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Etapa posneoliberal y el giro a la izquierda

1.2. Transición del pensamiento neoliberal al pensamiento de izquierda

1.2.3. Etapa posneoliberal y el giro a la izquierda

El dominio en la década de 1990 del modelo neoliberal respaldado por el desarrollo de la globalización, no llegó a superar los problemas tradicionales que cada país sudamericano tuvo históricamente. Frente a esta situación, a fines de los años noventa, comenzaron a adquirir más fuerza los movimientos que exigían el cambio del neoliberalismo; en varios países, los líderes de esta tendencia logran subir al poder. Sudamérica se encuentra ahora en la etapa posneoliberal porque las agendas socioeconómicas tales como la pobreza, desigualdad, desempleo y sueldos bajos. son consideradas importantes inclusive por los movimientos de derecha; de esta manera, ya pasó la fase del neoliberalismo dominante8. Es importante aclarar que la palabra

“posneoliberalismo” no significa que el neoliberalismo ya es una cuestión del

pasado, sino que su etapa de auge, o su momento de predominio, se superó sin desaparecer totalmente (Murakami, 2012: 48).

Existe un consenso importante entre los académicos y los protagonistas de la política: muchos países de Sudamérica se encuentran en otra etapa económica y política de su historia. Se puede destacar que esta etapa estaría marcada por un ciclo electoral izquierdista, que se extendió desde 1998 a 2007, con una serie de 7 elecciones presidenciales: 1) En 1998 en Venezuela con Hugo Chávez sucedido por Nicolás Maduro en 2013; 2) En el 2002 en Brasil con Inácio Lula da Silva sucedido por Dilma Rousseff en 2010; 3) En el 2003 en Argentina por Néstor Kirchner sucedido por su esposa Cristina Kirchner en

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A mediados de la década de los noventa, las organizaciones financieras internacionales, líderes del neoliberalismo, empezaron a proponer la necesidad de ejecutar la “reforma de la segunda generación”, que incluía la ejecución de las políticas sociales para reducir la pobreza, entre otros aspectos sociales. Comenzaron a surgir de igual manera, críticas al neoliberalismo por parte de organizaciones internacionales como el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) que enfatizaba la importancia de la ejecución del ajuste económico “con rostro humano” (Murakami, 2012: 48).

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2007; 4) En el 2004 en Uruguay con Tabaré Vázquez sucedido por José Mujica en 2009; 5) En el 2005 en Bolivia con el líder campesino e indígena Evo Morales; 6) En el 2006 en Chile con Michelle Bachelet; y, 7) En el 2007 en Ecuador con Rafael Correa (Alegre, et al, 2011: 09-10)9.

Tras largos años de hegemonía neoliberal, la llegada al poder de movimientos políticos de izquierda fue denominada como “ola izquierdista” o “giro a la izquierda”. Asimismo, existe un amplio consenso entre académicos respecto de la heterogeneidad de los gobiernos de izquierda que emergen en la región. Parte de la academia considera la existencia de dos tipos de

izquierda. Por un lado, se encuentra la “izquierda moderada” que acepta las

reformas del mercado, aplica correctivos a las reformas liberales, básicamente partiendo de la extensión o reforma de los programas sociales existentes. Por

otro lado, está la “izquierda radical” la cual rechaza las reformas de mercado y

aboga por el retorno al estatismo (Alegre, et al, 2011: 10).

Basándose en esta premisa, es común que esta distinción sea asociada a modelos de liderazgos presidenciales distintos. Por un lado en la región emergen líderes presidenciales que apelan a posturas radicalizadas en el plano internacional (principalmente hacia Estados Unidos) y apoyan a las políticas estatistas y nacionalistas directamente enfrentadas contra las elites empresariales, este es el caso de Bolivia, Venezuela y Ecuador. Ellos son

considerados como “líderes populistas”. Por otro lado, están los líderes regionales en Brasil, Chile, Uruguay y Argentina que siguen políticas internacionales más conciliatorias con los Estados Unidos y procuran desarrollar políticas amigables con los principios del libre mercado (Alegre, et al, 2011: 33).

De igual manera, esta diferencia entre gobiernos puede ser explicada a través de variables económicas (Alegre, et al, 2011: 34). Un factor importante es el crecimiento económico que provino del aumento de la demanda de

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No hay que olvidar que varios países importantes todavía son gobernados por la derecha. Es el caso de Perú, que antes de la victoria de Ollanta Humala en 2011, confirmó su anclaje derechista en manos de Alan García. En el caso de Colombia, con la reelección de Álvaro Uribe (en el gobierno desde el 2002) y en 2010 de Juan Manuel Santos, ponen en evidencia el anclaje derechista con las intervenciones acrecentadas de EE.UU y una consolidación del neoliberalismo. De igual manera sucede con Paraguay con Horacio Cares en el gobierno desde 2013 (Gaudichaud, 2008: 28-29).

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materias primas a inicios de la década del 2000. En consecuencia todos los países sudamericanos optaron por centrar sus economías en el sector primario exportador como principal generador de riquezas, aunque con diferentes niveles de especialización y con algún impulso de la producción industrial10 (Figueroa y Cordero, 2011: 29). Es así, que los gobiernos “radicales” surgen en

países con economías dependientes de la explotación de ciertos recursos

naturales sin apoyo industrial mientras que los “moderados” surgen en países

con cierto grado de especialización e industrialización (Alegre, et al, 2011: 34). Los académicos concuerdan que, la labor de los movimientos de izquierda ha sido el de elaborar nuevas propuestas y nuevos enfoques, más allá de poner resistencia y criticar al neoliberalismo. Sin embargo, hay que dejar en evidencia que después de haber transcurrido varios años, los gobiernos que siguen estableciendo una ruptura con el neoliberalismo son aquellos de Ecuador, Bolivia y Venezuela, pero a su vez están dejando en evidencia sus limitaciones y conflictos internos. Este es el caso del financiamiento inmediato que requiere la inversión social destinada a mejorar la educación, infraestructura, salud e inclusión social que a fin de cuentas termina expandiendo el tradicional modelo extractivista aprovechando la fuerte demanda de materias primas requerida por los viejos y nuevos centros hegemónicos del mundo, a pesar de tener nuevas pautas constitucionales, de derechos territoriales, derechos de la naturaleza y respeto a la Pachamama. Estas contradicciones marcan líneas de división en los países, ya que se comienza a violar las Constituciones elaboradas por los mismos gobiernos, las cuales, representaban uno de sus grandes éxitos políticos; tal es el caso, que acaban enfrentándose en niveles más o menos duros, a partes relevantes de la base social que prácticamente les ayudaron a alcanzar el poder (Lang y Mokrani, 2011: 10-11).