• No se han encontrado resultados

2.3. Los dispositivos de lectura

2.3.3. Empresas comercializadoras de dispositivos

Se trata de sociedades que son a la vez fabricantes y vendedoras de sus productos y que, además, no permiten su comercialización por otras, esto es, no suscriben acuerdos comerciales para que, mediante la adición de logotipos o modificaciones similares, sus dispositivos sean comercializados por otras entidades. Tal es el caso de Sony (Sony Reader, 2011), de Samsung (Samsung, 2011), TrekStor (TrekStor, 2011) o la española Wolder Electronics (Wolder Electronics, 2011). Aunque este hecho no es incompatible con la promoción de los dispositivos dedicados utilizando determinados contenidos. Así Sony ha llegado a un acuerdo con los derechohabientes de la saga Harry Potter para comercializar los contenidos en exclusiva junto con su reproductor de libros electrónicos (Kunert, 2011).

Por su parte, Samsung, contaba con un acuerdo con la plataforma española Leer-e para acceso desde el lector a su tienda en línea y poder adquirir desde el mismo contenidos digitales (Samsung, 2011).

Wolder Electronics también ha optado por comercializar determinadas versiones de sus dispositivos junto con contenidos digitales concretos que han aparecido al mismo tiempo en su versión impresa (Wolder Electronics, 2011).

Además, de estas categorías de empresas pueden extraerse diversas conclusiones. Destaca una enorme diversidad de empresas en el mercado que comenzaron a comercializar sus dispositivos pero que a la larga han pasado a distribuir también contenidos digitales, este es el caso de de Sony (Sony Reader, 2011) o Wolder Electronics (Wolder Electronics, 2011) o, incluso, de Grammata que ha creado un apartado dentro de su web denominado «elibros» que puede considerarse una auténtica librería virtual (Grammata, 2011).

Es curiosa la enorme diferencia en cuanto a la publicación de información sobre los propios dispositivos contenida en las webs de los distintos fabricantes o distribuidores. Hay sitios web institucionales con información completa de los dispositivos dedicados: Astak (Astak, 2009), Barnes&Noble (Barnes&Noble, 2011) y BQ (BQ readers, 2011); y otros sitios con una información tan escasa que a duras penas permiten extraer las características más básicas de los artefactos digitales, tal es el caso de Eken (Global Sources, 2011) o de E-ran (E-ran Technology CO, 2011).

Este hecho ha dificultado enormemente la tarea de recopilación de datos a que nos referimos y ha sido necesario emplear fuentes alternativas como foros especializados en informática y libro electrónico: DVICE (DVICE, 2013), Engadget (Engadget, 2011) o ZonaeReader (ZonaeReader, 2013); o tiendas de distribución de artefactos electrónicos de todo tipo: Acuista (Acuista.com, 2011), ClickStore (ClickStore, 2011) o Leer-e (Leer-e, 2011).

Esta escasez de datos de algunos de los aparatos a los que nos estamos refiriendo y la gran volatilidad de las empresas que los fabrican y comercializan, tiene el peligro de que la información relacionada desaparezca en un plazo relativamente corto perdiéndose a la vez una parte de la evolución del libro electrónico, o al menos, la relacionada con los reproductores de libros electrónicos. De hecho durante el desarrollo de este trabajo de investigación han dejado de existir, al menos, dos fabricantes: Irex Technologies (Irex Technologies, 2009) que anunció su bancarrota en junio de 2010 (Ballestín, 2010); y MobiWire (MobiWire, 2011) que por el mismo motivo cesó sus actividades en junio de 2011 (Hoffelder, 2011).

Para evitar los inconvenientes que nos suponía la desaparición de webs con información necesaria para este trabajo, nos hemos visto obligados a realizar una recopilación de fuentes con información sobre los dispositivos dedicados que sirviera de base de consulta para nuestro trabajo. Sin embargo la forma de almacenamiento (comúnmente descarga de la página web completa en la que se hallaba localizada la información) no siempre es la más adecuada de cara a una preservación futura de la información puesto que la visualización del documento aparece distorsionada, con partes incompletas, con complementos inactivos, etc. Pero que aún así nos ha sido de gran utilidad para contrastar los datos recogidos a lo largo de la investigación cuando las fuentes han dejado de existir.

Por este motivo proponemos una labor de investigación más profunda de cara a crear un repositorio de recursos de información relacionados con todos los ámbitos del libro electrónico y, en especial, con este de los dispositivos dedicados. Las iniciativas colaborativas como la de MobileRead (MobileRead, 2010) podrían ser una buena solución para la conservación de la información de los dispositivos, pero es necesario realizar una labor adicional de citación de las fuentes de las que se ha extraído la información y de conservación de las mismas (preservación digital).

Finalmente haremos una pequeña reflexión relacionada con los formatos de lectura admitidos por los reproductores. Destaca principalmente la enorme variedad de formatos existente. Esta variedad hace que los fabricantes que hayan apostado por un determinado formato limiten la capacidad de los dispositivos dedicados. En ocasiones incluso se apuesta de forma intencionada por un formato propietario como estrategia de distribución de contenidos de algunas compañías, tal es el ejemplo de la librería Amazon a la que nos referíamos anteriormente pero que, desde 2009 ha abierto sus dispositivos progresivamente a la lectura de otros formatos (Díaz-Noci, 2010: 176). Sin embargo, la tendencia parece ser la de incorporar el máximo número de formatos legibles por el hardware dedicado, teniendo como base el estándar ePub (al que nos referiremos posteriormente con más detalle). De este modo se pretende evitar las dificultades que la variedad de formatos provoca a la hora de migrar e intercambiar información entre dispositivos (Cordón, 2010: 134). Con respecto a los formatos de lectura vamos a dedicar un apartado específico en el que se muestre la evolución y principales características de ellos.

2.4. Formatos y presentación de los contenidos

La primera obra en formato electrónico fue a la vez el primer fruto del Proyecto Gutenberg (Project Gutenberg, 2011). Se trataba de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que fue introducida en un ordenador de forma manual por Michael Hart, el fundador del proyecto, en 1971 (Hart, 1992). A continuación envió un aviso de la digitalización de dicho texto a través de las redes disponibles en la época (aún no era posible enviarlo directamente) y seis personas lo descargaron (Lebert, 2009: 5). Pero el proyecto no se detuvo ahí, la premisa del proyecto era la de aprovechar la infinita capacidad de réplica que permiten los ordenadores para hacer disponibles textos de todo tipo en dominio público. Pero Hart pronto se encontró con el primer problema: no existía un estándar para el intercambio de textos más allá del ASCII (American Standard Code for Information Interchange) y se vio obligado a optar por este formato de texto plano para la creación de los primeros libros electrónicos (Hart, 1992).

No obstante, el verdadero impulsor del proyecto fue el desarrollo de Internet y la aparición de los primeros navegadores. Todo ello hizo crecer el número de

documentos digitalizados con que contaba la colección (diez en 1989) hasta el número de 32 nuevos textos mensuales en 1996 (Lebert, 2009: 7). Este incremento en la producción, y todos los posteriores, están también muy relacionados con la aparición de nuevos medios de digitalización que suplantaran la labor de copia manual por métodos más eficaces como la utilización de escáneres, programas de reconocimiento óptico de caracteres, etc. También conforme el proyecto ha ido evolucionando, los contenidos se han puesto a disposición en gran variedad de formatos (Project Gutenberg, 2011).

Claro está, ni el proyecto Gutenberg, ni la incipiente red que luego cobraría la enorme importancia que tiene actualmente podían basarse únicamente en texto plano, ya que es de lectura poco atractiva, no conserva el formato de las obras originales y además no admite la incorporación de ningún tipo de imágenes o ilustraciones. Por este motivo, poco a poco fueron apareciendo nuevos formatos de texto etiquetado que permitían una visualización más cómoda (Furtado, 2007: 28). Y debido a la explosión de formatos fue necesario crear una norma que definiera unas características básicas para todos ellos de modo que se pudiera separar la estructura de los documentos de su contenido. Esta norma fue la ISO 8879:1986 Standard Generalized Markup Language (SGML), estándar sobre el que se basan: html que durante años ha sido el lenguaje sobre el que se ha desarrollado la Web y xml que, como veremos, tiene muchas aplicaciones relacionadas con la edición electrónica. SGML no es un lenguaje de marcado propiamente dicho sino que proporciona un método para identificar el contenido de la información de forma independiente al soporte que la almacena. Es decir, SGML proporciona una forma normalizada de codificación de la información que es independiente del dispositivo o sistema empleado (Wood, 1995: 27).

Eso con respecto a Internet y los formatos de visualización, ahora bien, la creación de textos digitales, no necesariamente libros electrónicos, fue una exigencia básica en los primeros ordenadores. Así hemos de remontarnos a los años 80 del siglo XX cuando aparecieron los primeros procesadores de textos comerciales como Wordperfect o, posteriormente, Microsoft Word. Mediante estos programas se pudieron generar las primeras versiones de libros electrónicos legibles en pantallas de todo tipo pues, como hemos visto en las definiciones, una obra en cualquiera de estos formatos puede considerarse por sus características como libro electrónico. Y

evidentemente, estos programas de creación de textos en formatos electrónicos han transformado el panorama de la edición, no solo por la nueva variedad de productos sino también por la digitalización del proceso editorial (Sánchez Vigil, 2009: 189). Y debemos añadir que la aparición del libro electrónico solo ha sido posible cuando los métodos de producción de documentos en formatos electrónicos se han generalizado. Como hemos visto, es a partir de finales de los 80 cuando comenzó su crecimiento, salvo el caso anecdótico del primer texto del Proyecto Gutenberg, el verdadero crecimiento del proyecto se produjo a partir de la década de los 90.

Aunque será la generalización de los formatos diseñados para el intercambio de documentos, como PDF (Portable Document Format) en 1993 (Adobe en un, 2009) y su asentamiento como estándar de facto cuando se produzca una verdadera explosión en la utilización de estos formatos para la difusión de libros electrónicos.

El principal inconveniente de los formatos procedentes de los procesadores de textos y los diseñados para el intercambio de documentos se encuentra en que están pensados para emular las hojas de papel, la forma habitual de trabajo hasta la fecha, de cara a la impresión de los documentos. Algo que, sin dada, dificulta la visualización en las pequeñas pantallas que incorporaban los dispositivos portátiles como PDA y más tarde dispositivos dedicados a la lectura de libros electrónicos. De todos estos dispositivos ya hemos hablado pero necesariamente hemos de relacionarlos con este apartado. Con la aparición de los dispositivos portátiles con pantallas mucho más pequeñas que las de los ordenadores era necesario adaptar los textos generados por los procesadores de texto o difundidos en pdf a las mismas. Se trata de un modelo que no es válido para dispositivos con pantallas pequeñas pues obliga al usuario a desplazarse constantemente por la «hoja» para poder visualizar el contenido de los documentos.

Con la aparición de las PDA primero y, posteriormente, de los dispositivos dedicados, ha sido necesario adaptar los documentos generados a los distintos tipos de dispositivos (o pantallas) que han ido apareciendo. Aunque como hemos visto, en el ámbito de Internet existía una cierta normalización propiciada por SGML, la tendencia era la de la existencia de un enorme elenco de formatos digitales que no estaban específicamente pensados para las pantallas de menor tamaño de los dispositivos portátiles. Por este motivo, el Vicepresidente de Tecnologías Emergentes

de Microsoft, Dick Brass, propuso en un discurso en la primera conferencia mundial sobre libro electrónico en Gaithersburg, patrocinada por el National Institutes of Standards and Technologies (INIST), la creación del «Open eBook Initiative» que finalmente se materializó poco después en octubre de 1998 con el objetivo de desarrollar un estándar abierto basado en un formato no propietario para los libros electrónicos. Dick Brass afirmaba que era fundamental para el éxito de la industria del libro electrónico y para unir y proporcionar a los editores y consumidores un estándar común que permitiera dar formato a los libros electrónicos; sin este estándar común los editores tendrían que editar los libros electrónicos en diversos formatos para cada uno de los dispositivos de lectura de libros electrónicos y, en consecuencia, el número de títulos disponibles para cada uno de estos dispositivos sería menor (Microsoft’s call for, 1999). Sorprenden estas afirmaciones en una época tan temprana de desarrollo del libro electrónico sobre todo porque, como veremos, finalmente se han creado diversos formatos soportados por diferentes dispositivos dedicados que, seguramente, han ralentizado el crecimiento de la industria.

El primer fruto del «Open eBook Initiative» fue la creación de un grupo de trabajo denominado «Open eBook Authoring Group». Este grupo estaba compuesto por 25 miembros de la «Open eBook Initiative», incluía participantes que representaban todos los aspectos de la industria de la edición electrónica y fue abierto a otros participantes individuales o empresas interesados (OEBPS Open Ebook, 2004). El trabajo principal que se encomendó a este grupo fue la elaboración de un formato de archivo estándar para libros electrónicos que pudiera ser empleado en todo tipo de dispositivos. El primer borrador de dicho estándar se presento en enero de 1999 (Hilts, 1999: 11) aunque la versión definitiva no se materializó hasta septiembre de 1999 en el «Open eBook Publication Structure v. 1» (Open eBook Authoring Group, 1999). Basada en la semántica de html y a partir de la sintaxis definida en el modelo xml, la estructura propuesta permitía a los editores ofrecer el contenido de forma abierta sin tener que formatearlo para cada dispositivo de lectura (Luther, 1999: 47).

Pese a estos intentos de normalización por parte de la comunidad internacional, entre los años 1998 y 1999 ya había surgido el primer software comercial de lectura de libros electrónicos para ordenadores personales. Se trata del

software de Glassbook, hoy desaparecido, y que en el año 2000 fue adquirido por la casa Adobe (Cales de Juan, Hurtado Durán, 2004: 13).

Poco más tarde, en diciembre de 1999, en San Francisco se creó el «Open Electronic Book Forum» (OeBF) con el propósito de continuar la labor emprendida en el marco general de «Open eBook Initiative», esto es, para seguir creando y mantener estándares que facilitaran la adopción del libro electrónico (Mc Crary, 2000: 339). Con el tiempo, el objetivo de este foro varió al observar que limitar su actividad al libro electrónico constreñía un sector con un interés creciente por los contenidos digitales diferentes al propio libro (Open eBook Forum, 2005: 36). Por este motivo la institución cambió su nombre al de «International Digital Publishing Forum» en 2005, nombre que ha conservado hasta la actualidad.

No es casual que nos centremos en la historia de este ente porque sus actividades, han tenido un papel fundamental en lo que se refiere a la edición electrónica: en septiembre de 2007 el «International Digital Publishing Forum» adoptó el OPS (Open Publication Structure) como estándar oficial de la industria. En realidad, OPS es una de las tres especificaciones de que se compone el formato de publicación ePub, que es, actualmente, el más extendido en los libros electrónicos comerciales. ePub permite la creación y el transporte de libros electrónicos como un único archivo digital que permitan asegurar la compatibilidad entre los diferentes dispositivos de lectura. ePub abarca un contenedor estándar de contenido (OCF – Open Container Format), una norma de empaquetado (OPF – Open Packaging Format) y la propia especificación OPS, basada en un estándar de marcado de contenido en formato xml (Open Publication Structure, 2010), que especifica cuál debe ser la estructura de un libro electrónico (Eíto Brun, 2002).

Sin embargo, aunque ePub (o EPUB) es el formato que parece estar imponiéndose (Cordón García, Gómez Díaz, Alonso Arévalo, 2011: 76), por su carácter abierto y por las ventajas asociadas, el caso es que no han sido pocos los formatos que han surgido desde que comenzó a configurarse la comercialización de libros electrónicos como modelo de negocio. Otro de los formatos más extendidos es Mobipocket, un software desarrollado por la empresa francesa homónima que fue controlada mayoritariamente por Franklin desde 2003 (Franklin Electronic ups, 2003: 13) y posteriormente adquirida por Amazon en 2005 (Milliot, 2006: 7). Este

software es compatible con los sistemas operativos más habituales y, por tanto, es posible utilizarlo para la lectura de libros en el formato .mobi, propio de la compañía, en prácticamente cualquier tipo de dispositivo (Reid, 2002: 31). Es quizá esta versatilidad la que llevó a Amazon a realizar esta adquisición y a apostar por este formato que poco después modifico para crear el .azw, un .mobi con DRM (Digital Rights Management de lo que hablaremos más adelante). Ya lo adelantamos anteriormente, la estrategia de mercado de Amazon es la de apostar por la venta de libros electrónicos en formatos cerrados y en la comercialización de un dispositivo, el Kindle, que permite la lectura de los formatos propios de Amazon y no otros estándares como el ePub. Podría plantearse que este es un mal modelo de negocio pero, en cambio, Amazon ha logrado vender una gran cantidad de dispositivos y ha conseguido desbancar al negocio en papel: en 2010 anunció que vendía 143 libros electrónicos por cada 100 impresos (Amazon vende más, 2010). También hemos de indicar que su principal mercado no es el de dispositivos sino el de contenidos, pero ofreciendo un dispositivo dedicado a un precio muy competitivo se asegura, precisamente por ese modelo de negocio, la compra de contenidos digitales en su tienda.

Sony también comenzó con un formato propietario, el BBeB (BroadBand eBook) que más tarde, en 2009 sustituyó por el ePub, en un claro giro contra su principal competidor Amazon. Actualmente, aunque los dispositivos dedicados de la compañía soportan el formato propietario, los contenidos de la tienda de Sony se comercializan en ePub. Microsoft también hizo lo propio con el software Microsoft Reader y el formato .lit (Aardsma, 2001: 2). Pero hay muchos más formatos empleados para contener libros electrónicos como FB2, (conocido como FictionBook) que es una extensión que permite representar libros electrónicos en un único archivo. FB2 es un formato abierto de origen ruso basado en XML (FB2.es FictionBook, 2012). O aquellos formatos pensados para mantener la fidelidad entre los contenidos que se visualizan en pantalla y los textos impresos, como PDF o DjVu, este último un formato principalmente empleado para almacenar imágenes digitalizadas pero que como el PDF admite capas de texto.

Extensión de los archivos

Características

Formatos propietarios

azw Amazon Kindle. Desarrollo de Amazon sobre el formato abierto Mobipocket para los libros de su librería. Tiene DRM asociados.

aeh Archos Diffusion. Formato desarrollados para el Archos reader basado en XML y con DRM asociado. lrf/lrx Broad Band eBook. Formato desarrollado por Sony. Puede aplicar DRM.

lit Microsoft LIT. Uno de los primeros formatos propietarios de libro electrónico desarrollados por Microsoft en 2000. Los ficheros están protegidos por DRM. pdb Formato de Palm Digital Media pensado para su utilización en dispositivos móviles tipo smartphone. wol Los dispositivos de lectura de Jinke están equipados con este formato propio que

soporta DRM.

tr2/tr3 TomeRaider. Formato propietario en desuso.

doc/docx Formato del procesador de textos Microsoft Word. Normalmente no es un formato de comercialización pero es muy empleado en la creación y distribución de textos de todo tipo.

Formatos abiertos

rtf Formato de texto enriquecido. Microsoft publicó una parte de las especificaciones de sus formatos propietarios creando rtf.

epub El formato del libro electrónico por antonomasia. Construido sobre una estructura XML. Admite DRM. dtb DAISY (ANSI/NISO z39.86. Digital Accesible Information System). Estándar XML

orientado al acceso a contenidos para personas con discapacidad.

fb2 FictionBook. Archivo construido sobre una estructura XML. No admite DRM. prc/mobi Mobipocket. Desarrollado por la empresa Mobipocket, después adquirida por Amazon, este formato abierto fue aprovechado por Amazon para crear el formato