UN ESCENARIO, PARA MI PEQUEÑA FIGURA
EL ESTÍMULO DESDE EL EXTERIOR
Las invasiones extranjeras no siempre fueron malas para los niveles educacionales. La soldadesca Normanda que llegó a Inglaterra en 1066 fue seguida bastante rápido por una inundación de documentos Latinos, ofreciendo a una creciente banda de estudiosos acceso a la sabiduría que se había estado acumulando en los rincones del continente desde la caída del imperio Romano. Y, aparte de sus errores los últimos constructores de imperio europeos trajeron un nivel de educación anteriormente desconocido al menos para algunos de los nuevos súbditos, incluso en algunas de las que habían sido ilustradas sociedades musulmanas, donde la escolarización todavía significa el estudio de la fe, como lo había sido en la Europa medieval. En la India, nombres como Mayo o Sophia College están todavía entre los líderes, y su nativa Aligarh Muslim University fue establecida en 1875 en una emulación conciente a los modelos occidentales.
En la Europa moderna, la derrota en batalla por Napoleón en 1806 conmovió tanto a Prusia que dispuso una modernización completa de las principales instituciones del estado, no solo del sistema educacional, que entonces estaba
69 bastante avanzado, para los niveles de aquel tiempo. Unas pocas décadas después, el movimiento de reforma estaba pagando un importante dividendo: las modernas escuelas y universidades de Prusia eran la envidia de Europa, y estaban alimentando la revolución industrial que para 1900 le había permitido a Alemania sobrepasar al líder formal, Gran Bretaña.
Envidiada por los resultados educacionales, y por lo tanto económicos, para finales del siglo 19 se convirtió en un estímulo para incrementar tanto la calidad como la cantidad de escolarización. En Gran Bretaña vino a ser ampliamente considerado que la pobre demostración del país, comparada con Francia y Prusia, en la gran Exhibición de París de 1867, debería haber sido causada porque estos países estaban enseñando mejor a sus jóvenes. La lección aprendida fue que el estado necesitaba tomar un papel activo en la educación, como se había hecho crecientemente en la tierra firme europea desde 1800. En 1870 una nueva ley situó a Gran Bretaña en el camino de un sistema nacional de escuelas elementales, dirigidas por consejos locales financiados por impuestos.
En la misma época, con el final del feudalismo, Japón se decidió que para la expansión total de las oportunidades educacionales de los ciudadanos comunes durante el período Edo, se necesitaba adoptar los principios más igualitarios educacionales del Occidente, con el evidente objetivo de acelerar el progreso económico. En 1871 fue establecido un ministerio central de educación según el modelo europeo. La educación elemental fue obligatoria para todos –incluyendo las niñas que, como hasta entonces, esto no había sucedido en Japón y la mayoría de otros países.
Más recientemente, la historia ha recorrido un círculo completo, con Alemania descubriendo para su horror, en un estudio gigante de 1996 sobre el progreso académico de los estudiantes alrededor del mundo, que sus niveles educacionales ya no eran envidiados, y que los japoneses y otras escuelas del Este de Asia eran mejores en la enseñanza básica de las matemáticas y la ciencia. Al mismo tiempo, irónicamente, el Este de Asia estaba comenzando a mirar atrás con envidia a la educación en el Occidente, habiéndose convencido que debería ser inspiradora de alguna forma la creatividad e iniciativa que ellos consideraban que le faltaba y necesitaba el Este de Asia.
¿ENSEÑANDO QUÉ, Y POR QUÉ?
Hasta que las preocupaciones utilitarias comenzaron a influenciar los currículos, la escolarización –aunque en la mayoría de los países fue creada originalmente como un entrenamiento para el empleo de aquellos que entraban en las instituciones del gobierno o la religión- era más acerca de inspirar carácter, cultura y moralidad en las mentes jóvenes que trasmitirle habilidades. Las escuelas orientales buscaban estas virtudes en las obras de Confucio y las palabras de Buda. En el Occidente se estudiaban los viejos filósofos e
70 historiadores griegos y romanos, por lo menos en lo que concernía a la elite. Para el resto, la Biblia era el principal libro de texto.
Mucho antes de que la idea tomara fuerza en el Occidente de que extender la educación a las masas fuera una responsabilidad del estado, las iglesias habían llegado a ver esto como parte de su misión. Según los europeos se extendieron a nuevos territorios alrededor del mundo, sacerdotes y monjes establecieron escuelas, esperando convertir a sus habitantes a través de la educación. La primera escuela elemental en las Américas fue establecida en México en 1523 por un monje franciscano. A pesar del crecimiento del racionalismo desde finales del siglo 18, las iglesias, o las personas individuales con el deseo de extender la Palabra de Dios, continuaron siendo una fuerza impulsora en llevar la ilustración a las clases bajas.
De la Ilustración en adelante, la idea de la educación como un derecho comenzó a tomar fuerza y los currículos fueron ampliados para incluir materias más utilitarias tales como las ciencias y el lenguaje moderno. Pero el proceso tomó tiempo. La utilidad era una noción relativa: Jean –Jacques Rousseau, uno de los pensadores más importantes de la Ilustración sobre la educación, consideraba que la escolarización de las niñas debían concentrarse en la práctica de ser una buena esposa y madre; Napoleón, un considerable reformador de la educación francesa, estuvo de acuerdo.
Los gobiernos no se apresuraron por proclamar su deber educacional. La carta de derechos agregada a la Constitución de los recién establecidos Estados Unidos de América firmada en 1789 garantizaba la libertad de expresión y de juicio justo, pero no el derecho a ser enseñado a leer y a escribir. Las constituciones escritas en el siglo 20, –por ejemplo, la escrita por los norteamericanos para Japón después de la Segunda Guerra Mundial- muestra, sin embargo, que ha sido tomado ahora como natural que el estado tenga el deber de asegurar que todos sus niños reciban una educación.
En muchos países el estado todavía es incapaz de cumplir tal obligación. A veces es falta de gobiernos corruptos o caóticos. Para muchos países pobres, aun en los bien gobernados, construir escuelas (y todavía más), el costo de mantenerlas funcionando y entrenar a los maestros son ambos una batalla por dinero y una carrera contra el crecimiento de la población. El pasado siglo 20 ha traído un avance destacado: las Naciones Unidas reconocen que entre 1980 y 1995 la tasa mundial de analfabetismo entre personas mayores de 15 cayó del 31% al 23%. Pero esto todavía deja cerca de 900 m de analfabetos, más de la mitad de ellos en la India, solamente de cuyo medio billón de habitantes pueden leer y escribir.
En el mundo rico, casi todo el mundo puede leer o escribir, un cambio estupendo alcanzado mayormente en los pasados 300 años. Pero la ilustración también es un término relativo. Un estudio internacional en 1997 que medía la
71 profundidad de la ilustración encontró que, aun en la altamente educada Suiza, cerca de un quinto de todos los adultos estaban al “nivel uno”: ellos podían entender las instrucciones en una botella de aspirina, pero nada mucho más complicado. Tales diferencias se mantienen, aun cuando los gobiernos de países ricos gastan en estos días cerca del 13% de su presupuesto, 5-6% del ingreso nacional en educación.