2.3 El arte de engañar
2.3.1 Apariencia y ocultamiento
2.3.1.3 Encolpio y Agamenón (Sat 1-5) como personajes
A lo largo de los dos anteriores apartados se ha sostenido que la apariencia y el ocultamiento –este último manifestado principalmente a través de la hipocresía–, en tanto mostrar lo que no se es y ocultar lo que se es, son características del protagonista y del maestro de escuela en los cinco primeros capítulos del Satyricon, características que conectan esta novela con lo que hemos denominado estética del engaño. Para poder aceptar lo anterior, es necesario hacer una importante aclaración teórica relacionada con qué tipo de personajes son Encolpio y Agamenón. En su ya clásica obra Anatomía de la crítica de 1957, Northrop Frye hace una caracterización de la prosa ficcional y propone una clasificación en cuatro grandes subgéneros: novela, romance, confesión y sátira menipea (Frye 1991 [1957]: 410). No nos interesa enfocarnos en lo que Frye llama ‘novela’72 dado que en su clasificación el Satyricon no pertenece a este subgénero sino al de la sátira menipea73. Sobre la sátira menipea, el crítico literario canadiense afirma, en particular, que
trata menos acerca de las personas en cuanto que son personas que de sus actitudes mentales. Los pedantes, los fanáticos, los maniáticos, los advenedizos, los virtuosos en algún arte, los
71 La relación etimológica que tiene la palabra hipocresía con el mundo del teatro nos brinda una importante
conexión entreel presente acápite y el apartado 3.3 “La teatralidad del mundo en el Satyricon” del siguiente capítulo.
72 Aquí estamos ante un problema terminológico. A lo largo de la presente investigación llamamos al Satyricon
novela, no en el sentido en que Frye usa la palabra, sino en la conceptualización que hizo Bajtín del término. Véanse “Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela” (1991) y Los problemas de la poética de
Dostoievski (2003 [1972]). También remitimos a la valiosa síntesis que hace Carmignani (2011: 140-150) sobre
los aportes de Lukács y Bajtín a los estudios novelísticos y su importancia para el fortalecimiento teórico de la novela antigua.
73 No somos partidarios de llamar al Satyricon sátira menipea pues, por una parte, consideramos que la forma
en que Bajtín (1991) usa el término es tan amplia y vaga que no termina siendo una categoría de análisis útil y, por otro lado, concordamos con Conte y Carmignani en que, si la sátira menipea busca degradar lo elevado, en el Satyricon no se puede “rebajar a los personajes elevados, simplemente porque no los hay” (Carmignani 2011: 194).
66
entusiastas, los profesionales ávidos e incompetentes de todo género, se manejan en términos dictados por el modo que tienen de enfocar la vida con respecto a sus ocupaciones a diferencia de su comportamiento social (Frye 1991 [1957]: 409).
Además, sostiene que la caracterización de la sátira menipea es “más bien estilizada que naturalista y presenta a las personas como portavoces de las ideas que representan” (Frye 1991 [1957]: 410).
Esta propuesta de Frye, obviada la confusión terminológica que pudiera ocasionar, nos permite discutir qué clase de personajes son Encolpio y Agamenón. Se puede sostener que hay dos grandes posibilidades: I) son personajes ‘figura-tipo’ que encarnan un rol; como sostiene Frye, son portavoces de las ideas que representan y están más intelectualizados. II) Están cargados de personalidad, es decir, son “personajes humanos tal como se manifiestan en la sociedad” (Frye 1991 [1957]: 408). En nuestra perspectiva, entre más ‘figura-tipo’ sean Encolpio y Agamenón, resulta más difícil sostener la complejidad del juego de apariencia (poses) y ocultamiento (hipocresía) que hemos descrito antes, dado que como portavoces del rol que encarnan no lograrían alcanzar los matices psicológicos que les permite moverse con tanta fluidez en los continuos engaños.
La opinión de algunos investigadores que han centrado su atención en estos cinco capítulos está dividida. Por una parte, para Castelli (1980: 53), Agamenón en el pórtico y, más adelante, Eumolpo en la galería de cuadros parecen ser representaciones semisatíricas de tipos que pronuncian discursos llenos de lugares comunes; nótese que la investigadora no emitió ningún juicio sobre Encolpio. En opinión de Codoñer (1990: 59), ambos personajes reproducen la mentalidad de dos grupos distintos: scholastici y magistri, aficionados, los primeros y rhetores los segundos. Panayotakis, en su tesis doctoral sobre los elementos teatrales en el Satyricon, sostiene que la comparación hecha por Agamenón entre el maestro
67
de oratoria y los aduladores que están en pos de las cenas de los hombres ricos oculta su propia hipocresía y lo clasifica como “the stock theatrical figure of parasite” (Panayotakis 1995: 7). El parásito, según el investigador griego, está presente con frecuencia en las comedias romanas haciendo, a veces, un pequeño monólogo en el que justifica de manera cómica su profesión y explica cómo logra su objetivo. De Encolpio, sin mucha explicación, también sostiene que es una “stock figure”74. Los tres especialistas, desde distintos focos de análisis, son partidarios de la postura de Frye y ven en Encolpio y Agamenón una especie de arquetipos que poco o nada traslucen su personalidad.
Por otra parte, Soverini (1985: 1734-1735), a pesar de sostener que por la caracterización que Encolpio y Agamenón reciben de sus discursos parecen plenamente conformes con los rasgos específicos de su figura, afirma que ellos “conservano la loro piena identità e autonomia” (1985: 1735). Finalmente, Setaioli (2011: 24) propone que Agamenón, como todos los otros personajes del Satyricon, está principalmente jugando el rol primario asignado a él por el autor: el de profesor de retórica, pero, a pesar de ello, también juega “a role in order to attain particular goals” (2011: 24).
Por lo que se ha probado a lo largo del presente acápite, sostenemos con Soverini (1985) y Setaioli (2011) que Agamenón es algo más que una ‘figura-tipo’; en él ya se perfila cierta coloratura de personalidad, de intereses y objetivos particulares. En el maestro de escuela se empieza a ver una transición hacia un personaje con cierta profundidad, a la
74 Panayotakis, en las conclusiones del apartado I “Tamquam scholastici: Sat. 1.1-5.1-22” afirma que Encolpio
y Agamenón son caricaturas hilarantes de hombres serios de letras que cuidan del mejoramiento de sus estudiantes. Según él, el juego de roles de ambos personajes define la escena de la escuela de retórica como una farsa, no de acción sino de palabras, donde la yuxtaposición mímica entre ilusión y realidad subraya la teatralidad de la novela y crea una agradable atmósfera de diversión y entretenimiento sin dibujar ninguna conclusión psicológica seria en las personalidades de los personajes (Panayotakis 1995: 9).
68
manera del que propone Frye para la novela. En el caso de Encolpio, de quien tenemos más información a lo largo de la obra, es aún más evidente que sus veleidades, caprichos, delirios e ingenuidades lo perfilan como un personaje dotado con más personalidad que Agamenón75. Aceptado lo anterior, no vemos ningún inconveniente teórico en defender que la apariencia y la hipocresía presentes en los cinco primeros capítulos del Satyricon evidencian que Encolpio y Agamenón son más que personajes arquetipos y que en su ‘complejidad psicológica’ la estética del engaño puede desarrollarse con comodidad.
De las tres manifestaciones de la estética del engaño que propusimos en el acápite 1.2.1 –ocultamiento, apariencia y confusión–, las dos primeras se evidencian en abundancia en Encolpio personaje y en Agamenón, especialmente bajo la forma de hipocresía y pose. La tercerea, i. e., la confusión, está presente en toda la obra como consecuencia de todos los mecanismos de engaño. Conviene destacar que, además de Encolpio, el lector, en un plano extratextual, es una de las principales víctimas de esta confusión. En la novela todo es móvil, cambiante; nada es estable ni digno de confianza.