CAPÍTULO I: LAS CORRIENTES ESPAÑOLA Y GUINEOECUATORIANA
I- 1-3-Algunos estudios a partir de la literatura hispano-guineana colonial y poscolonial
Las narrativas colonial y poscolonial hispano-guineanas de esta corriente han llegado a ofrecer a sus lectores un número bastante importante de publicaciones aunque con fortunas diversas. Desde un principio, esto no extraña si recordamos que no han interesado mucho a
grandes figuras literarias españolas, a pesar del gran potencial literario que podía proporcionar la colonia. Como veremos más adelante, tampoco abundan estudios críticos destinados a analizarlas. Pretendemos lograr, a la luz de los estudios existentes, una visión crítica de esta corriente literaria española. Este comentario se basará principalmente en los trabajos de Gustau Nerín (2009), González Echegaray (1964) y (1989), Antonio González Carrasco, Mbaré Ngom (1993), Justo Bolekia Boleká (2005), Montserrat Alás-Brun (2007) o José Ramón Trujillo (2004). Por lo general, la mayoría están orientados hacia los orígenes, la periodización o las tendencias temáticas de estas narrativas.
I-1-3-1-Estudios críticos a partir de la literatura hispano-guineana colonial
En un principio, quizás sea el lugar de recordar los orígenes de esta corriente narrativa, por el que el profesor Mbaré Ngom sitúa las bases fundacionales en el siglo XV coincidiendo con las primeras expediciones españolas, las exploraciones y finalmente el establecimiento de puestos comerciales. De hecho, observa: ―Nace lo que se suele llamar el africanismo literario, el cual se transformaría más tarde en la literatura colonial. En Guinea Ecuatorial, las primeras obras del africanismo literario empezaron a aparecer hacia mediados del siglo XIX. Al ser una veta fructífera, la explotación literaria del tema colonial guineano prosiguió hasta la víspera de la independencia del país en 1968‖ (Mbaré, 1993:411).
Es de destacar una vez más que la corriente española de la narrativa hispano- guineana es casi ignorada a pesar de su volumen de publicaciones relativamente importante. A los ojos de algunos investigadores, las explicaciones son múltiples y diversas, algunos estudios críticos realizados sobre el tema dan unas pistas relevantes. A pesar de la extendida aceptación acerca del débil arranque de esta corriente narrativa, es interesante además contemplar el matiz expuesto por Gustau Nerín cuando compara literariamente a los dos territorios guineano y marroquí. A diferencia de la aproximación expuesta anteriormente por el profesor Mbaré, resulta según apunte que mientras Guinea Ecuatorial se consideraba un tema divertido, Marruecos lo era mucho más y, más adelante aclara: ―El protectorado marroquí fue, entre 1909 y 1927, el Vietnam español. Decenas de grandes escritores pasaron por allí, como soldados o como periodistas, y dejaron sus impresiones en sus libros. Algunos de ellos, escribieron obras emblemáticas: Arturo Barea, Sénder, Luys Santamarina,
etc.‖ (Nerín, 2009:109). En concreto, las aportaciones recogidas dan constancia de que la Guinea Española efectivamente fue en sus comienzos un tema concurrido, pero no tan floreciente comparado a Marruecos. Para ilustrar lo precedente, Gustau Nerín proporciona más indicios que enfatizan el escaso interés por la Guinea española no sólo literariamente sino también económico. Siendo así, el mismo señala igualmente que esta colonia tampoco atrajo mucho a los ciudadanos españoles ni siquiera a los intelectuales, él esclarece: ―En el Estado español, la aventura africana se vivía en Marruecos (...). Por el contrario, la Guinea Española durante el periodo colonial era una posesión poco conocida. Por eso hoy prácticamente se ha olvidado (...) A pesar de que la Guinea Española fue la única colonia española en el África negra, en el imaginario de los españoles, Guinea ocupa una posición marginal” (Nerín, 2009:109-110). El aislamiento de la colonia24 junto a una actividad económica limitada ha cooperado a la ausencia en estos territorios de una categoría de individuos que hubiera contribuido a una producción literaria de calidad. No obstante, cabe necesario mencionar, a la vista del corpus bibliográfico de la corriente colonial española, la notable contribución de los periódicos coloniales, precisamente en lo que concierne la promoción de las obras escritas en la colonia y en diversos géneros. Por fin, los comienzos mediocres explicarían también el silencio casi absoluto que rodea todavía esta narrativa colonial española hasta en la actualidad.
A pesar de este arranque poco prometedor, el camino ha sido largo y, esta narrativa colonial española parece haber tenido algunos momentos de gloria. El ensayista Justo Bolekia (2005:122-123) sitúa las temporadas más productivas alrededor de los años veinte, treinta y la década de los sesenta del siglo XX. Como él, varios estudios indican que las primeras plumas fueron novelas o libros de viajes españoles interesados en recoger el exotismo de aquellas tierras africanas. Son libros destinados al público metropolitano y reflejan una concepción del mundo alimentada por la cultura del entorno europeo.
En lo que atañe a la periodización, Mbaré Ngom ve principalmente dos periodos correspondientes a dos etapas de la historia colonial de África. En primer lugar, la exploración y la conquista del continente. Durante esta temporada aparecen los libros de
24 Josebe Martínez atiende el carácter hostil de una colonia española percibida desde la península como un
foco de peligro y enfermedad, en lo que nos ocupa esto puede ser considerado como un factor muy significativo como se percibe en estas líneas: ―Para el peninsular la palabra inmediata que provocaba la mención de Guinea Ecuatorial era ―quinina‖, la medicación necesaria para prevenir la malaria, que requería dosis diaria durante la estancia en este país. Se hablaba de ello con el temor que produce la no civilización‖ (Martínez, 2010:49).
viajes, las crónicas, los informes y las memorias. El segundo periodo es la colonización materializada con la ocupación y explotación comercial territoriales. En una y otra etapa, las obras describen el paisaje local, o los nativos desde una perspectiva generalmente despectiva. Mbaré Ngom observa al respecto que todas estas obras coinciden en un punto, por lo que poniendo el ejemplo guineano afirma: ―Guinea es su tema central y los protagonistas principales, casi siempre idealizados, suelen ser blancos. (...). En general, es una expresión literaria reaccionaria en su mayor parte, dirigida al público de la metrópoli, ante cuyos ojos se intenta justificar e institucionalizar (...) la situación colonial” (Mbaré, 1993:411).
Como queda plasmado en los estudios anteriormente mencionados, la periodización o clasificación propuestas son bastante similares. Sin embargo, Antonio Carrasco ha identificado tres categorías de escritores españoles y características de la narrativa colonial. Primero el novelista funcionario que dice: ―suele ser el más exotista. Disfruta escribiendo los placeres y sinsabores del destino. Posee una cierta ilustración y acumula datos sobre la diferencia de costumbres. Habla de atraso, fanatismo, maltrato y carencias en el colonizado. En el sentimiento de alteridad hay una dosis de eurocentrismo y se imbuyen en la misión de civilización‖ (Carrasco, 2001:542). También cabe el novelista misionero con sus novelas de escaso interés literario, pero ideadas con interés apostólico y participando de la difusión de la fe católica, y por fin los viajeros o turistas deseosos de contar su efímera experiencia colonial.
En el mismo sentido, Gustau Nerín (2009:116) propone una clasificación que analiza a la vez los contextos de la creación, los contenidos y sus autores. En primer lugar los libros de viajes, Gustau tampoco encuentra más aciertos a sus autores. Salvo contadas excepciones25, son obras de carácter didáctico pero monótono y con retratos superficiales. Dan a conocer la lejana colonia española pero también las realizaciones españolas en ella. Son los funcionarios, periodistas, científicos o sacerdotes. En segundo lugar, apunta los libros de aventura, un género mediante el que algunos escritores pretenden producir historias fascinantes ambientadas en la colonia. Este género coincide con el periodo de las grandes exploraciones y el inicio de la colonización. Para Gustau Nerín, el género colonial más popular y entretenido es la novela de plantación. Aquella que combina a la vez, los elementos de la novela de aventura con la propaganda colonialista. Por último se dan los
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GustauNerín destaca al explorador Manuel Iradier por su obra África donde el autor ha plasmado las memorias de sus exploraciones en el Muni, la región continental de la ex colonia entre 1875 y 1884.
libros de caza que enfatizan particularmente el heroísmo del hombre blanco enfrentando la dureza de la vida colonial y la salvaje naturaleza.
Más allá, de esta clasificación que divide la corriente colonial española en dos periodos principales, casi todos los críticos establecen un vínculo evidente entre la literatura y los cambios sociopolíticos en España. Desde allí, la temática o las orientaciones ideológicas literarias son condicionadas por una política colonial fomentada por la metrópoli. De hecho algunos estudiosos sostienen que la Guerra Civil española parte en dos la denominada época colonial, marca un antes y un después en todos los aspectos. Por ejemplo, Gustau Nerín (2009:111) aclara sobre el particular que: ―a partir de 1936, hubo una auténtica obsesión por supervisar la producción ideológica sobre la colonia ecuatorial. Si la dictadura controlaba a los intelectuales en la metrópoli, en la diminuta posesión tropical el control era todavía mayor”. Las motivaciones por España en gestionar la temática literaria en la colonia se justifican también por el deseo del gobierno franquista por impulsar el orgullo patriótico de los españoles mediante una campaña de promoción de sus intereses coloniales. Por lo tanto, toda esta actividad literaria es regulada, controladaoeditada por las instituciones culturales adictas al régimen, especialmente el Instituto de Estudios Africanos y los archivos del IDEA que son también vehículos del africanismo español de aquella época.
Alás-Brun plasma la ideología literaria franquista mediante el estudio de tres libros de viajes de la posguerra, son de Bartolomé Soler, Juan Bravo Carbonell y Emilio Guinea. Su estudio pretende demostrar que estos libros representan tres orientaciones y tres objetivos distintos pero una misma ideología franquista. Según la autora, las representaciones en Europa de los sujetos coloniales negros africanos reúnen tópicos que forman ―el otro tropical‖, recurrentes principalmente en los libros de viajes sobre África y en la narrativa de ficción. Son arquetipos asociados a los conceptos del ―hombre primitivo‖, al ―otro‖ y, vinculados con caracteres como el infantilismo, la lujuria, la propensión a la violencia o el canibalismo. Los tres libros elegidos son: Anecdotario pamue. Impresiones de Guinea (1942) de Juan Bravo Carbonell; En el país de los pamues (1947) de Emilio Guinea y La selva humillada (1951) de Bartolomé Soler. El primero, Bravo Carbonell26, es un
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Bravo Carbonell, Juan estuvo varios años en la colonia como finquero, fue también Secretario General de la Cámara oficial Agrícola de Fernando Poo. Ha escrito varios libros de temas guineoecuatorianos, sus novelas son: (1917), Fernando Poo y el Muni. Madrid, Alrededor del mundo; (1925): En la selva virgen del Muni,
Madrid, Imp. Zola Ascasíbar; (1929), Territorios españoles del Golfo de Guinea. Madrid, Imp. Zola Ascasíbar; (1942), Anecdotario Pamue. Impresiones de Guinea. Madrid, Editora Nacional. Dos ensayos
africanista que escribió su obra tras permanecer escasos años en la colonia, encargado oficialmente de evaluar sus riquezas naturales. Por lo tanto, de su novela, dice Alás-Brun: ―el autor trata de promocionar el establecimiento de negocios españoles en Guinea y expone sus ideas sobre las formas más efectivas de colonialismo en África dentro del marco de un relato de viaje‖ (Alás-Brun, 2007:287).
La investigadora divide la obra de Bravo en tres partes: ―pasado‖, ―presente‖ y ―futuro‖. En primer lugar, el narrador condiciona el acierto de la colonización mediante una labor humanitaria. Luego, valora positivamente los logros de la labor humanitaria unida a la labor misional. El objetivo es doble, aprovechar las riquezas de la colonia y sacar los indígenas de sus prácticas vernáculas. Por último inaugura la expansión de los territorios coloniales españoles en el golfo de Guinea. Alás-Brun resume la visión encarnada por Bravo precisamente: ―Bravo tiene una visión paternalista y generalmente benigna de los guineanos; los percibe infantilizados (...), hasta el punto de llamar a los fang del interior del continente ―niños grandes‖, e insiste en la necesidad de llevarlos a la civilización, misión encomendada a España. A la vocación de promotor de negocios del autor se superpone la motivación patriótica-religiosa‖ (Alás-Brun, 2007:289). Si bien, el libro de Bravo destaca por un lado, la representación de los indígenas fang como seres inferiores pero, también muestra gran admiración por su valor por ejemplo como incansables cazadores o guerreros.
Igualmente como Bravo, Emilio Guinea27 autor de En el país de los pamues (1947) viajó también a la colonia española con el propósito de evaluar la viabilidad de algunos cultivos de interés y las diversidades forestales. Aquel viaje le ha inspirado como expone Alás-Brun: ―Como Bravo, Guinea intercala los recuerdos de sus experiencias personales como viajero, (…), con observaciones sobre la vida y costumbres de los habitantes africanos de la colonia española, con particular énfasis en los fang, a los que llama pamues” (Alás- Brun, 2007:290).
En el sentido de la ensayista, el argumento de Emilio Guinea recoge dos planteamientos aparentemente discrepantes. Primero, en los momentos en que se haya
(1926): Guinea Española. Los millones de pesetas anuales, Madrid, Imp. Zola Ascasíbar y (1933):
Posibilidades económicas de la Guinea Española, Madrid, Publicaciones de la Sociedad Geográfica Nacional.
27 Emilio Guinea López, botánico vasco, catedrático de ciencias naturales es autor de varios libros sobre
Guinea Ecuatorial de los que se puede mencionar entre la narrativa: (1949): En el país de los bubis, Madrid, CSIC-IDEA; (1947): En el país de los pamues. Relato ilustrado de mi primer viaje a la Guinea Española, Madrid, CSIC-IDEA o los ensayos (1946): Ensayo geobotánica de la Guinea continental Española, Madrid, Dirección General de Marruecos y Colonias y (1948): Folleto de la exposición de recursos vegetales Afro – Hispanos Sahara-Muni-Fernando Poo. Madrid, CSIC-IDEA.
absorto en el universo primitivo y salvaje el narrador expone su fascinación por la naturaleza y exalta su riqueza o su belleza. En cambio, en otros ratos curiosamente retrata a los nativos pamues con rasgos desproporcionados. Por ejemplo, le Llama la atención los calificativos asociados a los pamues, se refiere a ellos como ―especímenes‖, de una belleza elemental, una raza ―audaz‖ y guerrera. En cambio, confiesa: ―a pesar del abismo mental que nos separa, le inspira simpatía, curiosidad y admiración” (2007:291). En la última parte del libro, Emilio Guinea pierde de repente la fascinación por el mundo bárbaro o exótico y retoma su misión como agente colonialista perteneciendo a una raza superior. Por fin, termina criticando y rechazando a todos los objetos de su efímera admiración como es la selva, los pamues vuelven primitivos y perezosos y las mujeres africanas descuidadas.
El último libro de viaje estudiado por Alás-Brun es La selva humillada (1951) de Bartolomé Soler28, también inspirado en el viaje del autor a la colonia. Alás-Brun estudia la obra de Soler mediante una serie de estrategias retóricas. En primer lugar, para materializar el choque de culturas y el contraste visual entre las razas, Soler recurre frecuentemente al ―contraste‖ y a la ―antítesis‖. Esto se da en el uso de colores, blanco o luz opuestos a negro o tinieblas. También llama su atención el uso de parejas ―antónimos‖, se puede leer; limpieza y suciedad, pureza y lujuria, o civilización y barbarie. Lo mismo sucede con la pareja cristianismo opuesto al animismo o fetichismo. Obviamente, a lo largo de del relato, el narrador protagonista se construye una imagen heroica pero con rupturas por medio de la ―autoironía”.
Todo lo que precede demuestra que los tres autores intentan legitimar el dominio español por la superioridad racial europea y la necesidad para los africanos negros de civilizarse. De hecho Alás- Brun para terminar recalca:
En definitiva, la colonización de España en Guinea es aceptada con algunas reservas por el colonial Bravo, con tensiones más evidentes por el científico Guinea y con fisuras y contradicciones abiertas por el viajero Soler. (...) ninguno de los tres autores consigue reconciliar sin problemas con su profesada admiración por los africanos de raza negra y su fascinación por la selva virgen (ya que uno y otra son conquistados y sometidos en el proceso ―civilizador‖ (Alás-Brun, 2007:296).
Según Gustau Nerín las representaciones estereotípicas que expone Alás–Brun son típicas de los tópicos en los que se encerraron los autores coloniales carentes de la voluntad de ―conocer‖ en profundidad a los caracteres específicos de los guineanos, su territorio o sus
modos particulares de vivir. Mbaré Ngom también vincula dicha actitud con una estrategia colonialista:
El africanismo literario contribuyó a textualizar estéticamente el espacio deslindado y marcado por la caminaría física o geográfica por medio de constantes descriptivas marcadas por lo exótico, lo diferente, lo agreste y lo salvaje. (...). La meta del africanismo literario era, por medio de un proceso narrativo muy estratégico, articular un texto‖ comprensible y aceptable para el imaginario de la opinión pública metropolitana, y por ende, justificar la aventura colonial de España (Mbaré, 200:6).
Los intereses políticos inciden en la creación artística sobre la colonial. Los últimos años de la época colonial quedan literariamente marcados por unos contenidos que tienden a promover la explotación colonial y también a rebajar moral y socialmente a los colonizados aunque, con escasos intentos del discurso oficial por atenuar esta visión despectiva del indígena muy hondamente enraizada en la imaginación popular metropolitana. Es la política la que se encarga de diseñar e idear la obra literaria colonial.