5. Fundamentos arquitectónicos
5.3. Estudio de casos
Se puede afirmar que en las Exposiciones Universales la Arquitectura ocupó el lugar revolucionario y estelar que cabía esperar por lo idóneo de la oportunidad. 59 En el marco de referencia del entendimiento de las exposiciones de recursos y sus pabellones como arquitecturas de diferente escala orientadas a la dinamización territorial en un proceso
59 Alonso Pereira, José Ramón. “Introducción a la Historia de la Arquitectura. Manuales Universitarios. Ed. Universidad de A Coruña.
en el que el tipo pabellón se especializa progresivamente, variando su escala, se analizan diferentes ejemplos que, desde la Exposición Universal de Londres en 1851, llegan hasta la de Sevilla de 1992, conectando con lo que el Plan de Desarrollo Comarcal y los Centros de Exposición de los Recursos Comarcales, los Centros Comarcales, supusieron para Galicia como proyecto de dinamización de su territorio. El origen de coordenadas físico y temporal para esta revisión de las exposiciones de recursos se sitúa en el Londres de 1851. Según lo ya señalado, el primer y paradigmático ejemplo de edificio pabellón de exposiciones lo constituye el desaparecido Crystal Palace, levantado como un enorme invernadero por J. Paxton. Las necesidades programáticas y de ejecución que determinaban la muestra de piezas industriales de elementos naturales y artificiales de gran tamaño, la posibilidad de utilización y exhibición de nuevas tecnologías, en definitiva, los recursos de los distintos estados nacionales en la época de la industrialización, determinaron la génesis de una nueva tipología arquitectónica que se desarrollaría con posterioridad: el edificio pabellón de exposición de recursos. El Crystal Palace duplicaba en superficie pero sobre todo en volumen, el parlamento londinense, evidenciando sin ninguna duda la magnitud de la industrialización, del nuevo desarrollo industrial, científico y cultural del siglo XIX, en contraste con las edificaciones, instituciones y modelos de organización tradicionales. El edificio en sí mismo resolvía como contenedor las necesidades de la “Gran Exposición de los Trabajos de la Industria de todas las Naciones” de Londres: el edificio era la exposición. Significante arquitectónico de modernidad, transmitía a la sociedad victoriana que lo había creado un significado coherente con la nueva tipología. Sus estructuras metálicas y sus cerramientos acristalados evidenciaban planteamientos conceptuales y lingüísticos de vanguardia reflejo del carácter propio de la industria de la época, por medio sin embargo, de un sistema prefabricado muy sencillo de pilares, jácenas y cerchas. La industria, tema de la exposición construía también el edificio. En la
escala territorial su implantación urbanística será también arquetípica, para la definición posterior de los proyectos de colonización de las Exposiciones Universales. Ubicado en el límite urbano de la Ciudad de Londres, integrado en Hyde Park será bisagra del desarrollo urbano de la época actuando como elemento de transición entre la Ciudad construida y la Ciudad futura, entre la Ciudad real y la Ciudad ideal. Pabellón que cualifica el carácter urbano de Hyde Park, salón vegetal contraído progresivamente y equipamiento urbano del Londres del siglo XIX, al que el Crystal Palace pone en juego. Como contenedor arquitectónico y catalizador urbanístico, se convirtió enseguida en modelo para las posteriores Exposiciones las cuales en una especie de carrera ingenieril, no sólo buscarán sistemas de construcción rápida para los grandes pabellones, sino también una Arquitectura de prestigio basada en los alardes tecnológicos derivados de la invención de nuevos espacios y de la cubrición de naves cada vez más amplias para mostrar más y mayores objetos.
Los planteamientos realizados en 1851 evolucionan en 1889 en la Exposición Universal de París. La Galería de las Máquinas, levantadas por Dutert y Contamin, constituyó el edificio principal de la Exposición aunque ya no era único. Este pabellón de 115 metros de luz sin tirantes, bodega de barco invertida, será calificada como una obra de arte tan bella, tan pura, tan original y tan elevada como un templo griego, una catedral. La Exposición llevada adelante para conmemorar el centésimo aniversario de la revolución francesa, se verá coronada por, un campanille laico, de escala acorde con la Galería de las Máquinas y que pervivirá la propia exposición, la Torre Eiffel, auténtico menhir moderno elevado trescientos metros sobre el suelo de París. La Torre se configuró como una esbelta pirámide formada por cuatro costillas de hierro independientes entre sí y unidas en cabeza, cuya curvatura obedece a la resistencia al viento. Del mismo modo que en el Crystal Palace, la industria se construye a sí misma pero en este caso no
mediante la seriación y la prefabricación, sino con soluciones ad hoc, que proponen edificios singulares de construcción rápida pensados con carácter temporal y mediante una solución estructural que no quiere ser reproducible. Desde el punto de vista urbano, la Exposición de 1889 pone en juego, colgando del eje mayor de París, el Sena, una zona periférica del oeste de la Ciudad, permitiendo la liberación futura de un parque urbano, en un juego que inició Londres, configurando un eje transversal, el eje Trocadero, colgado del río en una operación urbana que la Ciudad repetirá en diferentes ocasiones. La Exposición es una oportunidad para la puesta en juego y el equipamiento de una pieza de Ciudad en la escala urbana y la dinamización territorial y regional a través de la Arquitectura. El vacío urbano entendido como espacio público, que generó y la propia Torre, más allá del carácter paradigmático de la Arquitectura temporal del pabellón de exposiciones perdido, ha constituido en los siguientes ciento veinte años un factor de desarrollo e icono, para la Ciudad y el país.
Las Exposiciones Universales desde el inicio señalado, como ámbitos de exposición de recursos de una entidad territorial y una vez desarrollada la tipología de las mismas, se extienden con gran rapidez, lo que demuestra el éxito de la fórmula, y van trasladando su experiencia a menor escala a través de las Exposiciones Nacionales y/o Regionales, que con carácter más modesto e impacto más limitado intentaron
reproducir a escala local el alto impacto de desarrollo producido por sus hermanas mayores en el mundo global de la época. En esta línea llegan a Galicia las Exposiciones Regionales a principios del Siglo XIX, como ocurría en Asturias, Aragón o Andalucía. Así se plantea la Exposición Regional de Galicia de 1909, desarrollada en Santiago de Compostela, que a pequeña escala pretende situar el país en la modernidad europea, mostrando los recursos propios. Esta Exposición, según lo señalado por Henrique Alvarellos Costa60, inaugurada por el rey Alfonso XIII, y cuya traza urbanística marco el desarrollo de la Ciudad compostelana hacia el oeste, reprodujo modestamente en el borde del Santiago del siglo XIX los exitosos parámetros de desarrollo y arquitectónicos descritos con anterioridad, con algún pabellón de notable interés arquitectónico como el proyectado por Antonio Palacios.
Retomando el estudio de las exposiciones Universales, la de Barcelona de 1929, propuso también la puesta en juego de una pieza urbana fundamental, aunque periférica para la Ciudad catalana, en su momento. Una Ciudad que derribaba sus murallas, y que se planteaba su desarrollo, se pone en el mundo de entreguerras a la vez que Sevilla lo hace con la Exposición Iberoamericana. Lo hace de un modo que manifiesta la evolución de las anteriores exposiciones con la aparición decidida de pabellones de diferente escala, grandes pabellones temáticos y pabellones de menores dimensiones de carácter nacional. En un momento de cambio en la Arquitectura, las formas reflejan los anhelos de modernidad de algunos países o su apego por el pasado. Así la mayor parte de los edificios se proyectan decimonónicos aún cuando en el seno de la misma aparezca un edificio que constituye uno de los emblemas de la modernidad, el pabellón de exposiciones que Mies van der Rohe proyecta y construye para Alemania. Este edificio constituirá un ejemplo de integración de las escalas de proyectación
arquitectónica para la muestra de los recursos del país que representa, alejándose de la tipología de edificio contenedor, que alberga diversas piezas, para convertirse en sí mismo en exposición del espíritu de lo que el país quería ser. La Arquitectura integrada en todas sus escalas como lenguaje en estado puro, como modo de comunicación de los anhelos y las realidades de toda una nación. Una Arquitectura que desde el punto de vista urbano, aun desde lo limitado de la escala edilicia, proyecta el paisaje, delimitando una pequeña porción del mismo para hacerlo suyo, diluyendo la diferenciación entre escala urbana y escala edilicia, el edificio quería ser paisaje urbano, parte de la Ciudad a la vez que objeto arquitectónico. El edificio es muestra de modernidad midiéndose como elemento representativo con lo que suponían los otros pabellones nacionales. Según lo señalado en el discurso de inauguración, por el comisario del Reich, Georg Von Schnitzler: "Buscamos sobre todas las cosas claridad, simplicidad e integridad". Esos principios eran lo que pretendía presentar la republica de Weimar en la Exposición universal de Barcelona. El edificio frente a los ejemplos anteriores, presenta una escala reducida, y no tiene como objetivo fundamental mostrar objetos: es la Arquitectura la que muestra un nuevo espíritu del país que lo encarga, a través de la elección del arquitecto futuro director de la escuela paradigma de la modernidad arquitectónica de Alemania, a través de la elección que éste hace del lenguaje neoplásico, su lenguaje para la Arquitectura del pabellón, a través de la elección de colores y materiales constructivamente tratados desde el espíritu del progreso y la maquina, a través del mas profundo tratamiento del espacio arquitectónico concebido con la radicalidad de la modernidad que proyecta un lugar, pero según se ha escrito sin olvidar las profundas raíces clásicas del proyecto. Se muestra el espíritu o más que el espíritu, el anhelo del país en la búsqueda de la precisión constructiva, de la perfección material de unos materiales que sin embargo hunden su esencia matérica en lo más profundo de la historia y la percepción arquitectónica.
La elección del mobiliario, el proyecto del mobiliario, la pequeña escala resume y completa a la vez lo expuesto en un juego sucesivo que a modo de muñecas rusas autocontenidas resuelven a la vez la totalidad del problema del pabellón de exposiciones en cada una de ellas y necesitan del conjunto para explicarse. ¿Acaso el espíritu de un país no se refleja en el sillón Barcelona como sitial real? Esta tendencia del edificio pabellón como elemento expositor y exposición independiente de la escala será recogida por la filosofía del Plan de Desarrollo Comarcal de Galicia y los Centros Comarcales setenta años mas tarde.
La Exposición de Bruselas de 1958 constituirá otro hito en las exposiciones universales y sobre todo propondrá otro ejemplo de Arquitectura de pabellón que en la línea evolutiva señalada y quizás a una cierta distancia de los ejemplos emblemáticos señalados, nos acerca a los Pabellones de Exposición y Dinamización de los Recursos Comarcales. Celebrada en Bruselas, la exposición de la Guerra Fría legará a la Arquitectura como icono Pop, el Atomium, pero en su desarrollo se propondrán obras como el pabellón Phillips, obra de Le Corbusier, o la que recibirá el primer premio de Arquitectura, el Pabellón de España de José Antonio Corrales Gutiérrez y Ramón Vázquez Molezún. El pabellón de escala reducida, aunque mayor que el barcelonés, propone como solución al edificio pabellón de exposiciones una solución seriada en lo constructivo como había sido inicialmente el Crystal Palace, cualificando un espacio mediante la definición de un podium, y la repetición de un modulo constituido por un vástago metálico y una cubierta exagonal que permiten su agregación, el límite se desmaterializa mediante la utilización del vidrio.
La España del final de la Autarquía, del Plan de Estabilización se presenta ante el mundo, fuera de fronteras, utilizando la Arquitectura nuevamente como referencia de modernidad, España quería ser o
parecer moderna. El edificio se propuso como contenedor de piezas, escaparate en el que mostrar y poner en valor la tradición y el anhelo de modernidad español tras veinte años de aislamiento.
Esta propuesta de recuperación de la modernidad como utopía en el exterior, se volverá a materializar en España en 1992 con la suma de dos acontecimientos, los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla de ese año, que en Galicia tendrá su epígono con la celebración en el Año Jubilar Compostelano de 1993 del primer Xacobeo. La exposición de Sevilla desde el punto de vista territorial planteaba el impulso de una región española en el marco de un proceso que situaba al conjunto del país en el contexto europeo y mundial de pleno derecho con la presencia en la Organización del tratado del Atlántico Norte (1982), y la entrada en la entonces Comunidad Económica Europea durante el gobierno socialista del presidente Felipe González (1985), mientras que en Galicia (1990) toma las riendas de la administración autonómica Manuel Fraga. Dentro del proyecto político socialista y en ese marco de puesta en escena de España en el mundo, se pretende dar la imagen del país integrado entre los más desarrollados de Europa. Así se puso en marcha la Exposición Universal de Sevilla del año 1992. La Exposición que se concibió como motor de desarrollo estatal y regional, en la escala urbana puso en juego como lo había hecho antes la exposición de 1929, una parte del extrarradio sevillano pretendiendo su integración en el continuo urbano hispalense de la Isla de la Cartuja, en un intento fallido. Urbanísticamente la exposición desarrolló las infraestructuras necesarias para la conexión de la Expo con su entorno próximo y lejano, haciendo de la Arquitectura imagen de contemporaneidad, como se expresó en el diseño del nuevo aeropuerto y la nueva estación de ferrocarril. En la escala urbana este proyecto se completó con el diseño de infraestructuras viarias de conexión, de cuya presencia es el mejor ejemplo el puente del Alamillo, obra de Santiago Calatrava, en el intento de conectar isla y Ciudad.
La Arquitectura que formalizó la exposición consolidó la presencia de tres escalas de pabellones: un primer tipo de pabellón de gran tamaño en el que se incluyeron los pabellones temáticos y el del país anfitrión, un segundo nivel que comprendían los pabellones nacionales de los distintos países participantes y finalmente un tercer nivel en el que se incluyeron los pabellones autonómicos. La exposición apuesta por edificios que se conciben como contenedores expositores de objetos que en la línea de lo señalado hasta este punto recogen la evolución mantenida por los pabellones de exposición de recursos en las Exposiciones Universales. Las arquitecturas que formalizan los distintos pabellones en la Expo 92 de Sevilla, van a tener importante influencia en la configuración de los Centros Comarcales que a partir de la década de los años noventa, el Plan de Desarrollo Comarcal de Galicia propondrá como materialización física del proceso comarcalizador gallego. Cuando el Plan de Desarrollo Comarcal de Galicia plantea su materialización arquitectónica como instrumento de presencia física en las distintas Comarcas y con el objetivo de materializar instrumentos que permitan servir a la dinamización de los territorios en los que se implanten, sus mentores tendrán en cuenta el modelo desarrollado como Pabellón de Exposiciones y mostrado en la Expo de Sevilla. Este hecho se vio corroborado en la denominación que estos edificios recibieron en el momento de su incorporación al Plan: Centros de Exposición y Dinamización de los Recursos Comarcales, más adelante denominados Centros Comarcales. Los mentores del Plan desde el inicio manifestarán su voluntad, de convertir los Centros Comarcales en instrumentos de transmisión de la modernidad, tanto en su condición de contenedores arquitectónicos como en lo referente a su contenido, a los territorios rurales de la Galicia del momento, aquellos territorios menos desarrollados no sólo en lo económico sino también en lo cultural.