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2.3. El Público en el Teatro de Títeres

2.3.2. El espectador emancipado

Imagen 7 Espectador pasivo Fuente: Ortiz (2013)

El teatro es el lugar donde una acción es presentada, hecha realidad actual por cuerpos vivos frente a cuerpos vivos

Ranciére (2008, p. 12). La filosofía contemporánea ha intervenido sobre el tema del espectador. Jacques Rancière (2010) en su libro “el maestro ignorante”, dedica un capítulo a la inquietud sobre la relación que puede haber entre causa y efecto. Luego, al filósofo le parece oportuno dedicar una edición

55 completa sobre todos los debates y cuestionamientos que tiene el espectador en la actualidad como centro de discusión en las relaciones entre arte y política. Para Rancière (2008) el espectador es un tema que ha tenido muchas contradicciones a través de la historia, por lo tanto, lo nombra como la paradoja del espectador:

No hay teatro sin espectadores (puede ser uno sólo y escondido como en la representación ficticia). Pero dicen los detractores, ser un espectador es una mala cosa. Ser un espectador significa mirar un espectáculo. Y mirar es una mala cosa, por dos razones. La primera, mirar se considera lo opuesto de conocer. El espectador está parado ante una apariencia sin conocer las condiciones que la hacen posible o la realidad que esconde. La segunda; mirar se considera lo opuesto de actuar. El espectador se mantiene inmóvil en su silla, desprovisto de todo poder de intervención. Ser un espectador significa ser pasivo (p.21).

La paradoja que plantea Rancière (2008) es simple: no hay teatro sin espectador. Por eso considera el filósofo que lo paradójico, radica en el hecho de que estar inmóvil y pasivo es estar separado de la capacidad de conocer y del poder actuar. Handke y su obra Insultos al Público, referida anteriormente, lo podría afirmar. Al parecer el espectador es tan predecible, que hasta se puede realizar un texto dramático sobre sus modos de comportamiento y luego llevarla a escena como lo hizo el director de teatro Andrés Rodríguez y anticiparse a las formas de pensamiento del público.

Para Rancière el teatro es como lo planteó Platón: “un lugar donde unos ignorantes son invitados a ver a unos hombres que sufren. Lo que la escena teatral les ofrece es el espectáculo de un pathos”(p. 11). La palabra pathos se utiliza para referirse a la íntima emoción presente en una obra de arte que despierta otra similar en quien la contempla, es decir una emoción inducida.

Lo que plantea Rancière (2008) es la búsqueda de otro teatro, un teatro sin espectadores. “Un teatro en el que una acción es llevada a su realización por unos cuerpos en movimiento frente a otros cuerpos vivientes que deben ser movilizados” (p.11). Es decir un teatro en el que las personas que asisten a él no sólo se dejen seducir por las imágenes que ven, sino que se conviertan en participantes activos en lugar de espectadores pasivos. No obstante aunque es

56 compresible el planteamiento del filósofo, es relevante analizar a qué se refiere él, con participantes activos, ¿acaso la contemplación no es un recepción activa?

Con respecto a esta pregunta, Rancière cita a GuyDebord (1967) y su obra La sociedad del espectáculo, en la que dice que la enfermedad del hombre espectador se puede resumir en una breve fórmula: “cuanto más contempla, menos es” (p. 14). Es decir, que para este filósofo el espectáculo es una relación social entre la gente que es mediada por imágenes. “Lo que el hombre contempla en el espectáculo es la actividad que le ha sido hurtada en su propia esencia, organizadora de un mundo colectivo cuya realidad es la de este desposeimiento. En el caso del teatro” (p. 14). Dice Rancière éste se acusa de volver pasivos a los espectadores entonces trata de invertir los efectos. Se menciona entonces dos ejemplos de propuestas teatrales que han influenciado en la historia de esta práctica. Una, es la brechtiana, donde la mediación teatral, vuelve conscientes a los espectadores de la situación social, los incita a actuar para transformarla. La otra, en la que expone a Artaud, donde hace salir a los espectadores de su posición y en lugar de estar en frente de un espectáculo se ven rodeados por un performance, haciéndolos participar de la acción.

No obstante, manifiesta Rancière (2008), ya no estamos en el tiempo de una dramaturgia que quiera explicarle al público sobre la verdad de las relaciones sociales y la lucha ante el capitalismo. ¿Entonces cuál sería el interés de los artistas? Esta es una pregunta muy compleja que la precede a una pregunta más grande: ¿cuál sería la función del arte en la actualidad? La respuesta corresponde a otra investigación. Sin embargo, algo es cierto, y es que para los artistas es importante arrancar de los espectadores la actitud pasiva y transformarlos en participantes activos de un mundo común.

Por eso es importante cambiar el valor de los términos sobre mirar/saber, apariencia/realidad, actividad/pasividad. Revisar la descalificación que se le hace al espectador porque no hace nada, mientras que los actores ponen el cuerpo en acción, o aquellos que poseen una capacidad y aquellos que no la poseen, en este caso los que ven. Ante ello dirá Rancière (2008):

La emancipación comienza cuando se cuestiona que la oposición entre mirar y actuar… cuando se comprende que mirar es también una acción que transforma. El espectador también actúa, como el alumno o como el docto. Observa, selecciona,

57 compara, interpreta. Liga aquello que ve a muchas otras cosas que ha visto en otros escenarios o lugares. Compone su propio poema con los elementos del poema que tiene delante. Participa en la performance rehaciéndola a su manera, sustrayéndole tal vez la energía vital que se supone ésta ha de transmitir. Así son espectadores distantes e intérpretes activos del espectáculo que se les propone... (p. 19).

Esta posición es de gran relevancia para la presente investigación, para no subestimar al espectador, en este caso los niños/as en el teatro de títeres como un objeto distante, que no aporta nada al hecho creativo. El artista que está en el escenario realizando el espectáculo debe abandonar la idea que sabe más que el niño/a que asiste al espectáculo. “Lo que el espectador debe ver, es lo que el director teatral le hace ver. El artista no debe instruir al espectador” Rancière (2008, p. 20). Esto resulta muy pertinente, ya que en la actualidad en el caso del teatro de títeres se utiliza en la escena para imponer una lección o transmitir un mensaje. Entonces ¿cuál será la función de teatro de títeres para niños/as actualmente? ¿Teniendo en cuenta la implicación y relación estrecha del títere- niño/a, cuál es la responsabilidad ética del artista en su creación? ¿El espectador niño/a será un espectador pasivo, teniendo en cuenta que dentro del teatro de títeres, lo que se produce en el escenario es una apariencia, porque lo que se muestra es irreal, y el espectador- niño/a es cómplice en este juego teatral, además de no desconocer las condiciones para entrar en esta ilusión y se deja llevar a través de su naturaleza espontánea, en la que no permanece inmóvil, sino que actúa, está presente y entra en el juego de esa ficción, dejando aflorar sus emociones? ¿El espectador emancipado que propone Rancière será el espectador ideal de Sinisterra?

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