La tesis del rechazo a la distinción esquema contenido se desarrolla en extenso en su artículo “De la idea misma de un esquema conceptual”. Vamos a profundizar en él. Recordemos: Davidson sostiene que la su- posición de que existe algo como un esquema conceptual y un conjunto de contenidos, separados uno de los otros, es insostenible. Al mismo tiempo, esta suposición condiciona la teoría del conocimiento empirista, lo que la convierte en su “tercer dogma”, junto con los otros dos señala- dos por Quine, a saber, el reduccionismo verificacionista y la distinción entre juicios analíticos y juicios sintéticos. Recordemos brevemente:
El empirismo moderno ha sido en gran parte condicionado por dos dogmas. Uno de ellos es la creencia en cierta distin- ción fundamental entre verdades que son analíticas, basadas en significaciones, con independencia de consideraciones fácticas, y verdades que son sintéticas, basadas en los hechos. El otro dogma es el reductivismo, la creencia en que todo enunciado que tenga sentido es equivalente a alguna cons- trucción lógica basada en términos que refieren a la expe- riencia inmediata. Voy a sostener que ambos dogmas están mal fundados. Una consecuencia de su abandono es, como veremos, que se desdibuja la frontera que se supone traza- da entre la metafísica especulativa y la ciencia natural. Otra consecuencia es una orientación hacia el pragmatismo.182
182Cfr. W. Quine, “Two dogmas of empiricism”, The Philosophical Review, Harvard, University
Más allá de Quine y en una aguda crítica, Davidson afirma que bajo el dualismo analítico-sintético subyace el dualismo esquema-conteni- do, pues el primero establece que el significado de los juicios depende de su estructura y sólo gracias a su contenido —conceptual o empíri- co— puede constituirse como un juicio analítico o sintético; en otras palabras, el dualismo de lo sintético y lo analítico es un dualismo de enunciados, los cuales pueden ser falsos o verdaderos en razón de lo que significan y por su contenido empírico. Quine rechazó el dualismo esquema-contenido, con lo cual abandonó la concepción de significado que implica, pero continuó sosteniendo una noción de contenido em- pírico de los anunciados. Davidson da un paso más; para él, todos los enunciados se explican con referencia a los hechos, al mundo, a la expe- riencia, a las sensaciones y a la totalidad de estímulos sensoriales y, por lo tanto, no establece una clara frontera entre lo meramente estructural o mental, y lo meramente sensible.
En concordancia con el naturalismo davidsoniano, el hombre no representa para nuestro filósofo más que un ser animado que habla, por lo tanto, participa de dos elementos del fenómenos lingüístico, a saber, de su carácter físico, en tanto que emite sonidos, y de su carácter signifi- cativo. Sin embargo, a partir de este último aspecto, Davidson establece que la filosofía del lenguaje debe preocuparse no por lo que significan las locuciones humanas y su referencia con la realidad , sino qué hace que una emisión sea significativa para que, por lo tanto, podamos com- prender lo que otra persona nos comunica.
Para llegar a esto, Davidson entiende el lenguaje como un proce- so de comunicación entre individuos, en el que uno de ellos juega el papel de hablante y el otro de intérprete, y cuya tarea es precisamente
interpretar las emisiones de los hablantes. Veamos cómo entiende la interpretación:
En primer lugar, esta interpretación no es una traducción, es decir, no se traslada el contenido de un lenguaje a otro, porque para ello sería necesario conocer el significado y la referencia de las oraciones y las pa- labras con la realidad, cosa que el intérprete desconoce. En la interpreta- ción, dice Davidson, el que interpreta debe construir una teoría del sig- nificado de las emisiones aparentemente lingüísticas de un sujeto, cuyo lenguaje le es totalmente desconocido, pero cuyo comportamiento pú-
blico no lo es y que, por lo tanto, le sirve como evidencia y contexto para inferir significados, deseos, creencias o actitudes del hablante. Y es que, mientras no exista una manera directa de observar lo que el hablante quiere decir, toda la evidencia requerida para efectuar la comunicación debe estar disponible públicamente por medio de la observación del en- torno y de ciertas actitudes públicas que permitan inferir los eventos (físicos) que lleven al hablante a sostener que una oración es verdadera.183
En segundo lugar, un problema esencial para el intérprete consiste en que no puede conocer de forma concluyente lo que la oración signifi- ca para el hablante, y lo que éste cree que es el caso para dicha oración. Es decir, el intérprete no puede conocer ni la creencia ni el significado de las proferencias del hablante, a menos de que éste presuponga que el patrón de oraciones al que el hablante asiente funciona bajo la misma lógica del lenguaje que la del intérprete y que las creencias del hablante son producto de un patrón racional y coherente parecido al suyo.
Davidson llama a esta estrategia, principio de caridad; con ella, pretende separar el significado de la creencia, sin asumir ninguno de ambos como definitivos, sino como constantes lógicas que permiten observar no sólo las oraciones que el agente considera verdaderas, sino también los eventos y objetos del mundo que causan que él considere a las oraciones verdaderas, ya que las circunstancias observables que causan que un agente acepte oraciones específicas proporcionan la evi- dencia más obvia para la interpretación de las oraciones y de los predi- cados en ellas.184 Así entonces, para Davidson, el habla es un fenómeno
social:185 el significado de una emisión no es traducible de un lenguaje a
otro por medio de elementos verificativos, sino interpretado e inferido en términos de conductas específicas observables que hacen más clara la intención de un hablante de que sus condiciones de verdad y sus pa- labras se entiendan.
183Vid. D. Davidson, “De la idea misma de un esquema conceptual”, De la verdad y la interpreta-
ción, p. 193; D. Davidson, “Estructura y contenido de la verdad”, en María José Frápoli (ed.), Teorías de la verdad en el siglo xx, Madrid, Tecnos, 1997, p. 73.
184D. Davidson, “De la idea misma de un esquema conceptual”, pp. 194-196; D. Davidson,
“Estructura y contenido de la verdad”, pp. 74, 75 y 76.
185D. Davidson, “De la idea misma de un esquema conceptual”, p. 189; D. Davidson, “Estruc-
Sin embargo, desde el punto de vista de nuestro autor, esta teoría de la interpretación y del significado no implica que la verdad y el sig- nificado puedan definirse de modo conductual, sino que el significado de las oraciones es determinado mediante la conducta de los hablan- tes basada en patrones que permiten al intérprete entender acciones en cuanto hechas o causadas siemprepor una razón. Y, si el intérprete es capaz de detectar en el hablante la actitud básica que causa sus oracio- nes, Davidson concluye que es capaz de entender su noción de creencia y su actitud epistémica, pues acepta que los contenidos de las creencias básicas del sujeto estándeterminadas por rasgos objetivos del entorno —los cuales causan dichas creencias— y que lo que el sujeto considera verdadero será también verdadero para sí mismo.
Podríamos resumir del siguiente modo la forma en que se generan las dudas escépticas. Conocemos el mundo exterior por medio de la esti- mulación que produce en nuestros receptores sensoriales, que constitu- yen toda la información que podemos obtener del mundo exterior. Pero no debemos confundir estos estímulos sensoriales, de carácter subjeti- vo, con los objetos que lo causan, de carácter objetivo. Nuestro punto de partida son estos datos subjetivos y nuestra imagen del mundo exterior construida a partir de éstos, en la medida que los organizamos por me- dio de sistemas de conceptos. Entonces, la duda escéptica se introduce tomando la forma de pregunta: ¿cómo sabemos que esa imagen que construimos del mundo a partir de esos datos corresponde de modo fiel al mundo del cual es imagen? Como vimos en el apartado previo, según Davidson, esta duda descansa en dos dicotomías estrechamente vincu- ladas; la dicotomía subjetivo-objetivo y la dicotomía dado-interpretado. La primera establece una diferencia entre lo subjetivo, experiencia y lo objetivo, el mundo, el medio circundante, la realidad. La segunda di- cotomía establece una distinción entre un contenido incontaminado, lo dado y un sistema de conceptos, categorías, esquemas conceptuales que organiza esos datos, dando como resultado una visión del mundo. En la medida en que admitimos que esos sistemas de conceptos pueden variar de un individuo a otro, o de una cultura a otra, debemos admitir que lo mismo sucede con la visión del mundo resultante del uso de uno u otro de esos sistemas de conceptos. La consecuencia ahora sería el re- lativismo. Ya antes vimos cómo Davidson rechaza las tesis relativistas.