• No se han encontrado resultados

Ildefonso Cerdá y la Teoría de la Colonización

2. Fundamentos teóricos

2.3. Ildefonso Cerdá y la Teoría de la Colonización

Ildefonso Cerdá Suñer (1816–1876) fue un hombre de su tiempo, un hombre que vivió y protagonizó, como ingeniero, urbanista y político el convulso siglo XIX español. Cerdá participó de la problemática y de las

corrientes de pensamiento de la época en lo referente a las respuestas al territorio y la Ciudad desde su posición liberal.

La influencia de Cerdá y sus propuestas, en la planificación y el Urbanismo español del siglo XX es indiscutible y punto de partida directo o indirecto, necesario para explicar cualquier propuesta planificatoria relevante llevada a cabo en España con posterioridad a la realización de sus trabajos.

La formación global de Cerdá contribuye a explicar la amplitud conceptual de sus propuestas, ya que su bagaje formativo abarca desde sus primeros estudios vinculados al seminario de Vic, los realizados en Barcelona sobre Arquitectura, náutica y matemáticas, hasta su titulación en Madrid como ingeniero en el año 1841. De interés para el objeto del presente estudio es señalar los contactos establecidos en Barcelona, con las doctrinas del socialismo utópico de Etienne Cabet y su “Voyage a Icarie”, cuyos principios ya ha sido brevemente expuestos con anterioridad. Entre otros cargos públicos desempeñados por Cerdá, resulta también de relevancia su elección como Diputado en Cortes por Barcelona en 1850, en una candidatura progresista en la que figuraba, entre otros, el geógrafo, estadístico y político, Pascual Madoz Ibáñez. La relación entre el geógrafo y el urbanista, (estudiada por García Bellido18 en profundidad), entre la geografía y la Arquitectura, con coincidencia singular de visiones complementarias y transdisciplinares en con ocasión del derribo de las murallas de la Ciudad Condal, alumbrará planteamientos de planificación territorial y urbana absolutamente innovadores.

18 García-Bellido y García de Diego, Javier. “Pascual Madoz e Ildefonso Cerdá, dos pioneros en la epifanía de la urbanística”. Arquitectura, Ciudad y Entorno. Vol. I Nº 1. Ed. Ministerio de Fomento. 2006.

Cerdá ha sido reconocido con asiduidad por su labor tratadística vinculada al desarrollo de la Teoría General de la Urbanización (1867) o la Teoría de la Construcción de las Ciudades y sobre todo a la materialización práctica de estos postulados teóricos en el Plano de de Ensanche de la Ciudad de Barcelona, pero Cerdá no sólo es un hacedor de Ciudad. Sus planteamientos fueron más allá del hecho urbano, proponiendo un carácter omnicomprensivo en la explicación del territorio humanizado, tentando su reconocimiento y proyecto de modo unitario, aplicando tanto para el territorio rural como para el urbano parámetros de análisis estructural comunes que pudieran explicarlos unitariamente.

Según recoge García Bellido19, la concepción de la planificación rural y de la relación entre la planificación urbana (urbanización) y la planificación del espacio rural (rurización), aparece recogida en la Teoría de la Construcción de las Ciudades, en la que Cerdá presenta un avance de sus ideas, partiendo de la oposición “campiña-Ciudad”, atribuyendo a las “poblaciones rurales” el predominio del elemento físico, de la naturaleza, y a las ciudades “mercantiles e industriales” el predominio del elemento intelectual, de la destrucción de la naturaleza. Sin embargo Cerdá establece que “es necesario que la vida en la

19 García-Bellido y García de Diego, Javier.“Evolución de los conceptos, teorías y neologismos cerdianos”. Revista “Ciudad y Territorio. Estudios Territoriales”. Vol. XXXI. Nº 119-120. Ed. Ministerio de Fomento. 2004.

campiña y la vida de la Ciudad se encuentren reunidas de la misma manera que lo están en el hombre el cuerpo y el espíritu”. Es en la “Teoría de la Construcción de las Ciudades” en la obra en la que aparece por primera vez el verbo rurizar, con la acepción que mantendría su autor con posterioridad. En la obra “Teoría de la Viabilidad Urbana”, Cerdá elabora el pensamiento de que la dialéctica campiña-urbe debe ser superada como por ejemplo denota el párrafo en el que afirma:

“… por la misma razón que nos creemos autorizados para valernos del verbo urbanizar, usamos también de su contrapuesto, rurizar que es decir hacer campestre una cosa. Así decimos por lo mismo, que la tendencia de la época es urbanizar la campiña, la administración debe proceder a rurizar las ciudades”.

Ante el desconocimiento, por pérdida o inexistencia real de la obra de Cerdá denominada “Teoría General de la Rurización”, el conocimiento que de su pensamiento existe sobre estos temas se concentran en la carta al Marqués de la Corvera (5 de mayo de 1875) en la que se esboza una Teoría general del Colonización entendiendo esta como el resultado de la ecuación:

colonización = urbanización + rurización

La colonización es pues la transformación física del territorio natural, en diferente intensidad, pero siempre con carácter proyectual, para su uso por el ser humano. En la citada carta y al resumir sus trabajos divide la colonización general del país en dos grandes tratados o especialidades: el de la urbanización y el de la rurización. Es decir, llega a identificar que el espacio geográfico-territorial global es el referente físico necesario de la función pública planificatoria a gran escala, y que esta función se realizará a partir de sus dos grandes elementos componentes físicamente identificables en el mismo plano: los “recintos urbanos”, propios de la urbanización y las comarcas rústicas propias del estudio de la rurización del territorio. El concepto de Comarca como ámbito

territorial identificable e identificado, y objeto de la planificación rural aparece pues ya reconocido por Cerdá.

Pero Cerdá va más allá y establece, como más tarde lo hará para el ensanche de Barcelona, los elementos estructurantes y por tanto proyectuales de este territorio global. Los espacios propios del territorio definidos y diferenciados se organizan interna y estructuralmente mediante la combinación de otros elementos sencillos y universales (con carácter genérico los intervías y las vías) capaces de articular infinitas formas y por tanto espacios territoriales complejos.

… de predios urbanos y de predios rústicos de diferentes órdenes y categorías definidos y determinados siempre y en todos los casos, por una red de vías internas, limitativas y transcendentales…,Existe pues la analogía más completa en la división y en la manera de ser del territorio … y por consiguiente basta estudiar la división de una de ellas para

tener estudiadas todas las demás…20

De esta manera, Cerdá concibe el territorio como un espacio global colonizado por el hombre a través de principios estructurales de transformación que son generalizables, y establece una analogía general tanto para lo urbano (susceptible de urbanización), como para lo rústico (susceptible de rurización).

En todo espacio territorial, se pueden, según Cerdá establecer siete órdenes o categorías de jurisdicciones territoriales: 1, coto redondo acasarado; 2, acera de edificación, calle urbana y manzana combinada; 3, Municipio; 4, corregimiento; 5, Provincia; 6, principado y 7; nación.

Cerdá establece “la fórmula general de aplicación práctica y sencilla en el orden facultativo, jurídico, económico y administrativo” basada en el mismo género de red o malla de articulación territorial general combinando la red de vías o de medios aisladores que delimitan los intervías o medios aislados, siendo estos de dos tipos: predios rústicos (espacios agrarios, huertas y jardines públicos) y predios urbanos (la casa de labor o los núcleos rurales en Galicia, en los cotos redondos acasarados o las edificaciones de las manzanas urbanas).

Pero Cerdá no formulará tan sólo, como es sabido, sus teorías. Estás se materializarán en propuestas físicas operativas que adquieren forma en textos legales, (es innegable la presencia que en la primera Ley de Ensanche de 1864 y en su antecedente, el Proyecto de Ley General para la Reforma, Saneamiento, Ensanche y otras Mejoras de las Poblaciones, propuesto por el Ministro de Gobernación José Posada Herrera en 1861, tendrá la influencia de Cerdá), y en Planes y Proyectos urbanos entre los cuales destaca con carácter paradigmático, el Plan de Ensanche de Barcelona (1859), o su influencia en el coetáneo Plan Castro para Madrid (1860).

En la propuesta para Barcelona, Cerdá, con modernidad extrema, define la Ciudad de dentro afuera, según los principios generales enunciados anteriormente, a partir de un elemento primario, la manzana, cuya agrupación determina, con la presencia de elementos de equipamientos y en base al viario, el distrito o barrio y por sucesiva agrupación la Ciudad. Y esta propuesta abstracta, casi Ciudad ideal, con vocación infinita, se materializa en el llano de Barcelona, sin más límites que los corográficos,−la sierra el mar y el río−, y en relación dialéctica y física con la Ciudad histórica. Plan y proyecto urbanizador como no podía ser de otra manera por la formación empírica de su autor, propone inicialmente una cuadrícula de calles que dibujan manzanas de 113 metros de lado, achaflanadas en sus esquinas, en función de las variables que resuelven. Estas manzanas debían estar edificadas en dos o tres de sus lados como máximo. Con calles de 20 m o 50 m de ancho en función de su jerarquía. El interior de estas manzanas será proyectado ocupado por jardines y se previeron espacios para servicios públicos repartidos de forma homogénea. El resultado final materializado incrementó densidades y alturas cerrando completamente las manzanas pero conservó las características del viario, explicitando uno de los casos mas logrados de materialización de una teoría planificatoria en realidad física construida.