1. De acuerdo a Brooks y Wohlforth, los estados no llevan a cabo acciones para frustrar las políticas de los Estados Unidos, sino para obtener beneficios económicos. De acuerdo a los autores, ese intento de mejorar la situación económica de uno o un grupo de países no tiene porque asociarse con un intento de frustrar el
bienestar del estado hegemónico38. La pregunta es, por lo tanto,
¿Actúa el ALBA sólo por intereses económicos?
El ALBA busca —en efecto— mejorar las condiciones económicas de los habitantes de los países que la integran, pero sus propósitos van más allá del interes económico. De hecho, el ALBA busca crear un contrapeso a los principios fundamentales de la integración promovida por los Estados Unidos en la región, léase, la liberalización económica, la privatización, la desregulación, la primacía de las corporaciones y los mercados, la flexibilización de las legislaciones laborales y de seguridad social, entre otras.
El ALBA propone —en cambio— el fortalecimiento del rol del Estado en la economía; el control —por parte de los estados— de los recursos estratégicos para el desarrollo, incluyendo los recursos naturales; la promoción del comercio justo; la seguridad y la soberanía alimenta- ria; la integración y seguridad energética; la creación de un sistema de compensación regional y el trato especial y diferenciado para las
economías más débiles, entre otras políticas prioritarias.39
La visión del ALBA está caracterizada, según sus fundadores, en una ideología social y política que busca expandir el estatismo social a lo que podría llegar a ser una sociedad regional, basada en programas de bienestar tradicional para mejorar el analfabetismo, la carencia de vivienda, los estándares de salud y sistemas de financiamiento dirigidos
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En este sentido, el ALBA no busca reproducir reglas internacionales que mejoran la predictibilidad para los inversionistas, sino crear, difundir y transmitir nuevas reglas y normas de integración al resto de la región
latinoamericana y caribeña.41 El ALBA se plantea como un mecanis-
mo de integración alternativo para la región, que desafía y reta a los intereses estadounidenses y su proyecto de integración hegemónico, encapsulado en el ALCA.
El ALBA se propone crear una nueva arquitectura financiera regional que rompa con la centralización y dominación del capital financiero en la región, permitiendo paulatinamente la creación de bases para un desacoplamiento del actual sistema financiero internacional y su integración sobre nuevas bases, fuera del dominio del Estado hege- mónico.
Por ejemplo, el Sistema Unitario de Compensación Regional, estable- cido el 26 de noviembre de 2008, les permite a los países del ALBA usar su moneda local para pagar las importaciones provenientes de países miembros, eliminando la necesidad de usar el dólar en el comercio
exterior.42 El desacoplamiento del dólar en el comercio internacional
plantea un importante precedente para América Latina y el Caribe, en tanto cuestiona la supremacía de la moneda estadounidense en el
comercio hemisférico.43
En esta misma línea, el 26 de enero de 2008, se crea, en el marco de la VI Cumbre del ALBA, el Banco del ALBA, con un capital inicial de más de 1000 millones de dólares aportados por todos los participantes según su capacidad financiera, con el propósito de proveer financia- miento para el desarrollo de los países miembros, sin las condicionali- dades impuestas por el Fondo Monetario Internacional. El Banco del ALBA traza, en este sentido, un camino diferente al adoptado por las instituciones financieras internacionales bajo el control de los Estados Unidos.
De esta manera, es posible sugerir que, si bien los proyectos de in- tegración económicos y financieros del ALBA, buscan coadyuvar al desarrollo de sus países miembros, también buscan crear una nueva arquitectura financiera regional fuera del área de influencia de los Estados Unidos, y por consiguiente buscan disminuir la cooperación entre los países latinoamericanos y caribeños y el Estado hegemónico.
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En ese sentido, las acciones del ALBA en materia económica, comercial y financiera, pudieran representar un ejemplo de soft balancing vis a vis los Estados Unidos.
2. Agregan Brooks y Wohlforth, que los estados adoptan políticas de seguridad local o regional que no tienen como objetivo limitar la capacidad de maniobra militar de los Estados Unidos. Por ejem- plo, las políticas de coordinación para hacer frente al terrorismo, el tráfico de drogas y los flujos de refugiados, poco tienen que ver
con limitar el poderío militar estadounidense44. Entonces, cabe
preguntarnos, ¿Están las acciones del ALBA dirigidas a defenderse de otros actores diferentes a los Estados Unidos?
Naturalmente, las estrategias de seguridad y defensa de los estados están dirigidas a atender una variedad de amenazas. Entre ellas, algunas de las mencionadas por Brooks y Wohlforth, tales como el narcotráfico y el terrorismo. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, quizás más que en cualquier otra región del mundo, la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de otros estados, también representa una preocupación relevante.
Es importante destacar, en este sentido, que varios de los países miembros del ALBA han sido objeto de políticas de desestabilización por parte de los Estados Unidos. Cuba ha sido objeto de un embargo comercial, económico y financiero, por parte de los Estados Unidos, desde hace más de cuarenta años. En 2002, en el marco de las elec- ciones presidenciales en Bolivia, la Embajada de los Estados Unidos amenazó con retirar su ayuda a dicho país, si Evo Morales ganaba las
elecciones45. Asimismo, un golpe de estado en contra del Presidente de
Venezuela, Hugo Chávez, en 2002, fue rápidamente acreditado por los Estados Unidos; y documentos desclasificados del Departamento de Estado estadounidense han revelado que dicho país estaba, al menos, en conocimiento —con antelación— de los planes para derrocar al
Presidente de Venezuela.46
En septiembre de 2008, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, expulsa al Embajador de Estados Unidos de su país, bajo sospecha de que es- taba involucrado en las protestas en Santa Cruz y conspiraba contra la constitucionalidad democrática de su país. Venezuela también expulsa al Embajador de Estados Unidos en solidaridad con Bolivia. A esto se le
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suma que Honduras fue el centro de las operaciones estadounidenses contra los movimientos de liberación en Centro América en los años ochenta y que el actual Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, es un veterano de la guerra librada por los Estados Unidos, a través de los Contras, para desestabilizar al régimen sandinista en los años 80. De manera tal que para los países que conforman el ALBA, la creación de una estructura institucional de defensa, que mejore sus condiciones para preservar su soberanía e integridad territorial, está inevitablemente dirigida a limitar la influencia militar de los Estados Unidos en la región. Acciones concretas de los gobiernos del ALBA revelan esta posición. En 2000 el gobierno de Venezuela niega a los Estados Unidos el permiso para sobrevolar el espacio aéreo venezolano para llevar a cabo operaciones en contra del narcotráfico y las insurrecciones en el vecino estado de Colombia. Por su parte, el gobierno de Ecuador, retoma, en 2008, la Base de Manta, ocupada durante décadas por los Estados Unidos. En 2009, todos los países del ALBA se pronuncian enérgicamente en contra del uso de 7 bases militares en el territorio colombiano por parte de los Estados Unidos; Venezuela presenta una queja formal ante el Presidente del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas.47
En enero de 2008, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, acompañado de su homologo nicaragüense, Daniel Ortega, invita a los países miembros del ALBA a incrementar la cooperación entre sus cuerpos de seguridad y de defensa, y llama, en este sentido, a la conformación de “nuestra marina, nuestra Guardia Nacional o fuerza de cooperación, nuestros cuerpos de inteligencia, porque el enemigo
es el mismo, el imperio de los Estados Unidos”.48
Dos años más tarde, en enero de 2010, los Jefes de Estado y de Go- bierno, reunidos en la VII Cumbre del ALBA en Cochabamba, Bolivia, “Conforman el Comité Permanente de Soberanía y Defensa de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América ALBA-TCP, como parte del Consejo Político cuyos objetivos principales serán la definición de una Estrategia de Defensa Integral Popular Conjunta y la constitución de una Escuela de Dignidad y Soberanía de las Fuerzas
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Las medidas antes señaladas son una indicación de que la política de seguridad y defensa del ALBA tiene entre sus prioridades limitar la capacidad militar de los Estados Unidos en la región. En este sentido, la política de seguridad del ALBA pudiera representar un caso de soft balancing vis a vis los Estados Unidos.
Ahora bien, ¿No podrían estas acciones del ALBA considerarse también una amenaza militar para la seguridad de los Estados Unidos y por lo tanto, casos de hard balancing? Es decir, más allá de dificultar o entor- pecer una acción ofensiva de los Estados Unidos en la región, ¿Podrían las acciones del ALBA realmente atentar contra la supremacía militar del estado hegemónico como supone la teoría del hard balancing? Es importante comparar, en este sentido, el gasto militar combinado de todos los países del ALBA vis a vis los Estados Unidos. Se puede apreciar, de esta manera, que mientras el gasto militar de los Estados Unidos para el año 2009 fue de 663 mil millones de dólares aproxima- damente, el gasto militar combinado de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, para el mismo año, no superó los 7,5 mil millones dólares. En otras palabras, el gasto militar del ALBA, para el año bajo consideración, representó apenas el 1,05% del gasto militar de los
Estados Unidos50.
A la luz de la gran diferencia en el gasto militar, pareciera relativamente seguro, entonces, aseverar que la capacidad militar del ALBA no está en condiciones de amenazar el poderío militar del estado hegemónico, mucho menos de disputar su supremacía militar. En este sentido, la coordinación militar entre los países del ALBA, pareciera atender más a las prerrogativas del soft balancing: retardar, frustrar y debilitar las políticas agresivas del estado hegemónico, entorpeciendo y alzando los costos de sus políticas en el ámbito regional.
3. Brooks y Wohlforth mantienen que algunos estados buscan frustrar la política exterior de los Estados Unidos porque están sincera- mente en desacuerdo con ella, no porque consideran que sea una manera de debilitar la supremacía del estado hegemónico. Alegan los autores, que un desacuerdo en la concepción de las políticas públicas no debe confundirse con un miedo por la concentración
de poder en las manos una sola potencia51. ¿Será posible que las
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de la concentración y ejercicio de poder por parte del estado he- gemónico?
Si bien los países que conforman el ALBA desafían las políticas es- tadounidenses porque, como plantean Brooks y Wohlforth, “están seriamente en desacuerdo con ellas”, sus acciones parecieran buscar algo más que eso. El ALBA ha desafiado a los Estados Unidos en, prácticamente, todos los temas de la agenda interamericana. Como ya se ha señalado anteriormente las diferencias en la concepción de los modelos de integración, desarrollo, seguridad y defensa, apuntan en direcciones opuestas.
La visión de integración regional concebida por el ALBA, por ejemplo, no puede existir en tanto la influencia de los Estados Unidos en la región sea dominante. Mientras más influyente sea la posición de los Estados Unidos en la región, menor será la capacidad del ALBA de sumar nuevos miembros, de promover políticas alternativas, de lograr sus objetivos de desarrollo, seguridad y defensa. Se trata de una relación de poder, en un espacio circunscrito, donde dos visiones alternativas —que no pueden coexistir— buscan ganar aliados.
En este escenario, la concentración de poder en manos del estado hegemónico representa una amenaza para el ALBA y viceversa. Las acciones de soft balancing del ALBA, por su propia naturaleza, no están en capacidad de alterar completamente el orden político, financiero o económico regional, creado por el estado hegemónico; pero buscan, al menos, frustrar algunas de sus iniciativas y debilitar algunas de sus instituciones.
4. Brooks y Wohlforth sostienen que oponerse a los intereses de los Estados Unidos puede ser una buena estrategia pragmática para obtener popularidad en muchos países, aún cuando quienes la pregonan no tienen ningún interés real de afectar el poder de los Estados Unidos. Esta oposición a los Estados Unidos, agregan los autores, pudiera estar vinculada a la posición histórica, política, y cultural, de una nación, un individuo, o un partido político, independientemente de los cambios en la política exterior es-
tadounidense52. ¿Podría decirse que las acciones del ALBA son
instrumentos para lograr victorias electorales o viejos hábitos históricos?
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Es innegable que la retórica anti-estadunidense ha sido una constante entre muchos de los representantes de los países miembros del ALBA. Hugo Chávez, Fidel y Raúl Castro, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa; con diferentes estilos y en diferentes contextos, han criticado las políticas de los gobiernos estadounidenses. Ahora bien, dada la diversidad histórica, política, económica, social y cultural, que existe entre los países miembros del ALBA y sus representantes, pareciera superficial suponer que la crítica a los Estados Unidos no es más que un slogan electoral o un viejo habito partidista o nacional.
Los párrafos anteriores, al menos eso se espera, deberían haber reflejado la complejidad que nutre las diferencias entre el ALBA y el proyecto hegemónico de los Estados Unidos. La oposición a los Estados Unidos, no pareciera ser, por lo tanto, una táctica instrumental o un hábito his- tórico, sino una posición mesurada que apunta hacia el debilitamiento regional del poder hegemónico estadounidense.