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Espiritualidad al desnudo

In document Vicente Lloréns Poy. Vida y obra (página 177-196)

3. La revelación como escultor (1974 – 1987)

3.2. Espiritualidad al desnudo

En reconocimiento a los méritos artísticos que ya a nivel nacional reúne la figura artística de Lloréns Poy, por Orden del Ministerio de Educación y Ciencia datada el 23 de febrero de 1974, signada por el titular de la Cartera, Don Cruz Martínez Esteruelas, y a propuesta de la Dirección General de Bellas Artes, el Gobierno concede al artista la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en su categoría de plata266.

Aparte del hecho concreto que representa la erección de estas piezas escultóricas de gran tamaño, la nueva actividad plástica de Vicente Lloréns significa la apertura de un camino que ya estaba integrado entre sus aspiraciones desde los primeros momentos de su vida artística: la escultura que comenzará a ser muy importante en los siguientes años de su existencia y que, paulatinamente, le irá apartando de su inicial actividad pictórica.

Pero en aquel momento (salvado el paréntesis obligado del compromiso con su pueblo natal en la solemne ocasión conmemorativa) la dedicación por la pintura representa todavía su motivación fundamental y continúa preparando la presentación de nuevas obras en Madrid. Entre las múltiples entrevistas concedidas en aquellas fechas a la prensa, estimulada en su interés por la espectacularidad de las representaciones escultóricas inauguradas, sorprenden algunas declaraciones que auguran ya su intencionalidad posterior:

“- Has dicho que no tienes límites temáticos. Por otra parte, conozco bien tu “sincero espíritu cristiano, junto a

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Gaceta de Madrid, Boletín Oficial del Estado, de fecha 27 de marzo de 1974. Orden de 23 de febrero.

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tu segura vocación pictórica” como de ti escribía Monseñor Dell‟Acqua. ¿Pintas también desnudos?

- Bueno, mira. El problema para mí es claro: el cuerpo desnudo -creación de Dios- ofrece belleza. Entonces yo entiendo que la mera expresión plástica de esa belleza nada tiene de inmoral. Dios ha creado hermosos paisajes y el pintor puede reproducirlos en sus lienzos. Y siendo el mismo Dios, el autor también del cuerpo humano ¿no puede llevarlo a sus lienzos el pintor? ¿Porqué uno sí y no otro? Otra cosa es valerse del pincel y del modelo para provocar y fomentar el erotismo pornográfico. Actitud que rechazo.

El aforismo de “el arte por el arte” es admisible o impugnable según el criterio con que se siga. El arte contribuye al desarrollo armónico de las facultades estéticas, de la sensibilidad superior, de las fuerzas creativas e intelectuales en la cultura artística.

Por otra parte, ya conoces la definición clásica y tradicional del arte: es la plasmación de la belleza ideal en formas sensibles. Y la belleza ideal es el resplandor de la verdad y del bien armónicamente entrelazados o identificados. Expresar esta belleza con elegancia para producir la fruición más limpia y elevada. Esta es la función del arte. Y la belleza su objetivo. Ahora bien, el cuerpo desnudo –aberraciones eróticas aparte- creación de Dios, es parte de la belleza.

Próximamente expondré una amplia colección de desnudos”.267

No una sola vez, sino a través de dos diferentes exposiciones en Madrid en el mismo año Lloréns Poy apunta unívocamente hacia una nueva tendencia temática en su labor plástica. La primera de ellas

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se exhibe entre el 21 de marzo y el 27 de abril de 1974, en la “Galería de Arte Elia”, de Madrid268

. El comentario del analista artístico García Viñolas269, seguidor de la trayectoria de Lloréns Poy desde las primeras exposiciones individuales llevadas a término, en el periódico “Pueblo” con ocasión de la presentación del primer grupo de sus óleos confirma esta realidad270:

“El tema de esta pintura con que abre sus puertas a la claridad de los sentidos una nueva galería de arte es la figura humana mirada en su desnuda plenitud, pero a cuerpo limpio y sujeta siempre a un orden de belleza formal que no lleva a pensar en la corrupción de la carne por achaques del tiempo o de la concupiscencia.

Pintura al desnudo y sin sombras: todas las colinas y los valles que establece la anatomía del cuerpo humano se resuelven aquí en suaves entonaciones de color, sin estrépito alguno de luces ni de sombras. Ese cuerpo humano y a escala natural está dibujado con amor y pintado luego con templanza que lo transforma en un paisaje apacible para el reposo de los sentidos. Toda evidencia, todo descaro de la realidad, se serena en la prudencia de tacto y de color con que Lloréns Poy sabe idealizar su realismo sin arrebatarle con ello esa palpitación de vida que debe contener siempre la humanidad que no se resigna a ser mármol”.

Entre el 27 de mayo y el 15 de junio, aporta uno de los cuadros de la colección: El abrazo, una pieza de 73 X 60 cm. a la

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Gazeta del arte nº 18, Madrid, 15 de marzo de 1974.

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El crítico de arte Manuel Augusto García Viñolas (1911-1999) fue Director General de Cinematografía en los primeros años del franquismo, escritor i director de cine, creador de la revista “Primer Plano”, así como también un refinado coleccionista de obras de arte, especializado en los dibujos de desnudos.

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exposición colectiva que bajo el lema “Adolescencia” (“... ese fuego del cielo que hace vivir cada instante, como el último, de una vida que no tuviera final”, como dice el programa de la muestra) organiza la “Galería Bética” madrileña y que reúne hasta un total de treinta y dos jóvenes artistas, grabadores, pintores y escultores escogidos entre la amplia variedad de tendencias del momento: Isabel Villar, Bordes Caballero, Antonio Agudo, Therese Winnberg, Ramón Muriedas, Miguel Navarro, Nieves Figuera, etc. A finales de año, desde el 29 de noviembre y el 17 de diciembre de 1974, Vicente Lloréns presenta nueva selección de su obra en la “Galería Turner”, de Madrid.

“La trayectoria artística de Lloréns Poy ha estado impulsada por un afán creativo que le introdujo en el trato diverso de la temática. Jamás se detuvo en un motivo especial ni le influyó la tentación humana de acomodar su pintura al reconocido resultado de sus retratos, sus paisajes, sus naturalezas o sus composiciones. Ahora ha querido penetrar en una nueva plástica interpretando el interés estético que ofrece la juventud. Quizá esa misteriosa comunión de los artistas universales al reflejar el sentir de cada época le ha llevado a un tema predominante en el mundo de hoy. Pero Lloréns Poy no se ha valido de los trucos eróticos que caben en el desnudo y ha volcado su sensibilidad de artista en una obra llena de fuerza y de belleza”.

Con estas palabras definitorias del crítico de arte Manuel Romero, se abría el programa catálogo de la exposición de pinturas con las que Vicente Lloréns, a través de más de veinte óleos y diversos grabados, volvía a incidir de manera rotunda y global en el tratamiento del desnudo (masculinos, femeninos, grupales, delicadamente sombreados los unos, con carnosas coloraciones otros, con el impacto de los trabajados escorzos, con la simplicidad de los torsos privados de la personalización en

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los rostros), des de una perspectiva de directas implicaciones escultóricas que no pasó desapercibida pera la mayoría de los comentaristas de prensa especializados en las artes plásticas:

“Estas figuras juveniles, a veces patéticas, que forman el conjunto de su exposición en la Galería Turner, se apartan de otros temas habituales en el artista, como el paisaje y el bodegón, pero mantienen la fidelidad a una limpia forma de expresión, que no se recrea jamás en lo accesorio. Es limpia la línea, el volumen, la composición, la anatomía. Serenos (y tristes) los rostros. Personal el colorido. Palabras definitorias del espíritu de estos cuadros, realizados según una tradición clásica, pero sin olvidar las aportaciones de nuestra época. Más que su historial, brillante, importa contemplar el resultado, la obra de un pintor que se llama Vicente Lloréns Poy”271.

“En Galería Turner presenta Lloréns Poy una serie de óleos con temas de desnudos. De carácter escultórico por la valoración de los volúmenes, peso, densidad, carnaciones y relieve en las formas, estos estudios anatómicos que trata el pintor pertenecen a un estilo, donde su origen clásico se remoza con esa idea simbólica de que el cuerpo humano es, además de referencia en el arte, punto de arranque de un ideal estético. Lloréns Poy emparenta precisamente por eso último, con la sobria manera, manera entre naturalista y apesadumbrada del impar Rosales; por citar antecedente más cercano.

Desnudos de categoría y pureza y, no obstante teñidos –en posibles estados anímicos que pueden percibirse

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“La exposición de la semana”, páginas de huecograbado, ABC, 17 de diciembre de 1974.

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tras una mirada superficial- de nostalgia, por paraíso perdido, consciencia de destinos imperfectos, de destino complicado y extraño a su perfecto nacimiento. Humano y alegórico, Lloréns Poy ofrece estas criaturas desoladas en su timidez, desvestidas con pesar de ellas mismas y a causa de lo reseñado líneas arriba.

Nada más alejado del erotismo fácil, de la cómoda utilización –por tantos pintores errados- del hermoso cuerpo humano como campo de experiencias estilísticas, de esos óleos del pintor. Flexibilidad de dicción lineal, conocimiento de la materia utilizada en matices rosados, grisáceos y verdosos. Sombreados que delimitan músculos, cabellos, claridades de ensueño. Actitudes que denotan belleza y descanso. Así, los cuadros de Lloréns Poy. Sobre tabla, un importante estudio de tema similar y estilo más cercano a grafismo no referencial; abstractizado de un posible antecedente en el Lucas Jordán de sus mejores momentos”272.

“No hay duda, porque bien se lo merecen, que los premios Mayte de teatro hayan recaído, como ganador y como finalista, respectivamente, en Antonio Buero Vallejo y en Maruja Asquerino. No hay duda que ha batido un récord, firmando libros, Pedro de Lorenzo con su “Gran café”. Finalmente, no hay duda que una de las Exposiciones de más alto valor en la pintura española de hoy, es la de Vicente Lloréns Poy en “Turner”. Y lo que no hay duda, desde luego, es que todo son dudas en la hora que vivimos”273.

Momento excepcional, sin lugar a dudas, en el panorama político, y en consecuencia también cultural de la sociedad

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Elena Flórez, El Alcázar, 14 de diciembre de 1974.

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española que, a finales de 1974 vivía los últimos hálitos de la dictadura franquista. No son extrañas por ello las palabras del redactor del periódico conservador “ABC”, ni tampoco las reacciones de incomprensión que en unos primeros momentos afectaron a algunos comentaristas, hasta que un importante sector de la crítica madrileña asumió y afirmó lo que tenía que decir de modo claro, sorprendidos por el viraje monográfico tomado por un artista conocido supuestamente de antemano274 y al que estaban acostumbrados a relacionar con el intenso realismo de su retratística, o con el lenguaje personal, la peculiar interpretación expresionista de sus paisajes.

“La obra apacible de Lloréns Poy, al que no se puede negar una habilidad académica en el dibujo, aquello que se llama “mano” y que apenas es nada en la pintura si queda sólo en eso, cae dentro de un indudable amaneramiento, dentro de la blandura que afecta a cualquier obra sin problema. Llamamos la atención sobre este hecho para explicar el desconcierto que nos produce la muestra de Lloréns Poy, actualmente en cartel en dicha sala”275.

Por ello tiene aún mayor mérito el atrevimiento del pintor al trasladar en aquellos meses conflictivos su paleta a las tierras del norte peninsular, poniendo a punto en muy poco tiempo una exposición en la sala “Retana, Galería de Arte,” de Bilbao entre el 25 de abril y el 8 de mayo de 1975, en la que se combinan la presentación de sus desnudos ante un público muy distinto y desconocido mutuamente, con algunas muestras paisajísticas de ambiente mediterráneo con otras nuevas representaciones de las aldeas, bosques, colinas llenas de verdor del País Vasco, un escenario no

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“Lloréns Poy ha tenido no sólo que superarse de modo continuo, sino también poner de manifiesto algo muy importante para el artista: su capacidad para producir en una temàtica muy variada, entrando en todos los campos, afrontando todas las dificultades”. Jaime Nos Ruiz en Mediterráneo, 21 de diciembre de 1974.

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precisamente apacible ni propicio en aquellas fechas a las manifestaciones artísticas procedentes de la capital del Estado.

El director de la citada sala artística, Alberto Pulido de Retana, lo presentaba así a sus habituales clientes y visitantes de la capital vizcaína:

“Creador de grandes composiciones, demostró su dominio de las formas y su conocimiento de la luz y del color, con un vigoroso manejo del pincel y de la espátula en la mejor concepción pictórica actual. Su reciente exposición en Madrid ha constituido un éxito sorprendente por la audacia de presentar toda una serie de desnudos tratados con fuerza y especial belleza plástica”276.

Y en la misma línea se explicitaba en sus declaraciones a la prensa:

“Alberto Retana le ha traído a Bilbao convencido de que Lloréns es un artista realmente extraordinario. Opina así de él:

- Sí, por su obra le reconocerán; yo diré que la pintura de Lloréns Poy tiene la ventaja de encontrar formas y luces, concepto difícil de lograr.

- ¿Qué opina de los desnudos? ¿No han acusado a la pintura de Lloréns de erótica?

- En todos los desnudos, lejos del erotismo, hay una gran naturalidad, un acusado romanticismo. Quienes de otra

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Texto de presentación en el catálogo de la exposición en la sala “Retana”, Gran Vía, 55 de Bilbao.

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forma opinen es que están faltos de preparación. En los desnudos de Lloréns, hay belleza, no mal gusto”277.

El colofón a la polémica suscitada por la nueva temática de Lloréns Poy entre la sociedad burguesa y biempensante Madrid, acostumbrada a la adquisición de sus retratos plenos a un mismo tiempo de rigor y suavidad, a sus paisajes henchidos de luz no “levantina” sino arraigada en los matices de los muros, de las tierras, de las vegetaciones, se resuelve por sí misma tras el exhaustivo análisis que el historiador y analista Raúl Chavarri Porpeta hace sobre sus desnudos:

Entre las promociones más nuevas de nuestro arte contemporáneo destacan algunas figuras para las que el arte es una tarea múltiple, acometida y cultivada a través de diversas actividades y diferentes formas de expresión. En este sentido, la figura del artista levantino Vicente Lloréns Poy, escultor, pintor, grabador y dibujante, es una de las más destacadas y constitutivas de una manera de hacer que en diferentes modalidades afirma una personalidad y una total comprensión del fenómeno artístico cambiante, pero al mismo tiempo unitario y permanente.

En los últimos meses Lloréns Poy ha celebrado en Madrid una importante exposición, en la que a través de pinturas y dibujos desarrollaba una espléndida teoría no sólo del desnudo, sino de la concepción de la figura humana, llevando a cabo una doble exploración de color y de forma llena de aciertos y expresando una profunda comprensión de los distintos objetivos pictóricos y, sobre todo de la sensibilidad intelectiva con que el artista aborda los diversos géneros.

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Figuras de hombre y mujer, casi siempre en los linderos de la adolescencia, unidas o separadas, representan el despliegue de un mundo sugestivo definido por unos perfiles muy personales, y caracterizado por una gran armonía y belleza. De las dos posibilidades, que son como los nortes diversos del arte figurativo entre la exaltación poética y la rigurosa estructuración arquitectónica, Lloréns Poy extraía los propios fundamentos de su tarea, llegando a una manera de hacer personal y casi indefinible, en la que estaban igualmente puestas en valor la arquitectura de la forma y la originalidad de la concepción plástica puesta al servicio de un indescriptible aliento poético.

Por ello el diagnóstico que parece desprenderse de esta obra se proyecta sobre los límites de la sensibilidad. Lo que Lloréns Poy ofrecía y afirmaba era una vehemente teoría de la sensibilidad, entendida en una triple versión, como determinante del lenguaje plástico, como configuración del acercamiento a la realidad y, sobre todo, en función de una exploración sobre la naturaleza humana. El ser humano, al pintor Lloréns Poy, le interesa en dos tipos de realidades: por un lado, su carácter de ser esencialmente sensible, susceptible de plantearse en un entorno desde su total sensibilidad, por otro, su circunstancia sensibilizadora, basada en el hecho de que el ser humano es para los otros seres una sugerencia sensible, Si la pintura se aplica a desentrañar estos aspectos, su lenguaje puede convertirse en un vínculo entre sensibilidades.

Por ello, estas figuras que Lloréns Poy ofrecía en su última exposición madrileña no necesitan una referencia clara, como ocurría con las artes y los artistas del siglo XIX; no son figuras de romance, ni trasuntos de historia, ni evocaciones de ningún tipo; son, simplemente, figuras

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captadas en la totalidad de su apariencia sensible y ofrecidas al espectador como un canto a la alegría de la existencia, a la diversa multiplicidad de los sentidos, a la mágica belleza de la vida que pasa”278

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El análisis del crítico Raúl Chavarri no correspondía solamente a una visión personal, inteligentemente perceptiva de todos los cambios estilísticos y conceptuales que la última muestra en Madrid había supuesto en la trayectoria plástica de Lloréns Poy. Los inmediatos acontecimientos políticos que, desde los meses finales de 1975, habían ido sucediéndose en España abrirían también las puertas a nuevos aires estéticos, unas esperadas corrientes de libertad expresiva en todos los ámbitos, que aún tendrían que atravesar dolorosamente muy amargos momentos a nivel político, tanto individual como colectivo, pero que paulatinamente suponían la ejecución de unas nuevas formas de contemplación de la realidad en las que las manifestaciones artísticas acompañaron, si no precedieron en muchos casos, a la rápida sucesión de movimientos y actuaciones en el seno de la sociedad española.

Como contraste artístico en múltiples sentidos,

Lloréns recibe una solicitud en octubre de 1975 de parte de una antigua y querida amiga, Amelia Rubert Parra279, con quien había compartido muchos momentos en su primera infancia en Vila-real y más tarde reforzada durante su estancia como becado en la Academia Española en Roma en donde ella trabajaba como profesora en la Casa Central de la Orden tras haber ingresado en la Congregación de Religiosas de Nuestra Señora de la Consolación. En esos momentos, la madre Amelia, elegida Superiora General de la Orden en 1969, había alcanzado la reelección en el Capítulo

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“Lloréns Poy, plástica de la sensibilidad”, Raúl Chavarri, YA, 27 de julio de 1975.

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De propio nombre Carmen Rubert Parra (Vila-real 1914 – Tortosa 1984). Fue Superiora General de la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación entre 1969 y 1981, adaptando el funcionamiento del Instituto a las directrices del Concilio Vaticano II.

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general celebrado en Tortosa en julio de 1975 y se disponía a poner en

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