je itálico, que no ha podido disimularse del todo a pesar de
la forma modernizada en que se nos ha transmitido, así como
el cuadro que se nos ofrece de la agricultura itálica en el si
glo
i ia. de C. Aquí aparece Catón de cuerpo entero ante
nosotros: cauteloso, previsor, ahorrativo, severo y aun duro-
más preocupado por sus ganados que por sus esclavos; ajeno
al sentimentalismo como granjero, lo mismo que como políti
co; no es filántropo, pero sí un hombre de common sense y
uno de la larga serie de generaciones que ha dado su fisono
mía al paisaje italiano. Creemos cuanto dice Cicerón sobre
su gusto por la vida del campo. La cultura comienza con el
cultivo de la tierra.
Bi b l i o g r a f í a: F. Klingner, Gato Censorius und die Krise des rö mischen Volkes: Röm, Geisteswelt 3(1956), 36 ss. — E. V. Marmo- rale, Cato maior, 21949. — D. Kienast, Cato der Zensor, 1954. — J. Hörle, Catos Hausbücher, 1929.
Hasta la muerte de Escipión el Joven
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a. LA FÁBULA TOGATApuede concebirse, al menos parcialmente, Ia Fabula togata, la co media en traje romano, como reacción contra el helenismo. Según una noticia de Donato (Euanthius, De comoedia 5, 4, pág. 23; 12 de Wessner), ya Livio Andrónico “inventó” la togata. No nos es posible comprobarlo. La Tunicularia de Nevio era seguramente una paliata, a pesar de su título (cfr. los títulos plautínico's Asinaria, Cistellaria, Mostellaria, Vidularia); pero su Ariolus (pág. 44) se desarrollaba qui zá en Italia. Resulta evidente el temperamento itálico de Nevio y sobre todo de Plàuto, y, júzguese como se quiera, el color local roma no, pero esto no basta para hablar de la creación de un género nue vo. Sólo conforme se heleniza en forma cada vez más decidida la paliata con Cecilio y Terencio y, probablemente, al agotarse las re servas de obras griegas y al gastarse Jas situaciones y los caracteres, prendió el afán por una forma de comedia “romana”. Es sintomá tico que coincida esta innovación, a juzgar por lo que sabemos, con los últimos años de la vida de Catón.
De los poetas que escribieron togatas conocemos a tres por sus nombres: Ti t i n i u s, L. Af r a n i u s y T . Qu i n c t i u s At t a. El último falleció el 77 a. de C.; Titinio pudo ser un contemporáneo de Te rencio algo mayor que él y Afranio pertenece con toda probabilidad a la segunda mitad del siglo II. No sabemos absolutamente nada sobre la vida de estos autores. Los aproximadamente 70 títulos y 650 versos que nos han llegado nos proporcionan una impresión general sobre el material y sus personajes y nos permiten apenas reconocer todavía en el caso de Titinio y Afranio su estilo y su temá tica individual. Hay que añadir a esto algunos testimonios de gra máticos.
La togata tiene lugar en Italia, ya en Roma o en la provincia. Sus personajes son itálicos o romanos; pero, a diferencia de los psrsonajes de la pretexta, los de la togata pertenecen a estratos in feriores, por lo que también se la llama tabernaria o “comedia de barraca”. La acción se inventa libremente, pero, como demuestran los fragmentos conservados, se apoya en temas y situaciones de la co media griega y de sus adaptaciones romanas. Por desdicha no es· posible reconstruir con aproximación ninguna de las piezas. Es sig-
sificativo del medio ambiente patrio el gran papel que representan las mujeres y el hecho de que los esclavos no aparecen más cuerdos que sus amos. La pieza se escribe en el mismo verso que la paliata, pero las medidas propias del verso lírico son raras.
Si nos hubiese llegado más material de las togatas, nos sería po sible hacemos una idea más cabal de la vida de la gente corriente de' la ciudad y del campo italiano en el siglo H. Ya los mismos títu los permiten fecundas deducciones. Aparecen, en efecto, los pequeños artesanos y comerciantes, los tejedores {Fullones), el peluquero (Cine- rarius), el posadero (Promus)·, acontecimientos festivos y otros sucesos importantes como los Compitalia (fiesta de los lares rurales* que se veneraban en las encrucijadas, compita), Megalesia, Pompa (“La pro cesión”), lo mismo que la subasta y el incendio (obra de Afranio qué se repuso en tiempo de Nerón); ahí está, ¿cómo no?, el enojoso tribunal con títulos como Depositum, Crimen, Talio (“desquite”) y posiblemente también Titulus. La togata tiene también sus propios tipos, sólo que distintos de los de la paliata: Prodigus (El disipador); Temerarius (El rompe y rasga), Simulator y, en Titinio, hasta la mujer aficionada a. la jurisprudencia (lurisperitd). La vida casera ocupa el lugar central: familia y parentela, servidumbre y ve cinos: el hijo que se libra de la patria potestas (Emancipatus), el li berto (Libertus), las hermanas (Sorores), los primos (Consobrini), las tías (Materterae), el hijastro (Privignus), las cuñadas (Fratriae); y, claro está, los vecinos enemigos (Inimici). A esta esfera pertenecen también los lances eróticos y los casamientos: la joven seducida (Abducta), la múchacha sospechosa (Suspecta), la carta amorosa (Epistula), el pretendiente repudiado (Repudiatus), el salvado (Excep tus: probablemente un enamorado desdichado que trataba de suici darse); el título de Divortium nos recuerda que ya entonces comen zaron a ser frecuentes los divorcios. Apunta el contraste entre la ciudad y la provincia (eterno venero de comicidad) en títulos como Setina, Veliterna, Brundisinae, que responden a otras tantas ciuda des itálicas.
El más auténtico representante de la togata es Titinio. Ya en sus títulos destaca su provincialismo y carácter rústico. También era; rústico su lenguaje; por sus arcaísmos lo cita Nonio en abundancia. Los fragmentos rezuman algo de Plauto, sin que por ello se le haya de situar temporalmente junto a él. Puede que haya vuelto a la vi gorosa crudeza de la comedia primitiva, como reacción consciente