La masonería está organizada en ritos, y éstos se dividen en grados. El rito escocés tiene 33 grados, equivalentes a los 10 grados del rito de York. Cada grado pretende enseñar una moral determinada. Los grados 1 al 3 son los mismos en los dos ritos. Al llegar al grado 3, el masón tiene que escoger entre el rito Escocés y el rito de York, si aspira subir la escala jerárquica. El rito escocés tiene 33 grados, a los cuales se los conoce por números o por títulos. A los grados del rito de York se los conoce tan sólo por sus títulos.
— Los juramentos: Para cada grado de la masonería hay un juramento específico. Muchas veces los masones confunden sus juramentos con las promesas evangélicas. ¡La realidad es que el masón jura no revelar cosas que todavía no conoce!
— El ritual de iniciación: Para el primer grado (aprendiz) se le pone una venda en los ojos, y con vestimentas especiales se lo conduce a la puerta del templo, donde él afirma que es un profano que se está allegando a la luz de la masonería. ¿Puede un creyente fiel hacer tal afirmación sin contradecir la Palabra de Dios? Y así, en forma semejante, se suceden los rituales para cada grado...
— Los símbolos: Se usan mucho los instrumentos del albañil y del arquitecto, así como los que usaban los sacerdotes del Antiguo Testamento. El delta — triángulo que tiene en el centro
un ojo que representa todos los atributos de la divinidad — se encuentra encima del trono del venerable Maestro, entre el Sol y la Luna, que representan las fuerzas del sumo Creador. La escuadra representa la moralidad; el nivel, la igualdad y la plomada, la rectitud.
— El culto: El segundo código masónico dice que el verdadero culto a Dios consiste en las buenas obras. En el ritual empleado para el candidato a Maestro Masón (grado 30), el Venerable abre y cierra el trabajo en nombre de Dios y de un patrono, digamos, “San Juan de Escocia”. El absurdo es evidente.
— Las oraciones: Hacen oraciones; con todo, no las hacen en el nombre de Jesús, como lo enseña la Biblia, ni tampoco lo mencionan a El. (Vea Juan 14:13 ss.)
— Ceremonias fúnebres: En los funerales hay una ceremonia en la Logia, sin la presencia del cuerpo del fallecido; otra, en una iglesia o en una residencia; y otra, en el cementerio. En todas ellas se enfatiza la salvación por las obras y se afirma que el fallecido está pasando de la Logia terrestre a la Logia celestial. Lógicamente, esta manera de hablar se fundamenta en que la masonería cree que su adepto está salvo: una salvación sin Cristo y sin su sangre expiatoria. (Véase Juan 19:1-9.)
Por qué no puede un verdadero cristiano ser masón
1. La masonería enseña que las buenas obras pueden llevar al individuo a alcanzar un patrón tan elevado de moralidad, pureza y justicia que, al morir, ingresa en la Logia celestial. Eso está en contradicción con la Palabra de Dios, que enseña la salvación por gracia, por medio de la fe (Efesios 2:5-8).
2. La masonería exige que se jure guardar secretos que aún no se conocen previamente.
Tal procedimiento puede llevar al adepto a desmerecer la soberanía moral del Señor en ocasiones que la masonería así se lo exija.
El secreto masónico hace del adepto un elemento acorralado y sin condiciones de esclarecer determinadas situaciones. (Vea lo que dice la Biblia en Mateo 5:14-16.)
3. El secreto masónico se opone al plan divino. Las sociedades secretas se caracterizan
por su origen pagano y son incompatibles con la Palabra de Cristo y con el carácter del cristianismo.
4. La masonería llama a Dios “el Gran Arquitecto del Universo”. No obstante, parece que
el “dios” de la masonería es
un dios diferente del de la Biblia. Veamos:
— La masonería no cree en la Trinidad (1 Juan 2:23.)
— Admite que puede llevar a cualquiera a la Logia celestial, con tal que sea masón y practique las buenas obras. (1 Juan 2:23.)
— Acepta cualquier nombre para Dios: Alá, Brahma, Buda, Krishna, Zumbi o cualquier otro nombre. Todos son identificados con Jehová. De esa manera, la masonería practica el deísmo, que es una filosofía herética. (Deuteronomio 6:14, 15.)
5. La masonería es una sociedad en la cual existen símbolos, ritos, dogmas y misterios oriundos del judaísmo y del paganismo egipcio y babilonio. Se usan ceremonias y objetos bíblicos con finalidades diferentes, según el gusto masónico y no según lo que indican las Sagradas Escrituras.
El Dios de la Biblia sigue siendo “El Dios Celoso” que no consiente ser representado por imágenes ni concepciones falsas, que le son abominables. Solamente Jesucristo es una representación digna de Dios. El es su expresión tangible (Hebreos 1:3).
6. Con respecto al Señor Jesucristo en su período de vida comprendido entre sus 12 años
y sus 30 años de edad, dice la masonería simbólica que en los archivos conservados religiosamente por los monjes del Tibet en el Himalaya, a los cuales les fueron confiadas
tradiciones y documentos de la masonería egipcia, consta que Jesús permaneció durante años con los monjes del Tibet, y era conocido allí con el nombre de Profeta Issa.
Al salir del convento, Jesús habría comenzado a predicar todo aquello que aprendió con los “venerables monjes”. Dentro de las enseñanzas de Jesús, lo que existe en realidad, son fragmentos de la doctrina masónica.
Aunque la Biblia no describa la vida de Jesús durante ese período, que es una cosa sin importancia, pues su ministerio se desarrolló a partir de sus treinta años, cuando se llegaba a la mayoría de edad judaica, en el libro de Marcos, capítulo 6, versículo 3, vemos que en los inicios de su ministerio, a El lo conocían como “el carpintero”. Si Él hubiera salido del convento, habrían dicho: “¿No es éste el monje; o el sacerdote; o una cosa parecida? Además, por las palabras de sus amigos, que se encuentran no tan sólo en este texto, se puede deducir sin esfuerzo alguno, que El pasó su mocedad ejerciendo el oficio de José, su padre.
No puede ser masón un verdadero cristiano; puesto que creencias como ésta deben causar repudio al verdadero siervo del Señor. Juzguen los lectores, con la Biblia en la mano y la conciencia vuelta hacia Dios, si tal cosa puede acontecer...
1 La palabra masón viene del francés y significa “albañil” en su etimología. 2 Levítico 5:4; Deuteronomio 29:29; Mateo 5:14-16; Juan 18:20; Efesios 5:11-13.
Capitulo 12
El espiritismo
Se han escrito libros y libros sobre el espiritismo en sus diversos aspectos. Hay obras sobre la historia, doctrinas y refutaciones bíblicas en lo que se refiere a esa secta-religión que, según las denominaciones que recibe, muestra las manifestaciones de Satanás en medio de “su pueblo”.
La palabra espíritu viene del latín “spiritus”, cuyo equivalente griego es “pneuma” (respiro, soplo, exhalación, soplo vital, espíritu). El sufijo griego “ismós” indica doctrina filosófica, religiosa, etc. De ahí tenemos el término espiritismo.
La doctrina espiritista universal se resume en cinco puntos básicos, que sirven de punto de partida para sus demás doctrinas:
1. Existencia de Dios — Inteligencia cósmica responsable de la creación y del
sustentamiento del Universo.
2. Existencia del espíritu (o alma) — Se halla envuelto por el peri espíritu, que conserva
3. Ley de la reencarnación — Por la cual, todas las criaturas van evolucionando sucesivamente en el plano intelectual y moral, ya que expían los errores del pasado.
4. Ley de la pluralidad de los mundos — La existencia de varios planos habitados, que ofrecen un ámbito universal para la evolución del espíritu.
5. Ley del carma (o causalidad moral) — Por la cual se entrelazan las vidas sucesivas del
espíritu, dándosele un destino acorde a sus acciones anteriores.
Recuento histórico
La primera sesión espiritista tuvo lugar en el Edén, donde la serpiente sirvió de médium, Satanás de guía y Eva de asistente. Hasta el día de hoy, las sesiones espiritistas se celebran con esos elementos: los mediums, los demonios o guías y los asistentes.‟
El espiritismo empezó a ser practicado desde la caída del hombre en el Edén. En determinadas épocas con más intensidad que en otras, pero el diablo nunca ha dejado al hombre, su fiel “caballo”.
Es claro que, no pudiendo estar en comunión con Dios y con los ángeles por haber sido lanzado del cielo, ni con los hombres, por tener éstos un cuerpo físico, el diablo y sus ángeles sólo pueden vivir en el espacio que se encuentra entre el cielo y la tierra.
Como le es imposible a Satanás tener comunión con Dios, el astuto ángel caído, juntamente con sus seguidores, procura habitar entre los hombres, y lo hace a través de encarnaciones mediúmnicas, apoyos, o usando otros métodos, como “protegiendo”, “ayudando”, etc.
Estos seres quieren tener el poder de la expresión, de ahí que se valgan preferiblemente del hombre, cuyas facultades usan para llevarlo, aunque sea de manera encubierta, a la separación de Dios y a la destrucción. Son enemigos de Dios, rebeldes, y predestinados al lago de fuego, a donde no quieren ir solos.2
Entre los cananeos y los egipcios era común la práctica de la hechicería.3 Los griegos tenían la costumbre de consultar oráculos. Pitágoras, que vivió del 580 al 500 a.C., creía en la trasmigración de las almas (metempsicosis). Entre otras afirmaciones de Pitágoras, encontramos la que dice que los astros son dioses.
Entre los romanos era muy común la práctica de consultar a los muertos. Las sibilas, legendarias sacerdotisas de Apolo, habitaban en Sicilia y también eran mediums que adivinaban o predecían el futuro. El propio general Alejandro Magno consultó una de esas sacerdotisas antes de partir a la guerra para la conquista del mundo conocido.
En la Edad Media hubo una verdadera plaga de hechiceros, brujas, endemoniados famosos, etc. La Iglesia Católica quemó a centenares de ellos en las hogueras de la Inquisición.