• No se han encontrado resultados

195 nuevos perfiles laborales surgidos como consecuencia de las transformaciones

acontecidas en el mundo productivo (OIT, 1999:16). El organismo promueve una educación que incluye la actualización de la promoción del “aprendizaje de por vida”,

uno de los postulados centrales de la matriz de las competencias:

“Para garantizar la transición fluida de los trabajadores a un nuevo empleo, se ha de disponer de sistemas de reconocimiento de las competencias para reconocer y certificar las competencias y la experiencias adquiridas previamente en el trabajo, de modo que con las calificaciones transferibles, los trabajadores puedan ocupar con más facilidad nuevos empleos, tanto dentro de la empresa como en otras actividades”. Conferencia Internacional del trabajo (OIT, 2008:17; el subrayado es nuestro).

Se formula que para alcanzar la integración hacia el empleo se precisa de un sistema de competencias que reconozca y certifique las habilidades adquiridas durante toda la etapa vital de los sujetos. La transición entre el período del sistema educativo al mercado de trabajo se ve facilitado por: el asesoramiento y la orientación en materia de desarrollo profesional; la revalorización de las competencias adquiridas en el aprendizaje previo; y la previsión de las necesidades reales del mercado de trabajo (CINTEFOR-OIT, 2008). Esas medidas son particularmente importantes para mejorar la empleabilidad de los jóvenes y de otros grupos destinarios. Además resulta prioritario proporcionar herramientas para que las personas puedan autogestionar sus procesos de desarrollo laboral y profesional, así “encontrar un primer empleo, buscar uno nuevo, iniciar un emprendimiento empresarial, recalificarse a través de cursos y formarse permanentemente... En lo que parece un juego de palabras, a la par que se produce la extinción del empleo para toda la vida, emerge el concepto de formación a lo largo de toda la vida" (CINTEFOR-OIT, 1999:17).

El objetivo principal de la formación continua es proponer marcos adecuados de aprendizaje brindando competencias necesarias para incrementar la empleabilidad. Esta se propone como un nexo conceptual y práctico con el empleo. Ella puede ser entendida como se ha explicitado en el capítulo 2 como la sumatoria de capacidades centrales para competir en el mercado. De ahí que para la OIT se llega a ser “empleable” siempre y cuando se obtenga las competencias necesarias para “navegar continuamente en el mercado” (Abdala, 2004).

Por último, esta entidad recomienda que las medidas de formación deberían ser aplicable en forma integral, siendo parte de programas nacionales que resalten en su agenda “el desarrollo de las competencias y el crecimiento del empleo” (CINTEFOR- OIT, 2008:21). Siguiendo esta línea, en la Argentina, el Ministerio de Trabajo de la Nación asumió desde los años 90 las funciones de capacitación laboral adoptando a

196

las competencias como fundamento argumentativo para diseñar programas de formación laboral tanto para desocupados como para ocupados.

Para el caso de los ocupados, se han impulsado, fundamentalmente desde el año 2000 en adelante, acciones de acreditación en competencias laborales tomando como referencia los desarrollos conceptuales de CINTEFOR-OIT144 y recibiendo financiamiento de otros organismos internacionales como el BID. Por ejemplo, se sentaron las bases en el período 2004 - 2008 para la creación del “Sistema Nacional de Certificaciones”. Durante este tiempo se estandarizaron 180 normas de competencias laborales, se evaluaron 15.000 trabajadores, de los cuales se certificaron alrededor de 12.000 y se crearon 21 organismos de certificación sectorial, participando del programa 30 sectores de actividad en 16 provincias, entre los que se destacan el sector automotriz, la construcción, el metalmecánico y la indumentaria (Figari y Álvarez Newman, 2011). Para el año 2012 se habían certificado 25.427 trabajadores, lo que hace un total de casi 100.000 certificados a lo largo de la última década, según los logros señalados por el mismo Ministerio de Trabajo y Seguridad de la Nación y Seguridad Social (en adelante MTESS) (ver cuadro N° 1). Estas acciones se constituyeron sobre la réplica de programas implementados en otros países de América Latina (Herger y Sassera, 2011).

En estos últimos años, el Ministerio también profundizó otra línea: las políticas de formación acompañadas de la transferencia de ingreso, principalmente dirigidas a los desocupados y a personas con bajo nivel educativo, que contiene la instrucción en empleabilidad como un modo de “inclusión social” de la pobreza (Álvarez Leguizamón, 2011). Estos programas suelen ser implementados junto con cursos de capacitación, ya sea para la enseñanza de tareas específicas o para preparar habilidades a partir de la participación de pasantías o prácticas laborales (Herger y Sassera, 2011). La implementación de estas políticas fortalecieron además la formación de “centros de capacitación” a lo largo del territorio, destinados principalmente a desocupados. Estas agencias de empleo fueron las encargadas de consolidar luego del año 2008 la

144

El Centro Interamericano de Formación Profesional (CINTEFOR) -organismo dependiente de la OIT- se encargó de difundir este paradigma de una manera activa realizando numerosos estudios para su desarrollo y su sustento teórico y metodológico. CINTEFOR se ha pronunciado en varias ocasiones a favor de la formación por competencias. Por ejemplo, la Recomendación 195 resalta que, en el marco de la innovación productiva, para lograr la creación de “trabajo decente” y la “empleabilidad” de las personas, es necesario “crear nuevas oportunidades de empleo, pero también nuevos enfoques en materia de educación y formación que permitan satisfacer la demanda de nuevas competencias” (Cintefor-OIT, 2006:20). Además el organismo viene publicando documentos de promulgación que recogen opiniones de una serie de autores sobre el papel de las competencias en la formación profesional.

197

implementación del Programa Jóvenes Más y Mejor Trabajo (en adelante PJMyMT). Puede observarse en el cuadro N°1, la presencia de las Oficinas de Empleo Municipales (en adelante OEM), distribuidas a lo largo de los distritos del país, la cuales llegaron a beneficiar a medio millón de personas en el 2011 y promovieron la participación de jóvenes en el PJMMT, alcanzando según cifras oficiales del año 2012 a 400.000 beneficiarios en todo el país.

Cuadro N°1 – Cantidad de beneficiarios por tipo de programas y años. – Argentina – 2003 al 2012 Programa s 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 Certificación de Competencia s 18 532 1.576 5.030 12.009 20.203 17.246 15.994 25.427 Programa Jefes de Hogar 2.057.20 8 1.844.59 0 1.615.49 1 1.452.12 1 1.107.64 9 749.01 9 500.35 4 17.637 13.687 Programa de Empleo Comunitario 235.049 260.754 299.020 285.971 297.565 429.39 0 585.46 6 508.38 4 295.13 3 65.614 Seguro de Capacitación y Empleo 20.803 75.226 103.01 8 132.95 4 247.12 3 262.91 0 226.744 Jóvenes con Más y Mejor Trabajo 9.440 74.625 123.12 2 316.84 5 285.674 Personas atendidas en Oficinas de Empleo 37.633 99.124 161.69 0 321.77 5 415.70 2 622.22 9 552.550

Fuente Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social – Resumen de Acciones de la secretaria de empleo.

A pesar de la heterogeneidad, estos programas coinciden en su propósito de expandir las competencias de los beneficiarios a fin de que éstos mejoren su posición en el mercado. Es decir, el objetivo general de los mismos es dotar a los individuos de un conjunto de activos y cualidades que permitan sortear con éxito los obstáculos de entrada a la política actual mercantil del capital. Esta posición está vinculada con la teoría del capital humano y su implementación en el campo de las políticas públicas. Recordamos que para el espíritu de la teoría del capital humano todo bien material o simbólico escaso que poseen los beneficiarios es susceptible de convertirse en potencial capital o activo, subsumiéndose en la lógica económica145. Sus viviendas precarias y sin servicios básicos mínimos se convierten en patrimonio, sus relaciones de amistad y confianza mutua en capital social y principalmente sus conocimientos

145

Los trabajadores, de esta manera, se convierten en capitalistas, no por la difusión de la propiedad de las acciones de las sociedades, como lo hubiera querido la tradición, sino por adquirir conocimientos y habilidades que tengan un valor económico, los cuales sean susceptibles de invertirse para alcanzar un grado, aunque sea mínimo, de productividad (Schultz, 1972).

198

proporcionados por participar en actividades informales en capital humano (Álvarez Leguizamón, 2011). Lo que se propone es aumentar tanto el capital como la productividad que desarrollan los pobres en función de sus recursos.

Esta última argumentación puede parecer contradictoria a la propia lógica de la economía política, puesto que la productividad de una persona pobre en términos de ingresos monetarios es considerada exigua. Sin embargo, no se trata simplemente de mejorar un rendimiento en términos económicos, sino trasformar y revalorizar las energías físicas, psíquicas y cognitivas de los sujetos pobres, que a priori permanecerían deterioradas por no ser empleadas debidamente (Álvarez Leguizamón, 2011).

Lo importante, es que desde este punto de vista, nadie puede quedarse “parado” en este proceso de valorización. El capital humano, como cualquier activo, se deprecia cuando no está siendo invertido, ya que las habilidades pierden valor si no son debidamente actualizadas (López Ruiz, 2006). Y desde el momento en que las personas pasan a ser propietarias de su capital, ellas se vuelven auto-responsables por su sustento, y, por lo tanto, de su empleabilidad, estando obligadas a invertir en todos los campos y a asumir los riesgos de sus elecciones (López Ruiz, 2006). De lo que se trata es de hacer una apuesta al futuro: un tiempo invertido en los aspectos del cuerpo señalados anteriormente, para que su capital rinda los mayores beneficios posibles.

La teoría consigue, en el campo de las políticas flexibilizar la noción de capital y volverlo así un concepto mucho más abarcador: las diversas formas del capital –aún las no registradas por el individuo- pueden ser pensadas como múltiples y clasificadas en capital humano y no humano146. Las virtudes personales, asumidas como competencias actitudinales, en escalas inconmensurables serían posiblemente accionadas como parte del capital de la pobreza (Paiva, 2001).

Además se dispone de una nueva concepción específica del sujeto desempleado. El estar trabajando o ser activo (en búsqueda de empleo) se torna una condición necesaria para poder mantener e incrementar el capital: la empresa es el mercado que formula las condiciones para que el capital no se deprecie, es decir para que obtenga un retorno y se capitalice (López Ruiz, 2006). Por eso, estar desempleado e inactivo

146

Se logra efectivamente flexibilizar también los conceptos de consumo e inversión, dejándolos bajo límites difusos, los que siempre pueden ser (re) definidos a posteriori de acuerdo a las “necesidades del mercado” (López Ruiz, 2012).

199

no significa solamente haber perdido el empleo, sino también estar perdiendo “empleabilidad”. Por lo que el beneficiario, en busca de promover su éxito, ya no es interpelado como un simple “desocupado”, sino ahora como “trabajador inversor”, por el cual podrá conseguir competencias que garanticen su permanencia. En tanto que para obtener un estado correcto de activos, será necesario adquirir “actitudes” que lo lleven a actuar como un “verdadero buscador” con “voluntad de cambio y en movimiento constante” (Grinberg, 2007). Así se plantea que no sólo la capacidades cognitivas y procedimentales serían el principal factor productivo de los pobres, sino además el desarrollo del capital dependería de la movilización de sensaciones y emociones para el trabajo producidas desde la temprana infancia.

Y esto nos lleva a una tercera cuestión: la materialización de la aplicación de los principios de la teoría clásica liberal al funcionamiento del sistema social, según la consumación de los anhelos de los pioneros de la teoría de la Universidad de Chicago (López Ruiz, 2012). Según este pensamiento, para restituir la situación, las sociabilidades de los beneficiarios deberían permanecer expuestas a la evolución del mercado. Se espera así revertir aquellas situaciones donde las actividades económicas quedan suplantadas por las relaciones sociales, a otra donde los vínculos y conocimientos propios del ámbito de la reproducción podrán ser subsumidos por el sistema económico.

De este modo, se insiste en cristalizar la grilla de la ciencia economía como principio del comportamiento humano, extendiéndola hacia esquemas y criterios de decisión propios de los dominios de la vida cotidiana de los sectores vulnerables (Foucault, 2007; López Ruiz, 2012). Esta regulación se establece en dos planos: una vigilancia sobre el cuerpo y las emociones de los sujetos y una superposición de este poder con una regulación sobre el territorio y los espacios estrictamente definidos donde interactúa esta población. Se observa aquí un ejemplo de lo que Foucault llamó la biopolítica (Foucault, 2007).

En este sentido, las políticas proponen un adiestramiento y un aumento de la productividad de las energías simbólicas socialmente acreditadas en el cuerpo de los beneficiarios tales como son sus afectos y las solidaridades. Y a la par genera efectos masivos para regular riesgos que puedan presentar estas poblaciones, manteniendo niveles básicos y biológicos indispensables para su sobrevivencia. Esto se produce gracias a un desarrollo de un saber especializado que propone identificar a los “otros” –a los pobres focalizados- y a sus formas de producción y reproducción. Y en base a esta construcción elaborar conocimientos, clasificaciones y tipologías de pobreza

200

(pobres por ingresos, vulnerables transitorios, desocupados vulnerables, in- empleables, etc.), como maneras de su detección focal y formas adecuadas de sociabilidades y sensibilidades. Las políticas se presentan, por lo tanto, como un dispositivo disciplinario complejo que regula las emociones de las poblaciones vulnerables a través de un poder cuya función no es ya matar sino invadir la vida de los pobres. En este sentido, Álvarez Leguizamón (2011) para analizar los programas de transferencia condicionada elaborados sobre estos presupuestos propone el término de focopolítica. Afirma que la focopolítica es un nuevo arte de gobierno que no tiene como objeto al trabajo sino el no trabajo: la desocupación o el empleo precario y la vulnerabilidad. Por ello la focopolítica no es genérica, como lo es la biopolítica, sino focalizada. Valora como objetos de saber y de control a la comunidad o al pobre, conceptualizados como máquinas que auto-gestionan su propia subsistencia a niveles mínimos (Álvarez Leguizamón, 2011).

Por lo tanto, lo que se busca es impulsar como soporte de acción en los campos limitados del movimiento corporal de los pobres el modelo económico de la oferta y la demanda y/o del costo y del beneficio. En este sentido, se proyecta un modelo conductual que pretende hacer del total del cuerpo social una multiplicación de unidades que adquieran la forma prescriptiva de la “empresa”. De esta manera, las tecnologías penetran en la vida misma de estos individuos y buscan asemejarlos como un “inversor de sí mismo”, que al poseer sus capitales (por más escasos que sean), será él mismo su propio productor y la fuente de sus ingresos. Sin embargo existe la posibilidad, para ciertas poblaciones vulnerables, de que no logren asumirse “sujetos empleables”, por lo que ellos quedarían destinados a la asistencia social. Pero la aceptación de esta asignación social no será estipulada para generar una cierta equiparación en las condiciones sociales; sino más bien, para contrarrestar una serie de riesgos del orden de la reproducción que se generan a partir de mantener a una población bajo un cierto umbral de supervivencia; y para desarrollar en ella capacidades mínimas para que sigan compitiendo y participando aunque sea precariamente del mercado laboral. Los beneficiarios, en este caso, quedarán destinados a las políticas asistenciales y a transitar los umbrales de sobrevivencia corporal como una especie de población flotante(Foucault, 2007).

La profundización de la inversión en capital humano de esta población no sólo aparece como un modo de mercantilizar y fomentar saberes en función de que sean utilizados como reservas de mano de obra de la economía; además se constituye en una forma de regular la pobreza y de trabajar sobre las sociabilidades, aspiraciones y emociones