1. Aproximación al concepto de capacidad
1.3. Emoción y empatía
1.3.1. Emoción desde una perspectiva general
Las emociones le dan color y significado a la existencia, forman parte de la vida diaria y de los recuerdos asociados con personas, sucesos y lugares. En el lenguaje común parece haber un completo acuerdo entre los interlocutores, cuando se recurre a las emociones en las descripciones y explicaciones sobre algún aspecto del pasado o del presente que haya sido significativo en la existencia de la persona. Por ejemplo, es posible
entender cuando una persona nos manifiesta su tristeza por haber perdido a un ser querido, quizá inclusive sintamos empatía con esa persona si es que hemos vivido de cerca esa experiencia. El hecho de que nos diga que está triste con todas las letras ayuda a entender, pero no siempre es necesario pues con sólo observar sus gestos, movimientos y postura podemos descubrir su estado anímico.
En ocasiones se usan sinónimos para la emoción, como afecto, pasión, temperamento y sentimiento, y aunque es posible distinguirlas, tienen mucho en común. Por ejemplo según la Real Academia Española (2001) Emoción se define como una “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa”, y define sentimiento como un “estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.” Así emoción y sentimiento, designan los estados o alteraciones del ánimo y en ambos conceptos se hace evidente que la persona que vive la emoción siente algo que puede tener diferente duración, impacto y significado.
De acuerdo a Ferrater (2001, p. 993) emoción es un término que se usa en sentido similar a sentimiento, una distinción entre ambas es cuando se considera a la emoción como una de las especies de sentimientos. Agrega que un sentimiento puede ser corporal como sentir frío, mientras que la emoción no se refiere exclusivamente a aspectos corporales, de manera que el amor, el temor y la alegría son emociones.
Plutchik (1987) realiza algunas distinciones importantes. Por ejemplo la palabra afecto es usada generalmente por psicoanalistas para referirse a un estado subjetivo o para señalar un “hipotético estado inconsciente”(p. 138); el sentimiento es una manera de describir un estado interno que se puede referir; un estado de ánimo es una emoción de
larga duración; mientras que un temperamento más bien una disposición a mostrar ciertas emociones con frecuencia a través del tiempo y de las diversas situaciones.
De acuerdo a Solomon (2005) la palabra pasión era utilizada por Aristóteles, por los estoicos, por Tomás de Aquino y por Descartes entre otros, y agrega que si bien en el pasado se hablaba de pasión en el sentido en que hoy denominamos emoción, en el presente la palabra pasión la reservamos a una emoción o deseo abrumador y total.
A pesar de que las palabras mencionadas (emoción, pasión, sentimiento, afecto, estado de ánimo y temperamento) pueden definirse en forma particular y se señalen sus diferencias en el uso práctico, para efectos de este trabajo no es necesario ahondar más en las diferencias, más bien se opta por utilizar la palabra emoción que es de uso más reciente en los estudios de filosofía y otras áreas del conocimiento y se adapta a las necesidades de este estudio.
La emoción se define aquí como la manifestación de la vida afectiva que se presenta en todo ser humano, que en ocasiones es agradable y en otras es molesta, que tiene diferente intensidad, pero que además se relaciona con las creencias que la persona tiene sobre el evento, persona o ambiente que le causa ese sentir. Es por lo tanto útil ejemplificar que una persona puede sentir una gran tristeza al enterarse que un ser querido ha muerto, pero al saber que su creencia era errónea y que su ser querido en realidad está con vida, podrá cambiar la tristeza por alegría.
Hablar de emociones resulta común y cotidiano, pero en realidad la definición de qué es una emoción, qué la constituye, cómo se relaciona con los objetos externos y qué significado tiene, va a depender de la teoría o perspectiva desde la que se estudie. A veces, a las emociones se les puede agrupar como positivas o negativas, violentas o tranquilas.
Según Plutchik (2005) un aspecto que dificulta el estudio de las emociones, es que al entrar en el proceso de socialización aprendemos a esconderlas o a disimularlas para evitar las críticas o la vergüenza. El niño pequeño no tiene temor de llorar frente a los otros cuando siente la pérdida de un juguete por ejemplo, pero es muy común, en nuestra cultura, que los padres le señalen que no debe llorar, que sólo las mujeres lloran o que es una tontería. En la escuela escucha los mismos comentarios de otros niños, de forma que en poco tiempo incorpora esa apreciación a su conocimiento ya sea consciente o inconscientemente y trata de conducirse de acuerdo a la expectativa de sus padres y otras personas que le rodean, evitando llorar frente a los otros y así demostrar que puede soportar la tristeza, que es fuerte de carácter aunque sus emociones sean muy diferentes.
En el caso de las niñas, las emociones de tristeza y sus manifestaciones están más permitidas en nuestra cultura, se le deja llorar porque eso se asocia con el estereotipo de debilidad y su necesidad de protección y de ayuda; idea ampliamente difundida por los medios de comunicación.
La expresión de la emoción es un tema de recurrencia en varias disciplinas como psicología, comunicación, educación, y la filosofía no es la excepción. Son muchos los filósofos que han estudiado a las emociones, algunos de ellos son Platón, Aristóteles, Spinoza, Descartes, y Hume, pero la lista se amplía entre aquellos filósofos que han partido de alguna de estas ideas y han desarrollado su propia aproximación a esta área de estudio.
De acuerdo a Solomon (2005), Aristóteles se refirió a pathé para señalar aspectos como el enojo, la vergüenza y el miedo que alteraban el juicio de la persona que los sentía y agregó que era importante tener las pasiones correctas para tener una vida virtuosa. Los estoicos también llamaron pasiones a estas emociones pero consideraban que eran juicios
erróneos sobre el mundo. Tomas de Aquino clasificó a las pasiones como elevadas (fe y amor), y bajas (miedo y envidia). Descartes también se refirió a las pasiones en su texto Las pasiones del alma, pero señaló que forzosamente se trata de una interacción entre alma y cuerpo.
Por ejemplo, Spinoza (1977) designa a las emociones con el nombre de pasiones y las define como percepciones o sensaciones del alma que se producen por movimientos de los espíritus. La razón juega un papel fundamental pues sólo el hombre que vive bajo la guía de la razón se esfuerza en controlar pasiones como odio, ira y desprecio. El hombre debe buscar a través del ejercicio de la propia voluntad, el dominio absoluto de las pasiones.
Hume (2005, p. 82) distingue claramente entre las impresiones que se captan a través de los sentidos donde se encuentran las emociones y deseos, y las ideas que se forman en el pensamiento. Mientras que Descartes (1998) señala que los deseos y sentimientos son parte constitutiva del ser humano, pero deben ser subordinados al pensamiento y al riguroso orden para comprender el mundo a través de la duda que impulsa a la razón a buscar respuestas.
Aristóteles (1994) llama pasiones al coraje, el miedo, el respeto, el deseo y en general a todo aquello que por su naturaleza se refiera a sentimientos de placer o de pena. Estas pasiones no tienen cualidad pues son pasivas pero sí hay cualidad en las potencias, nombre con que Aristóteles denomina a aquello que hace que las personas tengan una pasión que los mueve a la acción, por ejemplo la persona que siente coraje podría ser colérico. Es posible que las pasiones se ajusten a la razón o bien que sean contrarias a ésta.
Además, Aristóteles (1994, 2000), agrega que en todas las pasiones hay un exceso, un medio y un defecto y que siempre es mejor el término medio.
Contemplar la perspectiva de Aristóteles es fundamental para Nussbaum, quien señala en su texto The therapy of desire (1996) que para este filósofo griego las emociones están relacionadas a las creencias o presupuestos, que a su vez pueden ser racionales o irracionales, verdaderos o falsos, pero finalmente las emociones son valiosas y necesarias para la acción virtuosa y también sujetas a modificación cognitiva cuando se modifica la creencia que les da apoyo.
Es justamente esta perspectiva de la emoción la que domina el estudio de Nussbaum y la que será utilizada para este trabajo. Sin embargo y con el afán de contextualizar esta postura vale la pena describir las diferentes vertientes que ha tomado el estudio de las emociones.
Hay dos grandes puntos de partida para el análisis de las emociones de acuerdo a Solomon (1984), por una parte está justamente la perspectiva de Aristóteles, quien define a la emoción como una forma más o menos inteligente de concebir una situación que se encuentra dominada por un deseo; por otra parte está la definición de William James (Plutchik, 1987) quien señala que la emoción es una reacción fisiológica. Entre estas dos teorías surgen muchos debates que enfatizan diversos aspectos de las emociones, como son las reacciones psicológicas, las sensaciones de experiencia, el acercamiento de la emoción con la razón. Muchas teorías modernas incluyen los dos componentes que más atención han recibido por parte de los teóricos: el fisiológico y el cognitivo, este último implica los conceptos y las creencias o presupuestos.
Al intentar estudiar las posturas filosóficas sobre las emociones es común observar que en el campo de la psicología ha habido grandes contribuciones a este aspecto y que es posible reconocer estas posturas y utilizarlas en diferentes áreas del conocimiento. Antes de adentrarse en el terreno de la filosofía en particular con la postura de Nussbaum sobre las emociones y su papel en la teoría de la capacidad, se describirán algunas de las propuestas psicológicas que más impacto han tenido en el estudio de las emociones.
Plutchik en el texto titulado Las emociones (1987) señala que existen cuatro tradiciones principales que han sentado las bases para una gran cantidad de estudios y propuestas posteriores. Las cuatro tradiciones se presentan a continuación:
1. Charles Darwin y la tradición evolutiva. En su obra en 1859, de acuerdo a Plutchik (1987), Darwin señaló que el proceso de evolución se aplicaba también a la mente, a la habilidad de razonar, la memoria y las emociones.
Para su análisis, Darwin (1909) en su texto La expresión de las emociones, estudió las expresiones faciales, las posturas y los gestos, es decir la manera en que las emociones son expresadas. Encontró una relación entre las expresiones emocionales de los animales inferiores y de los humanos, como resulta ser el caso del enojo que se refleja en el rostro, tanto en humanos como en simios. Señaló que aunque algunos gestos simples son aprendidos, muchas de las expresiones emocionales son innatas, tal parece ser el caso del disgusto que se manifiesta con el acto de adelantar la lengua para expulsar de la boca algo que es repugnante.
2. William James y la tradición psicofisiológica. Dice Plutchik (1987) que en los textos de 1884 y 1890, James indicó la importancia que tenía la secuencia de los eventos cuando se presenta una emoción: los cambios corporales siguen de la percepción
de un evento excitante y la sensación de estos cambios corporales constituye una emoción. James en 1890 criticó el sentido común que señala que “al perder nuestra fortuna nos afligimos y lloramos….[mi] hipótesis… es que nos afligimos porque lloramos” (Plutchik, 1987, p. 33).
Esta secuencia de eventos que cita Plutchik, no sólo es lo más difundido y conocido de la perspectiva de James, sino también objeto de muchos estudios donde se refuta y critica la sucesión causa-efecto de los sentimientos.
James (1955) señala que la palabra sentimiento sirve para designar todos los estados de conciencia subjetivos. Algunos de los sentimientos son cognitivos y otros simples hechos que tienen una existencia.
Dos años más tarde de la aparición de la teoría de James, el fisiólogo danés, Lange llegó a una propuesta similar de forma independiente, es por esto que a esta aproximación se le conoce como la teoría James-Lange. La teoría tuvo gran aceptación en su época por psicólogos que coincidían en contemplar a la emoción como un estado subjetivo, personal e introspectivo relacionado con las expresiones faciales.
3. Walter Cannon y la tradición neurológica. De acuerdo a Plutchik (1987) Cannon propuso cambios en la teoría de James-Lange en sus textos de 1915 y 1929. Realizó experimentos con animales a los cuales se les removían divisiones del sistema nervioso y aún así mostraban reacciones a diversos estímulos, con estos resultados propuso que al ocurrir una descarga neuronal se producen tanto cambios corporales como experiencias emocionales. Esta perspectiva como la anterior se enfoca en la percepción como elemento inicial para el proceso emotivo, pero no explica cómo una percepción puede producir de forma tan directa una emoción o una reacción motora, sin embargo,
comenta Plutchik, este trabajo ha sido de utilidad para la investigación en las estructuras cerebrales que organizan las emociones.
4. Sigmund Freud y la tradición dinámica. Plutchik (1987) comenta que en la publicación de 1895, Studies on Hysteria, Freud decía que los enfermos sufrían por recuerdos asociados a emociones fuertes que habían sido reprimidas y que la histeria era un disfraz de la emoción original. La forma de eliminar los síntomas era a través de la catarsis por medio de la hipnosis o la asociación libre, y luego sustituyó el término catarsis por el de psicoanálisis. Según Freud (2003) el análisis de los sentimientos se puede realizar a través de sus manifestaciones físicas, pero hay ocasiones en que esto no es posible y lo único que se puede hacer para estudiarlas científicamente es observar el contenido con el que se asocia dicho sentimiento. En opinión de Freud cualquier emoción presenta una gran complejidad, pues los deseos en los hombres son diferentes y las reacciones no son simples.
De acuerdo a Plutchik (1987) la teoría psicoanalítica de la emoción elimina el problema de la secuencia que tanto había preocupado a los investigadores anteriores, puesto que afirma que tanto el sentimiento como el cambio corporal resultan de la evaluación de la situación que realiza el inconsciente. Freud se enfoca en emociones como la angustia, la depresión y la agresión, y nunca llega a desarrollar una teoría general de las emociones.
En resumen los cuatro enfoques han contribuido de manera importante en el conocimiento de las emociones. Por una parte el enfoque evolucionista de Darwin se ha relacionado con la importancia de la supervivencia de la conducta emocional tanto de animales como de humanos; el enfoque psicofísico de James se enfoca más a la relación
entre sentimientos y cambios corporales internos; la tradición neurológica de Cannon enfatiza la relación entre sentimientos o conductas emocionales y las actividades cerebrales; mientras que el enfoque dinámico de Freud señala la importancia de las emociones de las que las personas no son conscientes.
Entre las teorías más modernas de acuerdo a Plutchik (2005), se encuentran las conductistas con representantes como Watson, quien definió la emoción como un patrón de reacción que implica cambios en todo el mecanismo del cuerpo principalmente en las vísceras y glándulas. Este último autor sugería que las emociones son innatas, rompen la actividad organizada, y que el aprendizaje juega un papel importante en las emociones al controlar su expresión.
Plutchik (2005) agrega que fue Fritz Heider quien en 1958 enfatizó la relación entre cogniciones y emoción, al señalar que si es posible influir en las creencias o presupuestos de las personas, entonces se puede influir en sus emociones también; tal es el caso de la envidia que implica una comparación social entre lo que dos personas poseen bajo la perspectiva de una de ellas. Otros conductistas como Tolman y Skinner también estudian la relación entre emociones y predisposiciones a conducirse de cierta manera, como el enojo que puede ser una inclinación o predisposición a golpear.
Otro grupo de teorías son las que enfatizan la función cerebral y toman como base la tradición de Cannon. Entre los estudiosos de esta área según Plutchik (1987), está Papez quien señala que los circuitos cerebrales transmiten la experiencia de la emoción.
Finalmente, los seguidores de las teorías psicoanalíticas de acuerdo a Plutchik (1987), son médicos a quienes les interesa la congruencia teórica y terapéutica y entre estos desarrolladores de la teoría de Freud está Rado, quien dice que las emociones son estados
del individuo que fungen como señales de alerta para preparar a la persona a buscar continuamente el estado de equilibrio o seguridad.
Para el análisis de las diversas concepciones de las emociones Solomon (1984) propone una clasificación de cinco modelos en lugar de los cuatro anteriores y aunque algunas de las etiquetas son diferentes, la agrupación de teóricos y conceptos es muy similar. La aportación de Solomon radica entonces en reunir a estudiosos de diversas áreas del conocimiento y agruparlos bajo la etiqueta que mejor define su postura:
1.Sensación. Las teorías de sensación se preocupan por señalar las causas y los efectos de las emociones y se interesan en la psicología de la emoción como una experiencia personal. Hume (2005) es uno de los filósofos interesados en la sensación, pues señala que los sentidos nos permiten distinguir ente el calor y el frío, entre el placer y el dolor. Hume (2005, p. 239) señala en el Tratado de la naturaleza humana, que las percepciones que penetran con más fuerza pueden ser llamadas impresiones y ahí se incluyen las pasiones y emociones, antes de continuar con un proceso por el que se generan ideas. De acuerdo a Frank (1988) Hume pensaba que la moralidad estaba basada en el sentimiento no lógico y que el más importante de éstos era la simpatía.
2.Fisiológico. Las teorías fisiológicas según Solomon (1984), también ven a las emociones como una molestia física y analizan sus causas y efectos. Uno de los teóricos de esta línea es James, quien como ya se mencionó, señala que los sentimientos intelectuales son casi siempre acompañados de molestias fisiológicas. Si nos quitamos el sentimiento de agitación por ejemplo, sólo quedaría la percepción intelectual, la percepción de peligro sin el sentimiento de miedo. Un insulto causa estar enojado, el enojo causa gritar y desear venganza (Solomon, 1984, p. 10).
3.Conductual. Para Solomon (1984) las teorías de conducta dicen que es justamente la conducta observable la base para analizar la emoción, y agrega que algunas conductas emocionales pueden ser aprendidas y otras son innatas, unas son expresiones voluntarias y otras no. No sólo experimentamos con nuestras emociones sino que observamos las de otros.
Estudiosos como De Sousa (2003), Solomon (1984) y Plutchik (1987, 2005) consideran que Darwin fue uno de los investigadores prácticos de las emociones que proporcionó una base de estudio sobre este campo para las sucesivas generaciones, y esto es porque Darwin no sólo observó a animales y personas con el propósito de analizar las formas de expresión de las emociones, sino que identificó que algunas de éstas podrían tener la función de liberar deseos, auto gratificarse, o bien prepararse para la acción como en el caso del ataque o defensa. Así mismo señaló que las emociones eran importantes como un medio de comunicación.
El trabajo de Solomon (1984) también recopila la perspectiva de John Dewey, quien señala que la conducta emocional es determinada por la situación y puede ser explicada por