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1.5 ESTRATEGIAS

1.5.3 Estrategias para la prevención del Síndrome de Burnout

Prevenir el Síndrome de Burnout en los profesionales de la salud conlleva a la realización de un estudio de las variables físicas, psicológicas y sociales de los mismos, ya que la profesión se caracteriza por un alto nivel de responsabilidad, el trabajo bajo presión debido a la sobrecarga que en ocasiones se produce. Además el profesional se vincula directamente a pacientes con disímiles enfermedades, que en muchas ocasiones tiene mal pronóstico, aspecto que puede afectar emocionalmente al profesional.

Según Gil-Monte (2001) una clasificación de esos factores estresantes se puede delimitar en cuatro niveles:

a) Nivel individual, la existencia de sentimientos de altruismo e idealismo induce a los profesionales a implicarse excesivamente en los problemas de los usuarios, y convierten en un reto personal la solución de los problemas. Consecuentemente, se sienten culpables de los fallos, tanto propios como ajenos, lo cual redundará en bajos sentimientos de realización personal en el trabajo y alto agotamiento emocional.

b) En el plano de las relaciones interpersonales, las relaciones con los usuarios y con los compañeros de igual o diferente categoría, cuando son tensas, conflictivas y prolongadas, van a aumentar los sentimientos de quemarse por el trabajo. Asimismo, la falta de apoyo por parte de los compañeros y supervisores, o por parte de la dirección o de la administración de la organización son fenómenos característicos de estas profesiones, que aumentan también los sentimientos de quemarse por el trabajo.

c) Nivel organizacional, los profesionales de la salud trabajan en organizaciones que responden al esquema de una burocracia profesionalizada. Estas organizaciones inducen problemas de coordinación

42 entre sus miembros, sufren la incompetencia de los profesionales, los problemas de libertad de acción, la incorporación rápida de innovaciones, y las respuestas disfuncionales por parte de la dirección a los problemas organizacionales. Todo ello resulta en estresores del tipo de ambigüedad, conflicto y sobrecarga de rol.

d) Por último, en el entorno social, se encuentran como desencadenantes las condiciones actuales de cambio social por las que atraviesan estas profesiones (la aparición de nuevas leyes y estatutos que regulan el ejercicio de la profesión, nuevos procedimientos en la práctica de tareas y funciones, cambios en los programas de educación y formación, cambios en los perfiles demográficos de la población que requieren innovaciones en los roles, aumento de las demandas cuantitativas y cualitativas de servicios por parte de la población, pérdida de estatus y/o prestigio, etc.) Luego de realizar una profunda revisión bibliográfica sobre el Burnout pudimos determinar que la mayoría de los trabajos se enfocan en la descripción del síndrome, sus causas y consecuencias, pero en pocos casos se desarrollan estrategias para su prevención. Cherniss (1990), Burke (1992) y Guerrero (2003) apuntan que la mejor forma para prevenir el Burnout debe ser desde el aspecto individual, personal, social y organizacional.

Estrategias individuales, según Guerrero Barona & Rubio Jiménez (2005), se pueden clasificar en técnicas fisiológicas, conductuales y cognitivas:

Técnicas fisiológicas, están orientadas a reducir la activación fisiológica y el malestar emocional y físico provocado por las fuentes de estrés laboral. Entre otras, destacan las técnicas para la relajación física, el control de la respiración y el biofeeback (Guerrero & Vicente, 2001).

Técnicas conductuales, su fin es conseguir que la persona domine un conjunto de habilidades y competencias que le faciliten el afrontamiento de los problemas laborales. Entre ellas se encuentran el entrenamiento asertivo, el entrenamiento en habilidades sociales, las técnicas de solución de problemas y las técnicas de autocontrol (Guerrero & Vicente, 2001).

43 Técnicas cognitivas, busca mejorar la percepción, la interpretación y la evaluación de los problemas laborales y de los recursos personales que realiza el individuo. Entre las técnicas cognitivas más empleadas destacan la desensibilización sistemática, la detención del pensamiento, la inoculación de estrés, la reestructuración cognitiva, el control de pensamientos irracionales, la eliminación de actitudes disfuncionales y la terapia racional emotiva (Guerrero & Vicente, 2001).

Estrategias de intervención social, se busca romper el aislamiento y mejorar los procesos de socialización al potenciar el apoyo social a través de políticas de trabajo cooperativo. A decir de Guerrero Barona & Rubio Jiménez (2005) se ha demostrado que el apoyo social amortigua los efectos perniciosos de las fuentes de estrés laboral e incrementa la capacidad del individuo para afrontarlas.

Estrategias de intervención organizacional, Alejandra Apiquián Guitart, Coordinadora Académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Anáhuac México Norte, expone que los empleados constituyen el capital más importante con el que cuentan las organizaciones, por tal razón se debe cuidar de ellos. Apiquián Guitart (2014), recomienda seis intervenciones para prevenir el Burnout en las organizaciones:

1. Equilibrar las funciones y actividades: la sobrecarga constante de trabajo produce estrés y ansiedad. Se ha comprobado que una cierta ansiedad consecutiva a la sobrecarga de trabajo aumenta los rendimientos de las personas que se ven sometidas a ella, hasta llegar a lo contrario, produciendo el Síndrome de Burnout, dejando que la eficiencia y productividad disminuyen considerablemente.

2. Darle todo lo necesario para desempeñar su trabajo: asegurarse de que los empleados cuenten con las habilidades, conocimientos, equipo y material necesario para desempeñar sus funciones. Las empresas que buscan minimizar los costos en capacitación y desarrollo de personal, así como en las inversiones

44 en equipo y material de trabajo tienen trabajadores frustrados, desmotivados y “quemados”.

3. Evaluación continua de estrés: no todas las personas reaccionan de la misma manera al estrés y por lo tanto existen individuos más vulnerables, por ello es necesario realizar una evaluación sobre los niveles de estrés que permitan detectar a aquellas personas que están en riesgo.

4. Programas de salud integral: los hábitos alimenticios y la actividad física son clave para la salud. Algunas empresas que cuentan con el servicio de comedor para los empleados han comenzado a tomar consciencia sobre el balance de los menús que se ofrecen, e incluso se contratan nutriólogos para asesorías. Asimismo, se pueden establecer convenios con clubes deportivos o gimnasios para que sus empleados puedan hacer uso de las instalaciones a costos preferenciales.

5. Flexibilizar los turnos y horarios de trabajo: en ciudades complejas, el home office, evita el desgaste emocional y físico a los empleados que tienen que recorrer grandes distancias. Sin embargo, para poder instituir esta forma de trabajo resulta indispensable capacitar al empleado y darle seguimiento a sus actividades con el propósito de asegurar un desempeño eficaz y eficiente como si estuviera en la oficina.

6. Programas de ayuda psicológica: estos programas ofrecen ayuda profesional gratuita o a costos preferenciales a los empleados y sus familiares directos cuando tienen problemas que les afectan en el ámbito personal o laboral. Estos problemas pueden estar relacionados con aspectos legales, médicos, financieros, emocionales o psicológicos. El servicio que se ofrece es externo y se asegura a los empleados la confidencialidad absoluta, por lo que este tipo de programas han ayudado a que los problemas sean atendidos de forma inmediata, y las dudas y preocupaciones canalizadas oportuna y adecuadamente.

45 Una vez analizado algunos tipos de estrategias se infiere que la mejor manera de prevenir el Síndrome de Burnout, es tratarlo desde una óptica general, es decir tratar de integrar todas las dimensiones.

Como se ha establecido, el Síndrome de Burnout en los estudiantes de Medicina, es un problema que puede iniciarse desde el pregrado, afectando la calidad de vida y el desempeño estudiantil de quienes lo padecen. Para muchos estudiantes la incapacidad de desarrollar estrategias que los conduzca a la meta propuesta, sumadas a los estresores ya expuestos anteriormente y el poco tiempo disponible, han logrado provocar un Burnout académico que nos debe llamar la atención por las serias implicaciones que comporta.

Entonces debe ser una prioridad transformar el entorno académico en un ambiente adecuado, cómodo y satisfactorio mediante estrategias que incluyan al individuo, a la sociedad y a la institución de manera integral, facilitándole el tiempo de permanencia en la Alma Mater a través de un equilibrio entre sus funciones y actividades.

Deben considerarse programas de salud integral concienciando al estudiante sobre sus hábitos alimentarios y de deporte, la flexibilidad en cuanto a sus horarios pues hay que recordar que las prácticas extra hospitalarias y hospitalarias se llevan a cabo en lugares distantes a la universidad, así como la ayuda psicológica y espiritual. Únicamente con la aplicación de estrategias adecuadas como las que se señalan en los párrafos que anteceden, lograremos en parte prevenir este problema de salud pública latente que afecta a nuestra comunidad universitaria.

La Ley Orgánica de Educación Superior en su artículo 107 plantea “El principio de pertinencia consiste en que la educación superior responda a las expectativas y necesidades de la sociedad, a la planificación nacional, y al régimen de desarrollo, a la prospectiva de desarrollo científico, humanístico y tecnológico mundial, y a la diversidad cultural. Para ello las instituciones de educación superior articularán su oferta docente, de investigación y actividades de

46 vinculación con la sociedad a la demanda académica, a las necesidades de desarrollo local, regional y nacional, a la innovación y diversificación de profesiones y grados académicos, a las tendencias del mercado ocupacional local, regional y nacional, a las tendencias demográficas locales, provinciales y regionales: a la vinculación con la estructura productiva actual y potencial de la provincia y la región, y a las políticas nacionales de ciencia y tecnología” (LOES, 2010).

En el Reglamento de Régimen Académico (reformado el 17 de diciembre de 2014) aparece como un objetivo “Garantizar una formación de alta calidad que propenda a la excelencia y pertinencia del Sistema de Educación Superior, mediante su articulación a las necesidades de la transformación y participación social, fundamentales para alcanzar el Buen Vivir”.

El análisis de los actuales escenarios donde se desarrolla la educación superior ecuatoriana, patenta la importancia del papel que ésta debe jugar para que sea pertinente con la sociedad y las futuras generaciones, la educación superior se convierte en la institución encargada de gestionar el conocimiento y los saberes por medio de sus procesos sustantivos, para satisfacer las necesidades de actores y sectores de la Sociedad del Buen Vivir.

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