El hotel cinco estrellas siempre será el hogar temporal de estrellas de talla internacional porque allí estarán rodeadas de lujos y caprichos. Nadie más que el personal de un hotel para satisfacer las demandas de este tipo de huéspedes. El puente entre una estrella y el hotel se construye a través de la oficina de Mercadeo y Ventas; allí una coordinadora de grupos negocia con el empresario que trae a la estrella. Algunos artistas ya conocen tanto el
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hotel, que piden ser alojados en sus instalaciones para sentirse más cómodos. Ha sido el caso de Vicente Fernández, a quien llevaron a otro hotel de lujo y cuando volvió al Tequendama comentó que ahí era donde se sentía más a gusto; en cambio, a su hijo Alejandro Fernández no le gustó la sobriedad y el toque clásico; la última vez que vino los empleados recuerdan que fue poco amable y manifestó que quería otro hotel. Pero el pulso lo ganó su padre. Miguel Bosé también tiene un afecto especial por el hotel; lo recuerda mucho porque su padre —el famoso torero Luis Miguel Dominguín— viajaba con frecuencia a Colombia y se hospedaban siempre en el Tequendama. Así que como lo dice él, ―me siento en casa cada vez que vengo‖. Facundo Cabral también es una estrella regular del hotel, donde se hospeda cada que viene de gira; es tanta su familiaridad que incluso tiene una suite bautizada con su nombre: la 1702 es la suite Facundo Cabral.
La lista anterior no es ni el cinco por ciento de las estrellas que han pisado la alfombra del lobby del hotel. El Tequendama se hizo para hospedar la clientela más distinguida y así se demostró desde su inauguración. Desde entonces los escenarios del hotel estarían preparados para recibir a cualquier estrella; después vendrían famosos como Ana Gabriel, Paloma San Basilio, Julio Iglesias, Juan Gabriel, Rocío Dúrcal, Daniel Santos, Raphael, Celia Cruz.
Por supuesto, la relación entre empresario hotel tiene sus altibajos, en junio de 1991 en los periódicos se registró el hecho más crítico. En Residencias Tequendama no dejaban salir a Alicia Juárez, la famosa cantante mexicana, porque su empresario debía tres semanas de estadía (435 mil pesos de entonces). El problema entre el empresario y la cantante radicaba en la falta de pago y en el hecho de que Juárez, según argumentaba el empresario, había hecho presentaciones privadas no estipuladas en el contrato. El drama terminó al otro día cuando se pagó la cuenta y Alicia pudo salir de Residencias.
Pero independiente de las negociaciones y de las cuentas, el personal siempre está presto atender las demandas de cualquier huésped y aunque algunos empleados argumentan que con las estrellas no tienen tantas consideraciones, la preparación para la llegada de un artista sí es diferente. Marc Anthony, en su visita con su esposa Jennifer López, pidió un ambiente totalmente blanco, lleno de rosas y velas que evocaran armonía; agua en grandes cantidades y un menú especial bajo en calorías y con los gustos del artista. Al príncipe de
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Asturias, por su altura, le fabricaron una cama especial y la ducha se adecuó a su estatura. El Dalai Lama, quien estuvo en mayo de 2006, no pidió nada especial en su suite, aunque su menú fue vegetariano; Carlos Rincón, jefe de habitaciones, recuerda que se esmeraron mucho en el arreglo de la cama para que se sintiera muy cómodo, pero él nunca durmió en ella según comprobaron al día siguiente. Él fue más cercano con todos los empleados, y les dedicó una breve reflexión en el Salón Rojo. Muchos lo recuerdan como uno de los huéspedes más importantes que ha tenido el hotel.
Algunos también recuerdan a Eros Ramazzotti, quien inicialmente no se quería quedar en el hotel porque prefería un lugar más pequeño y tranquilo, pero al final accedió. En abril de 1994, pasó todo su día en el hotel, entre descanso y entrevistas con los medios, hasta que a última hora le cancelaron su concierto en Bogotá por una tutela interpuesta por un abogado
que quería ―evitar posibles desmanes en la zona (del estadio El Campín)‖. La tutela fue
fallada a favor del abogado cinco horas antes de que abrieran las puertas del estadio, lo que impidió que se presentara en una fecha cercana.
A la recordada Celia Cruz, la cogió el temblor de enero de 1995 en una suite del Hotel Tequendama durante una entrevista con los medios; hubo conmoción en esos instantes, pero diez minutos después continuaron la entrevista. Los empleados la recuerdan como una persona muy sencilla, accesible, incluso, recuerda Jorge Zubieta, conversaron con ella y su esposo, Pedro Knight, ya en esos años sentía que le faltaba el aliento.
David Carradine, la estrella de Kung Fu que murió el año pasado en extrañas circunstancias, también fue huésped del hotel: pasó una larga temporada mientras rodaba una película, Nieve tropical, en 1989. De él no recuerdan excentricidades, solo que se quejaba permanentemente por la remodelaciones que se llevaban a cabo en el edificio y que no lo dejaban dormir.
Pocos han sido los problemas con los artistas. En los últimos años los empleados recuerdan el desastre dejado por el grupo de hard rock, Guns and Roses, en 1992. José Alvarado recuerda que dejaron todo un piso destrozado. Tuvieron que cobrarles a sus representantes cortinas, colchones, alfombras, pintura, mobiliario. Durante su estancia, los botones y los inspectores de seguridad tuvieron docenas de ojos más para asegurar que no fueran
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molestados y que tampoco entraran mujeres; la batalla fue casi imposible. El estereotipado estilo de vida roquero de drogas, sexo, alcohol y desenfreno se cumplió a cabalidad. Claro está que no sólo cantantes y desenfrenados artistas visitan el hotel. Las reinas tienen un hogar por excelencia en el Tequendama; en la noche del Banquete del Millón siempre hay un piso real, donde todas las representantes de los departamentos, la reina y las princesas descansan y se alistan para su presentación ante el público bogotano en la pasarela del evento católico más tradicional del hotel. Las reinas internacionales también han encontrado allí un lugar acogedor: en 1992, Lupita Jones, la primera Miss Universo mexicana, se hospedó en el hotel junto a su anfitriona, la recordada Paola Turbay.
Sin duda una de las temporadas de mayor ocupación son los festivales, tanto de cine y teatro, como la Feria del libro, cuando reconocidos autores y artistas conceden entrevistas en el lobby, en los salones o en las suites. De los artistas del Festival Iberoamericano de Teatro que se celebra cada dos años no tienen muchos recuerdos, sólo de una princesa en particular, que aunque no recuerdan su nombre no olvidan que dejó encerrada a una camarera para que le ayudara a bañar a su hijo, de por lo menos 35 años, con discapacidad cognitiva. Cuando echaron de menos a una de las camareras del piso la buscaron y terminaron por encontrarla en la suite de la mujer. Sobre su estadía recuerdan también su afán con los pedidos: llamaba a la recepción, ordenaba algo especial y a los dos minutos preguntaba qué había pasado.
Los deportistas que se hospedan en el hotel también son, por lo general, figuras reconocidas. La Selección Colombia se ha concentrado en el hotel en innumerables ocasiones, tanto la de Mayores como la de Menores. Este año, antes de su triunfo en Sudáfrica, la Sub 17 se alojó en el Tequendama; los jugadores merodeaban por el lobby antes de salir, con la expectativa de una buena representación, sin prensa y sin protagonismo, pero con las mismas atenciones que los Mayores. Quizá esta selección no
causó tanto revuelo como la selección del ‗Pibe‘, René Higuita y Leonel Álvarez de los
octavos de final de Italia 90;entonces los empleados se peleaban el turno para subir y poder pedirles un autógrafo y tomarse fotos con ellos. El mismo Jorge Zubieta, coordinador de mantenimiento, recuerda que en una de esas ocasiones consiguió la firma de todos los jugadores en un cuaderno para sus hijos.
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Futbolistas argentinos también han caminado por los pasillos y dormido en las suites. Pero el asedio de los empleados a los futbolistas les salió caro porque los deportistas se quejaron por la excesiva atención del personal y no los volvieron a dejar acercarse a ninguna de las estrellas.. Desde entonces la orden es no acercarse ni merodear por ahí cuando alguna personalidad se encuentre en las instalaciones.
Otras estrellas que estuvieron en las instalaciones: el ya mencionado Mario Moreno
‗Cantinflas‘, Roberto Gómez Bolaños ‗El chavo del ocho‘, Alberto Cortés, Julio Iglesias, Alberto Plaza, Ilona Staller —más conocida como la Cicciolina, quien estuvo en 1995 en el Festival Internacional del Humor—, Margot Benacerraf, actriz de cine; Kirk Douglas, Jane Mansfield, Marcel Marceau, Neil Armstrong, Sandro Pertini, Jaime Lusinchi, Ernesto Sábato, Miguelito Valdés, Agustín Lara, Alexander Goudunov y John F. Kennedy y su esposa Jackie, en 1961, cuando el presidente estadounidense inauguró Ciudad Kennedy.