Los 6 secretos
para tener una
relación duradera
Mark Goulston, M.D.
con Philip Goldberg
T raducción Elvira Maldonado
G R U P O
E D I T O R I A L
norma
Bogotá, Barcelona, Buenos Aires, Caracas, Guatemala, Lima, México, Miami, Panamá, Quito, San José, San Juan, Santiago de Chile, Santo Domingo
Goulston, Mark
Los 6 secretos para tener un relación duradera / Mark Goulston; traductor Elvira Maldonado. - Bogotá: Editorial Norma, 2001. 268 p.; 23 cm.
ISBN 958-04-6405-7
1. Matrimonio 2. Relaciones de pareja 3. Amor I. Maldonado, Elvira, tr. II. Tít.
306.81 cd 20 ed. AHG4713
CEP-Biblioteca Luis-Angel Arango
Edición original en inglés:
The 6 Secrets of a Lasting Relationship How to Fall in Love Again - and Stay There de Mark Goulston, M. D. con Philip Goldberg
Una publicación de G. P Putnam’s Sons
375 Hudson St. New York, NY 10014
Copyright © 2000 por Mark Goulston, M.D.
Copyright © 2001 para toda Latinoamérica
por Grupo Editorial Norma, S. A.
Apartado Aéreo 53550, Bogotá, Colombia.
http://www.norma.com
Reservados todos los derechos.
por cualquier medio, sin permiso escrito de la Editorial.
Impreso por Imprelibros S. A.
Impreso en Colombia — Printed in Colombia
Edición, Lucrecia Monares
Adaptación del diseño original de cubierta de Royce M. Becker Diagramación, Vicky Mora
Este libro se compuso en caracteres Times
Para Lisa y Lori, que han si do la guia de nuestro profundo amor.
Contenido
Introducción1. Los seis pilares del amor duradero
Cómo construir unas bases sólidas
2. Química
Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar
3. Respeto
¿Qué significa para usted?
4. Goce
Coma, beba y pásela bien
5. Aceptación
Tú estás bien, yo estoy bien
6. Confianza
Yo confío en ti, tú confías en mí
7. Empatia
Póngase en el lugar del otro
8. Cómo hacer para que el amor perdure
Introducción
Si sólo pudieras amar lo suficiente, serias el ser más feliz y poderoso del mundo.
EMMETT FOX
La profunda sensación que produce enamorarse sólo puede ser superada por la angustia de perder ese amor. En mayor o menor medida usted ha enfrentado esta angustia, y por eso se interesó en este libro. ¿Enamorarme de nuevo? Una voz interior muy escéptica le dice: “Si sólo... pero ha corrido mucha agua bajo el puente como para que ello sea posible”. Quizá piense que la única manera de volver a enamorarse es encontrar a otra persona (una posibilidad con la que ha fantaseado y que tal vez, incluso, ha considerado). O es posible que se haya hecho a la idea de que nunca más experimentará ese maravilloso sentimiento. Se ha establecido, nunca pensó que su vida sería así, pero qué más da... comparada con otras, su relación no está mal.
Sin embargo, y a pesar de su escepticismo, está leyendo este libro. Ansia de corazón recuperar aquello que un día tuvo con su pareja, y en esta ocasión no dejarlo ir. “Quizá, sólo quizá, esto es posible”.
Sí, es posible. En más de veinticinco años de práctica como psicoterapeuta he ayudado a cientos de parejas a reparar, reconstruir y reiniciar su amor. También he ayudado a muchísimos hombres y mujeres a enamorarse de nuevo después que una relación los dejó con el corazón destrozado, llenos de suspicacia y escepticismo. Se puede lograr, y es más sencillo de lo que creemos.
Basado en más de diez mil horas de terapia con parejas, he llegado a la conclusión de que éstos son los seis secretos de una relación perdurable:
1. Mantener la química funcionando.
2. Tratar a su pareja con respeto y merecer el de ella. 3. Nunca dejar de lado el goce
4. Aceptarse uno al otro a pesar de los mutuos defectos. 5. Merecer la confianza del otro.
6. Mantener siempre el contacto con empatia.
La estructura de una relación íntima descansa sobre seis pilares, núcleo de cada uno de los seis secretos: química, respeto, goce, aceptación, confianza y empatia.
Todos deseamos sentir que existe verdadera química entre nosotros y nuestra pareja, y saber que ésta siente lo mismo por nosotros. Todos deseamos ser respetados, y respetar. Todos deseamos disfrutar de la compañía del ser amado, y saber que éste disfruta con la nuestra. Todos deseamos aceptar a nuestra pareja, y ser aceptados por ella. Todos deseamos sentir una profunda empatia con el otro comprender qué piensa y qué siente y saber que también comprende lo que nos pasa.
La causa de muchos de los problemas de pareja es, con frecuencia, la pérdida de uno o más de estos elementos indispensables. Si no los refuerza con cierta periodicidad, es inevitable que vayan cediendo bajo la presión del matrimonio y de la vida familiar; lo mismo sucede con las presiones de una larga relación de amistad entre dos personas. Si no logra identificar qué está fallando ni tomar las medidas necesarias para repararlo, el deterioro se acelerará y se encontrará con que las bases de la relación se han debilitado, lo mismo que su soporte emocional y el firmamento en el que se alojan sus sueños.
Está en sus manos fortalecer la estructura de base. Sólo tiene que saber cómo hacerlo. Si lo logra, verá que los problemas específicos que han empezado a presentarse entre usted y su pareja se solucionarán espontáneamente o porque los dos están mejor preparados y más motivados para enfrentarlos en forma compartida. Y precisamente mientras trabaja en ello usted podría enamorarse de nuevo.
“Está bien”, puede pensar. “Pero ¿cómo podemos recuperar el dulce romance y la desenfrenada pasión que vivimos un día, ahora que nuestros cuerpos flaquean y nuestro espíritu se doblega bajo el peso de esta dura carga?” Claro está que esos días de inocencia no volverán, pero podrá recuperar mucho más del romance y la pasión de lo que se imagina. Usted no recobrará su amor inicial como fue, pero logrará algo mejor, algo más duradero. Lo que ahora es una carga emocional puede transformarse en un amor nuevo, maduro, más intenso y profundo que el de sus románticos recuerdos.
Los pasos para lograrlo son sencillos y claros. Pero, por favor, no confunda lo sencillo con lo fácil. No sera fácil. Volver a enamorarse y conservar este amor exige trabajo y un compromiso de continuar trabajando incluso cuando no tiene deseos de hacerlo. Es posible que esté pensando: “Ya he dedicado suficiente esfuerzo a esta relación. ¿Qué más
puedo hacer?” Primero, no ha hecho el trabajo que se detalla en forma sistemática en este libro. Segundo, el esfuerzo que ha estado haciendo puede proceder de un solo lado. Es posible que usted haya asumido la mayor parte del trabajo, e incluso que haya tratado de hacerlo solo. De hecho, puede estar pensando: “Voy a dejar que él lo enfrente por una vez” o, “Estoy cansado de tomar la iniciativa; ahora le toca a ella".
Ahora bien, ¿qué sucedería si su pareja quiere corresponder a su esfuerzo con esfuerzo? ¿Y si quiere corresponder a su paciencia, perseverancia y compromiso con paciencia, perseverancia y compromiso? ¿No cree que las cosas serían diferentes?
Cuando recibo parejas en la terapia, suelo formular estas dos preguntas:
1.¿Estarían de acuerdo en que si la química, el respeto, el goce, la aceptación, la confianza y la empatia son fuertes, la relación en conjunto se fortalecería?
2. ¿Estarían de acuerdo en que si alguno o todos estos elementos fundamentales se debilitan, la relación estaría en problemas? Casi sin excepción, tanto los hombres como las mujeres que vienen a consulta están de acuerdo con esto. Antes de acoger un concepto, algunas personas necesitan que éste tenga sentido. Otras necesitan sentir que es correcto. Si bien hay muchas excepciones, la mayoría de los hombres aceptan mi propuesta porque consideran que tiene sentido, y la mayoría de las mujeres, porque la consideran correcta. Esto es de gran importancia porque cuando los dos miembros de una pareja están de acuerdo en la premisa básica de una relación exitosa, la resistencia desaparece y los dos pueden empezar a trabajar en equipo, lo cual puede ser la gran diferencia.
Lo insto a que deje de sentirse como una víctima. Deje de pensar que su cónyuge le debe algo. Este enfoque no ha funcionado todavía ni funcionará. Más bien, prepárese a trabajar con su pareja para crear el amor que merecen. ¿Cuánto tiempo más va a desperdiciar naciendo las cusas equivocadas o sin hacer nada?
Si saca verdadero provecho de los seis secretos del amor perdurable, descubrirá:
• un compromiso mutuo renovado. • nuevo entusiasmo por su relación.
• un sentido más fuerte de pareja y de compromiso. • una atmósfera de sanación,
• mayor capacidad para solucionar los problemas en forma eficaz. • mayor intimidad y ternura.
• un recobrado entendimiento mutuo.
• liberación del sentimiento de culpa y del deseo de culpar al otro. • unos lazos más duraderos.
• un renacer del amor.
Si usted y su pareja hacen todo el esfuerzo posible de poner en práctica el enfoque que se plantea en este libro de no culpar ni sentirse culpable, es posible que se enamoren de nuevo. Si usted no tiene pareja en este momento, con la ayuda del libro aprenderá a identificar los errores del pasado y cómo hacerlo bien en el futuro. Y entonces (o la próxima vez) tendría que ser capaz de permanecer enamorado. Por lo menos, dése la oportunidad, e inténtelo.
No hay cura para el amor, excepto amar más.
1
Los seis pilares del
amor duradero
Cómo construir unas bases sólidas
Es humano amar para ser amado, pero amar por el placer de amar es angelical
N
uestra vida sexual está muerta”, dijo Jairo.Estaba allí sentado y silencioso. Le costaba ocultar la impaciencia que le producía escuchar a su esposa relatar por qué estaban frente a mí buscando asesoría de pareja. Ana, ejecutiva de mercadeo en un estudio cinematográfico, me estaba dando datos: seis años de matrimonio, dos hijos, vidas ocupadas hasta la locura. Insistía en la necesidad de una terapia porque últimamente se pelea- banmucho, y las peleas eran cada vez más frecuentes y desagradables. “Es muy hostil conmigo”, dijo. “Rehúsa comunicarse. Ni siquiera hace el más mínimo esfuerzo por comprenderme”. El relato de Ana continuaba y Jairo entornaba los ojos manifestando su rechazo a lo que más tarde calificó de “psicopalabrería sacada de revistas femeninas’. Finalmente soltó su preocupación básica: no había sexo.
Ana manifestó su claro rechazo a la afirmación de su marido. “Tenemos un hijo de diez meses y una hija de tres años. Además, los dos tenemos vidas profesionales muy agitadas. ¿No le parece que él podría postergar por un tiempo su gratificación personal?”
La frustración de Jairo era evidente. “¿Postergar? ¿Tú crees que nuestra química sexual está en suspenso o algo así? ¡Ya no existe!” Miró hacia mí y, apretando los dientes, dijo: “Sé que la llegada de los hijos cambia las cosas, pero esto es demasiado. Éramos una pareja ardiente”.
Mirándolos pensé que no había razón para que ya no fueran una pareja ardiente. Estaban en sus treinta, eran atractivos y evidentemente apasionados, sólo que no entre ellos, por ahora.
La discusión degeneró pronto en acusaciones y críticas mutuas, y ninguno de los dos escuchaba lo que el otro decía. Para empezar, Jairo no quería estar allí. Parecía como si quisiera salir corriendo cada vez que oía las palabras “comunicación” o “sentimientos”. Para lograr su atención, me vi obligado a orientar la discusión hacia su realidad, y tuve que hacerlo echando mano de su lenguaje, evitando los términos “sentimentales” que lo enfurecían. No se trataba de ningún insensato; se había abierto camino en la vida luchando para construir una gran agencia de empleo. “Tengo la impresión de que usted tiene una libido muy fuerte”, dije. “Si no encuentra suficiente satisfacción sexual con Ana, no tiene más opción que engañarla o masturbarse”.
Tal como lo esperaba, logré conseguir de nuevo la atención de jairo. Se quedó boquiabierto tratando de encontrar qué decir. Ana también se sorprendió. Miró a su esposo con temor, preguntándose por qué él no había
reaccionado en contra de mi afirmación. No podía concebir que un hombre maduro se masturbara como un adolescente. ¿Tendría, entonces, un affaire?
Jairo extendió su mano derecha y con la izquierda la señaló, diciendo: “Les presento a mi amante”.
Se había estado masturbando recurriendo a las páginas pomo de Internet. La vergüenza de haber reconocido su secreto sólo fue superada por el alivio que le produjo haber sido capaz de confesarlo.
El peso que Jairo se había quitado de encima se transformó en una especie de montaña que se fue apoderando de la habitación. Tuve la sensación de que los dos estaban pensando: “Está bien, doctor, ya nos metió en este lío, ahora ayúdenos a salir de él”.
“Póngase en el lugar de su marido, ahora mismo”, le dije a Ana. “Él es un padre, esposo y hombre de negocios respetable. Si yo le preguntase a Jairo en cuál de esos aspectos se siente más lastimado al tener que recurrir a la masturbación o al enterarse de que usted sabe que lo está haciendo, ¿cuál cree que sería su respuesta?”
Ana trató de buscar una respuesta y de repente se echó a llorar. “Tiene que sentirse fatal”, dijo.
“¡No sabes cuánto!”, dijo Jairo. La ira había desaparecido de su voz. La respuesta de Ana demostraba que ahora sí comprendía la frustración de su esposo y que de verdad le importaba. El alivio fue grande.
Habíamos logrado algo de vital importancia: la empatia, la habilidad de ponerse en el pellejo del otro y comprender cómo se siente. Pronto se hizo evidente que Jairo también empezaba a sentir empatia por los sentimientos de Ana. Comprendió las presiones a las que se veía sometida su esposa al tener que ser una buena madre y ocuparse de su profesión simultáneamente. También comprendió que el estres había causado que ella fuera menos que receptiva a sus requerimientos sexuales.
Habiendo logrado cierta empatia mutua, seguimos adelante. Para sorpresa de la pareja, yo no me centré en el componente sexual de su relación. De hecho, lo evité. Por experiencia sabía que no valía la pena
ahondar en ciertos detalles antes de visualizar el contexto emocional que había deshecho lo que solía ser la base de una buena vida sexual.
¿Cuándo fue la última vez que se sintió respetado por su esposa?”, le pregunté a Jairo.
Lo pensó por unos momentos y luego respondió, descorazonado: “Hace tanto tiempo, que ya ni me acuerdo”. Como la mayoría de los hombres, Jairo necesitaba sentirse respetado, si no admirado, por la mujer que amaba. Como mínimo, necesitaba saber que no se le irrespetaba.
A Ana le sorprendió mucho saber que Jairo no se sentía respetado por ella. “Es un hombre maravilloso”, dijo. “Hay cosas que le critico, pero lo admiro enormemente”.
Ya no , murmuró Jairo. Temía que su confesión de que se masturbaba hubiera matado el respeto que Ana le terna. Y, por el contrario, ella admiró el valor que tuvo de admitirlo.
“Yo no sabía qué tan herido estabas”, le dijo. “Deberías habérmelo dicho. ¿Es que ya no confías en mí?”
Ella dio en el clavo. Jairo no confiaba en que Ana fuera capaz de escuchar su confesión sin perderle el respeto. Pensaba que sentirse lastimado no era cosa de hombres. En lugar de comunicar sus sentimientos directamente, se volvió taciturno y reservado y enfrentó su frustración en privado.
Ana también confesó que mientras Jairo trataba de ocultar su secreto, ella percibió que algo estaba pasando y se preguntaba si él tendría una amante. Ahora se sentía culpable porque no había confiado en él.
En las sesiones siguientes ahondamos en los temas de la confianza y el respeto, y también analizamos otras áreas, como la de la aceptación: tanto Jairo como Ana se habían sentido decepcionados a medida que descubrían características en el otro que tenían dificultad en aceptar. Cuando le pregunté a Ana cuánto hacía que había dejado de sentirse valorada por Jairo, admitió con cierta nostalgia: '‘Pasé de ser un premio a ser una carga”. También hablamos del goce. Hubo una vez en la que estar juntos les producía alegría y goce. Pero dejaron que su vida se convirtiera en algo tedioso y formal.
Sólo después de haber analizado estas áreas dejé que Jairo y Ana volvieran al tema de la química sexual. Ahora estaban en condiciones de
enfocarse en este aspecto de su relación sin perder de vista todos los elementos que la estaban afectando y, por tanto, los que estaban siendo afectados por ella.
La red de los seis secretos
Es curioso como se despierta en nosotros
el anhelo de servir a los demás cuando estamos enamorados.
P. G. WODEHOUSE
Las parejas suelen llegar en busca de asesoría con frustraciones, aflicciones y conflictos específicos. Sus quejas giran en tomo al sexo, la intimidad, la comunicación, el dinero, la paternidad y otros temas relacionados. Mi reto y responsabilidad como terapeuta es lograr que enfrenten la relación como un todo y que consideren sus problemas específicos dentro de un contexto más amplio.
Aquí entran en juego los seis secretos del amor duradero: química respeto goce, aceptación, confianza y empatia. Todas las parejas que vienen en busca de consejo quieren hacer algo más que reparar o restaurar su matrimonio. No quieren sólo sobrellevar lo que pueden curar. Y no quieren sólo curar sino que anhelan prosperar- Quieren inyectar nueva vida, fojjar un modo nuevo de relacionarse el uno con el otro y construir algo más profundo y perdurable; en resumen, quieren crear un amor fuerte y duradero.
Los seis secretos responden a esta necesidad creadora en forma comprensiva e integral. Comprensiva porque todos pueden entender su importancia; integral porque contienen todos los ingredientes necesarios para sanar y fortalecer cada aspecto de una relación íntima.
Como las columnas que sostienen un arco o el techo de un templo, ninguno de los seis secretos es más importante que el otro para la estabilidad de la estructura en conjunto, y cada uno de ellos se ve profundamente afectado por lo que le pase a los otros. Cuando uno de estos elementos se debilita, el esfuerzo que tienen que realizar los otros es
mayor. Si uno se derrumba, los otros empiezan a caer uno sobro otra como fichas de dominó.
La interdependencia de estos pilares también opera de modo positivo. Cuando uno de ellos se fortifica, se produce una onda expansiva que refuerza automáticamente a los otros y reduce la presión sobre cada uno para sostener la estructura en conjunto. Para cambiar de metáfora, pensemos en los seis secretos como órganos vitales del cuerpo. Si mejora el funcionamiento de su corazón, por ejemplo, espontáneamente está ayudando a los pulmones, los riñones, el hígado y a los demás órganos del cuerpo.
Un ejemplo memorable de la interacción de los seis pilares lo encontramos en una de las películas de Rocky. En una de ellas Rocky Balboa se estaba entrenando para un nuevo encuentro con Clubber Lang practicando sprint en la playa. En su lucha por recuperar su vapuleada confianza después de haber perdido el primer encuentro, Rocky se detiene y mira al mar, aparentemente decidido a renunciar. Adrián, su esposa, lo confronta con firmeza. Insiste hasta que él decide confesar algo que le resulta por demás humillante: “¡Tengo miedo!”
Una vez que Adrián logra que hable de sus temores, le dice que ella confía en él a pesar de todo. Una vez que recobra su confianza, Rocky está listo para luchar de nuevo y buscar la victoria, o Por cursi que parezca, esta escena es gratificante para la audiencia porque tiene resonancia en lo más profundo de la psique Humana: la necesidad de los seis pilares. Lo mucho que Adrián respetaba a su esposo la impulsó a ayudarle, y lo mucho que él la respetaba lo movió a prestarle atención. La profunda empatia que existía entre Adrián y Rocky le permitió a ella intuir que él estaba ocultando algo e insistir en que enfrentara la verdad. Gracias a la confianza que Rocky tenía en su esposa él fue capaz de comunicarle tal verdad, aun cuando ésta lo hacía vulnerable al rechazo y al ridículo. La inquebrantable aceptación de Adrián hacia su esposo a pesar de su reconocida debilidad le permitió a él aceptarse a sí mismo, respetarse y recuperar su confianza. Las bromas juguetonas que vemos después de su crisis emocional hacen patente el pilar del goce. En cuanto a la química, que había disminuido en directa proporción a la pérdida de confianza de Rocky, resurge con fuerza y se hace evidente en el apasionado beso con el que termina la escena.
Cuando nos enamoramos
El éxtasis no puede durar, pero sí puede abrir la senda_ de algo duradero.
E. M. FORSTER
Es imposible recordar lo que sentimos en el vientre materno. Cualquier necesidad era satisfecha automáticamente. Todo pasaba directamente de la placenta a nuestro cuerpo en formación. Después nacimos e inmediatamente dimos un grito. Afortunadamente no podemos recordar el trauma del nacimiento ni la desagradable sensación de haber sido lanzados a un mundo en el que nuestros deseos no son automáticamente satisfechos, ni siquiera comprendidos. A medida que el tiempo fue pasando nos fuimos adaptando, nos ingeniamos cómo satisfacer nuestras necesidades y aprendimos a vivir sin gratificación inmediata. Pero nunca llegamos a recuperamos totalmente de lo que significó la ruptura con el Edén del vientre materno.
Nuestro paso por la infancia y la adolescencia nos fue forzando a romper con nuestros padres. Este proceso aterroriza y excita a la vez, puesto que el precio que pagamos por la autonomía es perder el confort y la seguridad de la dependencia. Para ayudamos a seguir esta ruta desde el seno materno, estamos equipados con una serie de fuerzas emocionales, psicológicas y biológicas. Emocionalmente, echamos mano de una serie de bravuconadas (solemos llamarlas coraje) para rebelamos, rechazar y desafiar muchas cosas de las que nuestros padres dicen y en las que ellos creen. Psicológicamente, asumimos una presunción que nuestros padres apenas pueden tolerar y ruegan que desaparezca con el tiempo. : Biológicamente, no sólo nos hacemos más fuertes y autosuficientes, sino que el rechazo al sexo opuesto se transforma en atracción profunda y seducción irresistible. Así es posible que en la plena adolescencia nos enamoremos locamente.
Aparte del impulso biológico que lleva a la reproducción de la especie, hay tres razones que hacen que nuestra atracción por el sexo opuesto sea tan intensa. Primera, la naturaleza echa mano de nuestros apetitos sexuales para alejamos de nuestros padres. En lo más profundo de nuestro ser, siempre añoramos el tipo de conexión que experimentamos en el vientre materno, y que no nos fue posible recuperar después del nacimiento. Cada caricia, cada beso, cada carta de amor evoca esa conexión, y coq nuestras primeras y apasionadas experiencias sexuales, con el primer orgasmo, experimentamos una especie de unicidad eufórica que equivale a un retomo al vientre materno. El problema es que, una vez experimentado el poder sobrecogedor de esa conexión, nos queda muy difícil reasumir la soledad en el mundo. Hay una tendencia casi adictiva a buscar la reconexión. Lo mismo que con cualquier otra adicción, nos sentimos abandonados al perderla.
La segunda razón que nos impulsa a buscar la conexión es que eon frecuencia nos sentimos atraídos por personas que poseen cualidades de las que nosotros carecemos. El tipo lógico y la chica emocional. El hombre
tímido y la mujer carismática. El intelectual y la artista. La soñadora y el pragmático. Uno y otro se comple- mentan. En lugar de desarrollar esas ansiadas cualidades en nosotros mismos (sería la opción más saludable, pero es la menos frecuente) nos usamos el uno al otro para obtener del mundo lo que deseamos pero que no podemos lograr por nuestra cuenta.
La tercera razón que hace tan intensa la atracción sexual y romántica es que las dos cumplen una importante función en el desarrollo. Al enamoramos se acaba con cualquier posible tentación de seguir viviendo en casa de nuestros padres. De hecho, nos entremezclamos e implantamos nuestro ser en la otra persona. El amor nos ofrece ese confort ilusorio que nos asegura que no caeremos en el precipicio al separamos de nuestros padres. Tenemos la sensación de que todo va a funcionar bien, más que bien: todo va a ser glorioso y espectacular.
No es por coincidencia que, justamente, cuando nos enamoramos por primera vez empecemos a detestar a nuestros padres. La profundidad de la
química sexual que sentimos que existe entre nuestra novia, o novio, y
nosotros es directamente proporcional al rechazo frente a la actitud sobreprotectora de nuestros padres. Cuanto más respeto experimentamos por -y despertamos en- nuestro ser amado, mayor es nuestra tendencia a irrespetar a nuestros padres y a pensar que ellos no nos respetan a nosotros. Cuanto más gozamos al estar con nuestro ser amado, mayor necesidad tenemos de alejamos de nuestros padres y la “detestable” casa en la que viven. Cuanto más aceptación compartimos con nuestra pareja, mayor es la tendencia a juzgar a nuestros padres y a creer que ellos nos juzgan. Cuanto más confiamos el uno en el otro, mayores suspicacias nos despiertan nuestros padres. Cuanta mayor empatia hay en la pareja, más claro vemos que nuestros despistados padres no parecen saber de dónde venimos.
Estas tres razones pueden ser la explicación de por qué algunos individuos, especialmente los adolescentes y los adultos jóvenes, tienden al abatimiento e incluso al suicidio cuando termina una relación amorosa intensa. Una forma de comprender la desesperanza que produce una ruptura es pensar en ella como en una pareja que se ha separado después de haber experimentado la euforia que produce la unión.
manera aplica también al segundo, al tercero, al décimo... Cuando conoce por primera vez ese nuevo, maravilloso, irresistible y soñado amor, no importa si tiene dieciséis o sesenta años, usted se siente impelido por esas tres fuerzas inconscientes a conectarse. Por supuesto ahora es mayor ytiene más experiencia. Por supuesto hace décadas que dejó la casa de sus padres. Pero ese deseo primordial que lo atrae a la feücidad del vientre materno, esa necesidad de encontrar su complemento y de reafirmar su independencia de las ataduras del pasado -no se trata ahora de sus padres sino de sus cónyuges o amantes anteriores- se hace cada vez mayor y lo precipita de nuevo en ese estado maravilloso que llamamos estar
enamorado. :
Perder un amor
Reparar los irreparables estragos que ocasiona el tiempo.
JEAN HACINE
En realidad no perdemos el amor. Es el amor el que se aleja de
nosotros, así como el piso de un edificio cuyos cimientos se desmoronan. Cuando nos unimos por primera vez, creemos que todos los ingredientes esenciales tienen una fuerza sorprendente. La química es una fórmula tan natural como la combinación de dos partes de hidrógeno y una de oxígeno que forman el agua; el respeto y la admiración mutua se dan por sentados; la mutua compañía genera tanto goce que nos cuesta no estar juntos;
aceptamos y valoramos como somos; confiamos el uno en el otro con
nuestros temores y sueños; buscamos alimentar la empatia con los ideales y sentimientos de cada uno. En realidad, la relación es demasiado joven como para que algunos de los ingredientes básicos -la confianza y el respeto en particular- tengan una base fuerte y sólida, pero la emoción del romance y la expectativa de una relación duradera es tan embriagadora que no hay espacio para la duda. Creemos que un amor que comienza es perfecto como los programas de software que vienen cargados en un computador nuevo.
Pero toda luna de miel llega a su fin. La euforia enceguecedora y la esperanza sin límites de las primeras etapas del amor muy pocas veces resisten la realidad de permanecer unidos muchos años. Bien pronto, los efectos de las presiones de la vida diaria y el contacto permanente erosionan los seis pilares del amor del mismo modo que la exposición ál agua y al aire va erosionando los pilares de piedra. En algunos casos, el tiempo los pule y los suaviza hasta hacerlos brillar como si estuviesen recubiertos por una hermosa pátina. En otros, la desilusión, la insatisfacción y la frustración los cuartean, los agrietan y los desgastan. Cuando esto sucede, los dos miembros de la pareja perciben las heridas y
temen perder esa conexión profunda que siempre anhelaron.
Si nos damos cuenta a tiempo del deterioro, hay posibilidad de reparar los daños y la relación no solo se puede salvar sino hacerse más fuerte que nunca. Desafortunadamente muchas parejas no saben dónde empezar. La negación suele apoderarse de ellas, o la resignación, la creencia equivocada de que el desgaste de la intimidad es normal y que no es posible hacer nada al respecto. Esta actitud prácticamente garantiza que la relación siga decayendo. Es aquí cuando los amigos, la familia y los terapeutas empiezan a oír afirmaciones como las que siguen:
• “Ha cambiado”,
• “Nunca me había tratado asf
• “Le encantaba estar conmigo todo el tiempo; ahora apenas si puede incluirme en su agenda”.
• “Solía mirarme con admiración; ahora me trata con desdén”. • “Encontraba divertida mi compañía; ahora es quisquillosa y me
trata como si fuera un chiquillo tonto”. ¿Le parece haber oído alguna de estas quejas?
Sin decirlo, a veces sin siquiera haber tomado conciencia de ello, cada uno de los miembros de la pareja tiene la secreta esperanza de que el otro haga algo para detener el deterioro y solucionar los problemas. Desean recuperar a aquella persona de la que se enamoraron, que vuelva a tener esa maravillosa personalidad que los cautivó un día. Al ver que sus deseos no se realizan, su frustración aumenta. Aquella persona que los hizo ser mejores, que trajo nuevo sabor a su vida, es ahora la que los hace sentir mal. Con el tiempo, la tristeza se transforma en herida, en reproche, en ira, en amargura y resentimiento. Ahora los aspectos menos atractivos de sus personalidades saltan a la vista. El hombre tiende a volverse taciturno, malhumorado y distante. La mujer tiende a criticar, atacar y exigir. Pronto, las almas gemelas se transforman en compañeras de celda en una prisión de negatividad.
Alguna veces, ese dolor silencioso de la pareja que reclama una respuesta a los deseos y necesidades no expresados puede estar presente durante meses, incluso años. Sin embargo, llega el momento en que uno de los dos puede sentir tal desolación y desesperación que decide hacer esfuerzos unilaterales para llenar el vacío que se ha ido abriendo entre los dos. Es muy arriesgado cruzar ese abismo con la esperanza de encontrar una respuesta del otro. Si no hay respuesta, es posible que usted caiga en el
precipicio. Ahora la humillación está siempre presente y la realidad del amor perdido y de los sueños deshechos no se puede negar ni racionalizar. Ahora bien, si encuentra una respuesta positiva y tomados de la mano intentan superar la distancia que los separa, es posible que empiecen a reconstruir la derruida estructura de su relación.
El éxito dependerá del deterioro que hayan sufrido los seis pilares y de su habilidad para restaurarlos.
Dilación y distracción
El tiempo es la mayor distancia entre dos lugares.
TIlA’A’ESSEE WILLIAMS
Cuanto más tardemos en tomar conciencia del deterioro inicial y prestarle atención, con mayor velocidad se producirá el daño y más difícil será encontrar la motivación para iniciar el trabajo de reconstrucción, Es lo mismo que cuando alguien se golpea la cabeza al hacer un clavado en la piscina o se cae de una bicicleta. Cuanto más tarde en volver a saltar del trampolín o montarse en la bicicleta, más difícil será volver a intentarlo.
Es típico, sin embargo, que en lugar de dedicarse a reconstruir la relación, los miembros de la pareja tiendan a tratar de llenar el vacío ocupándose en proyectos de uno u otro tipo. Pueden ser sus carreras profesionales, actividades recreativas, la construcción de una nueva casa; no importa qué, hay un nuevo interés en que centrar sus energías que reemplaza la pasión y la intimidad que una vez compartieron. Si no prestamos atención, esta actitud puede convertirse en una compulsión, es decir, un intento por llenar el vacío con amagos de intimidad. Si los dos asumen un proyecto juntos, la distracción crea la ilusión de que están tan unidos como siempre, quizá más unidos aún, y mientras tanto las heridas en sus corazones siguen creciendo y los resentimientos no atendidos degeneran en verdaderas tormentas. Cuando las nuevas actividades no son compartidas, la relación se deteriora más rápido y, obviamente, se hace más dolorosa, especialmente si el sustituto de uno de los miembros de la pareja es precisamente la distracción más antigua y más hiriente de todas: un affaire.
En muchos casos, los intentos por llenar el vacío se materializan en un hijo. Con frecuencia les digo a mis pacientes que, contrario a lo que reza la sabiduría convencional, los hijos son causa de divorcio. Cuando los lazos entre la pareja son fuertes, es evidente que un hijo los une más- pero si las bases de la relación se han debilitado, la llegada de un hijo puede acelerar la pérdida de la intimidad. Hay estudios que demuestran que dos tercios de las parejas experimentan una caída vertiginosa en la satisfacción marital después del nacimiento del tercer hijo. La paternidad es más envolvente que la profesión, los hobbies o cualquier otra distracción porque es exigente, plantea demasiados retos y es muy absorbente. También es tan gratificante en el aspecto emocional que hace más fácil ignorar el deterioro del amor.
Nicolás y Margarita habían venido a consulta tres veces cuando empece a percibir que había algo que Nicolás no era capaz de confesar a su esposa. Le pregunté en privado, y protegido por esa aura de secreto me confesó que lo que lo estaba torturando era que estaba celoso de su hijo de diez meses. Le costaba tanto admitirlo, que no podía ni mirarme a los ojos. Apenas se escuchaban sus palabras. Me dijo que Margarita estaba tan entregada a su maternidad, que él se sentía abandonado. Nicolás, que hasta ahora había sido el centro de atención y la única persona a la cual dirigía su afecto, había sido desplazado. Si le costaba obtener un abrazo, mucho más mantener aquella pasión e intimidad que habían llegado a ser tan esenciales en su vida.
Cuando veía a Margarita abrazar al niño, amarlo sin restricción alguna, él también ansiaba ser acunado, abrazado y amado incondicionalmente. Se sentía emocionalmente exiliado. Estaba enfadado con Margarita porque lo había relegado al olvido y era ciega a sus necesidades. Pero lo peor no era el dolor que le producía el rechazo de su esposa y la pérdida de la intimidad, sino la vergüenza. Nicolás estaba convencido de que era el único padre del mundo que experimentaba esos sentimientos tan horribles. ¿Acaso soy un desalmado?”, se lamentó. “Un hombre normal no siente celos de su bebé”.
Fue un gran alivio para Nicolás que yo no me sorprendiera con su confesión. Incluso lo felicité por haber sido capaz de reconocer algo que la gran mayoría de padres sienten pero no son capaces de afrontar. Es el complejo de edipo freudiano, pero al revés: un padre que anhela deshacerse de su hijo para recuperar a su esposa.
solucionar el problema de raíz antes de que la presencia de su hijo destruyera por completo su matrimonio. Otras parejas no tienen tanta suerte.
Cuando uno o los dos miembros de la pareja se ven tan absorbidos por la paternidad, la carrera, los proyectos u otros substitutos de la intimidad, no se dan cuenta de que las bases de su relación se están desmoronando y el abismo emocional se va haciendo cada día más grande. Se convencen de que su actividad compulsiva es necesaria y responsable, cuando de hecho buena parte de ella no es sino una forma de ocultar la tristeza y el dolor que experimentan por la falta de unión. Lo que un día fue un encuentro de dos almas gemelas se convierte en un mero contrato con asignación clara de tareas para cada uno de los socios; los elementos básicos de la atención del negocio crean la ilusión de una sociedad fuerte. Mientras tanto, los seis pilares siguen erosionándose, hasta que un día, con gran dolor y asombro, la pareja ve cómo toda la estructura se derrumba.
Ninguna de estas situaciones es inevitable. Por supuesto, la luna de miel no dura toda la vida, y esperar que así sea es una vana ilusión, como si quisiéramos construir una catedral sobre columnas de papel maché como las de los escenarios de las películas. La clave de un amor maduro es levantar unos pilares fuertes y reforzarlos continuamente; esto no significa que la relación permanezca siempre igual ni que regrese a los días paradisíacos, sino que podemos continuar construyéndola, agregándole nuevas extensiones, embelleciéndola y creando constantemente algo nuevo, maravilloso y grandioso, a medida que avancemos en nuestro camino como pareja
Compromiso y convicción
Empieza ya, no importa qué quieras hacer o qué sueños tengas. El genio, el poder y la magia son propios de la audacia.
JOHANN WOLFGANO VON GOETHE
El primer paso para enamorarse de nuevo es asegurarse de que ustedes están de acuerdo con el enfoque básico de este libro. Es extremadamente difícil progresar si los integrantes de la pareja tienen puntos de vista completamente diferentes sobre la naturaleza de sus problemas, o si alguno se resiste a luchar por la relación. Si la propuesta del libro no tiene sentido para ambos, sólo obtendremos resistencia, obstrucción y excusas.
Como lo mencioné en la introducción, éste es un concepto fácil
de
compartir con su pareja. Es muy posible que él o ella se comprometan Por lo general, es obvio que si la química, el respeto* el goce, la aceptación, la confianza y la empatia son fuertes, la relación descansará sobre bases sólidas. A la mayoría de las personas esto les parece sensato.
El primer paso para utilizar este libro en pareja, por tanto, es constatar si los dos están de acuerdo en lo siguiente:
• ¿Estos seis elementos juegan un papel fundamental para determinar el estado de una relación?
• ¿Es necesario mejorar la calidad de estos ingredientes en su relación? • ¿Desean dar los pasos necesarios para reconstruir y restaurar estos
elementos esenciales?
Si la respuesta de los dos a estas preguntas es afirmativa, pronto notarán que la resistencia y la negación actual empieza a desaparecer. Por lo general el optimismo y la esperanza empiezan a resurgir. Algunas parejas encuentran que por primera vez en mucho tiem- ¡ po pueden estar realmente de acuerdo en algo. Esto posibilita unir de nuevo las manos para retomar una empresa conjunta.
Estar de acuerdo en una estrategia básica proporciona los ingredientes básicos del compromiso. Piense que el compromiso es la base de granito sobre la cual descansan fuertes pilares. Tratar de crear un amor duradero sin esto es como tratar de construir castillos de arena. Una vez que los dos hayan llegado a la misma página y sean capaces de hablar de su relación en un lenguaje común, que ambos acepten, estarán en condiciones de trabajar en equipo, como dos exploradores que van en busca del amor perdido, listos y deseosos de aplicar las herramientas prácticas que ofrece este libro.
Las claves de la comunicación
Hablemos, aunque veamos todas nuestras fallas y debilidades.
HERMAN MELVILLE
Algunas veces las personas que oyen hablar de los seis secretos por primera vez, me preguntan: “Y ¿qué pasa con la comunicación; no es tan importante como los otros elementos de una relación sana?”
La respuesta es: sí, una buena comunicación es vital. La relación entre la calidad de ia comunicación y la fortaleza de los seis pilares es como la del huevo y la gallina. Sobra decir que cuando un hombre y una mujer se atraen, se respetan, gozan estando juntos, se aceptan, confían el uno en el otro y sienten mutua empatia, tendrán motivación para comunicarse abierta y sinceramente. También, un buen nivel de comunicación es crucial para controlar y mantener la fortaleza de los pilares, y para repararlos y reforzarlos cuando se debilitan.
En los capítulos siguientes va a prestar atención a los aspectos más significativos de su relación. Es evidente que surgirán temas muy delicados, los cuales es necesario expresar y comprender. Así mismo, puede tener pensamientos importantes y, quizá, perturbadores, que debe plantear y es necesario prestarles atención. La calidad de su comunicación determinará en gran medida qué tan exitoso será en la restauración de su amor. He aquí algunos principios clave que la pareja debe tener en cuenta cuando trabaje junta en el material que se ofrece en este libro, y también en su comunicación como pareja.
1. En realidad es mejor dar que recibir.
Los hombres y las mujeres suelen centrarse en sí mismos y perder el sentido del “nosotros” y el “nuestro”. Esta tendencia, de modos diversos, ha empeorado debido a ciertos métodos de autoayuda que animan a las personas a centrarse en el “¿Qué quiero y qué necesito yo?” Si bien es de gran importancia asegurarse de que sus necesidades sean satisfechas y sus deseos se realicen, he podido constatar que cuando esa actitud se lleva a los extremos, lo que debería ser una relación de colaboración se convierte en una competencia entre dos personas centradas en sí mismas, individualistas en extremo. El egoísmo ha llevado al fracaso total a muchas relaciones en las que solamente es posible el triunfo de una de las personas cuando la otra pierde. “Un amor buscado es bueno”, escribió Shakespeare, “pero es mejor un amor que nos llega sin buscarlo”.
He podido constatar que los mejores matrimonios son aquéllos en los que el uno está pendiente de los deseos y necesidades del otro. La clave, por supuesto, es que los dos actúen de la misma forma, o de lo contrario uno de los dos terminará siendo un mártir o continuamente pisoteado. Mi experiencia demuestra que cuando una persona asume la posición de “el otro primero” en lugar de la de “yo primero”, con frecuencia logra la reciprocidad del otro. Cuando nuestros compañeros son generosos y bondadosos1 lajna- yoría de nosotros nos sentimos naturalmente inclinados a corresponder. Si usted permite que la comprensión, la consideración y la preocupación por el otro sean las guías de su comunicación, se ganará el derecho a ser tratado en la misma forma.
2. Póngase en el lugar del otro.
La clave de una comunicación generosa es plantearse siempre esta pregunta: “¿Qué le pasa a mi pareja en este momento?”
La mayoría de las personas, presas de sus propias frustraciones y amarguras, no disponen del tiempo necesario para preguntarse qué pasa en el corazón y en la mente del ser que aman. Pero algo mágico sucede cuando uno se pone un rato en el lugar del otro. Cambiar la atención de uno mismo al otro abre no sólo los ojos sino el corazón. Nadie puede preguntarse qué le pasa a su pareja en este momento y seguir en pie de guerra. La tensión, la hostilidad, la actitud defensiva y la tendencia a culpar suelen dar paso a la calma, la ternura, la apertura y la comprensión. Además £S posible que descubra que su pareja no está buscando razones para dudar de usted o rechazarlo, sino que más bien está buscando razones que le ayuden a confiar en usted y a aceptarlo.
Todavía más eficaz, pero extremamente difícil de hacer, es ampliar la pregunta un poco más. Pregúntese: “¿Cuál será la reacción de mi pareja después de que yo diga lo que estoy a punto de decir?” ¿Está a punto de decir algo hiriente? ¿Tiene la necesidad de descargar sentimientos reprimidos? Piense por un momento qué efecto causará. El descanso que siente al liberarse de lo que lo está molestando puede cegarlo frente al
hecho de que con ello puede herir a su pareja. ¿Será eso lo mejor para su relación?
Preguntarse “¿Qué le pasa a mi pareja en este momento?” es la esencia de uno de los seis secretos de un amor duradero: la empatia, de la cual hablaremos ampliamente en el capítulo 7. Las técnicas de lo que yo llamo Terapia Empatogénica han demostrado ser tan eficaces en la consejería de parejas que he decidido utilizarlas a lo largo del libro.
3. Aprenda a escuchar.
Todo el mundo necesita ser comprendido. Pero es más importante aún saber que la otra persona quiere comprender y está tratando de comprender. Un sincero esfuerzo por entender lo que la otra persona está tratando de comunicar demuestra amor, compromiso e interés. Aprenda a escucharla con paciencia, con mente y corazón abiertos, y hágale saber que quiere comprender lo que piensa y siente. Ese esfuerzo será más eficaz para consolidar la relación que la comprensión misma.
Julio era un ejecutivo joven e inteligente que se vanagloriaba de ser muy listo en el estudio y de ser capaz de llegar hasta el corazón de los problemas. Esto era muy ventajoso en los negocios, pero no en casa. Un día en la terapia, mientras Cristina, su esposa, se esforzaba por explicar lo que había pasado en su primer aniversario de bodas, Julio interrumpió: “Está bien, ya entendí. Quieres regalos más bonitos y te gusta que te sorprenda. Hecho”. Se necesitó que Cristina rompiera a llorar, y que yo interviniera un poco para lograr que él se calmara y escuchara un poco más. Al ver que su esposo se preocupaba por tratar de comprenderla, Cristina se calmó y fue capaz de articular sus ideas de forma más clara. Por último, Julio dijo: “Creo que lo que me estás diciendo es que quieres saber que todavía eres especial para mí, porque tú estabas convencida de que eras lo más importante en mi vida y últimamente no te sientes especial en absoluto. ¿Correcto?” La diferencia, tanto en sus palabras como en su
comportamiento, entre ésta y su respuesta anterior fue sorprendente. Preparó el camino para que Cristina y Julio trabajaran juntos en los problemas que habían surgido entre ellos.
A menudo, cuando uno llega a una rápida conclusión acerca de la otra persona, esta conclusión lo satisface a uno pero no a ella. Cuando alguien está sufriendo mucho, la sensación de estar solo enfrentando el problema aumenta el sufrimiento. Para salir de esa detestable sensación, necesita contar la historia completa y saber que alguien lo escucha y está realmente interesado en escuchar. Demostrar que el dolor, la confusión, el temor y la ira de su compañero merecen su compromiso total hará maravillas para unirlos de nuevo. En los primeros pasos de un diálogo, por tanto, intente decir (tosas como las siguientes: “Como sé que esto es importante para ti, estoy haciendo lo posible por comprenderte. ¿Puedes tratar de explicarlo con otras palabras?” Esto suele ser más significativo que un simple “Comprendo”.
4. Dialogue.
La comunicación puede darse en cuatro niveles distintos, desde el menos productivo hasta el más productivo: diatriba, debate, discusión y diálogo.
Cuando se inicia una diatriba es como si la otra persona no existiera. Es un monólogo en el que el uno está despotricando o desahogándose, insistiendo en que su punto de vista es el correcto y el único, y en que no es negociable. La otra persona piensa que es invisible.
En un debate los dos están tratando de probar un punto y de convencer uno al otro de la posición de cada uno. La actitud de los dos es: “Yo estoy en lo correcto, tú estas equivocado”.
La atmósfera en una discusión suele ser placentera y tranquila, aunque en el contexto de una relación amorosa suele ser insatisfactoria emocionalmente y, hasta cierto punto, frustrante. Se trata de un proceso intelectual en el cual hay comunicación entre pares.
El diálogo es mucho más satisfactorio. Es un proceso de corazón a corazón en el que se da una conexión tanto emocional como mental. Cuando se inicia el diálogo, la frustración y el resentimiento dan paso a la esperanza y la gentileza. Los dos sienten que el otro lo entiende y le importan sus sentimientos.
Cuando hay un trabajo en común para evaluar, restaurar y revitalizar una relación es clave que la comunicación pase de la diatriba al diálogo. Un primer paso que sugiero para lograrlo es tener una conversación acerca de las diferencias entre los cuatro estilos de comunicación -diatriba, debate, discusión y diálogo-para asegurarse de que los dos son totalmente conscientes de las diferencias. Luego, hagan un esfuerzo por mantener su comunicación en el nivel del diálogo o. al menos, la discusión, en lugar del debate o la diatriba.
5. Controle su comunicación.
Traten de acordar unas reglas básicas que les ayuden a mantener su comunicación en la dirección correcta. Tengan un diálogo centrado en las siguientes preguntas:
* Si alguno de los dos quiere traer a cuento un tema que puede molestar al otro, ¿cuál es la mejor forma de hablar sobre ello? * Si alguno de los dos empieza a convertir la conversación en una
diatriba o un debate, ¿cómo podemos cortarla antes de que se genere hostilidad?
* ¿Qué debemos hacer para lograr un verdadero diálogo?
El lenguaje corporal de su pareja le servirá para seguir la pista a los esfuerzos que están realizando para lograr una buena comunicación. Los gestos y las expresiones corporales dicen más que las palabras sobre el efecto que usted está causando en la otra persona. He aquí las señales típicas que se manifiestan en los diferentes niveles de conversación:
En la diatriba. La otra persona tiende a mirar a lo lejos, como si
estuviera buscando una salida. Sus gestos denotan irritación, molestia o ira.
En el debate. Las personas tienden a reaccionar a un desafío en forma
agresiva, suben el mentón, como si trataran de decir: “¿Quién diablos crees que eres para hablarme en ese tono?” Los que se intimidan bajarán el rostro, hundiendo el mentón con aire sumiso, como si estuvieran diciendo: “De acuerdo, ganaste, por favor no me hieras”.
En la discusión. Uno y otro tratarán de mantener una expresión
movimientos de cabeza con los que quieren decir: “Lo que dices tiene sentido”, o, “Entiendo tu posición”. Es posible que no haya un acuerdo, pero uno y otro escuchan lo que se está diciendo y no hay actitud de confrontación en sus rostros. Se razona, pero no se llega al corazón.
En el diálogo. Los dos están hablando de verdad. Hay cierta viveza en
la mirada y distensión y tranquilidad en los rostros. Los hombros y la parte superior del tronco también tienden a relajarse, como si bajaran la guardia y trataran de decirse: “Qué bien que me entiendes, aceptas y respetas lo que digo. Puedes decirme lo que quieras, y sé que puedo decirte lo que quiera”.
Cuanto más pueda dialogar con la otra persona, mayor apertura encontrará en ella. Todos debemos aspirar a este nivel de comunicación, no sólo con los más íntimos sino con la mayoría de las personas. El único momento en que la diatriba o el debate son útiles es cuando las emociones no tienen cabida y solamente hay tiempo para concluir un trabajo.
6. Pregunte siempre: “¿Estoy siendo justo v razonable ?”
Siempre llevamos cuentas. Incluso si no somos conscientes de ello, en nuestro inconsciente hay un récord que nos muestra quién está descargando sus culpas en el otro, quién no escucha, quién critica, quién hace de todo diálogo una diatriba, etc. Por tanto, trate de mantener el equilibrio en su comunicación. Si, por ejemplo, uno de los dos tiene la política de: “Quiero que me digas sólo cosas buenas, pero yo puedo decirte lo que quiera”* no pasará mucho tiempo antes de que el tablero del otro empiece a relampaguear y estallen los fuegos artificiales.
El principio de lo justo y lo razonable se aplica tanto al contenido de su comunicación como al estilo de la misma. Las cosas que se exigen uno al otro tienen que guardar un equilibrio. Si uno de los dos siempre exige, manipula o da sin recibir un tratamiento similar, las bases de la relación se desharán como la miga de pan viejo. Por supuesto, puede haber ocasiones en las que usted quiere algo que no es especialmente justo o razonable. Siga adelante y pídalo, pero los dos deben ser conscientes de que se trata de un favor. Si su pareja esta de acuerdo en concedérselo, él o ella tendrá derecho a la reciprocidad.
7. No actúe basado en suposiciones.
verificar si usted tiene razón no es sólo nido sino que puede ser el fin de una relación. También lo es suponer que el otro puede leer sus pensamientos y anticipar sus necesidades.
En lugar de actuar basándose en suposiciones, pregúntele a su pareja qué está pensando y sintiendo. No espere que el otro sea más aventajado en este juego de adivinaciones: asegúrese de comunicar sus sentimientos más profundos en forma clara y explícita.
Hay muchas razones por las cuales evitamos expresar nuestros verdaderos pensamientos: no queremos molestar u ofender al otro; no nos gusta admitir que necesitamos algo; no queremos correr el riesgo de que nos rechacen pues esto nos hace vulnerables. Pero mientras esperamos que nuestro compañero responda a nuestras peticiones silenciosas, nos sentiremos cada vez más frustrados y resentidos. Si no podemos abrir nuestro corazón en nuestras más íntimas relaciones, las cosas verdaderamente están muy mal.
8. Utilice la pausa de los seis pasos.
Lo que más lamentamos en la comunicación es cuando hablamos impulsivamente o respondemos en forma visceral. Para evitar decir o hacer cosas hirientes, actúe reflexivamente, no por instinto. Los pasos siguientes le permitirán tener cabeza fría en una situación acalorada y elegir en forma consciente qué debe decir o hacer:
Paso 1. Preste atención a sus reacciones físicas. Deténgase y observe qué siente y en dónde lo siente.
Paso 2. Preste atención a sus reacciones emocionales. Relacione las sensaciones físicas con las emocionales. ¿Se siente tenso? ¿Enqjado? ¿Temeroso? ¿Herido?
Paso 3. Preste atención a sus impulsos. Pregúntese: De acuerdo con las sensaciones que acabo de notar, ¿cómo quiero actuar o qué quiero decir?
Paso 4. Preste atención a las consecuencias. “Si actúo impulsivamente, ¿qué me puede pasar y qué puede pasarle a mi pareja? Piense tanto en el corto como en el largo plazo.
Paso 5. Preste atención a las soluciones. “¿Qué alternativas tengo y con cuál de ellas obtendré mejores resultados?”
Paso 6. Preste atención a los beneficios. “¿Qué recompensa obtendré si busco esta solución?”
Esta intervención puede parecerle artificial y molesta inicialmente. Trate de ser paciente. Con perseverancia y práctica, podrá aplicar el procedimiento tan rápidamente que le parecerá como si no hubiera realizado sino un solo paso. Toma unos treinta días convertir el cambio en su comportamiento en un hábito y seis meses como mínimo hacerlo parte de su personalidad.
Cómo construir el castillo del amor
Si ha hecho castillos en el aire, no ha perdido su trabajo. Es allí donde deben estar. Ahora ponga las bases en la tierra.
HENRYDAVID TllOREAU
Iniciemos el proceso de enamoramos de nuevo evaluando los seis ingredientes básicos de nuestra relación. En una escala de uno a cinco, en la que uno indica problemas muy graves y cinco algo cercano a la perfección, ¿qué valor le daría a cada elemento? (Deben hacer estos ejercicios cada uno por su lado, sin consultarse uno al otro.)
Después, recuerde los días en que su relación era bien fuerte. ¿Cómo habría calificado cada uno de estos seis pilares entonces? Si necesita
refrescar su memoria, mire fotografías de los dos cuando había amor y gozo en abundancia. Aunque doloroso, echar mano de los recuerdos es útil. Ahora, trate de ponerse en el lugar de su pareja. Imagine cómo se siente él o ella respecto a su relación actual y escriba el puntaje que él o ella le daría. Luego escriba los puntajes que el otro habría dado en los mejores momentos de su relación. No evite este paso sólo porque no está seguro de cómo responder. Usted sabe más de lo que cree, y es muy importante adquirir el hábito de ver a través de los ojos de su pareja.
Suponiendo que no está en un momento de negación total y que ha calificado con cinco cada uno de los pilares, su posición es envidiable. Está en condiciones de concentrarse en lo que podríamos llamar medicina preventiva. Este libro le ayudará a mantener una relación fuerte reforzando lo que está haciendo bien, manteniéndose siempre alerta para vislumbrar cualquier señal de debilidad y tomar medidas inmediatas que le permitan fortificar áreas que necesitan ayuda.
Si calificó con menos de cinco cualquiera de las categorías, esto indica que el estado de su relación no es el mejor. Hay cierta insatisfacción y algo de desencanto. Este libro le ayudará a identificar las razones por las que estos ingredientes no son tan fuertes como podrían ser y le enseñará a reconstruirlos.
¿Qué nos espera?
El matrimonio es nuestra última y mejor oportunidad para crecer.
JOSEPtl PARTII
En los capítulos siguientes hablaremos de los seis secretos en orden secuencial. Cada capítulo explica por qué estos pilares son de vital importancia, qué los erosiona y, lo más importante, cómo restaurarlos. Al principio de cada capítulo encontrará un cuestionario breve que le ayudará a identificar qué tan problemático es ese pilar. Refiérase al cuestionario cuando esté haciendo los ejercicios que se proponen más adelante en el capítulo.
Sus circunstancias particulares pueden llevarlo a trabajar más en un área que en otra. Sus preocupaciones específicas pueden incluso tentarlo a saltarse algunos capítulos. Por ejemplo, puede sentir la tentación de pasar-de largo por el capítulo pasar-de la confianza porque la pasar-desconfianza es la que ha hecho trizas su amor. En realidad, cualquiera de las seis rutas lo conducirán a usted al camino del amor. Sin embargo, permítame insistir en que lea el
libro de principio a fin. Como parte de la información contenida en los capítulos finales hace referencia a algo que ya se ha mencionado en el libro, una lectura secuencial evitará confusiones. También le recomiendo especialmente que trabaje en todos los pilares, aunque considere que tiene más problemas en unos que en otros. Uno es tan indispensable como el otro, como las patas de una silla. Al fortalecer los más firmes, ayudará a reforzar los que recibieron calificaciones más bajas.
Antes de iniciar la lectura del capítulo siguiente, tómese unos pocos minutos para reflexionar sobre el estado actual de su relación. Luego, imagine qué pasaría si fuera posible aumentar a cinco la calificación de cada uno de los ingredientes. ¿Cómo se sentiría? ¿Qué pensaría de su pareja, y qué pensaría ella de usted? ¿Qué sentirían al estar juntos? ¿Qué harían de modo diferente? ¿Qué significado tendría para su felicidad y disfrute de la vida el que todos los pilares fueran lo suficientemente fuertes?
Esto es lo que le espera. Algo que de verdad se puede alcanzar. Dirija su mirada hacia la luz que está al final del túnel. Esa luz no es la de un tren que viene en la otra dirección. Es la luz de la esperanza. La esperanza de poder erradicar la hostilidad que ha surgido entre ustedes dos, curar las
heridas que ninguno quiso causar al otro, y crear ese hogar emocional que
2
Química
Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo
pero nunca se atrevió a preguntar
El amor llega a ser la respuesta
fundamental a la pregunta primordial de la humanidad.
ARCHIBALD MACLEISH
El amor es la repuesta, pero mientras la espera, el sexo plantea muchas preguntas interesantes.
¿Qué tanto aplican las siguientes afirmaciones a lo que usted piensa o siente acerca de la química en su relación?
PUNTAJE:
0-6 Ustedes parecen más hermanos que amantes.
7-13 Después de tener sexo, usted piensa: “Tenemos que hacerlo con más frecuencia”.
14-20 Haga reservaciones para su próxima velada romántica.
Uno de los momentos más dolorosos en la terapia, y desafortunadamente uno de los más comunes, es cuando uno de los cónyuges confiesa que su pareja, que una vez fue irresistible, ahora no sólo carece de atractivo sino que su presencia le repugna. Su apasionada princesa parece un témpano de hielo que tiene dolor de cabeza siempre que él se le acerca. Su príncipe, encantador hace un tiempo, se ha transformado en un teleadicto cuya aproximación amorosa es decir “¿Tienes ganas?” mientras se rasca la cabeza.
“Antes esperaba ansiosamente su llegada”, me dijo una de mis pacientes con los ojos llenos de lágrimas. “Solía desear su juego seductor. Hoy le temo. Traté de que reviviéramos esos momentos, pero no lo logré. Me harté de fingir”. Las confesiones suelen estar acompañadas de muchas emociones contradictorias, como:
• culpa (“Me tortura sentir esto”)
• temor (“¿Recuperaremos la química algún día?”) • confusión (“¿Por qué nos está pasando esto?”) • tristeza (“Solía ser tan maravilloso”)
• frustración (“Ya no aguanto más”)
• ira (“¡Odio a ese bastardo/esa bruja por dejar que esto sucediera!”) La pérdida de la química en una relación larga ha sido objeto de atención tanto de científicos como de comediantes, y hasta el momento los comediantes llevan la delantera. Según un chiste popular, en el noviazgo el sexo tiene lugar en cualquier parte de la casa. Recién casados, el sexo tiene
lugar en la alcoba. Después de unos años de matrimonio, todo el sexo que hay son los insultos que se gritan cuando se encuentran. Erma Bombéele dijo hace ya un par de décadas: “La única razón por la que salgo a trotar todas las mañanas es para oír mi corazón latiendo de nuevo”. Esto es hoy válido para muchos.
Sabemos que no es realista pensar que esa pasión explosiva, eufórica, omnipresente del amor juvenil permanece intacta a medida que la relación madura y los cónyuges envejecen. Tampoco podemos esperar tener la misma energía en la mitad de un maratón
que en el momento de la partida. Pero también hay buenas posibilidades de que usted añore esa pasión sin inhibiciones y que desee recuperar, al menos, una pequeña parte. Ésa no es una meta irrazonable. Es más, puede lograr algo mejor. Puede recuperar su pasión y combinarla con la sabiduría tranquila de un amor maduro. La química es algo más que simple lujuria. Miremos con más detenimiento de qué se trata.
El continuo de la química
El hombre siempre quiere ser el primer amor de una mujer; la mujer quiere ser el último romance de un hombre.
OSCAR WILDE
Piense en la química como algo que está dentro del continuo de la atracción, agua y aceite en un extremo y magnetismo puro en el otro. En el extremo magnético, la química opera como un adhesivo tipo velero, tan fuerte que es muy difícil separar a los dos miembros de la pareja. Usted dice cosas como: “No puedo esperar para verlo”, “No puedo dejar de acariciarlo”, “Me excito sólo con pensar en nuestro próximo encuentro”. Cuando esta química tipo velero madura, la relación física es más tranquila, ya no se trata de la combustión de la pasión juvenil. También conlleva el placer del beso, de la caricia, del mimo y de otras actividades que a veces calificamos de “mera” estimulación erótica pero que nos brindan un placer sensual ilimitado.
En el amor maduro, la química equilibra la atracción mental, la emocional y la física. El tiempo pasa lentamente cuando uno espera al ser amado, y ya juntos, las horas parecen minutos. En su mayor intensidad, la química crea una sensación de euforia. Es como haber encontrado una parte de nosotros mismos de la que carecíamos. Es sentir que hay una conexión corazón a corazón, espíritu con espíritu, y cuando la separación es inevitable es como si le arrancaran a uno la piel.
Una fuerte química no es unilateral. No es uno solo el que se siente atraído. Al otro le gusta tanto mirarlo a usted, como a usted mirarlo a él; el otro disfruta tanto acariciándolo a usted, como usted acariciándolo a él, porque el contacto crea un sentido de unidad mayor que la suma de sus partes. En cada beso, cada caricia, cada mirada hay una sensación de que ambos están saboreando algo especial, tan especial que parece que nunca será suficiente. Usted quiere sumergirse y embriagarse en esa sensación. La presencia de su pareja le da una completa sensación de bienestar. Una buena química crea una sensación de unidad física, emocional y espiritual que nos hace ver que todo marcha bien.
La química puede llevamos del ardor de una pasión desaforada a una agradable sensación de afecto. Es apenas natural que la intensidad del amor temprano se vaya disipando pues nuestros cuerpos difícilmente pueden soportar ese permanente torrente de adrenalina. Ahora bien, no debemos confundir el sosiego natural que da la edad con el conformismo que hace que las parejas que llevan mucho tiempo juntas se transformen simplemente en muy buenos compañeros de cuarto. Si bien el deseo por sí solo no es química, en el mejor sentido de la palabra, una pasión profunda es fundamental, o de lo contrario la química permanecerá apenas como agua templada que nunca alcanza el punto de ebullición. Sin importar la edad, una buena química consiste de ternura y una fuerte atracción sexual. Nada inspira más que una pareja de viejos tomados de la mano, acunándose uno a otro y sintiendo que se erizan cuando se tocan como si fueran adolescentes.
Desafortunadamente, una queja bastante frecuente de parejas que llevan mucho tiempo juntas es: “Somos como hermanos”. Se sienten a gusto, comparten valores, les gusta hacer cosas juntos, se complacen mutuamente, pero la energía sexual ha desaparecido. La frase “somos como hermanos” sugiere un lazo poderoso, positivo, irrompible, pero también implica que falta algo importante.
Hace evidente que la pareja ya no siente lo que deben sentir los amantes. Sin embargo, la química de un beso en la mejilla de este tipo de pareja tiene todavía mucho más magnetismo que el que existe en el extremo del continuo en que sólo hay agua y aceite. Allí es donde vemos lo