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La relativa autonomía de la educación superior y media con

UN ESCENARIO, PARA MI PEQUEÑA FIGURA

TECNOLOGÍA: MÁS ESTÍMULO QUE HERRAMIENTA.

5. La relativa autonomía de la educación superior y media con

respecto al Estado y la sociedad civil, plantea una diversidad de problemas con relación a su carácter público. ¿Formaban parte las instituciones educativas de la esfera pública o eran tan solo “aparatos ideológicos” del Estado, de acuerdo con la definición althusseriana? Cualquiera que sea la representación que nos hagamos al respecto, lo cierto es que a lo largo del siglo XIX cubano se observó una tendencia a que los espacios destinados a la enseñanza se independizaran del Estado.

No pretendemos, desde luego, que el progreso de la educación o de la ilustración provocase la revolución del 68. Podría argumentarse incluso que la revolución inventó esos progresos educativos o doctrinales para justificar ideológicamente sus orígenes atribuyéndolos a una recopilación de autores y textos de avanzada. ¿Acaso no han pretendido algunos historiadores que los inicios de la revolución del 68 se encontraban en el discurso de graduación de Ignacio Agramonte o en los estudios de Carlos Manuel de Céspedes en Cataluña? No pensamos que los orígenes de la revolución se encuentren en determinadas manifestaciones intelectuales. De ahí que nos remitamos a la esfera pública, a las políticas coloniales con respecto a la educación y a la estructuración de instituciones culturales, entre otros procesos de carácter estructural, para explicar la diversidad de hechos que inciden en vísperas del estallido revolucionario, sin que le atribuyamos tampoco un carácter fundacional.

97 Tal proceder nos permitirá restituir a las contradicciones del patriciado y la clase media criolla con el poder colonial y a los progresos de la sociabilidad y de los procesos educativos y culturales, una dinámica propia. De ese modo nos acercaremos más a los enfrentamientos de clases o grupos en determinados ámbitos o espacios, que a las representaciones filosóficas o doctrinales claras y bien elaboradas de determinados protagonistas. Pensamos que ese enfoque nos facilitara discernir no solo corrientes ideológicas, sino también actitudes y conductas espontáneas e inmediatas, no solo actitudes militantes, voluntarias y razonadas, sino como tomas de partido, casuales. o inmediatas. lvii

El espíritu con que el Estado colonial trató la cuestión de la educación de las comunidades criollas en las sociedades coloniales determinó cambios en sus proyecciones y en su incidencia sobre estas. De ahí la necesidad de recalcar las distintas orientaciones que le impartieron Fernando VII y los regimenes liberales españoles del siglo XIX.

La fundación de la Universidad en la Habana en 1728 a instancias reiteradas del cabildo habanero y de la orden de los dominicos. La creación del alto centro de estudios no incidió en transformaciones substanciales de la mentalidad criolla en sus inicios, ni propició cambios en las estructuras básicas de la sociedad colonial. A lo largo de un siglo los planes de estudios de la Universidad no experimentaron cambios algunos. Se consideraba que la religión y la filosofía constituían las ramas fundamentales del conocimiento. Los juicios que se formasen los criollos en cualquier campo del conocimiento debían subordinarse y ajustarse a como diera lugar con los postulados inmutables de la religión y filosofía. Las autoridades religiosas y educativas Imponían la enseñanza del escolatiscismo. Las concepciones iluministas que accedían penosamente a las aulas lo hacían de manera encubierta. Los esfuerzos por superar la situación descrita. procedieron fundamentalmente de dos rectores criollos de la Universidad sin que tuvieran resultado alguno. En 1751 y 1765 el rector Juan Francisco Chacón ( - 1789) trató de introducir cambios en los planes de estudios encontrando en un primer momento la oposición de los decanos de la facultad y los conciliaros en la Universidad y luego la negativa. del Monarca de 15 de Noviembre de 1767 a que se enseñase filosofía experimental en Cuba. Las proposiciones inalterables de la religión y la filosofía escolástica no estaban sujetas a experimentación ni comprobación en otros campos del conocimiento.

lviii En 1792, otro Rector habanero, José Ignacio Calderón y Berchi, intentó hacer

una reforma universitaria sin éxito.lix Las investigaciones realizadas por el

historiador Luis Felipe Le Roy, revelan que a pesar de los fracasos reiterados en introducir innovaciones en los planes de estudio, los rectores lograron subrepticiamente cambios en la enseñanza de la filosofía. De acuerdo con las traducciones del latin realizadas por Le Roy, con la ayuda de los presbiteros Bruno Roccano y Domingo Romero, de los cuodlibetos o cuestionarios de alumnos de la Universidad del siglo XVIII, estas proposiciones rebasaban los presupuestos de la filosofía escolástica. Nuestro colega comprobó en los expedientes universitarios de los alumnos la presencia de conceptos de Descartes, Copernico, Newton, Pascal, Franklin, Torricelli entre otros. De ahí que los dominicos procedentes de las familias patricias más importantes de la

98 colonia, mostraban desde el siglo XVIII la misma inconformidad de su clase ante las pautas e imposiciones del poder colonial.lx

El Consejo de Indias no se conformaba con impedir toda reforma de los estudios, sino que alentaba disposiciones encaminadas a derogar dispensas del primer centro de estudios docente Por Real Cédula de 20 de Diciembre de 1784, se suprimieron los estudios de Derecho en las Universidades de Santo Domingo, Lima, Mexico y la Habana. A los efectos de subordinar aun más la practica del derecho a las instancias superiores de la península, se ordenó por Real Cédula de 29 de Marzo de 1789 que los criollos estudiasen jurispredudencia en las universidades españolas, debiendo ejercer durante seis años en la península, antes de poderlo hacer en Cuba. lxi

Concientes del atraso de la educación universitaria en Cuba, muchas familias patricias decidieron enviar sus hijos a estudiar en el Colegio Santa María de Baltimore, bajo la dirección del Obispo William Dubourg. Entre 1799 y 1800 salieron 23 jovenes de la isla a estudiar en el alto centro de estudias norteamericano. Por Real Cédula de 1899, se ordenó al gobernador de Cuba que no permitiera salir a Estados Unidos ningún joven con el designio de realizar estudios “en un país esencialmente republicano, porque no es posible dejen de impregnarse de máximas sumamente peligrosas”. No conforme con impedir el ingreso de jovenes criollos en el poderoso país vecino que había alcanzado la independencia, se dictó una Real Orden de 25 de Enero de 1802, por la cual se instruía su retorno inmediato a la Isla. lxii

Las demandas de la clase letrada criolla de promover la reforma de la enseñanza se escuchaban por aquellos años con particular fuerza. El presbítero José Agustín Caballero clamaba en la Sociedad Patriótica de la Habana, por “ una reforma de estudios digna del siglo en que vivimos, del suelo que pisamos, de la hábil juventud, en cuyo beneficio trabajamos, y de los ilustres cuerpos a quienes pertenecemos” La crítica de Caballero se extendía en consideraciones sobre la forma “ en que las escuelas se mantienen tributarias escrupulosas del Peripato y no enseñan ni un solo conocimiento matemático, ni una lección de química, ni un ensayo de anatomía práctica; (y) que la ilustre Universidad de al cabo de 57 años, no ha querido reconocer la necesaria vicisitud de los conocimientos humanos” lxiii Los sectores letrados criollos demandaban de la

dinastía borbónica que tal como promovió la formación de una conciencia sectorial o corporativa de sus intereses económicos a traves de las Sociedades Económicas de Amigos del País, propiciara su emancipación intelectual en virtud de la reforma de los estudios filosóficos y científicos en los centros docentes. En ese sentido las demandas criollas trascendían los límites que se consideraban permisibles en la época: los borbones no podían acceder a que las clases letradas criollas comenzaran a pensar con cabeza propia y alcanzaran su emancipación espiritual. Los borbones podían conceder a lo sumo que las clases letradas criollas adquiriesen conciencia de sus intereses en si, dentro de los supuestos del dominio colonial, nunca que pensaran en término de sus intereses para sí. Pensaban que la emancipación filosófica alentada por la ilustración francesa había conducido a la emancipación política. Las mismas ideas de las Luces en Cuba podían estimular una revolución independentista.

99 La invasión napoleónica de España provocó la clausura de las universidades, las cuales no retornaron a la normalidad hasta 1812. Solo en el trienio constitucional de 1820 a 1823 se instauró un plan de estudios que alentaba las lecciones de filosofía, matemática, la física y las ciencias naturales. Se estimulo también la cátedra de estudios constitucionales regenteada por Prudencio Echevarria en la Real y Pontificia Universidad de la Habana y de Félix Varela en el Seminario de San Carlos. Los estudios en el Seminario San Carlos dieron alas a la formación de un movimiento liberal de corte reformista en la nueva generación de la clase de plantaciones criolla. Entre sus miembros más relevantes se encontraban Domingo Del Monte y José Antonio Saco. El regreso al trono por Fernando VII en 1823 implicó el reemplazo de las materias científicas y políticas por las teológicas y jurídicas. La restauración del absolutismo significo también el retorno de los dominicos a la dirección de los estudios universitarios. La única universidad del reino que no fue clausurada fue la de la Habana, una vez que los dominicos se encargaron de erradicar en buena medida todos los vestigios de racionalismo e ilustración. El movimiento liberal gestado al calor del trienio constitucional fue severamente reprimido mientras Fernando VII se mantuvo en el trono.

Acorde con la orientación de impedir los estudios de los criollos en el exterior, una Real Orden de 24 de Febrero de 1829 reiteraba la prohibición de 1802 de que los jóvenes cubanos no estudiasen en Estados Unidos. Por esos años se firmó una Real Orden de 17 de Abril de 1832, disponiendo no se permitiese a los súbditos de la monarquía borbónica estudiar en Francia o en Estados Unidos. lxiv. las prohibiciones fueron burladas por las familias patricias y de

plantadores, que continuaron enviando discretamente sus hijos a Europa y a Estados Unidos a estudiar. El celo de los Capitanes Generales no alcanzó a inhibir la sociedad criolla en ese sentido. De acuerdo, con articulo editorial de El Siglo de 30 de Septiembre de 1862, en 1860 “pasaban de cinco mil estudiantes los que había en distintos puntos de la Unión Americana”. lxv Si bien es cierto

que la noticia se publicaba durante el gobierno liberal contemporizador de Serrano y no en el de Concha, parece evidente que les resultaba imposible a las autoridades coloniales imponerle a los criollos ese tipo las prohibiciones estipuladas por las Reales Ordenes de 1802, 1829 y 1832.

No dejo de tener significación el hecho que entre los dirigentes de la revolución de 1868, algunos de los principales hubieran estudiado o visitado Europa o Estados Unidos en los decenios de 1850 y 1860. Así Carlos Manuel de Céspedes, estudio en Barcelona y viajo por Inglaterra, Ignacio Agramonte, estudio también en Barcelona, Francisco Vicente Aguilera, viajó por Estados Unidos, Eduardo Machado estudió en Alemania, Estados Unidos y Francia., Francisco Maceo Osorio, en Barcelona y Madrid, Eduardo Agramonte en Barcelona, Antonio Luaces, en Francia, Enrrique Collazo, en Segovia; Fernando Figueredo Socarras, en Estados Unidos, José Morales Lemus y Cirilo Villaverde vivieron expatriados en Estados Unidos.

Aprovechando que muchos jóvenes no podían estudiar fuera del país sin contar con ayuda oficial alguna, se fundaron desde 1830 a 1860 varios establecimientos educacionales privados de cubanos y de inmigrantes

100 españoles liberales, que le impartieron una orientación progresista a la educación Entre los colegios que se fundaron se destacaban San Cristóbal de Carraguao, San Fernando, el colegio Salvador, La Empresa y otros. Entre los alumnos de José de la Luz y Caballero en Carraguao se encontraban Francisco Vicente Aguileraa, Pedro Perucho Figueredo, Honorato del Castillo, Manuel Sanguily, Antonio Zambrana, Marcos García, Luis de Ayesteran, Manuel Sanguily, José Guiteras, Juan Clemente Zenea, Enrrique Piñeiro y otras personalidades dirigentes del movimiento revolucionario de 1868. lxvi Luego del

fallecimiento de Luz y Caballero, el colegio continuo su orientación liberal y patriótica. A diferencia de otros colegios criollos que fueron clausurados por las autoridades con motivo del estallido de Yara, Carraguao desapareció en 1869 con la muerte repentina de su último director quien había desertado al final de sus días de la causa liberal. lxvii

Otro plantel destacado fue “La Empresa” de Matanzas. De acuerdo con el investigador matancero, García Gonzales, el colegio fue un centro de de formación patriótica donde estudiaron muchos de los manzanilleros y bayameses que dieron inicio de las guerras independentistas. lxviii Un colegio de

tres pisos que tenía en 1863, 263 alumnos y 25 profesores. Sus directores fueron Eusebio y Antonio Guiteras, José Antonio Echevarría. De acuerdo con Jose´Martí, el colegio matancero había sido un destacado centro de educación, “donde se crió tan buena juventud”. Al ser clausurado por las autoridades españolas en 1869 con motivo del inicio del movimiento revolucionario de Yara, un gacetillero del “Diario de la Marina” aprobaba la medida porque “ese colegio no es plantel de educación, sino nido de viboras” lxix

La historiadora Hortensia Pichardo, estudiosa del proceso educativo

cubano en el siglo XIX, pudo decir de estos colegios que “ tuvieron como profesores a hombres de los más cultos y de ideas más avanzadas de la Isla (y) en ellos se preparó la generación de 1868..”. lxx Los testimonios de la época

revelan que en las escuelas criollas, se cultivaban los sentimientos nacionales y se impartía una educación liberal. De ahí que entre sus educandos se encontrasen destacadas figuras del movimiento revolucionario y reformista. El 22 de agosto de 1840, el Capitán General de la Isla, nombró una comisión para a formar un reglamento para la Universidad y un plan general de enseñanza para Cuba de acuerdo con el de España. Después de discutir sus pormenores en el Consejo de Indias, se dictó una Real Orden de 24 de Agosto de 1842 para Cuba y Puerto Rico. De acuerdo con las nuevas orientaciones liberales del Estado español la Universidad pasó de las manos de la Orden de los Dominicos, en cuya dirección había estado desde 1728, al Estado. De igual manera, de acuerdo con el “Plan General de Instrucción Pública para las Islas de Cuba y Puerto Rico de 1844” la instrucción pública primaria, pasó de las Sociedades Económicas de Amigos del País al Estado. De ese modo se centralizaban aun más los mecanismos ideológicos. Los libros de texto eran aprobados por el Gobernador. lxxi El proceso de secularización de la educación

en España alcanzaba a la Isla. El nombre de Real y Pontifica Universidad de San Jerónimo se cambiaba por el de Real Universidad de la Habana. Se introducían en la carrera de Filosofía: Matemáticas, Geografía e Historia, Física,

101 Química, Historia Natural, Filosofía, Derecho Natural y Religión, Oratoria y literatura y Lengua Griega. La antigua facultad de cánones se incorporó a la de jurisprudencia, se suprimió la de teología, que se enseñaría solo en el colegio Seminario de San Carlos, y se hicieron de la de Filosofía tres secciones: 1ª.- Artes y Filosofía, 2ª Ciencias Naturales y 3ª Ciencias físico-matemáticas. Las otras facultades mayores serían Jurisprudencia, Medicina, Cirugía y Farmacia.

lxxii

Sentadas las bases de la nueva Universidad el liberalismo español se despreocupó con relación a los inconvenientes que pudiera provocar el nuevo plan de enseñanza entre los estudiantes universitarios cubanos. La idea de que los principios generales del régimen constitucional liberal que regía en España entraran en contradicción con el régimen absolutista de los Capitanes Generales omnímodos y de la Comisión Militar Ejecutiva y Permanente. Los profesores debían de un modo u otro ilustrar a sus discípulos sobre los fundamentos legales y morales del régimen político liberal vigente en España. ¿Como explicar entonces las leyes especiales que regían para Cuba desde 1836? Si bien El discurso de graduación de Ignacio Agramonte revela la brecha que existía entre los principios legales y éticos en los que se educaban los discípulos de la facultad de Jurisprudencia y la realidad del régimen colonial?” Un solo párrafo del extenso discurso agramontino, basta para formarnos una idea de la conciencia crítica que se formaban los discípulos de la Facultad de Derecho sobre las contradicciones existentes entre las normas jurídicas y el régimen absolutista imperante en la Isla.

Tres leyes del espíritu humano encontramos en la conciencia: la de pensar, la de hablar y la de obrar. A estas leyes para observarlas corresponden otros tantos derechos, como ya he dicho, imprescriptibles e indispensables para el desarrollo completo del hombre y de la sociedad.

lxxiii

Sin haberse constituido como una institución de la “esfera pública” integrada por “personas privadas” orientadas a ejercer una crítica al Estado y a la sociedad civil, la enseñanza universitaria y secundaria instituida por el Estado español en Cuba, debió inculcarle a los educandos un conjunto de principios y normas liberales que no regían en la sociedad colonial. La disfunción estructural inducida por la creación del nuevo espacio destinado a la instrucción pública con respecto al Estado colonial, crearía una diversidad de conflictos que se sumarían a los ya existentes.

Las primeras manifestaciones de esas contradicciones en la Universidad conocidas por la historiografía las constituyen un conjunto de desordenes protagonizadas por la masa de los estudiantes. A juicio de Le Roy las protestas debieron tener un carácter político, porque motivaron una Real Orden en la que se advertía que de repetirse esos hechos se tomarían severas medidas contra sus autores. lxxiv

El hallazgo de unos dibujos subversivos en un papel clavado en la puerta de la Real Biblioteca de la Universidad de la Habana dio lugar a la formación de una causa contra dos estudiantes.. El dibujo representaba a la bandera de Narciso López, con la leyenda ¡Viva Narciso López! ¡Muera España! Eran las primeras

102 manifestaciones entre los estudiantes de la Universidad de la corriente separatista criolla que se orientaba entonces de manera equívoca hacia el anexionismo y que luego enfilaría resueltamente sus pasos hacía la independencia definitiva de Cuba.

Poco después las autoridades encontraron en la Universidad un mapa de España que tenía la forma de un burro. En una carta del Capitán de Voluntarios, que dirigiría el piquete de fusilamiento de los sietes estudiantes asesinados en 187. Ramón López de Ayala manifestaba que se había escrito un soneto con “asquerosos insultos contra el Rector Duran y Cuervo” y que la Universidad era

un criadero de viboras eternamente dispuestas a revolverse contra sus mismo padres lxxv

Duran y Cuervo era un furioso integrista español, enemigo de las reformas que presentaron los comisionados reformistas en la Junta de Información.

No tardaron en hacerse patentes nuevas formas de repudio del estudiantado al dominio colonial. En los días 23 y 24 de Mayo de 1853 se amotinaron de nuevo los estudiantes, en protesta por la destitución del jefe de bedeles y su substitución por otro designado directamente por el Capitán General. Los estudiantes arrancaron de la tablilla en que se encontraba la resolución superior que designaba al nuevo jefe de bedelas. y todo el día estuvieron explotando cohetes. No se podía determinar quienes eran los autores porque los estudiantes andaban en grupos. El rector ordenó después de darle aviso al Capitán General, el arresto de siete alumnos, los que fueron expulsados por un año por sospechas. Finalmente el hermano de uno de los expulsados fue sorprendido explotando una granada. El jefe de los bedeles, nombrado por el