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CAPÍTULO III: REFERENTES CONCEPTUALES

3.3. Gadamer: La actualidad de lo bello (Juego – Fiesta – Símbolo)

3.3.1. Primera categoría: el juego en la experiencia

“Todo juego, antes que nada, una actividad libre” Huizinga (1972) “El niño y el animal juegan porque encuentran gusto en ello, y en esto consiste precisamente su libertad”

Huizinga(1972) Gadamer, plantea el concepto de juego como una función elemental en la vida humana, en la cual no se puede pensar en la cultura, sin un componente lúdico. De manera similar, Johan Hizinga, en su libro Homo Ludens, presenta la esencia y significación del juego como fenómeno cultural (Huizinga, 1972).

Lo esencial en la propuesta teóricadeGadamer, con respecto al concepto el juego en la experiencia del humano, es su relación con el concepto de libertad, o impulso libre, donde el juego se presenta como un movimiento continuo que no tiene un objetivo final (Gadamer, 1991).Huizinga ya lo había mencionado también, como la primera característica del juego: es

68 libre, es libertad y como una función que puede abandonarse en cualquier momento, donde los jugadores toman la decisión de suspenderlo o cesar el juego cuando quieran (Huizinga, 1972). Es entonces en esta enunciación que evidenciamos el papel del espectador y su implicación con respecto a la obra de arte: el espectador es quien decide entrar en el juego y ser parte de él.

Jugar es siempre jugar-con: es un acto comunicativo. Incluso quien mira el juego participa. El espectador es más que mero observador. Apunta a la inclusión del espectador/intérprete en el arte: identidad hermenéutica de la obra: hay ahí algo significativo que comprender: “toda obra deja al que la recibe un espacio de juego que tiene que rellenar (Gadamer, 1991, pág. 31).

De esta manera se dice entonces que la experiencia de una obra de arte no sólo acontece al artista que lo realiza, sino a los otros jugadores para quien lo realiza – los espectadores- que experimentan, que se dejan seducir ante este acontecimiento, hasta el punto de adueñarse de ellos. Por ejemplo, en el caso de las obras de arte, el espectador es, siempre algo más que un mero observador que contempla lo que ocurre ante él; en tanto que participa en el juego, es parte de él. En este orden de ideas, se observa cómo en la mayoría de las obras de arte moderno, proponen anular la distancia que media entre audiencia, consumidores o público y la obra. Aunque también es necesario revisar los diferentes movimientos que ha tenido el teatro, como el de Antonin Artaud y su teatro de la crueldad, en la que se pretende sorprender e impresionar a los espectadores, mediante situaciones impactantes e inesperadas y dejar una huella en el espectador. O el Teatro épico de Bertold Brecht que pretende todo lo contrario, que el espectador tome distancia de lo que sucede en escena para así llegar a un juicio crítico. Sin embargo, estas teorías las analizaremos en otro apartado de esta investigación.

Retomando la categoría de Juego planteada por Gadamer, es importante visualizar el juego no desde el punto de vista de la lúdica, sino desde la razón de ser de la obra, desde el que lo experimenta, es decir, desde el espectador: “un jugador que busca su propia representación asumiendo el rol que le demanda una experiencia “auténtica y total”. En palabras de Gadamer (1994) el juego es:

69 él al comportamiento ni al estado de ánimo del que crea o del que disfruta, y menos aún a la libertad de una subjetividad que se activa a sí misma en el juego, sino al modo de ser de la propia obra de arte (p. 21).

Gadamer habla del juego como una experiencia que se apodera del jugador quien es absorbido por una serie de estímulos que lo mantienen atento y activo, lo llevan a tomar decisiones y a interactuar con un espacio y un tiempo delimitado por su misma condición de jugador. Ese modo de actuar, comportarse, intervenir y participar invitan al espectador o al jugador a salirse de lo convencional por un tiempo determinado, para adentrarse en un espacio con reglas e instrucciones que moldean el comportamiento. El juego, el movimiento repetitivo y la actitud que asume el jugador frente a ese movimiento que se repite, implica un “jugar con”, es decir, el reconocimiento de la alteridad, la transformación de la distancia que nos separa del otro para tomarlo en consideración como un co-jugador, pues todo juego para ser jugado demanda un enfrentamiento, una confrontación o un encuentro con los otros. En este desafío se exige una respuesta que sólo puede dar quien haya aceptado este desafío, una respuesta que es propia, que es producida activamente, así el co-jugador forma parte del juego.

De allí el lugar tan trascendental que tiene el diálogo en tanto proceso de comunicación y escenario de encuentro para la concertación, en el que se completa el acontecer de la tarea reflexiva del entendimiento humano: el juego del círculo hermenéutico de la interpretación y la comprensión, la comprensión y la identificación, entendido como una búsqueda en pos del sentido de la obra: “Toda obra deja al que la recibe un espacio de juego que tiene que rellenar.” (Gadamer, 1991, pág. 23)Un juego que alcanza su sentido pleno cuando es jugado.

El filósofo no habla del juego como una acción que se activa por un jugador, porque el juego es el sujeto mismo, que se encuentra en toda cultura, es un sistema mediado en el cual se representa la naturaleza, asimismo aparece el arte. El jugar a representar para alguien más, será entonces el verdadero ser de las creaciones. “Con esto no se quiere decir que el juego sea exhibición, sino que requiere del otro, de la participación e interpretación de ese otro para quien el juego se lleve a cabo, tanto espectador como jugador hacen parte del mismo juego que exige siempre un trabajo de construcción” (Isaza, 2012, pág. 38).

Por lo tanto el juego será el resultado de la trasformación y la construcción, este último adquirido por la esencia del juego. La transformación será el nuevo significado que gana el juego,

70 a través de un mundo de significados que son de orden cultural. En este sentido, el arte contemporáneo involucra tanto al artista, creador de la obra, como al espectador, en el cual caen todas las estimulaciones de las creaciones, a partir de la experiencia propia. Es decir, es un proceso de mediación, “El juego representado es el que habla al espectador en virtud de su representación, de manera que el espectador forma parte de él pese a toda la distancia de su estar enfrente” (Gadamer, 1994, p.190).

A partir de este concepto, el arte se ha involucrado también en objetivos para la educación artística; donde se percibe al juego como un mecanismo para el desarrollo de la cultura y la capacidad creativa del sujeto desde lo imaginario, lo lúdico y el placer estético. El concepto de juego entonces se ha convertido precisamente en un juego, donde todos son co-jugadores. Y esta teoría debe valer en el juego del arte, donde no hay ninguna separación entre la confirmación de la obra que se presenta y el que experimenta. (Gadamer, 1991, pág. 36)

En el teatro de títeres, la obra es producto del juego, un juego que hay que rellenar. El espectador es quien complementa con su percepción, que aquella materia que ve, tiene movimiento, habla, se desplaza, vive. Ahí radica la experiencia estética de la que Gadamer, nos habla, el modo particular en que la obra se interpreta y la identidad misma que hay detrás de la obra de teatro de títeres, lo que constituye la experiencia estética.