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ESTEREOTIPOS, PREJUICIOS Y DISCRIMINACIÓN 1 ESTEREOTIPOS

sociales El conflicto entre grupos

3. ESTEREOTIPOS, PREJUICIOS Y DISCRIMINACIÓN 1 ESTEREOTIPOS

Cuando en el seno de un grupo existe cierto grado de acuerdo sobre los rasgos típicos de un grupo o categoría de personas, decimos que hay un estereotipo de tales individuos. Así podemos encontrar estereotipos étnicos: los gitanos son perezosos, regionales: los andaluces son alegres, profesionales: los psicólogos están locos, etc. La estereotipación es un término acuñado por Walter Lippman y se refiere a generalizaciones utilizadas para clasificar grupos o categorías de personas, asignando idénticas características a cualquier persona de un grupo o categoría, sin tener en cuenta la variación real que existe entre los miembros del mismo.

Los estereotipos suelen ser:

– Conceptos simples que no han sido elaborados a través de la experiencia directa, sino que fueron adquiridos a través del aprendizaje.

– Suelen tener más elementos falsos que verdaderos, pero no obstante tienen un fondo de verdad.

– Suelen ser difíciles de cambiar.

ACTITUDES Y VALORES SOCIALES. GRUPOS SOCIALES

Los estereotipos persisten a través del tiempo por su instrumentalidad en la satisfacción de nece- sidades, esto es, por su carácter funcional. El principio del mínimo esfuerzo impulsa a las personas a esquematizar el variado y complejo mundo que les rodea, por lo que, dentro del conocimiento social, los estereotipos cumplen la función de ahorro de esfuerzo al juzgar a las personas (le atribuimos los rasgos de su estereotipo y así avanzamos en su conocimiento).

Otra función de los estereotipos es la de justificar la hostilidad hacia el grupo estereotipa- do. Es decir, el estereotipo sirve para racionalizar y justificar los prejuicios y las conductas discrimina- torias. Este proceso puede tener lugar a través de las llamadas “profecías autocumplidas”: la posición de los miembros de una minoría dentro de una sociedad se toma como prueba inequívoca de su inferioridad. Al ver que los emigrantes ocupan trabajos peores, viven en barrios peores, etc., algunos deducen que son inferiores y, por tanto, merecen esa situación.

3.2. PREJUICIOS

El vocablo “prejuicio” deriva del término latino “prae-judicium”, que hace referencia al juicio de valor previo, que se celebraba en la Roma clásica, antes de la iniciación del juicio verdadero. Se trata, por tanto, de un juicio expresado antes de conocer todos los hechos, es decir, “una opinión no justifi- cada, hacia algo desconocido, generalmente desfavorable y que induce a actuar en consecuencia con la misma”. Los prejuicios son una actitud sin suficiente fundamento en la experiencia, que tiene como claro componente la resistencia emocional a cambiar la actitud. En psicología social se es- tudian los prejuicios exogrupales o sociales, entendidos como actitudes negativas de los miembros de un grupo, habitualmente mayoritario, hacia los de otro u otros de carácter minoritario. Por tanto, para la psicología social, “prejuicio” es la actitud negativa y hostil hacia determinadas personas.

Evidentemente, las condiciones que fortalecen el prejuicio pasan por un contacto competitivo entre grupos, el cual será no placentero, que los miembros del grupo se encuentren en estado de frus- tración, y que el estatus del grupo se aumente o rebaje como resultado de la situación de contacto.

Allport distingue entre prejuicios de endogrupo y de exogrupo, entendido el endogrupo como equivalente a grupo de referencia, y el exogrupo como agrupaciones ajenas al individuo. Prejuicios de endogrupo son el grupocentrismo (consideración de que “lo nuestro” es siempre mejor que “lo de los demás”) y el etnocentrismo (grupocentrismo étnico). Prejuicios de exogrupo son la xenofobia (aversión hacia los extraños o extranjeros) y el racismo (exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros).

En su formación, los prejuicios, al ser actitudes, siguen los mismos pasos que éstas:

– Información escasa o deformada. Nuestra información tiende a ser incompleta, pues resulta imposible tenerla de forma exhaustiva sobre todas las cosas; por eso tendemos a ge- neralizar y a extrapolar la información que disponemos. Poco tienen que ver las experiencias negativas en la formación de los prejuicios.

– Excesiva conformidad con los grupos de pertenencia. Los prejuicios son un producto social. La familia, la escuela, los amigos, etc., transmiten sin cesar prejuicios que vamos incorporando de modo casi involuntario. Luego, las presiones hacia la conformidad hacen el resto, sancionando y rechazando a quienes no comparten los prejuicios dominantes. – La satisfacción inadecuada de ciertas necesidades personales. Los individuos con

necesidad de status y poder (por ocupar posiciones inferiores en la jerarquía social) podrían necesitar despreciar a alguien para sentirse superiores. De hecho, parece haber cierta evi- dencia de que las personas con niveles bajos de status tienden a sostener más prejuicios. – También hay quienes sostienen que ciertos prejuicios son una reacción a la frustración.

Dollar y Miller afirman que el bloqueo de una actividad, dirigida a la consecución de un ob- jetivo (frustración), genera en las personas una acumulación de agresividad, que necesita descargarse, encontrando en las minorías indefensas esa “cabeza de turco” o “chivo expia- torio”, donde verter sus ataques. Naturalmente, estos prejuicios se justifican y racionalizan culpando a tales minorías de los males y frustraciones del grupo dominante.

– Pero probablemente la causa que más genera prejuicios son los conflictos intergrupales, derivados de la competencia por metas económicas o políticas. Las necesidades adqui-

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sitivas y económicas parecen jugar un importante papel en los prejuicios que han creado países desarrollados, con el fin de justificar el colonialismo y la explotación económica de los pueblos estereotipados como salvajes o atrasados.

– La personalidad del sujeto. Se ha afirmado también que los individuos de personalidad autoritaria pudieran ser responsables del sostenimiento de prejuicios hacia las minorías y los disidentes.

3.3. DISCRIMINACIÓN

Se entiende por discriminación el trato desigual y diferencial hacia los individuos de una categoría social a la que no se pertenece. Es, por tanto, una conducta hostil hacia las personas diferentes, por motivos de origen racial o étnico, religión o convicción, discapacidad, edad, sexo u orientación sexual, basada en prejuicios y estereotipos. Se manifiesta en pautas de segregación, de hecho o de derecho, como el apartheid, y en conductas como la denegación de oportunidades y derechos.

La discriminación se puede positivizar o concretar en estos tres aspectos: – Cultural, segregación en las escuelas, por ejemplo.

– Económico-laboral, desigualdad de oportunidades laborales, reserva de los trabajos más denigrantes a los que son diferentes.

– Jurídico-política, estableciendo marcos legales específicos, política de derechos discrimi- natorios, etc.

3.4. RELACIÓN ENTRE ESTEREOTIPO, PREJUICIO Y DISCRIMINACIÓN

Si partimos de los tres componentes de las actitudes (cognoscitivo, afectivo y conductual), el estereotipo sería el conjunto de creencias asignadas al grupo minoritario; el prejuicio es el senti- miento de afecto dirigido al grupo; y la discriminación es el resultado de la tendencia a la conducta hostil hacia el grupo.

4. ACTITUDES DE LA PERSONALIDAD AUTORITARIA: XENOFOBIA Y

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