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Estar alerta para identificar las primeras señales

La voluntad es infinita y el desempeño limitado...

el deseo no tiene límites y el acto es un esclavo que se debe domesticar.

Til LIA M SHA K ¡ISPEA RE

“José y yo somos ahora como hermanos”, me dijo Diana. “Compartimos valores, nos preocupamos de verdad el uno por el otro, hacemos un equipo maravilloso cuando emprendemos una empresa. Pero algo falta”. Lo que faltaba era el sexo. Diana y José se ¡ habían convertido en amigos cariñosos que se trataban como si fueran familiares cercanos. Pero hacer el amor se había vuelto algo del pasado desde el nacimiento de su tercer hijo, que era aurista.

Diana se había visto obligada a dejar su trabajo para cuidar a los niños, y al llegar la noche estaba tan cansada que apenas tenía energía para cepillarse los dientes. Un par de veces se entregaba a José por cumplir su deber, pero la relación no era satisfactoria para ninguno de los dos. José, sometido a una presión terrible para ganar el dinero suficiente para mantener a la familia, estaba harto de oír “estoy demasiado cansada” cada vez que quería tener una relación sexual, aunque sabía que era cierto. Simplemente dejó de intentarlo. No sólo evitaban el sexo, sino cualquier contacto excitante, porque temían enfrentar otra frustración.

Como ya se ha dicho, cuando usted hace mucho esfuerzo durante mucho tiempo para evitar algo potencialmente desagradable, empieza a transformarse en una fobia. Eso fue precisamente lo que Sucedió en la vida sexual de José y Diana, patrón por demás común en parejas que conviven muchos años. Les aconsejé buscar un lugar romántico y privado para tratar de reencontrar la chispa del amor. Esta estrategia suele hacer maravillas en parejas cuya química se ha visto ahogada por los problemas de la vida diaria. Pero las cosas habían ido demasiado lejos para Diana y José. Durante dos noches, después de cenas encantadoras en un paraje campestre, bebieron tanto que hacer el amor fue imposible. Ninguno de los dos era realmente bebedor, pero ese fin de semana se concedieron permiso para disipar la ansiedad que les producía el contacto sexual.

También habían empezado a percibir ciertas señales adicionales de que la química se estaba perdiendo. Ciertos celos infundados, por ejemplo. José descargaba a veces su agresividad contra el perro de la familia, pero no era consciente de por qué lo hacía. Cuando hablamos de esto en la terapia, se dio cuenta de lo que estaba pasando: “Ver a Diana deshacerse en

caricias con el perro lo hacía sentirse más abandonado”.

Una cierta actitud compulsiva también empezó a hacerse evidente. Para llenar un vacío doloroso, las personas suelen asumir obsesivamente alguna actividad que les produce placer momentáneo o les sirve para no pensar en aquello que les causa dolor o que no se atreven a enfrentar. José empezó a jugar. Diana se volvió compradora compulsiva y llevaba a sus hijos a todas las rebajas de la ciudad.

José y Diana estaban dejando erosionar las bases del continuo de la química. Afortunadamente, no habían tocado fondo. Como quien identifica la primeras señales de una enfermedad cardíaca y logra evitar el infarto, ellos pudieron detener el deterioro y restaurar su química en forma gradual. Otras parejas no son tan afortunadas, pues se encuentran en el extremo opuesto al de la atracción química: sienten repulsión el uno por el otro.

En el peor de los casos, cuando la química desaparece por completo, lo que viene a la mente son ideas como: “Aléjate de mí”, “No te acerques” y “No te atrevas a tocarme”. No se trata sólo de una repulsión sexual, sino de una total animadversión. Cualquier cosa que hace o dice su compañero se asemeja al chirrido de la uña contra una pizarra. Antes solía esperar con ansiedad el regreso de su pareja de un viaje o del trabajo; ahora anhela que se quede unos días más. Experimentar rechazo por una persona que un día le era irresistible puede ser tan doloroso y atemorizante que usted va a buscar distraerse haciendo algo diferente, bien sea trabajar en exceso, navegar en Internet, dedicarse a los niños o a la cocina. Así nacen las obsesiones y las actitudes compulsivas.

También se da cuenta de estar evitando cualquier momento de intimidad, no sólo la sexual. Cuando hay una química fuerte es difícil no tocar al otro; cuando la química desaparece usted empieza a dejar de lado ciertos detalles de afecto como un abrazo fuerte cuando se saludan, caminar tomados de la mimo, o dejar que su mano descanse sobre las piernas del otro cuando miran televisión. Es posible, incluso, que eviten besarse en los labios. Hay una buena razón por la cual las prostitutas dicen que nunca besan a sus clientes en los labios, y es que este contacto es, en muchos sentídos, algo mucho más íntimo que tener una relación sexual. He sido consejera de docenas de parejas que se envían el beso por los aires o intercambian besos rápidos en la mejilla para despedirse pero que no se han besado en los labios por mucho tiempo, ni siquiera, en algunos casos, cuando tienen una relación sexual, a la cual llegan simplemente buscando alivio a las tensiones.

Lo mismo que con los chequeos del colesterol, los exámenes de la tensión arterial o las mamografías, cuanto más pronto identifique las primeras señales de que la química se está perdiendo, más posibilidades

existen de corregir la situación. No espere a que ésta llegue al extremo de la aversión mutua. Piense en su relación para ver si alguno de estos indicadores está presente:

• No desea ver a su pareja al final del día o después de un período de separación.

• Se molesta con el otro por pequeños detalles. • No disfrutan mirándose uno al otro.

• No se abrazan, ni se tocan, ni se besan en los labios con frecuencia. • Evitan la intimidad.

• Con frecuencia se sienten molestos el uno con el otro, o rechazados. • Se está escudando en algún comportamiento compulsivo para

compensar la falta de pasión.

• Bebe o recurre a las drogas para adormecer el dolor.

• Tener sexo con otra persona se ha convertido en una de sus fantasías frecuentes.

• Se masturba más que antes.

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