Con motivo del fallecimiento del comediógrafo madrileño, Francisco Álvaro realizó una extensa y sentida semblanza que aquí reproducimos. Ese mismo año, también fallecieron —entre los más destacados— los autores Antonio Lara «Tono» (a la edad de 82 años) y Horacio Ruiz de la Fuente (a los 73 años); y el figurista y escenógrafo Víctor María Cortezo (a los 70 años).
Alfonso Paso (1926-1978), nacido a la escena después de la guerra civil, fue uno de nuestros autores más fecundos, el que alcanzó mayor popularidad en toda España; el comediógrafo mejor dotado por su sabiduría y conocimiento del difícil tinglado de la farsa, de su estructura y artificio sin los cuales escritores muy calificados fracasaron en el intento de ser autores teatrales. Poseía Alfonso Paso, además de innegable talento, lo que en el teatro es imprescindible para comunicarse con el público: un lenguaje coloquial que, aunque desigual en su numerosa producción, en la mayoría de sus piezas mostraba su ingenio, provocaba la hilaridad irresistible y apuntaba siempre a la eficacia. Hay obras de Alfonso Paso, quizás las menos valoradas, que arrancaron carcajadas estruendosas y se hicieron centenarias en la cartelera merecidamente. Así, Vamos a
contar mentiras, Cosas de papá y mamá, No somos ni Romeo ni Julieta y otras muchas
en las que el autor se propuso principalmente divertir al público, y que superan, con mucho, a las llamadas de “denuncia” o “protesta” donde el afán de probar una tesis, denunciar una corruptela o evidenciar ciertos vicios sociales no alcanza la calidad, ni siquiera la eficacia que el autor se propuso. Juicio contra un sinvergüenza, Cena de
160 La producción teatral de Alfonso Paso es enorme: cerca de doscientos títulos estrenados desde 1953 a 1973 en que se interrumpe el alud de estrenos del autor más solicitado y cotizado durante cerca de veinte años y al que en la actualidad habían hecho el vacío empresas, promotores e incluso muchos cómicos a los que salvó durante la crisis desoladora que desde los años cuarenta al cincuenta atravesó la escena española por falta de autores capaces de desplazar el torradismo y sucedáneos de aquellos años. Alfonso Paso, que llegó a tener siete títulos en las carteleras madrileñas en la misma temporada, comenzó su carrera de autor por muy distinto camino a los que después transitara, como lo demuestra su biografía, que vamos a resumir.
Nace Alfonso Paso en Madrid, el 12 de septiembre de 1926. Su padre, Antonio Paso Cano fue famoso comediógrafo y sainetero. Su madre, Juan Gil Andrés, actriz sobresaliente en las compañías de Francisco Moreno y Enrique Borrás. Sus hermanos, Antonio, Manuel y Enrique también vinculados a la escena. Alfonso, el más joven de la dinastía de los Paso, estudió el bachillerato y la carrera de Filosofía y Letras en Madrid, obteniendo el premio extraordinario en la especialidad de Historia de América. Pero antes de licenciarse había estrenado su primera comedia en un acto: Un tic tac de reloj. Por esos años —1946 y siguientes— forma parte destacada de Arte Nuevo con Alfonso Sastre, José Gordón y otros jóvenes con ambiciones renovadoras. Y vuelve a estrenar
Un día más, colaboración con Medardo Fraile; Tres mujeres, tres, Barrio del Este, Compás de espera, Cena para dos, La eternidad se pasa pronto, títulos presentados en
funciones minoritarias y que, naturalmente, no figuran en el repertorio de estrenos de teatro profesional, que se inicia con Una bomba llamada Abelardo (1953) y culmina en
161 los teatros de Madrid, herméticamente cerradas hasta entonces a pesar del empeño que el autor puso en franquearlas.
Pero antes, Alfonso Paso ha pasado por ese calvario del que pocos autores se libran. Se ha casado con Evangelina Jardiel y, juntos, han compartido sacrificios y calamidades «resistiendo al hambre y el frío» en una modestísima vivienda. No importa, Alfonso Paso tiene fe en sí mismo y está seguro de que triunfará. Efectivamente, pronto se hace famoso y el éxito de sus estrenos supera todo lo previsto. Esto le permite estrenar cada temporada siete u ocho títulos, algunos de los cuales rebasará las trescientas, las cuatrocientas y hasta las quinientas representaciones. No hay autor más afortunado y cotizado. En 1965, al cumplir los treinta y nueve años, estrena Querido
profesor, por él mismo interpretada, que hacía la número ciento de su producción, y
ocho años más tarde, en 1973, casi duplica el centenar de títulos presentados en los escenarios de Madrid y representados después en provincias. Si Alfonso Paso no hubiese tenido otros méritos, su condición de trabajador infatigable le conferiría un puesto destacado en el mundo de la farándula al que se entregó por entero. Por otra parte, Alfonso Paso fue uno de los poquísimos autores de un tiempo difícil para el teatro que, con menor o mayor acierto, llevó a nuestros escenarios temas, problemas y «sucedidos» de aquel tiempo español. Se convirtió, gracias a su tesón e ingenio, en una especie de editorialista de nuestra escena, comentando, en muchas de sus piezas, la actualidad más inmediata y palpitante. Sus obras podrán interesar o no al público del futuro, pero los historiadores del teatro y también los sociólogos encontrarán en el numeroso repertorio del autor de La boda de la chica materiales útiles y reveladores de circunstancias, tipos, vicios y costumbres de un largo periodo de la vida española.
162 Esto aparte, entre las casi doscientas obras estrenadas con la firma de Alfonso Paso, además de Una bomba llamada Abelardo, Los pobrecitos y La boda de la chica, ya mencionadas, hay que destacar, por distintas razones y méritos, Catalina no es
formal, apoyada en la biografía de Catalina de Zerbat; Usted puede ser un asesino,
parodia de las comedias policiacas; El canto de la cigarra, No hay novedad, doña
Adela, Una tal Dulcinea, Adiós, Mimí Pompom, Cuatro y Ernesto, Preguntan por Julio César, El mejor mozo de España, para la que manejó una inmensa bibliografía sobre
Lope de Vega y su época; Rebelde, El cielo dentro de casa, Sí, quiero, En El Escorial,
cariño mío, y las también mencionadas, muy discutibles y discutidas, Juicio contra un sinvergüenza, Cena de matrimonios, Las niñas terribles, La corbata, Juan jubilado, Las que tienen que servir, Los derechos de la mujer…
En los últimos años, Alfonso Paso escribió piezas para café-teatro, guiones cinematográficos, de algunos de los cuales, como de sus obras teatrales, fue también director. Como periodista colaboró con ABC, La Vanguardia, Semana, El Alcázar donde hasta unos días antes de morir venía publicando un comentario diario bajo el epígrafe general: «Digo yo que…».
Obtuvo el Premio Nacional de Teatro en 1957 y 1961; el Premio Álvarez Quintero 1959, de la Real Academia Española, el Carlos Arniches, el Premio de Teatro Valladolid…
Alfonso Paso viajó por Europa y América y varias de sus obras fueron traducidas y representadas en Estados Unidos, distintos países de Europa y principalmente en Hispanoamérica. Se cultivó en estudios y lecturas muy diversas. De todos es conocida su afición a la arqueología, a la neuropsiquiatría y a la astronomía. Estrenó una obra titulada Nerón, muy discutida, en la que interpretó, como actor, a este
163 cruel y enloquecido personaje. Alfonso Paso quiso hacerlo todo, y esa fue quizá la causa de su última frustración. Fue actor, autor, director, empresario… ¿Pudo haber sido mucho más, el autor indiscutible de una época? Probablemente, si se lo hubiera propuesto, si hubiera sabido contener el torrente de su fecundidad, la versatilidad de su temperamento, el desequilibrio de su cotidiana existencia. Pese a todo, fue un gran autor, un tipo humano complejo e inquieto que vivió intensamente una vida agitada, azarosa y problemática, que la muerte, implacable, ha truncado prematuramente. ¡Que Dios le conceda la paz!
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