forma.

La primera sección, que no podía refundir en detalle sin poner en peligro el estilo del conjunto, ha sido reimpresa casi literalmente. En cambio he llevado a cabo muchas correcciones en el texto de la segunda sección sobre la sensibilidad y el entendimiento, para mí singularmente valiosa. Sigo estando convencido de que el capítulo sobre "la intuición sensible y la intuición categorial", en unión con las consideraciones preparatorias de los capítulos precedentes, ha abierto el camino para un esclarecimiento fenomenológico de la evidencia lógica y eo ipso de las evidencias paralelas en la esfera axiológica y práctica. Muchos malentendidos de mis Ideas sobre una fenomenología pura hubiesen sido imposibles, si se hubiese tenido en cuenta este capítulo. La inmediatez de la intuición de las esencias universales -de que se habla en las Ideas- así como también la de cualquier intuición categorial, significa (como es notorio después de lo allí expuesto) la antítesis de la mediatez que caracteriza

el pensar no-intuitivo; por ejemplo, el pensar vacío-simbólico. Frente a esto, se ha subrogado a dicha inmediatez la de la intuición en el sentido habitual; justamente por no haber tenido en cuenta la distinción entre la intuición sensible y la categorial, distinción que es fundamental para toda teoría de la razón. Es, a mi parecer, significativo del estado presente de la ciencia filosófica el que hayan podido permanecer sin influjo perceptible en la literatura comprobaciones puras y simples de tan honda significación, expuestas en una obra que ha sido muy atacada, pero también muy utilizada en casi dos decenios.

Lo mismo sucede con el capítulo -igualmente corregido- sobre "las leyes apriorísticas del pensamiento propio e impropio". Este capítulo suministra por lo menos el tipo para la primera superación radical del psicologismo en la teoría de la razón. En el marco de la presente investigación, que se interesa tan sólo por la lógica formal, este tipo aparece en una forma restringida a la razón lógico-formal. Pero que este capítulo ha sido leído con muy poca profundidad, demuéstralo una objeción, con frecuencia escuchada, pero en mi opinión grotesca, que dice que después de haber rechazado tan radicalmente el psicologismo en los primeros capítulos de esta obra, recaigo en él en los últimos. A lo dicho no se opone el que añada que hoy, después de veinte años de trabajo continuo, ya no escribiría muchas cosas como las escribí entonces; que ya no apruebo algunas, como por ejemplo, la teoría del representantes categorial. Sin embargo, creo poder decir que incluso lo inmaturo y erróneo en esta obra es digno de meditación escrupulosa. Pues todo en ella ha salido de una investigación, que se inclina realmente sobre las cosas mismas y se orienta puramente en la auténtica presencia intuitiva de ellas; y sobre todo, de una investigación hecha en la actitud fenomenológico-eidética sobre la conciencia pura, investigación que es la única que puede dar fruto en una teoría de la razón. Quien quiera entender aquí (lo mismo que en las Ideas) el sentido de mis manifestaciones no debe retroceder ante los esfuerzos considerables, ni siquiera ante el esfuerzo de "poner entre paréntesis" sus propios conceptos y convicciones sobre los mismos (o presuntamente las mismos) temas. Estos esfuerzos son exigidos por la naturaleza de las cosas mismas. Quien no retroceda ante ellos encontrará harta ocasión para corregir mis afirmaciones y, si ello le place, censurar su imperfección. Lo único que no puede es intentarlo sobre la base de una lectura superficial y partiendo de un círculo de ideas extrafenomenológicas, sin ser desautorizado por todo aquel que entienda realmente del asunto. Hay autores que con desembarazo imponderable practican una crítica despectiva basada en lecturas tan poco concienzudas que les llevan a la audacia de atribuir a la fenomenología y a mí los mayores absurdos. En la Allgemeine Erkenntnistheorie [Teoría general del conocimiento], de Mauricio Schlick, leemos con asombro (p. 112): "Se afirma [scilicet: en mis lideas] la existencia de una intuición especial que no es un acto psíquico real; y a quien no logra encontrar semejante 'vivencia', ajena a la esfera de la psicología, se le hace saber que no ha entendido la teoría, que no ha conseguido adoptar todavía la justa posición empírica y racional, la cual exige 'estudios especiales y penosos' ". Todo aquel a quien sea familiar la fenomenología ha de reconocer la total imposibilidad de que yo haya expresado nunca una afirmación tan insensata como la que me atribuye Schlick en las frases subrayadas, y ha de reconocer también la falta de verdad en su

restante exposición del sentido de la fenomenología. Naturalmente, he exigido una y otra vez: "estudios penosos". Pero no de otro modo que el matemático los exige de quien pretenda hablar de cosas matemáticas y aventurar una crítica sobre el valor de la ciencia matemática. En todo caso, dedicar a una teoría menos estudio que el necesario para comprender su sentido y, sin embargo, criticarla, es contrario a las leyes eternas de la probidad literaria. No hay erudición científica ni psicológica, ni tampoco histórico-filosófica, que pueda dispensar, ni siquiera aliviar los trabajos necesarios para penetrar en la fenomenología. Pero todo aquel que los ha tomado sobre sí y ha logrado ascender al poco frecuente estado de una total falta de prejuicios, ha adquirido la indubitable certeza de que existe ese terreno científico y de que es legítimo el método exigido, que hace posible aquí, como en otras ciencias, una comunidad de problemas conceptualmente definidos y de resoluciones tomadas con arreglo a la verdad y la falsedad. Ha de advertir además expresamente que en M. Schlick no se trata meramente de deslices menos importantes, sino de absurdas confusiones, sobre las cuales está basada toda su crítica.

Después de estas palabras de defensa, he de advertir que en la tercera sección cambié de posición en el problema de la interpretación fenomenológica de las proposiciones interrogativas y considerativas, poco tiempo después de publicarse la primera edición de la obra, y que aquí no hubieran bastado pequeñas refundiciones, únicas que habrían podido hacerse a la sazón. El texto ha permanecido, por tanto, inalterado. Menos conservador he sido con respecto al apéndice (muy utilizado) sobre: "la percepción externa y la percepción interna". Conservando el contenido esencial del texto, este apéndice aparece ahora en forma considerablemente mejorada.

El desiderátum de un índice a toda la obra no ha podido, por desgracia, realizarse. Habíalo emprendido el doctor Rodolfo Clemens. Pero este discípulo mío, cuyo talento estaba lleno de promesas, ha muerto por la Patria. E. HUSSERL

Friburgo de Brisgovia, octubre de 1920. Introducción

La investigación anterior, que al principia pareció perderse en lejanas cuestiones de psicología descriptiva, ha servido de un modo considerable a nuestros intereses, encaminados a esclarecer lo que es el conocimiento. Todo pensar, y principalmente todo pensar y conocer teoréticos, se lleva a cabo en ciertos "actos", que tienen lugar en la conexión del discurso expresivo. En estos actos reside la fuente de todas las unidades de validez, que se ofrecen al sujeto pensante como objetos del pensamiento y del conocimiento, o como los principios y las leyes explicativas de estos objetos, como las teorías y las ciencias referentes a ellos. En estos actos reside también, pues, la fuente de las correspondientes ideas universales y puras, cuyas conexiones en leyes ideales quiere exponer la lógica pura y cuyo esclarecimiento quiere llevar a cabo la crítica del conocimiento. Notoriamente se ha ganado ya mucho -para el trabajo de esclarecer el conocimiento- con la fijación de la peculiar índole

fenomenológica de los actos, clase de vivencias que es tan discutida como desconocida. La inclusión de las vivencias lógicas en esta clase constituye un primer paso importante hacia la fijación de los límites dentro de los cuales debe moverse la comprensión analítica de la esfera lógica y de les conceptos epistemológicos fundamentales. El curso progresivo de nuestra investigación nos condujo también a separar diversos conceptos de contenido, que suelen confundirse siempre que se trata de actos y de las unidades ideales correspondientes a éstos. Volvieron a presentarse -en una esfera más amplia y en una forma más general- las distinciones que habíamos conocido ya (en la primera investigación) en el círculo estricto de las significaciones y de los actos que dan significación. Tampoco carecía de esta referencia a la esfera lógica el nuevo y particularmente notable concepto de contenido, que fue logrado en la última investigación: el concepto de la esencia intencional. Pues la misma serie de identidades que nos había servido anteriormente para ilustrar la unidad de la significación, nos proporcionó -adecuadamente generalizada- cierta identidad referible a cualesquiera actos y que es la de la "esencia intencional". Esta adscripción o subordinación de los caracteres fenomenológicos y de las unidades ideales de la esfera lógica a los caracteres y a las unidades mucho más generales que tienen su dominio en la esfera de los actos, confirió a los primeros, en considerable medida, transparencia fenomenológica y crítica. Las investigaciones desarrolladas en los últimos capítulos, inspiradas en la distinción entre la cualidad de acto y la materia de acto, dentro de la esencia intencional unitaria, nos condujeron a profundizar un grado más en la esfera del interés lógico. La imperiosa cuestión de la relación entre esta materia intencional y la base de representación, que es esencial a todo acto, nos obligó a separar varios importantes conceptos de representación, siempre confundidos; con lo cual construimos de paso un fragmento fundamental de la "teoría del juicio". Es cierto que quedaron sin esclarecimiento definitivo los conceptos específicamente lógicos de representación y el concepto del juicio. En este punto, y en todos en general, hay todavía un gran trecho de camino por andar. Estamos aún en los comienzos.

Ni siquiera hemos logrado alcanzar todavía el fin más cercano, que es el de poner en claro el origen de la idea de significación. La significación de las expresiones reside innegablemente -y es ésta una muy valiosa intelección- en la esencia intencional de los actos correspondientes. Pero todavía no ha sido considerada la cuestión de qué especies de actos son en general aptos para desempeñar la función significativa, o de si en este respecto no se hallan más bien al mismo nivel los actos de toda especie. Ahora bien, tan pronto como queremos atacar esta cuestión, tropezamos (los próximos parágrafos lo mostrarán en seguida) con la relación entre la intención significativa y el cumplimiento de la misma; o -expresado del modo tradicional, pero sin duda equívoco -con la relación entre el "concepto" o el "pensamiento" (entendido aquí como mención intuitivamente incumplida) y la intuición correspondiente. La investigación más exacta de esta distinción, señalada ya en la Investigación I, es de excepcional importancia. Al desarrollar los análisis correspondientes, que por de pronto recaerán sobre las intenciones nominales más sencillas, advertimos en seguida que todas estas consideraciones exigen una natural

ampliación y delimitación. La clase más amplia de actos en los cuales encontramos diferencias de intención y de cumplimiento (o decepción de la misma), rebasa con mucho la esfera lógica. Esta esfera lógica se delimita por la particularidad de una relación de cumplimiento. Una clase de actos -los objetivantes- se distinguen frente a todos los demás porque las síntesis de cumplimiento correspondientes a su esfera tienen el carácter del conocimiento, de la identificación, son "posiciones que unifican lo coherente"; y en conformidad con ello, las síntesis de decepción tienen el carácter correlativo de "separar" lo "contradictorio". Dentro de esta esfera más amplia de los actos objetivantes estudiaremos, pues, todas las relaciones referentes a la unidad del conocimiento; y no sólo en cuanto que se trata del cumplimiento de esas intenciones particulares, que son anejas a las expresiones como intenciones significativas. Intenciones análogas aparecen asimismo independientemente de un enlace gramatical. Además, también las intuiciones tienen por lo regular el carácter de intenciones que piden cumplimiento ulterior y lo obtienen con frecuencia.

Caracterizaremos fenomenológicamente, recurriendo a los fenómenos de cumplimiento, los conceptos generales de significación e intuición; y practicaremos el análisis de las diversas especies de intuición, en primer término de la intuición sensible, análisis que es fundamental para la explicación del conocimiento. Entraremos luego en la fenomenología de los grados del conocimiento y esclareceremos y precisaremos una serie de conceptos fundamentales del conocimiento referentes" a dichos grados. Con este motivo resultarán también otros nuevos conceptos de contenido, que sólo han sido accesoriamente tocados en los análisis anteriores: el concepto de contenido intuitivo y el concepto de contenido representante (aprehendido). Al concepto ya conocido de la esencia intencional se agregará el de la esencia cognoscitiva, y dentro de esta última distinguiremos la cualidad intencional, la materia intencional o sentido aprehensivo, la forma aprehensiva y el contenido aprehendido (apercibido o representante). Definiremos, además, el concepto de aprehensión como la unidad de la materia y el contenido representante por medio de la forma aprehensiva.

Por lo que toca a la serie de grados de la intención y el cumplimiento, conoceremos las diferencias de mediatez mayor o menor en la intención misma, mediatez que excluye un cumplimiento simple, antes bien pide una serie gradual de cumplimientos; y comprenderemos así el sentido más importante del término de representaciones indirectas, sentido no aclarado todavía. Perseguiremos luego las diferencias de adecuación mayor o menor entre la intención y la vivencia intuitiva, que se fusiona con ella, como su cumplimiento, en el conocimiento, y determinaremos el caso de la adecuación objetivamente completa. En conexión con esto intentaremos una definitiva aclaración fenemenológica de los conceptos de posibilidad e imposibilidad (concordancia, compatibilidad, contrariedad, incompatibilidad) y de los axiomas ideales referentes a ellos. Tomando también en cuenta las cualidades de acto - que han permanecido fuera de juego hasta ahora-, consideraremos luego la distinción entre cumplimiento provisional y cumplimiento definitivo, distinción que se refiere a los actos ponentes. El cumplimiento definitivo representa un ideal de perfección. Reside siempre en una "percepción" correspondiente (lo

cual supone, es cierto, una necesaria ampliación del concepto de percepción por encima de los límites de la sensibilidad). La síntesis de cumplimiento en este caso es la evidencia o el conocimiento en el sentido estricto de la palabra. En él está realizado el ser en el sentido de la verdad, de la "concordancia" bien entendida, de la adaequatio rei ac intellectus; en él está dada ella misma, es directamente intuible y aprehensible. Los diferentes conceptos de verdad que pueden constituirse sobre la base de una y la misma situación fenomenológica, encuentran aquí su esclarecimiento perfecto. Cosa análoga vale para el ideal correlativo de la imperfección, o sea, para el caso del absurdo y con respecto a la "contrariedad" y al no ser que es vivido en ella, es decir, a la falta de verdad. La marcha natural de nuestra investigación (cuyo interés se endereza primitivamente sólo a las intenciones significativas) lleva consigo el que todas estas consideraciones tomen como punto de partida las significaciones más simples y hagan, por tanto, abstracción de las diferencias de forma entre las significaciones. La investigación complementaria de la segunda sección, tomará en consideración estas diferencias y nos llevará en seguida a un concepto de materia completamente nuevo, o sea, a la oposición fundamental entre materia sensible y forma categorial, o -para trocar la posición objetiva por la fenomenológica- entre actos sensibles y actos categoriales. En estrecha conexión con esto se halla la importante distinción entre los objetos, propiedades y relaciones sensibles (reales) y los categoriales; mostrándose como característico de los categoriales el hecho de que en el modo de la "percepción" sólo pueden ser "dados" en actos que están fundados en otros actos y últimamente en actos de la sensibilidad. En general, el cumplimiento intuitivo de los actos categoriales, y por ende también el imaginativo, está fundado en actos sensibles. Pero la mera sensibilidad no puede dar nunca cumplimiento a las intenciones que encierran formas categoriales; antes bien, el cumplimiento reside siempre en una sensibilidad formada por actos categoriales. Con esto se relaciona una ampliación absolutamente indispensable de los conceptos primitivamente sensibles de intuición y percepción; dicha ampliación permite hablar de intuición categorial y especialmente de intuición general. La distinción entre abstracción sensible y abstracción categorial pura motiva luego la división de los conceptos generales en conceptos sensibles y categorías. La antigua antítesis epistemológica entre la sensibilidad y el entendimiento recibe la claridad apetecible mediante la distinción entre intuición simple o sensible e intuición fundada o categorial; y asimismo la antítesis entre el pensar y el intuir, que confunde en el lenguaje filosófico usual las relaciones entre la significación y la intuición impletiva con las relaciones entre los actos sensibles y los categoriales. Siempre que hablamos de forma lógica, este giro se refiere a lo puramente categorial de las

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