ausencia de cláusulas concatenadas que evidentemente César
tenía en cuenta en sus discursos. El historiador ha de contar
con el carácter singular de estos libros. Es indudable que
César “elabora” los hechos de una manera refinada; y has
ta se ha dicho no del todo equivocadamente que los disfraza.
Con todo es muy raro comprobar la falta real de verdad (por
ejemplo la afirmación de que César encontró abierto en Roma
el erario público, Civ. 1, 14, 1), y tampoco se debe aceptar sin
pruebas la idea de que desfigure los hechos o las circunstan
cias en que. sucedieron.
Naturalmente que las fuentes primarias de los Commentarii son los informes de los oficiales de César y sus propios diarios de cam- paña; en el caso del Bellum Gallicum hay que añadir los informés oficiales de César al Senado, imitación romana de los informes de los generales helenísticos dirigidos a su soberano. Los dos cortos es critos de César que encontramos en Cicerón, Epíst. 9, 13 ÿ 14 nos permiten imaginar cómo debía ser el material no elaborado. Tam bién se aproximan al estilo de tales informes el Bellum Africum y el Bellum Hispaniense, documentos pertenecientes al Corpus cesáreo, Los Commentarii de César publicados tienen su inmediato precedente literario en las memorias de Escauro, Rutilio Rufo, Lutacio Catulo y Sila, que esencialmente también trataban de justificar su propia política (o, en el caso de Catulo, una empresa militar). Pero mien tras dichas memorias poseían un manifiesto tono literario, César da a sus Commentarii el carácter de Hypomnemata, esbozos o documen tación para una obra literaria de historia, como hizo, v. gr., Cice rón al ofrecer a Posidonio un determinado memorándum sobre su consulado. Claro es que para César era esto una ficción literaria. Sus Commentarii demuestran por doquier un arte de escribir esmerado y magistral. En todo caso presenta el libro I de la Guerra de las Galias la forma de un verdadero “diario” ; las dos campañas del 5.8,..- la de los helvéticos y la de Ariovisto, figuran la una junto a la otra como si nada tuviesen que ver. entre sí. En cambio describe César en el libro VJI la sublevación y aniquilación de Vercingetorix casi como una escena dramática de la historia, aunque sin hacer saltar el marco
pe los Gracos a la muerte de Cicerón
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e l e g i d o para su estilo narrativo. Tampoco falta el recurso artístico de jos discursos directos, doblemente eficaces a causa de su moderado
e m p l e o Vercingétorix es el único galo a quien César presenta como personaje vivo, aunque no sea más que para dar realce a su propia grandeza. Constituyen también un elemento del arte de narrar histó rico las digresiones geográficas, etnográficas y técnicas (construcción del puente sobre el Rhin, los suevos, Bretaña, costumbres de los galos y germanos), ya se trate de composiciones redactadas por otros, aunque bajo la supervisión de César, o de aportaciones personales (lo que no excluye el aprovechamiento parcial de fuentes literarias), fío es fácil pronunciarse sobre el alcance de las segundas intencio nes de César en todo esto; és indudable que tenía interés por tales cosas y pudo suponerlo en sus lectores.
El. estilo de César es único en su género. Impregna sus obras, en especial el Bellum Gallicum, el principio de la analogía purística (tamquam- scopulum iía fugias inauditum atque insolens verbum, se gún cita Gelio 1, 10, 4, tomándolo de De analogia) de que César se servía en sus discursos con cierta libertad, y ello con la más rigurosa ; consecuencia y en todos sus aspectos : vocabulario, forma verbal, fra
seología, construcción. El Bellum civile no es estilísticamente tan es tricto. Es posible que esto haya sido consciente, pues César lo escribió con prisas y debió adaptar a veces imperfectamente los infor mes de sus oficiales. Los Commentarii no sólo se caracterizan por su lenguaje sino por su claridad gráfica dentro de la densidad de su ex posición. Esto se manifiesta sobre todo en la descripción del paisaje: no hay. nada pintoresco, todo es estructural a los ojos del estratega. Quien haya leído en la escuela el primer libro de la Guerra de las Galias y luego vaya a Besançon, se encontrará ante algo conocido: la descripción que hace César de Vesontio (I, 38); para .hacerse car go perfectamente del arte de César y de sus dotes, no sólo expositi vas, sino visuales, véase en contraste la descripción que hace del mismo sitio Joñas de Bobbio (del siglo vil) en la Vita s. Columbani (1, 20).
Lo más llamativo del estilo de los Commentarii es que César se refiere siempre a sí mismo en tercera persona. Esto no es propio de la forma del Commentarius. El relato gana con ello claridad y dis- tanciamiento, despertando una impresión de objetividad que no sé conseguiría de ninguna otra forma. Esto no tiene mucho qiie ver con el hecho de que César hable también eventualmente de sí en primera
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persona 0a referencia más notable es la frase que comenta la batalla de Farsalia, Suet. luí. 30, 4).
N o es posible decidir con seguridad si los Commentarii de bello Gallico se compusieron por partes, afío tras año, en la relativa paz invernal de la Galia Cisalpina (Barwick) o de una vez, después de terminada toda la guerra (Klotz, Norden); recientemente ha propues to Adcock una solución de compromiso: los Commentarii se irían re dactando año tras año, pero se editarían como obra unitaria el 51/ 50, al solicitar de nuevo César el consulado. Los libros D e bello ci vi// debió escribirlos entre el 49 (48) y el 44, pero tampoco aquí se aducen aún pruebas convincentes sobre la fecha de su publicación.
El Corpus Caesarianum. — El libro VIII de la obra D e bello Galli co llena la laguna existente entre Bellum Gallicum (I-V II, es decir, 58¿ 52) y Belluní civile (49-48). Su autor es A. H ir t i u s , suboficial ma yor de César, que indudablemente había participado en la prepa ración de los Commentarii y se había asimilado en gran parte el esti lo de su general. N o cabe determinar la fecha en que se escribió. El prólogo sólo pudo redactarse después de la muerte de César. El propio Hircio cayó ante Módena, siendo cónsul, el año 43. Quizá sea él también el autor de la obra anónima Bellum Alexandrinum, que se incorpora a continuación del tercer libro del Bellum civile de César La continuación de los relatos bélicos (Bellum Africum e Hispanien se) es obra de oficiales, incapaces de pretensiones estilísticas. Si del
autor del primero (Bellum Africum) cabe decir en todo caso que fue un estratega inteligentemente observador, no es posible afirmar lo mismo del segundo (Bellum Hispaniense). Como ejemplos del sermó castrensis son ambas obras interesantes para el filólogo. — Acaso se encontraron estas Bella como obras póstumas de Hircio. Se unieron al Bellum civile y así han llegado a nosotros en una de las dos vías de transmisión en copias manuscritas de los tiempos carolingios y postcarolingios.
Bib l io g r a fía: Napoleón III, Histoire de Jules César, 2 vols., 1865-
1866; continuada por Stoffel, Histoire de Jules César, Guerre civile, 2 vols., 1 8 8 7 /— M, Geizer, Caesar, der Politiker und Staatsmann, 3921. — F. Beckmann, Geographie und Ethnographie in Caesars Bel lum Gallicum, 1930. — H. Oppermann, Caesar, der Schriftsteller und sein Werk, 1933. — K. Barwick, Caesars Commentarii und das Cor pus Caesarianum, 1938; Caesars Bellum ciuile, 1951. — F. E. Ad cock, Caesar as a Man of tetters, 1956.