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escenario se construye rápidamente.

82 Luria (1969:66, citado en Brown y Yule) refiere el caso verídico de un individuo que carecía de restricciones en la

activación de “modelos mentales”: El año pasado me leyeron un informe que tenía que ver con un comerciante que

había vendido muchos metros de tela... En cuanto escuché la palabra mercader y vender, vi la tienda y al tendero, de pie tras el mostrador, visible para mí sólo la parte superior de su cuerpo. Estaba atendiendo a un representante. De pie en la puerta de la tienda podía ver al cliente, con la espalda vuelta hacia mí. Cuando se corrió un poco a la izquierda, vi no sólo la fábrica sino algunos libros de contabilidad... Por ello, no pude captar la esencia del relato.

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Véase Tomlin et al (2000) para una descripción de los dos modelos más actuales de la integración de conocimien- tos en la comprensión: el modelo de construcción de estructura de Gernsbacher y el de construcción– integración de Kintsch.

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Beaugrande y Dressler (1997) señalan que el nivel de legibilidad (de comprensión) de un texto no se consigue haciendo coincidir exactamente el conocimiento presentado con el conocimiento previo del receptor ya que, el texto resultante presentaría un nivel muy bajo de informatividad y, por tanto, perdería interés.

enunciados en que aparecen (coherencia local) y sobre la secuencia general que con- forman (coherencia global). Meyer (1985) establece cinco tipos básicos de relaciones de tipo lógico que se dan en textos expositivos y que, por conocidas por el oyente/ lector, se dan por supuestas: colecciones de hechos, causaciones (antecedentes y consecuentes), respuestas (problema– solución), comparaciones y descripciones. Sánchez et al. (1993:30–31) las describen como estructuras textuales que caracterizan como:

1. Estructura problema– solución: alude a la forma organizativa mediante la que el contenido de un texto se articula en torno a la descripción de un problema(s) y a las solución(es) para resolverlos, y permite a su vez ciertas variantes: un pro- blema y varias soluciones, una solución para varios problemas. Este tipo de or- ganización es frecuente en los textos de historia y más aún en los de ciencias. Por otro lado, este tipo de organización viene marcada en los textos a través de expresiones como “para obtener...”; “una dificultad”, “una medida o solución”. 2. Estructura causal: organiza los contenidos en torno a una trama causal cuyas

categorías básicas son antecedente y consecuente (“por esta razón”, “como consecuencia”...)

3. Estructura descriptiva: articula los contenidos como rasgos, propiedades o ca- racterísticas de un determinado tema.

4. Estructura comparativa: estructura los contenidos a través del contraste o se- mejanza entre manifestaciones de dos entidades o fenómenos (“a diferencia” “desde un punto de vista...”, “desde el otro...”)

5. Estructura secuencial: las ideas son organizadas a través de un lazo asociativo inespecífico (enumeración de rasgos), o a través de un ordenamiento temporal.

2.4.1.2. Inferencias

Del mismo modo que casi nunca hacemos explícito todo lo que queremos comunicar, tampoco elicitamos aquello que consideramos como conocimiento compartido. Los mismos principios de economía y rentabilidad, que se describían para la comprensión, se aplican en la producción de discursos aunque a través de recursos (presuposicio-

nes y sobreentidos) diferentes. Lo que damos por conocido/ compartido entra a formar parte del contexto comunicativo en que situamos el texto. Así, el sentido de un texto se consigue combinando significados gramaticales y pragmáticos85:

Al contrario de lo que se cree, sentido y significado nunca han sido lo mismo, el significado se queda aquí, es directo, literal, explícito, cerrado en sí mismo... mientras que el sentido no es capaz de permanecer quieto, hierve de segundos sen- tidos, terceros y cuartos (Saramago, 1998: 154–155).

Las inferencias son los procedimientos que utiliza el lector/ oyente para pasar del sig- nificado literal de un texto (escrito o hablado) a lo que el escritor/ hablante quiso transmitir (Brown y Yule, 1993), esto es, el sentido86. O, si se prefiere, para pasar del significado “inmediato” al construido por el oyente/ lector aprovechando conocimientos diversos.

Ahora bien, aunque existan determinadas formas lingüísticas (peticiones indirectas) y elementos (sintagmas nominales definidos) que se resuelven mediante un proceso inferencial, las inferencias no están en el propio texto en sí, ni tan siquiera, en las pro- posiciones que del mismo se derivan (texto base):

Las inferencias no forman parte del texto base, sino que pertenecen a un nivel de análisis diferente, no textual: el modelo de situación... construido con ayuda del texto base y del conocimiento. Por consiguiente, lo que se infiere no son proposi- ciones del texto base, sino vínculos en el modelo de situación (Van Dijk y Kintsch, 1983: 51).

Es decir, las inferencias contribuyen a determinar el sentido de los textos relacionando componentes lingüísticos y no lingüísticos en interpretaciones construidas sobre mo- delos cognitivos concretos. La comprensión de enunciados se realiza en tres fases diferentes (Clark y Lucy, 1975):

1. Construcción por el oyente del significado literal.

2. Decisión sobre la adecuación de la interpretación al contexto.

3. Reelaboración del sentido en caso de fallo de adecuación contextual.

Uno de los primeros aspectos investigados en el campo de las inferencias consistió en determinar su grado de automaticidad o de control. En relación con este aspecto,

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Para distinción entre sentido y significado, véase Casamiglia y Tusón, 1999.

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Swinney y Osterhont (1990) distinguen entre inferencias perceptivas e inferencias cog- nitivas.

Las inferencias perceptivas son automáticas y obligatorias, se realizan rápidamente en el mismo momento del procesamiento (p. ej. en el procesamiento sintáctico). Suponen procesos encapsulados (modulares87) independientes de factores extralingüísticos.

Las inferencias cognitivas, al contrario, son más lentas pues dependen de conocimien- tos generales y exigen un “control cognitivo” y una “elaboración formal” mayor.

Las dos velocidades88 en los procesos de resolución de inferencias implican también la utilización de distinto tipo de información: una específica de dominio, encapsulada y presente en el texto y otra, sin dominio específico, extratextual y de procedencia diver- sa89.

De este modo, se llega a diferenciar entre inferencias necesarias e inferencias elabo- rativas (para Warren et al, 1979, inferencias elaboradas y evaluativas)

Las inferencias necesarias son “obligatorias/ necesarias” para establecer relaciones entre una oración o cláusula y la anterior, lo que contribuye a definir la coherencia de un texto:

Sharon prepara su ejército.