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Capítulo IV. Adolescencia y masculinidad

4.2 Las concepciones sobre lo amoroso

4.2.1 Enamoramiento y atracción

La etapa de enamoramiento se caracteriza por la atracción que los adolescentes sienten hacia la otra persona, incluso podría surgir una idealización, es decir, ver cualidades que la otra persona no tiene. En el caso de los hombres, la apariencia es un rasgo importante para que una chica les llame la atención. Al preguntarles sobre los rasgos que les gustaban de sus novias/exnovias y de las chicas en general, Ángel, Josué e Isaías señalaron elementos vinculados con la apariencia (que sea bonita y de buen cuerpo). Dichas características son importantes para ellos porque les permite acrecentarse a través de ellas.

Señala Lipovetsky (2012): “el hombre buscar enriquecerse con la mujer y acrecentar su potencia de existir”. Lo anterior se puede traducir en que las adolescentes deben tener rasgos atractivos que permitan a los chicos sentirse superiores a otros por tener

una novia “más bonita”. Roberto a través de su testimonio lo presenta de una forma clara:

Todos los niños de la escuela piensan que la más bonita es Karen y el record es andar con ella, incluso dos compañeros habían hecho una apuesta de que el primero que anduviera con ella le iban a dar 500 varos, ninguno logró andar con ella. Por ejemplo: yo anduve con ella y luego los batos me decían: no mames yo no puedo.

La apariencia femenina se vuelve un símbolo de estatus para los adolescentes y les permite tener reconocimiento frente a otros chicos. En consecuencia, la mujer no es tratada como una persona sino como un objeto que brinda reconocimiento, al grado de que los chicos apuestan quién es “el mejor” para conseguirla.

Ser bonita es un elemento que los hombres toman en cuenta al fijarse en una chica y ello se ve reflejado en sus discursos, sin embargo, no es el único rasgo a tomar en cuenta. Para los adolescentes el querer a alguien no es un asunto que se limite solo a sentir atracción sino también a observar la personalidad de la otra persona, cuando se les preguntó a los adolescentes qué características les había gustado de sus anteriores novias señalaron rasgos como: que tenía buen carácter, era cariñosa, sabía escuchar, sabíamos entendernos, nos contábamos todo, nos llevábamos bien, sabía comprender, teníamos los mismos gustos: no nos gustaba salir, nos gustaba estar encerrados, nos gustaba el mismo color y la misma música.

Si bien es cierto que la apariencia es un elemento que los adolescentes toman en cuenta, no es el único rasgo, puesto que también toman en cuenta la forma de ser de las mujeres, lo cual refleja que para los adolescentes el querer a alguien no es un asunto que se limite a sentir atracción sino también a observar la personalidad de la otra persona.

A diferencia de las adolescentes quienes resaltaban aspectos como ser lindo, cariñoso y detallista, los adolescentes parecen fijarse, además de la apariencia, en elementos más profundos como ser cariñosa, tener buen carácter, ser comprensiva, risueña y platicona, así como tener afinidad, lo cual tiene correlación con la construcción de su identidad, es decir, los adolescentes como racionales analizan más

las características de su pareja. Esto aunado a que los atributos que los chicos consideran en las adolescentes como importantes los conducen a poder reproducir cómodamente conductas de dominación porque su pareja los sabrá comprender y

escuchar.

Cada relación personal es una relación pedagógica sobre el amor. Hombres y mujeres son educados en cuanto a las prohibiciones amorosas, los deberes del amor y las prácticas deseables en una relación (Lagarde, 2015). En dicha concepción la mujer queda en desventaja porque debido a su rol de género (amable, emocional, dependiente, sacrificada, etc.) es construida como un ser que está sujeta a la opinión pública, motivo por el cual debe “darse a respetar”, lo cual implica una serie innumerable de conductas, entre las cuales está cuidar su imagen social. Ejemplo de ello es que Roberto criticara a Luz porque no se da a respetar y está en boca de todos. La crítica surge porque ella terminó con él y empezó a andar con otro chico el mismo día. Y cuándo a Roberto se le cuestionó ¿Por qué está mal? Su respuesta fue porque

es mujer, un niño todavía es menos criticado, pero una chava no.

Darse a respetar es un asunto importante en las adolescentes, pero no en los varones, quiénes tienen mayor libertad, lo cual facilita que se ejerza hacia ellas una relación de poder en la cual “deben someterse” a las prácticas sociales consideradas adecuadas. Lo que es necesario reflexionar aquí es que existe una construcción social de lo que las chicas “deben ser” y ello genera influencia en los chicos, quiénes esperan que sus parejas cumplan con los estándares establecidos para “tener una buena relación”: la mujer se vuelve objeto de reclamo social cuyas conductas son supervisadas. El poder masculino, de acuerdo a Fernández (2008) se entiende como la posibilidad de control y/o dominio sobre la vida y las actividades de la mujer, el cual tiene un respaldo cultural, cuya finalidad es lograr la obediencia y sumisión de la mujer.