3. La revelación como escultor (1974 – 1987)
3.3. Perspectivas críticas.
La ejemplaridad de las cualidades innovadoras de la pintura de Vicente Lloréns en la panorámica artística española de finales de los años setenta no pasó desapercibida para los estudiosos más sensibles a los cambios sociales. En la prestigiosa revista Guadalimar289 publica un extenso artículo el analista y político mallorquín Josep Meliá290, notable comentarista también de la actividad artística a través de diversas obras de ensayo y análisis monográficos, bajo el título “La independencia de Lloréns Poy”, del que cabe reproducir algunos de los parágrafos más representativos:
“La transformación de las condiciones político- ideológicas de España por fuerza tienen que influir en el mercado del arte. El pluralismo por fuerza tiene que arrumbar el dualismo rotundo sobre el que se montaron los esquemas analíticos de posguerra.
Cada vez habremos de acostumbrarnos más a que se impongan determinadas evidencias por encima de los encasillamientos esquemáticos, a que la atención y la curiosidad se centren de nuevo en problemas que han
289
Guadalimar. Revista mensual de las artes, nº 19, Madrid, 10 de enero de 1977, páginas 81-84.
290
Josep Melià Pericàs (1939-2000), abogado y periodista, inició su actividad política en 1974 y dos años después fue el fundador del Partido Nacionalista de Mallorca. Incorporado a la Unión de Centro Democrático ocupó diversos cargos de responsabilidad. Aparte de una extensa obra literaria, política e histórica, destacan los estudios estéticos que dedicó a Joan Miró, Sempere, Isabel Villar, John Ulbricht, Antoni Tàpies y muchos otros.
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obsesionado a los artistas a lo largo de generaciones. La involución de los significados nos llevará a escrutar fronteras que permanecen inéditas en dominios que con cierta frivolidad se habían considerado menos actuales que otros espacios abiertos súbitamente a la revelación y a la curiosidad.
El caso de Vicente Lloréns Poy es, en este orden de cosas, casi paradigmático. Su evolución artística ha sido constante, pero, al propio tiempo, segura, sin estridencias. No ha sido de estos artistas que creyendo agotadas las posibilidades expresivas del arte tradicional buscara un desgarramiento filosófico que exigía, como lógica contrapartida, recrear todo el código de signos, sino que ha considerado, pienso que honestamente, y por tanto con toda validez intelectual, que todavía existían en los temas clásicos de la pintura y en la escultura muchas vetas escondidas que tratadas con sensibilidad y afán de renovación podían deparar sorpresas imprevistas y alumbrar zonas de significación emotiva aparentemente escondidas por el barroquismo de quienes trataban los mismos objetos con pereza mental, rutina comercial o vulgaridad conceptual.
Debe haber sido bastante difícil, desde luego, dejar de plegarse a las consignas de los sumos sacerdotes en unos tiempos de desorientación general, de criterios sociales inseguros, y en los que bastaba la santificación o el anatema en determinados ambientes para que la gracia o la impureza se posaran sobre determinados pintores. Bastaría este dato, cuando está claro que viene completado por una trayectoria de superación, de investigación y evolución sosegadamente ininterrumpida, para aplaudir la originalidad y la independencia de este artista de Vila-real”.
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En colaboración con otros tres escritores, Josep Meliá amplía sus reflexiones sobre Lloréns Poy en un libro publicado dentro de la misma colección “Maniluvios”291
, en la que aparecen estudios emblemáticos sobre arte contemporáneo, como Conversación con Cuixart, por Paloma Chamorro, Carlos Mensa. Crónica de una realidad tangente, por Camilo J. Cela Conde, La palabra del arte, por Baltasar Porcel, Brinkmann, por Caballero Bonald y otros, o Conversación con Eusebio Sempere, por Andrés Trapiello. En el caso del que dedican a Vicente Lloréns, su aparición coincide con una nueva exposición en Madrid en el mes de febrero, y a él aportan sus trabajos analíticos, juntamente con Meliá, los escritores Manuel Vicent, Carlos Luis Álvarez y Francisco Umbral. Vale la pena reproducir algunas de las valoraciones aparecidas en esta publicación en los apartados de los diversos autores.
El primero: Un fenicio a la busca de Grecia consiste en la transcripción de una (o varias) prolongadas conversaciones mantenidas por el periodista Carlos Luis Álvarez292 con el artista en su estudio del camino de la Ermita de Vila-real, y en la que van aflorando como si fuesen íntimas confesiones entre amigos, muchas de las creencias, los objetivos y las obsesiones de Lloréns Poy:
“El dibujo tiene que estar en la pintura, aunque esté subyacente e invisible. No hay pintura sin la noción del dibujo. Esa noción es la que sustenta las mejores “destrucciones” creadoras de la pintura.
- Pero el color por el color existe como arte.
291
Lloréns Poy, Ediciones Rayuela, Madrid, 1977. Edición de mil ejemplares.
292
Carlos Luis Álvarez “Cándido” (1928-2006), periodista, adoptó el pseudónimo en honor de un personaje de Voltaire. Colaboró en ABC, Pueblo, RTVE, Hermano Lobo y la Agencia EFE, y por su estilo elegante y certero recibió numerosos premios periodísticos, como el Mariano de Cavia, el Luca de Tena y el González Ruano. A su muerte era Presidente de la Asociación de Periodistas Europeos.
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- De la misma manera que existe el amor por el amor. Pero eso es tóxico. A la pintura, como al amor, hay que darle un sentido no sólo en la imaginación, sino en la atmósfera del cuadro. La pura abstracción (en el caso de que entendamos la abstracción como carencia de dibujo) es la pura mística.
Yo he tenido que inventarlo todo, incluso mi propia lucha. Porque yo no he tenido razones decisivas para luchar. A mí se me dio todo hecho. Las materias orgánicas para convertirlas en colores; la tierra de mi huerto para modelar, la facilidad; el maestro y su taller; los diálogos casi renacentistas sobre el color y la forma; la comodidad familiar que me convirtió, sin problemas, en un monje de la pintura. Yo he tenido que buscar los obstáculos dentro de mí. Y cuando no los encontraba, yo mismo me hacía obstáculo.
- El desnudo.
- El desnudo o la fascinación. Te dije que a mí se me dio todo, o casi todo, hecho. Pero esa facilidad estaba condicionada por un ámbito de austeridad muy estricta. Nacido y educado en una familia de fuertes convicciones sociales y religiosas, la creación imaginativa del desnudo, el juego pagano con el cuerpo, era casi una superstición. No hablo de un trauma psicológico, ni nada de eso. Yo estaba acostumbrado a los modelos desnudos desde los doce años. Era la libertad de soñar, de pintar el cuerpo, su escorzo orgiástico, su desvertebramiento oferente, su festín. Mi problema –mi fascinación- era el de la belleza del cuerpo, el proceso de la belleza del cuerpo, en cuyo fondo hay un misterio que nunca se desvela”.
Josep Meliá insiste en el segundo de los apartados, que tituló Proceso de rebeldía, en el carácter autónomo y original de la obra
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de Lloréns Poy, más allá de las modas ocasionales o de los subterfugios artificiosos que, en aras de una pretendida modernidad, se convirtieron en efímeras convenciones de mal disimulado mercantilismo.
“La velocidad de la mutación social es mucho mayor que la capacidad de consolidación de las tendencias. Y es ahí, precisamente, donde yo colocaría la importancia del arte de Vicente Lloréns Poy. En este punto dialéctico en el que conceptos antitéticos se convierten en síntesis. Desde el pasado y hacia el futuro, la historia se hace presente, el compromiso se troca en actualidad. Materias, conceptos, técnicas, instrumentos, temas, que parecen arrancados del ayer se vuelcan en la más estricta tónica de la vida y su proceso voraginoso.
Lloréns viene de los clásicos, de la academia, pero no viaja hacia el museo ni hacia las catacumbas. No lleva en sus sandalias aromas de alcanfor ni de naftalina, sino tierra caliente, sazonada, viva, creadora. El artista está haciendo una síntesis que es, ni más ni menos, una parte de la filosofía de la época que le ha tocado vivir. Asumiéndola, desenmascarándola, refinándola a través de la cultura del hombre, Lloréns Poy nos acerca no tanto a lo que somos como a lo que pudimos ser y a lo que seremos.
Esta juventud entrevista, nunca del todo perdida, no es una manera de recobrar los años que a todos se nos fueron en sueños que desgastó el paso de los huracanes. Es el anticipo de una nueva edad histórica en la que la felicidad será patrimonio de todos los hombres. Verdaderamente el artista ha encontrado una poderosísima razón para rebelarse.”