CAPÍTULO 1. ANTECEDENTES
1.5. EMPLEABILIDAD EN LA SIC: EL AUTOEMPLEO
En capítulos anteriores se ha puesto de manifiesto que la Sociedad de la Información y el Conocimiento avanza a pasos agigantados y genera a su vez cambios drásticos en el comportamiento de la ciudadanía, tal como hemos visto con las tabletas, móviles, el acceso a Internet, etc.
El ciudadano de la SIC tiene unas características nuevas y especiales que le distinguen con mucho del estereotipo del ciudadano de 20 años atrás.
También ha quedado en evidencia que la SIC genera unos puestos de trabajo nuevos, desconocidos hasta su llegada en la sociedad anterior, pero al mismo tiempo destruye otros muchos convencionales que bien por la automatización, bien por quedar en desuso porque la tecnología plantea otras formas de hacer las cosas con materiales diferentes y más económicos, quedan amortizados, sin ninguna aplicación práctica o a extinguir.
El trabajo no cualificado queda establecido en la SIC de forma residual, tal como se pronosticaba en el Consejo Europeo de Lisboa, y las posibilidades de empleo para los jóvenes se reducen drásticamente, aun contando con que tengan la capacitación adecuada para incorporarse de pleno derecho al mundo laboral que ofrece la SIC.
Este razonamiento también es válido para personas no tan jóvenes que han perdido su empleo y se encuentran de los 35 a los 66 años en una zozobra permanente para encontrar un nuevo empleo y que les proporcione, además, la estabilidad que tenían en su antigua empresa. En esta situación podemos encontrar personas muy bien preparadas, con titulaciones universitarias y experiencia de muchos años, incluso con cargos de responsabilidad y liderazgo en su haber, pero que tienen unas enormes dificultades para encontrar un nuevo empleo, incluso aunque no les proporcione la estabilidad deseada.
En más de un caso, la razón es que una persona, a partir de cierta edad (probablemente de más de 35 años), ya ha asimilado muchos prejuicios a la hora de afrontar las tareas en la empresa, pues considera que tiene una serie de derechos y resulta más complicado moldearla que cuando se trata de una persona con mucha menos edad y menos experiencia. No hay que olvidar que uno de los factores que caracterizan a la SIC es la movilidad y la flexibilidad.
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Francisco J. García Tartera
Los trabajadores de todo tipo que superan cierta edad (+ 35) están acostumbrados a un tipo de trabajo más estable, más estático y de menos improvisación aparente. Pero en la SIC, las empresas deben ser competitivas a la fuerza, pues de lo contrario no sobreviven más de 2 años en el mercado.
Por tanto, aquellos trabajadores de cierta edad, a pesar de tener una muy buena preparación y experiencia, suelen tener dificultades serias para conseguir un nuevo empleo porque su adaptación al nuevo modelo empresarial es muy complicado y, además, tampoco “creen en ello”.
Efectivamente, muchos de estos trabajadores que perdieron su empleo por la crisis o porque su empresa no se adaptó a los nuevos tiempos y tuvo que cerrar las puertas, piensan que esta fórmula de trabajo en la SIC es “pan para hoy y hambre para mañana”, y puede que no les falte razón, pero en la actualidad es lo que tenemos y no se vislumbra otra salida en el horizonte.
Es posible que dentro un tiempo próximo la humanidad se enfrente a un gran reto definitivo, puesto que hay muchas variables que proyectan en nuestro futuro una amenaza de corte tremendamente negativo, como la falta de recursos alimenticios para la población, el desabastecimiento, el cambio climático, la capa de ozono, la contaminación, etc. Desde luego, el afán competitivo de las empresas en busca de la mayor reducción de costes posible para abaratar el producto y desbancar a la competencia no es un buen augurio, porque nuestro mundo es finito y por tanto nuestros recursos también, así que tarde o temprano alcanzaremos el límite, pero mientras no llegan esos tiempos, las personas que desean integrarse en el mundo laboral actual deben hacerlo con la mejor preparación para ello, pues de otra manera, la competitividad entre las empresas también está presente entre los trabajadores y sólo consiguen superar el reto de conseguir el empleo deseado aquellos que demuestran haberse hecho merecedores de tal premio, lo que significa que han tenido la cualificación necesaria, además de la facilidad de adaptación a la filosofía empresarial que priva en nuestros días.
Pero no todo en el trabajo consiste en conseguir un empleo en una empresa y hacerlo por cuenta ajena, tal como define la Hacienda española, sino que también existe la posibilidad de crear uno mismo su propia empresa. Aquí llegamos a un punto en el que también se marcan diferencias en España con respecto a países de nuestro entorno. La empleabilidad por cuenta propia o autoempleo es algo que viene existiendo en las sociedades modernas anteriores a la SIC desde sus orígenes, pero que, sin embargo, en nuestro país nos hemos situado por debajo
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Francisco J. García Tartera
de la media europea, a pesar de que la economía española se sostiene en su mayor porcentaje en la pequeña y mediana empresa, es decir, en muchos trabajadores autónomos que trabajan por cuenta propia.
La SIC ofrece nuevas posibilidades de negocio, muy distintas a las anteriores, y es ahí donde existe un campo virgen de posibilidades de creación de empresas, la inmensa mayoría basadas en la tecnología actual y en las opciones que ofrece la SIC. En este terreno, España avanza con cierto retraso con respecto a la media europea y es, probablemente, una de las mejores soluciones para reducir drásticamente el desempleo juvenil.
Figura 42. Evolución del autoempleo juvenil 2007-2011 en España. Fuente: Eurostat.
Las nuevas empresas que se crean en la SIC suelen aparecer en nichos de mercado muy especializados que requieren por parte de sus líderes una gran especialización, capacitación y visión de la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Éste es el punto neurálgico en el que se plantea la investigación que nos ocupa. ¿Está el profesorado actual capacitado para formar a los estudiantes en estos temas? ¿Se da este tipo de formación en la enseñanza reglada universitaria y no universitaria?
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Francisco J. García Tartera
En la comparativa europea sobre autoempleo, a continuación, vemos que España se diferencia netamente de la media europea:
Figura 43. Evolución del autoempleo juvenil en la UE. Fuente: Eurostat.
Si centramos nuestra visión en el año 2011, vemos que en España se generaron unas 35.000 empresas (en modalidad de autoempleo) sin contratación de trabajadores, salvo el propio interesado, y unas 8.000 en la misma modalidad, pero que incluyeron también contratación de varios trabajadores. En ese mismo año, en Europa, de media, se crearon unas 700.000 empresas de autoempleo sin trabajadores (sólo el interesado), y unas 100.000 con más de un trabajador.
Estos indicadores son bien claros para señalar que es en este apartado en el que hay que trabajar a fondo y ver cuáles son las causas de que los jóvenes españoles no se decidan, en la misma medida que ocurre de media en Europa, a crear su propia empresa. Esta modalidad es la que encontramos ahora en boca de todos los medios y todos los comunicadores denominándola “emprendimiento”. Parece existir un verdadero consenso, no sólo a nivel español, también a nivel internacional de todos los países desarrollados, en afirmar que el “emprendedor” va a ser el verdadero motor de la nueva sociedad.
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Francisco J. García Tartera
El emprendedor necesita enfrentarse a los retos de la Sociedad de la Información y el Conocimiento y para ello debe tener una formación específica en estos momentos, aunque deberá ser genérica a partir de ahora si se quiere perder el tren de la competitividad.
Tanto las empresas creadas en modalidad de autoempleo como las que ofrecen múltiples puestos de trabajo coinciden en que las características del tipo de trabajo que deben realizar sus empleados contiene la inmensa mayoría de los componentes que se especifican a continuación, en el siguiente mapa de letras:
Figura 44. Nube de palabras sobre conceptos del mercado laboral actual (SIC). Fuente: Wordle. Elaboración propia.
Es misión de la sociedad conseguir que los formadores desarrollen las capacidades necesarias para que los estudiantes puedan adquirir las habilidades imprescindibles que demanda este mercado globalizado para contratar a sus nuevos empleados.
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Francisco J. García Tartera