ordenadas y previsibles, tal como lo exige la lógica de desarrollo productivista.
3.5. Competencias para el trabajo. Una apreciación de los alumnos re- escolarizados
En este apartado se analizará el modo en que los jóvenes re-escolarizados conviven con las formas pedagógicas e incorporan conocimientos referidos al trabajo. Aquí se tomará en cuenta la palabra del joven en mención a una vivencialidad y a una exposición particular de su cuerpo en el sistema regulatorio educativo, a sus acciones de autonomía y restricciones que se generan a partir de allí. Se aclara que a pesar de que se busca indagar en la existencia de una serie de regulaciones sobre las disposiciones para el trabajo, los sujetos asumen subjetividades diferenciales, debido a su estadía personal en ámbitos de sociabilidad y sus experiencias en el estudio y en el trabajo (Dávila, Ghiardo y Mendrano, 2006). Para avanzar en esta temática observaremos las dos características principales de la pedagogía por competencias ya discutidas anteriormente: las consecuencias en las percepciones de los alumnos que produce el principio regulatorio de respetar un tiempo individualizado para el aprendizaje acorde con las características de la población destinataria; y el alcance significativo que posee la propuesta de vincular la educación con las características demandantes del mundo productivo en los jóvenes no institucionalizados.
Como se ha referido, la propuesta de las competencias está vinculada en este caso a jóvenes con escasa cultura de escolarización y con una performance educativa previa que los adjudica como poseedores de un déficit cognitivo. Bajo esta premisa se establece pautas y sentidos pedagógicos confeccionados sobre sus contextos situacionales que presionan de una manera particular sobre sus ritmos de aprendizaje. Esto produce una serie de consecuencias en su régimen de percepciones que inciden a su vez en la percepción de sus capacidades. Al respecto, tres jóvenes de los circuitos educativos estudiados comentan sus experiencias sobre las dificultades y las facilidades que presentan las adaptaciones curriculares del CENS y del CCT comparándolas con la educación formal tradicional recibida en otras instituciones:
Acá no es difícil. Hay una modalidad por cartilla y uno se dispone, acelera o frena. No es que te están presionando, o tenés que rendir esto, uno lo hace a su tiempo y de acuerdo a la comprensión que tenga. Uno mismo es quien hace las cartillas y es el responsable avanzar, no son muy complejas y eso te permite hacerla, sobre todo porque muchos de nosotros trabajamos y no tenemos demasiado tiempo (Cristian, 24 años. Alumno del CCT y CENS de Villa Hipódromo. Entrevista realizada en septiembre del 2013).
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Creo que mi futuro está ligado a la cocina, porque sé cocina, he trabajado en eso y me gusta. Necesito aprender un poco para tener una salida laboral. Tengo que agradecerle las facilidades y el compromiso que dan los profesores con el armado de la cartilla. La cartilla es como si estuviese el profe ahí ayudando, están las respuestas, esta todo. Por eso depende de uno mismo y del compromiso que se asuma. La cartilla de ciencias naturales me sirvió mucho, porque era de primeros auxilio y estudiamos sobre el botiquín, mata-fuego y eso me sirve para actuar en un accidente de trabajo. Algunas cartillas te motivan más, esa me motivo, me hizo avanzar un montón y me adelante por eso (María, 22 años. Alumna del CCT y CENS de Villa Hipódromo. Entrevista realizada en septiembre del 2013) Los cursos del CCT y del CENS son bastante bueno, no te regalan la nota, pero si desaprobas te dan otra chance. Te dan muchas instancias para que no cuelgues los guantes. Lo único que no me gusta de la escuela es que quieren hacernos tener una parte artística, nos quieren hacer cantar, teatro y yo vengo con otros objetivos, si me tengo que poner a estudiar lo hago, pero quiero venir, rendir e irme. Es como que te quieren abrir otro sentido a vos a acá en la escuela, eso es lo único que no me gusta (Juan, 17 años, Alumno del CCT y CENS de Urquiza. Entrevista realizada en agosto del 2013).
Se observa a partir de la mayoría de los relatos de los jóvenes una cierta “adecuación corporal” al sistema regulatorio del conocimiento desarrollado en función de los ritmos de aprendizaje de los re-institucionalizados. La mayoría percibe a este régimen educativo modificado, como “fácil” y ajustado a sus capacidades, tiempos y patrones asumidos para el estudio. Así estos, al sentirse “seguros” y “cómodos” tendrán mayores posibilidades de mantenerse bajo la situación de la interacción académica propuesta, sin “tener que llegar a colgar los guantes”. A partir de aquí, bajo una interpretación práctica, algunos asumen como relevantes algunas propuestas pedagógicas establecidas para ajustar su “formación tardía” con la actualización de los conocimientos.
En este sentido se observa cómo los sujetos interiorizan los mecanismos regulatorios por el cual se vuelven responsables de sus éxitos y sus fracasos educativos, pero bajo una temporalidad personal que se tensiona con la impuesta por la instancia pedagógica. Al menos los entrevistados logran “ajustar” sus disposiciones escolares a este régimen flexible de aprendizaje. No obstante, para cumplir con este cometido, lo hacen de una manera diferencial, acelerando o frenando la inscripción y acreditación de conocimiento de acuerdo a un tiempo de duración corpóreo destinado y conseguido para el aprendizaje, a la percepción y la valorización propia de sus capacidades y al compromiso y la motivación con el significado y el contenido de la educación. Por lo que la pedagogía trabaja paralelamente de manera particular en estos tres aspectos (tiempo, percepción y motivación), que configuran de alguna manera un desarrollo cognitivo diferencial tanto dentro del fragmento de los re-escolarizado como fuera de ellos.