EJECUTORES DE LA POLITICA
1.4.2 Enfoque de prevención situacional
Por lo general, las incivilidades parten de una decisión racional del sujeto que las perpetra, luego de una ponderación costo/beneficio, que en ciertos casos puede traducirse en la relación placer – dolor. Esto es, la satisfacción por el logro alcanzado, frente al sufrimiento que produce su fracaso o, lo que es peor aún, tener que responder por los efectos penales que produzca la acción, ya que necesariamente vulnera derechos ajenos. De no ser así, hablaríamos de comportamientos asociales que, como dijimos, no corresponden de momento a nuestro interés. Sin embargo, no podemos perder de vista la existencia de conductas reprochables que surgen intempestivamente y que se desencadenan instintiva o imprevisiblemente.
Para el primero de los casos, una vez el sujeto está lo suficientemente motivado, toma la decisión de ir por su cometido y posiblemente será cuestión de tiempo para que encuentre la oportunidad de salir avante en su ejecución. Necesita ahora del cumplimiento de unos presupuestos que escapan a su voluntad, y son
29
precisamente las condiciones externas propicias: que nadie se interponga en su camino, que el objeto sobre el cual va actuar esté libre de vigilancia, o que los ciudadanos que moran en las proximidades no hayan consolidado lazos de solidaridad que pongan en riesgo el éxito de la misión.
Así las cosas, las incivilidades parten de una motivación personal, y lo que puede impedirlas está fuera del alcance del sujeto, por lo tanto son los cambios en el objeto que él persigue lo que puede dar al traste con su intencionalidad. Sucede,
por ejemplo, cuando alguien al conducir su vehículo decide cruzarse el semáforo en rojo, y justo cuando es inminente que lo haga observa que hay una cámara de video que lo grabará, lo que implica una inminente sanción: el sufrimiento por la sanción será mayor que el placer de llegar unos minutos más rápido a su destino, y seguramente esto hará que desista de la violación.
El enfoque de la prevención situacional no se dirige hacia el sujeto, su finalidad es proteger el objeto codiciado por aquél, para que quede fuera de su alcance o para que, aún logrando su cometido, el actor quede al descubierto y por tanto responda por su conducta. Proteger el objeto es la finalidad, y esto se logra mejorando la vigilancia sobre él, haciendo más difícil su acceso, mejorando el espacio físico donde se encuentra, fortaleciendo la solidaridad entre los vecinos para que actúen y no dejen deteriorar su entorno, vigorizando la cultura del reproche social. En términos generales, de lo que se trata es de aumentar las dificultades y reducir el beneficio que el infractor pueda obtener.
Un claro ejemplo de este enfoque lo encontramos en la llamada teoría de “Ventanas Rotas” propuesta en los años ochenta por James Kelling y George Wilson24 quienes analizaron la incidencia de algunas medidas adoptadas en la
24 Citados en ORTIZ DE URBINA, Iñigo
et al. Convivencia ciudadana, seguridad pública y urbanismo : Diez textos fundamentales del panorama internacional. En : ________. Barcelona : Fundación democrática y gobierno local, 2008. p. 307.
30
ciudad de Nueva jersey en desarrollo del programa “Barrios limpios y seguros”, donde, si bien no hubo disminución sustantiva de los índices de criminalidad, algunas estrategias como los patrullajes a pie de la policía acercaron positivamente a éstos con la comunidad, haciendo que los ciudadanos se sintieran más seguros en sus barrios, fortaleciendo de paso una imagen positiva de la institución. Erradicar focos de molestia entre la comunidad, como los borrachos tirados en el espacio público, las prostitutas trabajando en las calles, los drogadictos consumiendo alucinógenos o el habitante de calle apropiándose de los antejardines de las viviendas, mejora el entorno y fortalece la confianza entre los residentes. Por el contrario, dejar deteriorar un lugar es expedir patente de corso para que arriben las incivilidades moderadas y paulatinamente se transformen en otras de mayor peligrosidad, de allí que hasta la más leve de las incivilidades debe ser atendida con inmediatez, y las unidades de policía deben desarrollar un papel de prevención antes que de reacción, como estamos acostumbrados a verlos, donde se orienten los esfuerzos institucionales a robustecer el liderazgo de la misma comunidad y el ejercicio efectivo de control social para la atención de sus problemas.
Bogotá implementó algunas estrategias de este modelo, y promovió importantes transformaciones en el servicio de policía, que dejó de ser visto como reactivo y distante de la comunidad, para convertirse en un trabajo mucho más propositivo. A través de su policía comunitaria, los uniformados demostraron interés en conocer los vecindarios y promover las soluciones a los problemas cotidianos, con amplia participación ciudadana. Sin embargo, pese a ser una de las especialidades más reconocidas y apreciadas por la sociedad, sus integrantes no son muy populares al interior del cuerpo policial, donde prevalece el deseo de combatir de manera frontal y tradicional a los infractores.
La gran crítica es este enfoque, reside precisamente en que no se interviene la motivación del sujeto y, por tanto, produce simplemente un desplazamiento de aquél hacia otro objeto, donde nuevamente la consumación del hecho es
31
determina por la oportunidad. Las incivilidades así tratadas sólo son contenidas transitoriamente y producen un traslado territorial de las operaciones, siendo los sectores más deprimidos flanco de mayor vulnerabilidad.
Sobre el segundo caso planteado, el de las incivilidades que surgen de manera intempestiva, sin una preparación racional, no se exonera de culpa al responsable, por cuanto deja al descubierto una serie de conductas erróneas, negligentes o imprudentes que antecedieron al hecho y que a la postre desencadenaron el comportamiento reprochado. Al tenor de Kelling y Wilson, las autoridades buscan eliminar comportamientos peligrosos restringiendo incluso algunos derechos y libertades ciudadanas; como la posibilidad de consumir bebidas embriagantes en determinados sitios u horas del día, o circular por determinado lugar, o portar armas que fueron autorizadas por el mismo Estado, o movilizarse en determinadas condiciones, etc.