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CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO

2.2. Enfoques

2.2.1. Enfoque de equidad y desarrollo

Si bien no existe una definición universal de equidad, existen aproximaciones en las que algunos autores la relacionan con aspectos netamente utilitaristas y otros como John Stuart Mill la consideran como la base fundamental de la sociedad humana y lo vinculan a la justicia y a los derechos.

Por su parte Rawls, J. (1984), relaciona a la justicia con la equidad y nos dice que el sentido de la Justicia es inherente al ser humano y que si no se hiciera lo que la justicia impone, los hombres no se considerarían sujetos a los principios de la justicia, serían incapaces de sentir resentimientos e indignación; y carecerían de lazos de amistad y confianza mutua. Asimismo, Rawls, manifiesta que una Institución es justa o equitativa cuando satisface los principios establecidos para aceptación mutua de quienes participan en la misma, colocándolos en una situación de igual libertad.

“Los seres humanos han llegado a definirse como especie social cohesionada alrededor de las formas de organización tales que los individuos están dispuestos a sacrificar parte de su utilidad personal en favor de la utilidad de su grupo. En este sentido, la teoría de la justicia de John Rawls constituye un aporte de la mayor trascendencia al explicar que un rasgo fundamental que caracteriza a las sociedades contemporáneas es el reconocer que, para poderse cohesionar alrededor de un contrato social, resulta indispensable el reconocimiento de una serie de desventajas entre los individuos, que resultan comprendidas en una posición original, y ocultas o invisibilizadas por el velo de la ignorancia, para alcanzar una mayor igualdad, de lo que son responsables las instituciones” (Citado en Línea de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle 2011: 17).

En la actualidad, diversos organismos promueven la importancia de la equidad, uno de ellos es el Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo (PNUD), que define a la equidad como aquella situación en la que se presenta igualdad de oportunidades que brinda a todos las mismas posibilidades de recoger los frutos del crecimiento; sin embargo, esto no es factible sin una igualdad real de derechos y poderes plenamente aceptados y socialmente ejercidos.

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Por su parte, el término “Desarrollo” ha sufrido diferentes definiciones en los últimos 30 años. El Desarrollo designa la idea de progreso y de cambio de una sociedad. Sin embargo, desde mediados del siglo XX se utilizó este término en función de la economía; así los países con mayores rentas o PBI eran los llamados países desarrollados, mientras que aquellos que no contaban con PBI altos eran tomados como países subdesarrollados, vemos también que los logros de los países en desarrollo son desiguales, lo que resulta una situación preocupante, dejando de lado otros aspectos importantes para el desarrollo humano como: distribución de riqueza e ingreso, expectativa de vida, mortalidad infantil, educación, salud, y presencia o ausencia de libertades políticas.

Este pensamiento se mantiene en la actualidad, pese a que han surgido nuevas ideas propuestas de un enfoque de desarrollo, que critica la manera economicista de ver la realidad y avances de una población. Así pues tenemos los enfoques de desarrollo que parten de la población denominados enfoque de desarrollo social humano y enfoque de las capacidades.

Siendo de este modo, el desarrollo implica una diversidad de aspectos entre los que se encuentra, el Desarrollo Económico y Social, y además toma en cuenta elementos fundamentales como el capital humano, capital social, capital económico y capital natural, que trabajados de manera conjunta contribuyen al crecimiento económico de un determinado territorio.

La Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) por su parte, señala que “la equidad y el desarrollo económico, con su dimensión de desarrollo sostenible, son elementos de una misma estrategia integral, que se entrecruzan de manera compleja. El desarrollo social no puede descansar exclusivamente en la política social; tampoco el crecimiento y la política económica pueden asegurar objetivos sociales sin tomar en cuenta cómo se construye la política social” (CEPAL N. , 2000), es por ello que la equidad y el desarrollo son elementos que deben ser abordados de manera conjunta bajo una estrategia integral.

Sen, A. (2000: 3), nos dice que:

…el desarrollo exige la eliminación de las principales fuentes de privación de la libertad; la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistémicas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervenciones de los Estados represivos. Por lo que la

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concepción del desarrollo como un proceso de expansión de las libertades fundamentales lleva a centrar la atención en los fines por los que cobra importancia el desarrollo y no solo en algunos medios que desempeñan.

“Los enfoques de desarrollo se caracterizan, usualmente, por un estilo de pensamiento orientado a intervenir en la sociedad, mediante políticas y programas de acción sustentados en objetivos y metas medibles a través del tiempo” (PLAZA 1993). El desarrollo en sí, es un proceso complejo que involucra diversas dimensiones articuladas, que requiere para su conocimiento y tratamiento de un enfoque sistémico.

El Banco Mundial, en su Informe Sobre el Desarrollo Mundial (2006), relaciona a equidad en términos de dos principios básicos: (i) Igualdad de oportunidades, reflejada principalmente en los esfuerzos y talentos de la persona y no sus antecedentes de nacimiento y circunstancias predeterminadas como género, raza, lugar de nacimiento, entre otros; y (ii) Evitación de la privación absoluta.

En ese sentido, hablar de equidad y desarrollo conlleva a conocer cómo se desenvuelven las sociedades y saber cómo se manejan aspectos relacionados a la producción, acceso, manejo, distribución y uso de determinados bienes y servicios a la población en su conjunto: por lo que se requiere de una estrategia de desarrollo global que preste atención a lo cultural, político, económico y social.

Por tanto, Plaza, O. (2008: 22) en “Desigualdad, Pobreza y Desarrollo, Cuaderno de Trabajo N.° 5” manifiesta que:

El objetivo del desarrollo no es el crecimiento económico per se, sino el acrecentamiento de las capacidades y derechos de las personas, y el perfeccionamiento de la organización social que los posibilite, respetando las diferencias y atendiendo al manejo adecuado del medio ambiente (lo cual introduce con fuerza el tema de la equidad y el de los estilos de desarrollo). La equidad, es una meta, una forma de ver el mundo, un conjunto de procedimientos, un estilo de organizar la sociedad y los resultados de la acción económica y política, medibles en referencia a la ampliación de capacidades de las personas y a la redefinición de derechos.

Por su parte, el Banco Mundial en el año 2016 manifiesta que “A largo plazo, una mayor equidad puede apuntalar un crecimiento más rápido”. La equidad, entonces es un requisito fundamental para lograr el desarrollo en las sociedades, lo que involucra diversos retos para en la implementación de acciones y medidas a nivel de estado y

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política nacional. En ese sentido, “las sociedades que son capaces de lograr, por un lado, un equilibrio entre las presiones competitivas y, por otro, la solidaridad, tienen mayores posibilidades de mejorar los niveles de vida de toda la población y de evitar la exclusión de los más débiles y vulnerables” (Sagasti, Iguíñiz y Schuldt 1999: 28).