Tal y como hemos apuntado anteriormente, el objetivo básico de nuestro estudio se centra en la evolución de la identidad aragonesa desde la gestación bajomedieval de sus hitos referenciales hasta la eclosión moderna de su personalidad a las puertas de su disolución40.
Por ello, nuestro principal foco lo hemos situado en los autores aragoneses que, desde el siglo XV hasta el XVII, contribuyeron a conformar el entramado identitario aragonés, siempre de la mano del simbolismo que irradiaba su sistema jurídico y las libertades que de él emanaban. Un sistema que logró mantener la idea de que la potestad del rey mantenía constantemente una deuda con el reino; un deber que se renovaba en cada juramento y que, según los historiadores aragoneses, se asentaba en una concesión inmemorial que arrancaba desde los oscuros tiempos de los inicios del reino.
El primer punto de apoyo lo situamos en la obra de Juan Briz Martínez41, a
nuestro entender el principal foco emisor del pactismo aragonés en las primeras décadas del XVII.
La elección del abad de San Juan de la Peña no es casual. A través de su obra surgen numerosas ramificaciones temporales y espaciales que permiten ampliar el campo de acción hacía múltiples destinos.
Si analizamos las derivaciones “aragonesas”, la Historia de San Juan de la Peña nos acerca a la generación de apologistas que loaron Aragón a principios del siglo XVII como respuesta a los agravios contra el buen nombre del reino a raíz de los acontecimientos de 1591 y como reafirmación de su identidad. El objetivo no era otro que conciliar la fidelidad al rey con la libertad. Allí surgieron los Argensola, Aynsa, Bardaxi, Blasco de Lanuza, Carrillo, Céspedes, Ainsa, Gurrea y Aragón, Martel, Murillo42... Por supuesto, Briz nos trae las tesis de Jerónimo de Blancas43,
40
Vid. PÉREZ COLLADOS, J.M.: Una aproximación histórica al concepto jurídico de nacionalidad (La integración del Reino de Aragón en la monarquía hispánica). IFC, Zaragoza, 1993; pag. 31 y ss. El epígrafe al que aludimos se titula «La configuración bajomedieval de las naciones»
41
BRIZ MARTÍNEZ, J.: Historia de la fundación y antigüedades de San Juan de la Peña y de los reyes de Sobrarbe, Aragón y Navarra…, op. cit.
42 De todos ellos iremos dando cuenta a lo largo del presente trabajo, pero podemos adelantar las principales
obras que pueden representar el ideario, común a todos ellos, de loar el buen nombre de Aragón, recordando sus glorias y minimizando el alcance de las Alteraciones de 1591. Siguiendo un orden alfabético podemos nombrar a J. I.
gran adalid del pactismo en el XVI, pieza clave en la prolongada trayectoria de la conformación de la identidad aragonesa desde el Medievo. Una trayectoria que nos lleva desde la Crónica de San Juan de la Peña44 a Fabricio Gauberto de Vagad y al
tránsito a la modernidad con uno de los hitos fundamentales en esta ruta: el nombramiento del primer cronista aragonés a expensas de la Diputación: Jerónimo Zurita. Este momento debe considerarse como la asunción por parte de las instituciones de la importancia del pasado para construir y sustentar los entramados políticos y la necesidad de fijar la idea del pasado para normalizar la memoria
colectiva. Es entonces cuando salen a nuestro encuentro los Tomic, Carbonell, Margarit, Sículo, Beuter…45
Pero Briz también nos anticipa el discurso que medio siglo más tarde articulará Domingo La Ripa46 y que se convertirá en el epílogo del constitucionalismo de base
sobrarbiense y que generará el más interesante debate historiográfico de la segunda mitad del XVII, con Navarra de nuevo como contrincante, recuperando la cadena de
BARDAXI (Tratado del oficio de la Gobernación, 1592), V. BLASCO DE LANUZA (Historias ecclesiasticas, 1622; con
especial relevancia del último tomo, el referido a los tiempos inmediatamente precedentes, publicado tres años antes); Martín CARRILLO (Annales y memorias cronológicas,1622; Historia del glorioso San Valero, 1617; o la «Carta» que sirve de introducción a la obra de Briz Martínez); G. CESPEDES Y MENESES, (Historia apologética en los successos del Reyno de Aragon, 1622) que aunque no era aragonés contribuyó a conformar el corpus apologista; Juan COSTA (Gobierno del ciudadano,1584); DIEGO DE AINSA (Fundacion, Excelencias, Grandezas y Cosas Memorables de la Antiquissima Ciudad de Huesca,1619); F. GURREA, conde de Luna (Comentarios de los sucesos de Aragón en los años 1591 y 1592); Bartolomé LEONARDO DE ARGENSOLA (Alteraciones populares de Zaragoza; o sus “Notas a la parte referente a los sucesos de Aragón de la Historia de Felipe II de CABRERA DE CÓRDOBA”); Lupercio LEONARDO DE ARGENSOLA (Información de los sucesos del Reino de Aragón en los años de 1590 y 1591; Declaración sumaria de la Historia de Aragón para inteligencia de su mapa, 1621); MARTEL, G.: Forma de celebrar Cortes en Aragón). Sin olvidarnos de aquél que sirvió de catalizador a los movimientos de 1591 (Antonio PÉREZ, Relaciones y cartas, 1598).
43 BLANCAS, J.: Aragonensium rerum comentarii…, op. cit. 44
Las dos versiones que hemos manejado de la Crónica de San Juan de la Peña son la edición crítica de Carmen ORCÁSTEGUI GROS (Zaragoza, 1986) y la clásica de Tomás XIMENEZ DE EMBÚN (Zaragoza, 1876, Dip. de Zaragoza, versión electrónica).
45 Desde la publicación del Vidal Mayor, primer gran referente jurídico podemos realizar un recorrido por el
devenir identitario aragonés en paralelo a la gestación del corpus foral. Desde el siglo XIII, tenemos el Privilegio General, las Observantiæ, de Martín de Sagarra la Letra intimata, de Ximenez Cerdan, las Observantiæ, de Martín Díez de Aux, y la Glossa de Observantiis Regni Aragonum, de Juan Antich de Bagés. Todas estas obras confluirán en la obra de Vagad y en las recopilaciones y repertorios de los siglos XVI y XVII. En este recorrido resulta de vital importancia la Crónica de San Juan de la Peña; a partir de ella todas las propuestas identitarias partirán de sus presupuestos: Pere TOMIC (Històries e conquestes dels reys de Aragó e comtes de Barcelona, 1495); Pere Miquel CARBONELL (Cròniques d’Espanya fins ací no divulgades, 1547); Joan MARGARIT Paralipomenon Hispaniae libri decem…); F. G. de VAGAD (Crónica de Aragón, 1499); Lucio MARINEO SÍCULO (Cronica d’Aragon; y De primis Aragonie regibus); P. A. BEUTER ( Primera Parte de la Historia de Valencia… 1538; Primera parte de la historia de España , 1546; Segunda parte de la crónica general de España, y especialmente de Aragon, Cathaluña y Valencia, 1546); Jerónimo ZURITA (Anales de la Corona de Aragón); Jerónimo de BLANCAS (Aragonensium rerum comentarii, 1588; Coronaciones de los serenissimos reyes de Aragón,1583; Inscripciones latinas ; Modos de proceder en Cortes de Aragón, 1585 (en las ediciones de Ximenez de Embún y de Carmen Orcástegui).
46
LA RIPA, D.: Corona Real del Pireneo, Establecida y Disputada. Zaragoza, Herederos de D. Dormer, Zaragoza, 1685; Defensa histórica por la antigüedad del reino de Sobrarbe, consagrada á la proteccion ilustrísima del nobilísimo y fidelísimo reino de Aragon, Zaragoza, por los herederos de Pedro Lanaja, 1675.
Afirmación, anquilosamiento y supervivencia de la identidad aragonesa en el siglo XVII
polémicas que tuvo su primer momento dorado en la sucesión Sandoval-Briz-Sada. Resulta curioso que, en medio siglo, las atenciones y polémicas entre navarros y aragoneses desaparecieran. Excepto algún caso aislado47, las atenciones se dirigirán
a asuntos más inmediatos: la guerra y la defensa del propio territorio “patrio”, la situación económica, la ola de secesiones, los servicios al rey. Las disputas de salón
pasaron a un segundo plano hasta que regresó cierta estabilidad y se abrió un horizonte que permitía albergar esperanzas de recuperar las posiciones perdidas en la carrera por la identidad y la principalidad. Ese horizonte arribará a la muerte de Felipe IV y paralelamente a los complejos tiempos de los inicios del reinado de su hijo Carlos.
Así, en tiempo de La Ripa surgirán, al margen de sus disputas, pero dentro de la lucha por la supervivencia identitaria de Aragón, propuestas interesantes e interesadas, como las de Pellicer, Pedro Abarca, Uztarroz, el Conde de la Rosa, Martell (Sierra y Lozano), Montemayor y Córdoba, o el Discurso histórico-foral,
iurídico-político, sin olvidarnos de Jerónimo de San José, Palafox y Mendoza,
generador de una polémica específica en Méjico, o Francisco Fabro Bremudans y su relación con Juan José de Austria48. A la vista de este resurgimiento de los
argumentos pactistas algunos historiadores calificaron a este periodo como
neoforal49.
Pero si, partiendo de Briz, nos adentrábamos en las mencionadas vinculaciones con Navarra podíamos conectarnos con Sandoval y con Góngora de
47 Roldán Jimeno señala el caso de Juan Antonio LOPE DE LA CASA Y LOPE, autor de Disertación de los
principios del reino de Sobrarbe, Diego Dormer, 1656. En JIMENO ARANGUREN, R.: «Pedro Abarca y su tratado manuscrito “Origen y progresos de la contienda sobre los primeros reyes de Aragón y Navarra, llamados de Sobrarbe” (c. 1685)», Pedralbes, nº31, 2011, pag. 108.
48 Nos referimos a las obras de Pedro ABARCA (Los Reyes de Aragon en Anales históricos, 1682); Sancho
ABARCA, Conde de la Rosa (Carta sobre la defensa de la antigüedad del reino de Sobrarbe,1675); ANDRES DE UZTARROZ y Diego DORMER (Progressos de la Historia en el Reyno de Aragon y elogios de Geronimo Zurita, 1680) Discurso histórico-foral, iurídico-político, en orden al iuramento que los Supremos y Soberanos Señores Reyes de Aragón, salvada su real clemencia, deben prestar en el nuevo ingreso de su gobierno, y antes de que puedan usar de alguna iurisdiccion (1676); F. FABRO BREMUDANS, (Viaje del rey Nuestro Señor Don Carlos II al Reyno de Aragón, 1680; Historia de los hechos del Serenísimo señor don Juan de Austria, en el Principado de Cataluña, 1673); SIERRA Y LOZANO (Anales del mundo, 1659; C. MARTELL (Anales del mundo desde , 1662); MONTEMAYOR Y CÓRDOBA, Juan Fco.: Sumaria investigación del origen y privilegios de los ricos hombres, 1664); PALAFOX Y MENDOZA (Historia real Sagrada, 1643; Juicio interior y secreto de la Monarquía); Jerónimo de SAN JOSÉ (El genio de la Historia, 1651); y sobre todo a José PELLICER DE OSSAU Y TOVAR (idea del Principado de Cataluña, 1642; Aparato a la Monarchia antigua de las Españas,1673; Población y lengua primitiva de España, 1672; Annales de la monarquía de España, 1681).
49
Cfr. Nota 33. Fundamental para la revisión de las tesis de J. Reglà vid GIL PUJOL, X.: «La Corona de Aragón a finales del siglo XVII: a vuelta con el neoforalismo», en FERNÁNDEZ ALBALADEJO, P.: Los Borbones: dinastía y memoria de nación en la España del siglo XVIII. Acta del coloquio internacional celebrado en Madrid, 2000. Casa de Velázquez: Marcial Pons, 2002.
Torreblanca50, a la par que con toda la tradición historiográfica navarra previa y
posterior. Al fin a y al cabo Briz, cuya obra se interpreta como una respuesta a Garibay y Sandoval y que genera a su vez el personaje y la obra de Juan de Sada51 y
el de Florián de Carranza, no cesará de ser invocado por La Ripa, su fiel seguidor y eficaz altavoz de sus propuestas, e incluso por Moret, que verá en Blancas y en Briz a sus principales dianas dialécticas52.
Igualmente Garibay53 está presente en Briz, como también lo están los
publicistas vizcaínos y los oráculos del cantabrismo54, algo en lo que nos
detendremos cuando tratemos de desmenuzar la conexión (o ruptura) de la construcción identitaria aragonesa con el sustrato godo o con los primitivos españoles.
50
SANDOVAL, P. de: Catalogo de los obispos que ha tenido la Santa Iglesia de Pamplona, desde el año de ochenta, que fue el primero della el santo martyr Fermin, su natural ciudadano [con breve sumario de los reyes que en tiempos de los obispos reynaron en Navarra, dando reyes varones a las demás provincias de España]. Pamplona, por Nicolás de Assiayn, 1614; GONGORA Y TORREBLANCA, G. (pseudónimo de SADA, Juan de): Historia apologética y descripción del reyno de Navarra […], Carlos de Labàyen, Pamplona, 1628.
51 En relación a las confrontaciones historiográficas entre Navarra y Aragón deben ser reseñadas las siete cartas
que se intercambiaron ambos territorios: 1ª- Copia de una carta escrita por el abad de San Juan de la Peña Don Juan Briz Martinez, al Doctor Bartolomé Leonardo de Argensola Huesca, Pedro Blusón, 14 de mayo de 1628; 2ª- Copia de una carta escrita por Juan de Sada y Amezqueta al doctor Bartolomé Leonardo de Argensola (...) en respuesta a otra que don Juan Briz Martinez (…) escribio contra un libro intitulado descripcion de Navarra (Pamplona, 14 de septiembre de 1628); 3ª- Copia de otra carta que Juan de Sada y Amezqueta escribió al doctor Leonardo (Bartolomé) en respuesta de la que él escribió a don Juan Briz (...),[s.l., 20 de septiembre de 1628]; 4ª- Carta de don García de Góngora y Torreblanca acusante a un maestro de muchachos en Pamplona, por aver impresso a su nombre la nueva Historia Apologética de Navarra, en este año de 1628; 5ª- Carta de don Florián Carranza, en respuesta de otra que Aragoneses han escrito en nombre de un difunto (s.l, s.f.); 6ª- Apología del mismo Carranza contra una carta bearnesa (s.l., s.f.); 7ª- Discurso en que se satisface a la censura y emulación de algunos (s.l, s. f).
52
En Briz se puede fotografiar la galería historiográfica navarra, que corre en paralelo con la aragonesa: GARCÍA DE EUGUÍ (Crónica d'Espayña y su apéndice, la Genealogía de los reyes de Navarra); la Crónica de GARCÍ LÓPEZ DE RONCESVALLES; el príncipe Carlos de VIANA (Crónica de los Reyes de Navarra); ÁVALOS DE LA PISCINA (c. 1534); el Licenciado RETA (c. 1580); SANDOVAL (Catalogo de los obispos de Pamplona, 1614); Juan de SADA (1628); Pedro de AGRAMONT (1632); Martín de ARGAIZ (c. 1643); MORET (Investigaciones históricas de las antiguedades del Reyno de Navarra, 1665; Congressiones Apologéticas, 1678; Anales del reino de Navarra, 1684); J. GOYANECHE (Executoria de la nobleza, antigvedad y blasones del valle de Baztán); y los fueros (Fuero General de Navarra, amejoramientos del Rey Don Felipe y de Carlos III; Fuero reducido de Navarra).
53
GARIBAY, E.: Los quarenta libros del Compendio Historial de las Chronicas y Universal historia de todos los reynos de España…, Barcelona, 1628, por Sebastián de Cornellas.
54
Estamos refiriéndonos al bachiller MARTÍNEZ DE ZALDIVIA (Suma de las cosas cantábricas y guipuzcoanas,1564); Andrés de POZA (De la Antigua lengua, poblaciones y comarcas de las Españas en que, de paso, se tocan algunas cosas de la Cantabria, 1587; Fuero de hidalguía Ad pragmaticas de Toro & Tordesillas, 1589); Baltasar de ECHAVE (Discursos de la antigüedad de la lengua cántabra Bascongada, 1607); Lope MARTÍNEZ DE ISASTI (Compendio histórico de la Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipúzcoa, 1625); o M. de ARAMBURU (Nueva Recopilación de los Fueros, privilegios, Buenos Usos y Costumbres, Leyes y Ordenes de la Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipuzcoa, 1696); a este grupo podríamos añadir a G. HENAO, quien a pesar de su procedencia castellana sigue incidiendo en el mito cantábrico y en la idea de la gran Cantabria (Averiguaciones de las antigüedades de Cantabria, enderezadas principalmente a descubrir las de Guipuzcoa, Vizcaya y Alaba,1659-1691).
Afirmación, anquilosamiento y supervivencia de la identidad aragonesa en el siglo XVII
Lo mismo podríamos decir de la cronística castellana. Briz, que sigue siendo un apologista por cuanto responde a ciertas dudas sobre la fidelidad del reino, sobre todo a las de Herrera, aunque apueste por un tono pactista y un trasfondo reivindicativo, no deja de presentar un perfil en el convergen las grandes historias de los cronistas castellanos del Medievo. No en vano toda la cronística peninsular bebe, de una u otra manera de Ximénez de Rada y de Lucas de Tuy, constructores de la
memoria sobre los primeros tiempos de la pérdida y recuperación de España55.
Desde estos autores hasta los cronistas de XV y del XVI, el abad hará suyos los argumentos providencialistas castellanos hasta configurar un Aragón que digno de ser elegido por el destino para un lugar principal en la monarquía de España56.
En un recorrido tan extenso, las directrices sobre las que se construían los vértices aragoneses de pertenencia estaban sometidas a una serie de fuerzas y tensiones que condicionaban tal evolución. Esta serie de variables extra-aragonesas
que espoleaban o amenazaban la ruta pretendida influía, en función de su alcance e importancia, sobre los cimientos que intentaban levantarse. No podemos olvidar que el devenir de la identidad aragonesa discurrió en paralelo a la construcción de
España. Una construcción que supuso el ascenso de nuevas referencias de
pertenencia que culminaron, tras un seiscientos de conatos más o menos exitosos, en el modelo borbónico que sancionó el verdadero inicio de España como nación.
Según este enfoque debíamos necesariamente plantear el acercamiento a las fuentes desde una perspectiva no sólo temporal sino en función de su procedencia:
Por una parte, como ya hemos expuesto, debíamos dirigir nuestra mirada a todas aquellas obras que vertebraron la construcción del entramado identitario aragonés desde la Edad Media y especialmente a lo largo de la edad moderna; pero, por otro, las debíamos confrontar con las que todas aquellas que surgieron del resto de territorios circundantes que compartían con Aragón el deseo de establecer sus rasgos distintivos y sus cartas de presentación para diferenciarse del resto y autodefinirse. Así, dedicaremos un espacio a las propuestas castellanas premodernas, fundamentales para entender los primeros peldaños de la identidad
55 Para una perspectiva comparada de la cronística medieval vid. FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, I.: «La idea de España
en la edad Media (siglos VII-XIV). Perspectiva historiográfica», en MORALES MOYA, A., FUSI AIZPURÚA, J.P. y BLAS GUERRERO, A. de (dirs.): Historia de la nación y del nacionalismo español, Fundación Ortega-Marañón, ed. Galaxia- Gutemberg, Madrid, 2013, Capítulo 1.2., pp. 51-75.
56
En Briz también están las crónicas castellano-leonesas medievales y las aportaciones de sus cronistas hasta la llegada de las grande historias generales: SÁNCHEZ DE ARÉVALO (Suma de la Política, c. 1455); LÓPEZ MADERA (1565); OCAMPO (c. 1553); MORALES (1574); MARIANA (1592-1601); DE LA PUENTE (1612); Antonio de HERRERA (1612); Juan de SALAZAR (1619); Luis CABRERA DE CORDOBA.
española siglos antes de que las referencias culturales, religiosas y políticas comunes convergieran en un modelo unificado.
Así mismo dirigiremos nuestra mirada al reino de Navarra, de cuyas raíces surgió Aragón y con quien estableció una intensa relación a lo largo de varios siglos. Primero como partes de un mismo conjunto. Más tarde como adversarios territoriales y, finalmente, como rivales de las contiendas historiográficas del siglo XVII57.
Igualmente habremos de acercarnos a Cataluña, algo más que un vecino para Aragón: compañero, rival, enemigo tal vez… desde la unión de ambos territorios y la constitución de la Corona de Aragón el recorrido identitario, que bien podía haberse encaminado hacia la fusión de ambas personalidades, las situó en una respetuosa rivalidad que se acrecentó por la evolución económica, demográfica y comercial y que acabó en un divorcio cuando las circunstancias forzaron a Aragón a elegir58.
Tampoco hemos de abandonar la perspectiva extrapeninsular y los aportes de la historiografía francesa. En particular Pierre Marca59, implicado directamente en la
cuestión catalana, y A. de Oihenart60, suletino que trató de reivindicar el papel de la
Baja Navarra y que participó en los debates identitarios del XVII más como argumento de autoridad (o desautorización) que como contendiente.
Pero independientemente del origen y autoría de las obras en cuestión, no debemos perder nunca la perspectiva ser evolutiva y temporal. Por ello aportamos el siguiente esquema:
57
Como “contiendas” las califica Pedro Abarca, jesuita jacetano, salmantino de adopción, cronista Mayor del rey para Castilla y juez y parte en los debates del último cuarto del siglo XVII. No en vano se conserva en el Archivo General de Navarra un manuscrito fechado en 1685 titulado “Origen y progresos de la contienda sobre los primeros reyes de Aragón y Navarra, llamados de Sobrarbe”; vid. JIMENO ARANGUREN, R.: «Pedro Abarca y su tratado manuscrito “Origen y progresos de la contienda sobre los primeros reyes de Aragón y Navarra, llamados de Sobrarbe” (c. 1685)», Pedralbes, nº31, 2011.
58 Al estudiar la evolución identitaria aragonesa necesariamente hemos tenido que manejar historiografía del
resto de territorios que conformaban la Corona de Aragón, principalmente Cataluña y, en particular la reelaboración de sus mitos fundacionales a finales del XVI. Por ello, aunque sea de forma tangencial, reseñamos Las cuatro grandes crónicas medievales: Llibre dels fets o Crónica de Jaime I; Crónica de Bernat Desclot o Libro del rey Pedro de Aragón; Crónica de Muntaner; y Crónica de Pedro el Ceremonioso. Así mismo, podemos citar a F. TARAFA (De origine ac rebus gestis regum Hispaniae, 1553; Dictionarium Geographiae Vniuersalis hispaniae; 1552); MARTI Y VILADAMOR (Noticia Vniversal de Catalvña, 1640); Gaspar SALA (Proclamación Católica, 1640); Josep SARROCA y otros.
59
MARCA, P. de: Marca hispanica sive limes hispanicus, hoc est, Geographica et histórica descriptio Cataloniae, Ruscinonis, & circum jacentium populorum, Muguet, París, 1688.
60 OIHENART, A. de: Noticia de las dos Vasconias, la Iberica y la Aquitana, trad. P. J. Gorosterraztu, Tira Aparte
Afirmación, anquilosamiento y supervivencia de la identidad aragonesa en el siglo XVII