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Esquema de la argumentación

La trama argumentativa se expresa en una multiplicidad de textos que son total o parcialmente construidos a través de ella: la publicidad (gráfica, televisiva), las cartas de lectores, los artículos y los editoriales de los diarios, los informes científicos, un debate en el consejo académico, la discusión acerca de una nota en un examen son ejemplos de textualidades en las que interviene la argumentación. La forma básica es HIPÓTESIS (premisa) – CONCLUSIÓN.

Analicemos un ejemplo:

(1) Juan y Pablo, mis amigos de Lima, son una pareja gay. Por lo tanto, no están casados. La expresión “por lo tanto” en este ejemplo no reproduce una relación semántica, es decir, una relación causal entre dos circunstancias, sino que es pragmática, esto es, que se refiere a la acción de quien saca la conclusión. Para que esta conclusión se dé, es necesaria la premisa

implícita más general de que existe una regla que estipula en Perú que el matrimonio es un

contrato social entre personas de distinto sexo: el hecho de que Juan y Pablo no estén casados resulta de que existe –entre otras cosas– esa regla. A esta clase de condiciones generales que son necesarias para garantizar las conclusiones en las argumentaciones cotidianas se las llama LEGITIMIDAD –“autoriza” a alguien a llegar a una conclusión determinada. Esta premisa general puede explicarse en el contexto en el que aparece, de modo que así se produce un REFUERZO a la demostración– en el ejemplo, podría ser que en el Código Civil peruano y en la tradición católica el fin primero y último del matrimonio es la reproducción, para la que se ha necesitado la existencia de la unión hombre-mujer. Como vemos, no son argumentos que se desprenden de la premisa inicial sino que pertenecen al mundo de los supuestos circunstanciales sobre los que se basan las aceptaciones o rechazos de determinadas ideas, esto es, al MARCO en el que se da el texto argumentativo. De hecho, este análisis carece de validez en países en los que el matrimonio entre personas del mismo sexo está legislado.

Veamos otro ejemplo:

(2) A: ¿Te importaría dar una opinión acerca de la relación entre sexualidad y discapacidad? B: Es un tema muy complicado.

Estamos ante un caso de argumentación indirecta, por parte de B, quien considera suficiente nombrar una circunstancia para que A saque su propia conclusión (-sí, me importaría dar una opinión y no quiero hacerlo, pongamos por caso). A este tipo de enunciado argumentativo se lo llama JUSTIFICACIÓN (van Dijk, 161).

Por otro parte, a veces se quiere justificar una aseveración con respecto a acciones, de modo que se requiere un argumento práctico, cuya CONCLUSIÓN es una orden, prohibición, un consejo, etc. (hacé x). Tal es el caso de los anuncios publicitarios, donde la conclusión es

imperativa: consumí, comprá, acercate a, etc. Para justificar con mayor exactitud la conclusión, el argumento aquí suele recurrir a HECHOS:

(3) 1. Usá preservativos (conclusión).

2. Los preservativos disminuyen el riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual (hecho).

Diferencias de opiniones y gradualidad:

La expresión de la diferencia en la opinión puede ser implícita o explícita. En el medio, hay grados de manifestación que marcan el desacuerdo y que permiten mostrar cómo se posicionan los sujetos frente a su argumento:

(4) María: Pienso que la universidad debiera implementar examen de titulación. José: Eso es un disparate, ¿para qué fueron aprobando las instancias parciales?

(5) María: Pienso que la universidad debiera implementar examen de titulación… José: Foucault dice que el examen es una instancia de represión.

En (4), la manifestación del desacuerdo es explícita; en el segundo, implícita. Pero hay algo más: en (4) hay una descalificación de argumento inicial (“Eso es un disparate”) y en (5) se desaprueba apelando a la falacia de autoridad –si Foucault lo dice…–. En el primer caso, la interacción de José en (4) pareciera más definitiva e intolerante que la del José de (5), quien, además, exhibe como recurso el saber y refuerza su opinión con la intromisión de la palabra de otro; además de ser menos violento (o más educado y cordial, si se quiere), José se presenta apadrinado en (5) y, a la inversa, a María se la ve sola.

Puntos de vista: negativos, positivos y neutrales

Las personas en general adoptamos puntos de vista sobre las cosas más variadas. Incluso variamos nuestra opinión sobre la misma cosa y, muchas veces, cambiamos nuestra opinión en una interacción, por distintas razones. Varía también la fuerza de nuestra opinión:

(6) Estoy seguro de que todos conocen el miedo.

(7) Sospecho que todos conocen el miedo.

(8) No creo probable que todos los individuos tengan miedo en algún momento. (9) Es dudoso que haya individuos carentes de miedo alguna vez.

(10) Supongo que existen personas que no temen a nada.

(11) Debiste haber tenido miedo alguna vez.

Las opiniones –positivas, como en (6), negativas, como en (8), y neutrales, como en (10)– pueden construirse con base en una afirmación y una negación parcial o total, utilizando así conectores tales como pero, sin embargo, excepto. Pero también, debemos recordar que un punto de vista positivo o negativo puede utilizarse con apariencia de neutral, como negatividades disfrazadas, entre otras variantes. Esto depende, entonces, de la acción en el discurso:

(13) Me pregunto si realmente vale la pena estudiar tanto.

Las expresiones (6) a (13) presentan indicadores del punto de vista en cursiva. Agreguemos otros:

(14) Mi punto de vista es que… (15) Somos de la opinión de… (16) Pienso que…

(17) Si me preguntás,… (18) Mi conclusión es que… (19) Es por eso que…

(20) Simplemente no es verdad que…

(21) La base de la sociedad entonces es la economía (22) Por lo tanto, la propuesta…

(23) Estoy convencido de que… (24) La forma en que yo lo veo… (25) En otras palabras,…

(26) En definitiva… (27) En verdad,…

(28) Podría llegar hasta decir que… (29) Considerando todas las variantes,… (30) Lo que tenemos necesidad de acordar… (31) Es una buena idea…

Existe, aparte de estos indicadores, una modalidad verbal –llamada modalidad

deóntica– que expresa con fuerza un punto de vista adoptado:

(32) La gente no debería querer… (33) Todos los archivos deberían ser… (34) El lenguaje pomposo debería evitarse… (35) Nunca debés ser tan…

(36) Esa medida es injusta…

(37) Que no puedas venir es…

(38) Es necesario que…

Recursos “entre líneas”: un ejemplo

En la argumentación crítica se tiende a discutir si el punto de vista adoptado es aceptable, independientemente de que estemos de acuerdo o no. Más allá de las características del texto argumentativo, veamos cómo tratamos de dilucidar en un ejemplo del cuaderno de trabajo el esquema argumentativo de un texto. A los fines de esta muestra sólo expondré un fragmento y algunos recursos:

Nosotros, los victorianos

Mucho tiempo habríamos soportado, y padeceríamos aún hoy, un régimen Victoriano. La gazmoñería imperial figuraría en el blasón de nuestra sexualidad retenida, muda, hipócrita.

Todavía a comienzos del siglo XVII era moneda corriente, se dice, cierta franqueza. Las prácticas no buscaban el secreto; las palabras se decían sin excesiva reticencia, y las cosas sin demasiado disfraz; se tenía una tolerante familiaridad con lo ilícito. Los códigos de lo grosero, de lo obsceno y de lo indecente, si se los compara con los del siglo XIX, eran muy laxos. Gestos directos, discursos sin vergüenza, trasgresiones visibles, anatomías exhibidas y fácilmente entremezcladas, niños desvergonzados vagabundeando sin molestia ni escándalo entre las risas de los adultos: los cuerpos se pavoneaban.

A ese día luminoso habría seguido un rápido crepúsculo hasta llegar a las noches monótonas de la burguesía victoriana. Entonces la sexualidad es cuidadosamente encerrada. Se muda. La familia conyugal la confisca. Y la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora. En torno al sexo, silencio. Dicta la ley la pareja legítima y procreadora. Se impone como modelo, hace valer la norma, detenta la verdad, retiene el derecho de hablar – reservándose el principio del secreto–. Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres. El resto no tiene más que esfumarse; la conveniencia de las actitudes esquiva los cuerpos, la decencia de las palabras blanquea los discursos. Y el estéril, si insiste y se muestra demasiado, vira a lo anormal: recibirá la condición de tal y deberá pagar las correspondientes sanciones.

Lo que no apunta a la generación o está trasfigurado por ella ya no tiene sitio ni ley. Tampoco verbo. Se encuentra a la vez expulsado, negado y reducido al silencio. No sólo no existe sino que no debe existir y se hará desaparecer a la menor manifestación –actos o palabras–. Por ejemplo, es sabido que los niños carecen de sexo: razón para prohibírselo, razón para impedirles que hablen de él, razón para cerrar los ojos y taparse los oídos en todos los casos en que lo manifiestan, razón para imponer un celoso silencio general. Tal sería lo propio de la represión y lo que la distingue de las prohibiciones que mantiene la simple ley penal: funciona como una condena de desaparición, pero también como orden de silencio, afirmación de inexistencia, y, por consiguiente, comprobación de que de todo eso nada hay que decir, ni ver, ni saber. Así marcharía, con su lógica baldada, la hipocresía de nuestras sociedades burguesas. Forzada, no obstante, a algunas concesiones. Si verdaderamente hay que hacer lugar a las sexualidades ilegítimas, que se vayan con su escándalo a otra parte: allí donde se puede reinscribirlas, si no en los circuitos de la producción, al menos en los de la ganancia. El burdel y el manicomio serán esos lugares de tolerancia: la prostituta, el cliente y el rufián, el

psiquiatra y su histérico –esos "otros Victorianos", diría Stephen Marcus– parecen haber hecho pasar subrepticiamente el placer que no se menciona al orden de las cosas que se contabilizan; las palabras y los gestos, autorizados entonces en sordina, se intercambian al precio fuerte. Únicamente allí el sexo salvaje tendría derecho a formas de lo real, pero fuertemente insularizadas, y a tipos de discursos clandestinos, circunscritos, cifrados. En todos los demás lugares el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo.

¿Estaríamos ya liberados de esos dos largos siglos donde la historia de la sexualidad debería leerse en primer término como la crónica de una represión creciente? Tampoco, se nos dice aún.

Foucault, Michel. “Nosotros, los victorianos”. En Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, vol. 1. Buenos Aires: Siglo XXI, 1977.

Observamos algunos recursos que utiliza Foucault para enfrentarse con el discurso imperante de la sexualidad:

a) Utiliza palabras que llevan en sí marcas negativas: gazmoñería, hipócrita, detentar… b) Utiliza otras palabras que en este contexto tienen un significado común, aunque en el

diccionario signifiquen cosas diferentes: retenida, muda, enterrada, secreto, silencio, confisca.

c) Por el contrario, usa palabras que suelen mirarse despectivamente y que aquí cumplen una función provocativa y positiva: niños desvergonzados, cuerpos que se pavoneaban… d) Y otras, que se tratan objetivamente, como conceptos, no como evaluadores morales: lo

grosero, lo obsceno, lo indecente, el estéril… Otros recursos que se usan para armar un argumento:

e) Un ritmo de escritura a través de las enumeraciones, porque estas insisten sobre una idea, la amplifican, la detallan.

f) Juegos de contrastes: Foucault describe cómo era la sexualidad antes de la acción represora del XIX y le llama “ese día luminoso” (inicio del tercer párrafo), en oposición con la “oscuridad”.

g) Acude al ejemplo: “Por ejemplo, es sabido que los niños…”

h) Asume la palabra del “enemigo”, como si aquel que habla fuera una persona. Esto lo dice, lo piensa el discurso sobre la sexualidad del siglo XIX, no el autor:

Si verdaderamente hay que hacer lugar a las sexualidades ilegítimas, que se vayan con su escándalo a otra parte… (10).

∂ Actividad

En los debates por la legalización del aborto, hubo planteos a favor y en contra de la ley. Por grupos, planteen una posición a favor y otra en contra y construyan un argumento para cada caso. Recuerden que están argumentando; deben ser convincentes.

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