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pública, dentro de un marco dinámico de principios y valores como la moralidad y la transparencia, es posible abrir las puertas a un pensamiento e incluso, a una conciencia colectiva para actuar con honradez y propender por una satisfacción integral del bien común público.

Imagen 4. Principios de la ética pública

A la luz de lo expuesto, la moralidad, la rectitud y la transparencia se configuran en principios de la ética pública. Ya que en ellos confluye la esencia del buen obrar, en el ejercicio de la función pública y a la vez son pilares de probidad, en el quehacer constante de quienes tienen a su cargo la tarea encomendada por el Estado para el bien común público.

Rectitud Moralidad

ETICA PÚBLICA

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Otro de los principios de la ética pública, que forma parte esencial de la investigación que nos ocupa, es el principio del diálogo, el cual desde la perspectiva de Adela Cortina recoge la dignidad, el respeto y el reconocimiento de las necesidades del otro. Un principio orientado hacia el papel de la reflexión conjunta en torno a la valoración de cada ser humano, desde el reconocerse y saberse reconocido en la sociedad, de manera razonada, digna y justa; el cual por su naturaleza, será tratado de manera funcional en la siguiente categoría.

3.2 Comunicación - Educación

Esta segunda categoría se refiere al campo de la Comunicación-Educación desde la perspectiva de las relaciones de diálogo e interlocución necesarias en todas las esferas de la sociedad. Y particularmente en los procesos de consolidación y fortalecimiento de formación de una Cultura Política, desde la probidad.

Imagen 5. Comunicación/Educación

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Pensar el campo de la Comunicación fuera de la categoría de Comunidad no es posible. Limitarlo al proceso de emisión y transmisión de bloques de información, ideas, conceptos y simple fluctuación de mensajes tampoco lo es. Al menos, en lo que atañe a la presente investigación. En cambio, pensar la comunicación desde un constante proceso de diálogo, reflexión, interacción y construcción mutua de saberes, que se desplazan y acoplan dentro del tejido humano y comunitario, sí lo es. Porque lo que prima es la dialogicidad. Esa dialogicidad entendida como “un intercambio comunicativo respetuoso por la palabra de cada uno de los participantes, como una construcción consensuada de saberes, como un encuentro subjetivo donde cada uno de los actores tiene voz propia y donde cada uno aporta para la configuración del otro” ( Álvarez, 2012, p.26).

Desde esta perspectiva teórica, autores como Adela Cortina y Eduardo Freire, coinciden en el diálogo como punto equidistante del profundo sentido de la ética y la educación. Por una parte, Cortina pone el diálogo como principio de la ética. Y lo ubica en un escenario de interlocución, basado en la dignidad de cada ser humano y en la gran potencia que se genera de esa dignidad para escuchar y ser escuchado, incluso para ser mejores sujetos de interpretación: “Este es el principio de la ética del dialogo o dialógica, que no es otro que el reconocimiento y respeto de la dignidad del ser humano” (Cortina, 1998, p. 48). Por otra parte, Freire precisa el diálogo en términos de ese gran espacio que posibilita la convergencia de sentidos y subjetividades, mediante la articulación que se efectúa con sus medios, procesos e instrumentos. Un diálogo que por su naturaleza se configura en ese gran momento de abrazo humano, reflexivo, inagotable y dinámico: “El diálogo es este encuentro de los hombres, mediatizados por el mundo, para pronunciarlo no agotándose, por lo tanto, en la mera relación yo-tu” (Freire, 1970, p.101). La puesta en órbita de estos postulados, ofrecen un sentido constructivo y propositivo de comunicación, con una aproximación intrínseca y extrínseca hacia una sinergia constante y constructiva, jamás destructiva, entre los dialogantes.

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Dialogantes que, como se ha hecho mención previamente, se traducen en términos de la relación entre las entidades públicas y la ciudadanía. Todo ello, dentro de espacios potencialmente aptos para que la comunicación despliegue sus alas dialógicas y reflexivas. Espacios como los que pueden desprenderse, o al menos promoverse, desde algunos escenarios digitales, en cuyo interior también debe habitar el verdadero sentido de la comunicación.

Lo anterior, a la luz de pensamientos como el de Barbero (1987), de gran utilidad para la presente investigación, toda vez que, si bien la tecnología no es la que otorga sentido a la comunicación, sino sus mediaciones, la primera puede generar procesos de rearticulación de cierto tipo de relaciones de la comunicación con la cultura. Lo cual, para efectos propios de la situación epistemológica que nos ocupa, está enfocada hacia la relación directa con la cultura política, en donde la voz de la ciudadanía sea la prioridad, mediante la sinergia entre el uso de tecnologías digitales, como medio, no como fin, y la verdadera comunicación. En este sentido, tal como lo señala Barbero la “comunicación se está convirtiendo en un espacio estratégico desde el que pensar los bloques y las contradicciones que dinamizan estas sociedades- encrucijada (…). De ahí que el eje del debate se desplace de los medios a las mediaciones, esto es, a las articulaciones entre prácticas de comunicación y movimientos sociales, a las diferentes temporalidades y la pluralidad de matrices culturales.” (Barbero, 1987, p. 206).

En estas articulaciones entre prácticas de comunicación y movimientos sociales, pueden equipararse, precisamente a las articulaciones que emanan de las diferentes estrategias comunicativas entre las entidades públicas y la ciudadanía y dentro de cuyas matrices culturales, está inmersa la cultura política, para la promoción y praxis de la ética pública, y por consiguiente, de la probidad, como parte de un proceso característico de una verdadera transformación social. Lo cual, de acuerdo a la producción intelectual de Barbero, esa posibilidad de rearticulación entre las relaciones entre cultura y comunicación no es ajena a la tecnología.

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Por otra parte, en la obra “Teoría de Acción Comunicativa” de Jürgen Habermas (1929), resulta conducente hacia el corazón y tejido de la probidad, partir de lo que él llama supuestos universales del habla; supuestos que para el autor son el fundamento de la validez del habla, ya que entre otros, posibilitan un consenso comunicativo que procura el entendimiento mutuo. Estos supuestos son la inteligibilidad, la verdad, la rectitud y la veracidad.

Al ubicarse cada uno de estos cuatro supuestos dentro del campo de la Comunicación-Educación la inteligibilidad ha de tratarse desde el máximo grado de entendimiento en relación al tratamiento de los problemas o fenómenos sociales sin ambigüedades ni confusiones bizantinas. Frente a los supuestos de la verdad y la veracidad, resulta pertinente hacer alusión a todo aquello que aun a pesar de la existencia de las subjetividades, lo realmente objetivo es la realidad que se desprende del foco de lo verdadero y veraz. Y, ¿Cómo entender esto? La verdad y la veracidad en la comunicación, van más allá de lo que se observa de manera tangible.

Es eso que precisamente se oculta tras el ángulo de lo que aparentemente se quiere comunicar pero que no se dice y que no se visibiliza. Como en el caso de aquellos mensajes que se transmiten detrás de la palabra, incluso, muchas veces, sin la palabra. En el actuar. En el obrar. Por otra parte, en el momento en que Habermas (1929) se refiere a rectitud normativa, abre las ventanas a un proceder correcto, a una coherencia entre un pensar y un obrar ético e íntegro, desde cualquier escenario que lleve las fibras sensibles de la comunicación. Y en el escenario de la comunicación digital, el proceder recto y correcto, abarca mucho más que el simple imperativo normativo. Es decir, que esa rectitud normativa debe aferrarse a la conciencia limpia, honesta y convencida de ese actuar. Lo cual, conduce inequívocamente a una comunicación hacia la consolidación de procesos de ética pública, en cualquier escenario, sea digital o no.

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En concordancia con lo anterior, se hace necesario hacer mención a aquello que se denomina comunicación intersubjetiva de la palabra, dentro del llamado campo de la Comunicación- Educación no escolarizada, “que se concreta en gran medida, a través de estrategias de participación y de interacción grupal” (Huergo 2004, p. 229). Esta mención es particularmente propicia para esta investigación, ya que precisamente justifica la esencia de la relación Comunicación-Educación desde cualquier escenario, incluso si se trata de escenarios virtuales o digitales; encontrando sus bases en la dinamicidad del aprendizaje continuo y en la interlocución; y por tanto, esta no ha delimitarse únicamente a la producción y trasmisión de información, ya que lo realmente importante es la generación y puesta en marcha de ambientes digitales en los diferentes entornos de naturaleza educativa (Huergo, 2004).

Desde esta perspectiva, la articulación entre la comunicación y la educación trasciende el campo escolarizado y se sitúa en todas las dimensiones y esferas de la sociedad, como proceso abierto, innovador, dinámico y enriquecedor, que debe dar cuenta de un nuevo tipo de lógicas de interacción y dialogicidad, basadas tanto en la valoración de la dignidad humana, como en la valoración de la tecnología, de manera razonable y proporcional, y que apunten hacia la construcción conjunta y la participación social de la ciudadanía, incluyendo la participación en diferentes escenarios digitales. Lo cual conduce a la inclusión de la tercera y última categoría, denominada ciudadanía digital, la cual será tratada a continuación.

3.3. Ciudadanía digital

Para efectos de la presente investigación, la comprensión de concepto de ciudadanía digital, se encuentra fundamentado en la valoración del papel de los procesos de comunicación que emergen del uso de las tecnologías digitales, dentro del ejercicio político de la ciudadanía como sujeto de derechos, deberes y dentro del control y la participación que como ciudadano le asiste

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frente al Estado, para la satisfacción de las necesidades tanto básicas como complementarias de la comunidad. En concordancia con ello, y atendiendo a postulados como el de Galindo (2009) en torno a temáticas como el de la sociedad de la información, así como en torno a la construcción y puesta en marcha de conocimiento mediante la apropiación de la tecnología que realizan los actores colectivos, la ciudadanía digital, es entendida como ese compendio dinámico de interrelación entre las entidades estatales y los ciudadanos, en donde su accionar recíproco se desarrolla en un entorno digital, que posibilita el desarrollo de competencias y potencialidades ciudadanas en un espacio de interlocución e intercambio comunicacional, que va más allá del simple flujo de información y que propende por el uso de las tecnologías para la construcción constante y permanente de ciudad, en donde “la ciudadanía digital es el punto de partida para la humanización de las tecnologías” ( Galindo, 2009, p.172).

Uno de los aspectos relacionados con el concepto de ciudadanía digital es el de gobierno digital, sustentado en la necesidad de empoderamiento de los ciudadanos para la coadyuvancia en la solución de los problemas y la satisfacción conjuntamente con el Estado de las necesidades de la comunidad, a través del uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) como un medio y un espacio simultáneamente. Ahora, si bien, El Gobierno Digital, como política pública es liderada actualmente por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones-Min TIC, y cuyo propósito es “Promover el uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y las comunicaciones para consolidar un Estado y ciudadanos competitivos proactivos, e innovadores, que generen valor público en un entorno de confianza digital”, de conformidad con lo dispuesto en el Manual de Gobierno Digital, y se encuentra catalogada como una herramienta que sirve como base para comprender el fenómeno de la ciudadanía digital, no es en realidad la única, per se, y tampoco aborda la totalidad del concepto, toda vez que su comprensión realmente descansa en los procesos generadores de sinergia entre el Estado y la Ciudadanía, dentro de la construcción mutua de alternativas de solución para la sociedad, desde entornos digitales, cualesquiera que sean.

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Por lo cual, más allá del simple aprovisionamiento del medio digital, o de quien lo lidere, lo importante es que la ciudadanía siempre esté involucrada y empoderada como agente activo, jamás pasivo. Por otra parte, la utilización de las nuevas tecnologías digitales, como escenarios validos de interlocución, llevan implícito el propósito y la intención clara de un diálogo sensibilizador, concientizador y formador, a través del uso de las nuevas tecnologías, dentro de escenarios digitales, en temáticas de ética pública como la transparencia, la moralidad, la rectitud y el mismo diálogo. Dentro de estos escenarios, se encuentra la página WEB de las entidades estatales, la cual surge como una herramienta digital susceptible de ser desentrañada comunicativamente. Al tenor de lo expuesto, el alcance de lo digital que se encuentra estrechamente relacionado con la virtualidad, traspasa las fronteras de lo puramente digital y se ubica entre la esfera de lo real y lo virtual. Conservando en todo caso, la esencia dialógica de la comunicación, independientemente del escenario hacia el cual se enfrente el ciudadano.

En este punto del recorrido, resulta propicio hacer mención a Pierre Lévy (1999), quien aborda la virtualidad desde un panorama de dinamicidad y plantea una clara confrontación entre lo posible y lo virtual. Una mutación virtual del proceso de transformación constante, latente, intrínseco y extrínseco, que parte de una serie de sistemas telemáticos de información, sin allí detenerse. Y quien también presenta la virtualización a la luz de la cultura nómada, entendida esta, dentro de un conglomerado social que se interrelaciona más allá del “aquí” y el “ahora”, con efectos reales y sin imaginarios. Lo cual es de gran convergencia para la presente investigación, porque las mediaciones comunicativas pueden surgir, sin lugar a dudas, desde la virtualidad, la cual debe ser utilizada bajo la favorabilidad de la información como medio y no como fin, con el fin de construir y fortalecer procesos de entendimiento y comprensión enfocados hacia realidades sociales como la probidad, en cada una de las esferas que componen el ámbito de la comunicación.

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La virtualidad, por tanto, es una herramienta funcional para traspasar el límite de lo posible y lo imposible, en término de valores y principios. Y ese límite de lo posible y lo imposible, subyace en las relaciones de comunicación con el sentido de dialógico de develar lo invisible y reafirmar o controvertir lo visible. Por ello, no puede estar alejada de aquello que el Aguilar (2011) llama nueva gobernanza, ya que debe exhortar a la ciudadanía a consolidarse como uno de los actores activos y participativos en los asuntos públicos. En atención a ello, y de acuerdo a este postulado, es importante que los ciudadanos tengan las capacidades y la disposición de trabajar conjuntamente con el Estado

La gobernanza pública se refiere al proceso por el cual una sociedad se dirige, gobierna y gestiona a sí misma, es decir, en esencia, al proceso por el cual el gobierno, las empresas privadas, las organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos interactúan para definir, acordar y decidir sus objetivos comunes y las formas de organización, el tipo de recursos y el conjunto de actividades que resulten necesarios y adecuados para lograr satisfactoriamente los objetivos trazados. La gobernanza es el proceso de dirección mediante el cual se conforman y definen la dirección de la sociedad y la capacidad social para lograr objetivos públicos (Aguilar, 2011: p. 5).

En términos de Aguilar, la nueva gobernanza se caracteriza por su independencia e interdependencia de sus actores y sectores. Las relaciones de interdependencia sustentan y estructuran la sociedad actual por cuanto los actores de la sociedad políticos, gubernamentales, económicos, sociales e intelectuales, son actores independientes y autónomos de las decisiones de sus proyectos pero a la vez dependen entre sí para la satisfacción no solo de sus necesidades sino para construir conjuntamente la sociedad. (Aguilar, 2018). De allí, que el derecho de la ciudadanía al entendimiento y la confianza; así como a informar y ser informado, son derechos a los cuales la ciudadanía está llamada a ejercer, de manera directa. Pero ese derecho debe procurar procesos de dialogicidad, desde la comprensión, el sentir y el reflexionar humanos,

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hasta esa puesta en común, que parte del diálogo, para llegar a una verdadera comunicación, que permita el abordaje de los principios relacionados con la ética pública, desde entornos, incluso, digitales.

En este orden de ideas, dentro de esta lógica conceptual, la moralidad y la transparencia administrativa, como se ha expuesto, se constituyen en principios, directamente relacionados con la ética pública, que desde cualquier escenario de interacción, incluido el virtual o digital, advierten procesos de formación y construcción conjunta, que van más allá del simple acceso a la información pública. Y por tanto, la probidad administrativa, la cual descansa fundamentalmente, como se ha mencionado, en los principios de la ética pública, apunta hacia una serie de lógicas dialógicas y dinámicas formativas y de educabilidad mutua, que forman parte del proceso de construcción conjunta de sociedad desde la articulación de conocimientos, saberes, experiencias y estrategias, en torno a la probidad.

44 4. MARCO METODOLÓGICO

4.1. Naturaleza de la metodología

La metodología aplicada a la presente tesis es la investigación cualitativa, por cuanto esta se caracteriza por la “comprensión de la realidad como resultado de un proceso histórico de construcción a partir de la lógica, de los diversos actores sociales, con una mirada “desde adentro”, y rescatando la singularidad y las particularidades de los procesos sociales” (Galeano, 2007). Y para efectos de este estudio, la generación y la construcción de conocimiento desde el campo de la Comunicación-Educación- Cultura Política, se efectúa a partir de una problemática tan marcada como la corrupción al interior de las entidades públicas en Colombia, lo cual conlleva que la metodología se centre en la forma como se articula un fenómeno de la realidad social como la probidad, desde los componentes ético, dialógico, formativo y de participación ciudadana, a partir de un escenario de comunicación digital, dentro de la relación entre una entidad pública del orden nacional y algunos ciudadanos colombianos. Dicho análisis abarca la interpretación holística de la probidad, y comprende la identificación, determinación y relación de una serie de lógicas y dinámicas de carácter ético-dialógico, educativo y participativo que emergen de dicha relación. Todo ello, desde la perspectiva de que en la investigación cualitativa “el conocimiento es un producto social y su proceso de producción colectivo está atravesado por los valores, percepciones y significados de los sujetos que lo construyeron” (Galeano, 2007. p. 21).

Por tal motivo, esta investigación ubica su atención metodológica en la manera cualitativa como se encuentra tejida la probidad y sus relaciones desde los componentes ético, dialógico, formativo y de participación ciudadana, bajo una perspectiva de enlace como un todo, mediado por un escenario digital de una entidad estatal en nuestro país, desde una mirada valorativa y de significación ciudadana.

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Todo ello, atendiendo a una de las notas características de este tipo de investigación: la posibilidad de comprensión a las personas, procesos, eventos y sus contextos. (Hernández; Fernández; Baptista, 2014). Lo cual implica un develar de procesos visibles e invisibles de comunicación que apunten hacia la promoción y vivencia de la probidad. De manera intrínseca y extrínseca. De tal forma que se pueda evidenciar su discurso y su praxis.

Como parte de las características propias de este tipo de investigación, y consolidadas en el

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