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Las segundas nupcias en nuestros antepasados, no era sólo la nueva unión de dos personas, era la “conjunción de dos fuerzas productivas, pero ésta tendencia no se daba a menudo, puesto que las mujeres que quedaban viudas, guardaban su luto hasta el final de los días”53; para entender la evolución que el contraer un nuevo matrimonio ha tenido a lo largo del tiempo, debemos tener en claro que antiguamente las personas no se divorciaban y si quedaban viudos, se mantenían así por hasta la muerte es entonces que a partir de los años 40 en adelante que las personas, deciden obtener una vida, como vulgarmente se diría, con

52MAST,Rodney Q., (2006), El Matrimonio, Divorcio y Segundas Nupcias, Editorial Evangélicas. Pág. 45 53ROSBERG, Gary Barbara, (2006), El Gran Libro Sobre El Matrimonio, Edición Mafi E. Novella, pág. 248.

36 la evolución de principios y la abolición del racismo en los años 50 en adelante, y por ésta razón hombres y mujeres han tomado la iniciativa de un divorcio y posteriormente un nuevo matrimonio.

En el mundo agrario de los años 40, este hecho se hacía más que evidente al tratarse de trabajos estacionales hombres y mujeres combinaban sus esfuerzos para sacar adelante la tierra, lo mismo ocurría en el caso de las esposas de artesanos: la mujer era un elemento importante en el negocio familiar, se encargaba de las cuentas, de la atención al público y era conocedora del proceso de fabricación, cuando el cónyuge moría, algunas viudas decidían permanecer solas y sacar la tienda adelante, pero muchas otras escogían a miembros del gremio al que había pertenecido su difunto esposo para contraer segundas nupcias.

Además, las segundas nupcias entre la aristocracia “suponían en muchas ocasiones una forma de sellar nuevas alianzas: una viuda joven representaba para la familia de origen una nueva oportunidad de afianzar lazos estratégicos con otras familias importantes”54,pero en

otras ocasiones las mujeres que habían perdido a sus esposos contaban con recursos económicos suficientes, con negocios familiares o con otros recursos para salir adelante. Por otro lado, en los contratos matrimoniales estudiados no parece que la presencia de los familiares pesase mucho en la decisión de tomar un nuevo esposo, de hecho, mientras que en las primeras nupcias la familia tenía mucho peso, la decisión de contraer un segundo matrimonio fue un acto más libre, donde los contrayentes eran los principales protagonistas.

Sea como fuere, amor, alianza, supervivencia o todas ellas a la vez, las segundas nupcias no dejaron de ser “un recurso de subsistencia al que la sociedad acudiera con relativa frecuencia, no sólo las viudas; en los primeros siglos de la Edad Moderna”55, una de las constantes en los matrimonios en los que al menos uno de los cónyuges había estado casado fue la alta frecuencia con la que éstos se producían, la historiografía demográfica considera que era una forma de aliviar las crisis demográficas de aquellos siglos, no hay

54ROSBERG, Gary Barbara, (2006), El Gran Libro Sobre El Matrimonio, Edición Mafi E. Novella, pág. 158 55ROSBERG ,Gary Barbara, (2006), El Gran Libro Sobre El Matrimonio, Edición Mafi E. Novella, pág. 280

37 que olvidar que la elevada tasa de mortalidad dio lugar a numerosas mujeres y hombres que ocuparon el mercado matrimonial y que éstas habían accedido al matrimonio jóvenes. Aunque la nupcialidad entre aquellos que habían perdido a sus cónyuges fue muy frecuente, ésta variaba en función del género, siendo más elevada entre los hombres que entre las mujeres, además, los viudos no sólo se casaban más que las viudas, sino que lo hacían en un alto porcentaje a todas las edades y dejando un intervalo de tiempo entre matrimonio y matrimonio menor que el de las viudas.

Para las mujeres, por el contrario, la barrera de los 40 a veces fue infranqueable, no fue ésta la única diferencia entre hombres y mujeres: mientras que aquellas viudas que tenían niños tuvieron más dificultades para encontrar compañero que las que no tenían vástagos a su cargo, los viudos con niños se casaron más a menudo y más rápido que el resto de hombres que habían perdido a su esposa y no tenían hijos.

A pesar de la alta frecuencia de este tipo de matrimonios, llama la atención que las segundas nupcias nunca terminaron de ser aceptadas ni por parte de la Iglesia, ni por parte de la comunidad, esta dicotomía, entre la frecuencia y el rechazo, se dio ya en la Antigüedad, así, por ejemplo en Roma se permitían los segundos matrimonios tanto en caso de fallecimiento como en caso de divorcio y, de hecho, eran habituales, tanto es así que el emperador Augusto llegó a castigar con inhabilitaciones sucesorias a aquellos viudos que no volvían a casarse.

En la política imperial “las mujeres romanas que permanecieron fieles a la memoria de sus esposos fueron especialmente alabadas, la Iglesia, por su parte, también mostró una actitud ambigua desde sus inicios, el origen lo encontramos en la Epístola a los Corintios (VII, 9) de San Pablo”56, éste consideraba que la mujer estaba limitada mientras su marido viviera

y que la muerte del esposo era una suerte de liberación, pues, apartada de las obligaciones debidas al cónyuge, podría dedicarse completamente a Dios, es decir, Pablo animaba intensamente a las viudas y viudos a que permanecieran solos tras la muerte de sus primeros compañeros, pero no negaba la posibilidad de que se volvieran a casar.

38 Su principal preocupación eran las jóvenes viudas -más frágiles ante las tentaciones de la carne-, su consejo para ellas era casi una orden: para evitar los peligros de una falsa viudedad debían volcarse en un nuevo esposo, ejerciendo la maternidad, el gobierno de la casa y la vida cristiana, así pues, aunque las primeras comunidades cristianas tolerasen las segundas nupcias, aquellas viudas que decidían no casarse eran más respetadas que las que sí lo hacían.

Siguiendo la doctrina de San Agustín y de los primeros padres, se entendió que el segundo matrimonio era un remedio para la fornicación, una concesión a la fragilidad humana, con el paso de los siglos, y al tiempo que las leyes canónicas medievales comenzaron a alcanzar madurez, retomaron la cuestión de las segundas nupcias para discutir si éstas se podían considerar como un sacramento, tantos siglos de rechazo habían dejado un poso en la liturgia.

La comunidad, por su parte, tuvo su propia respuesta a las segundas nupcias: las cencerradas, fue la forma que la comunidad encontró de hacer suyos estos mensajes contrapuestos y de traducirlos a través de su propio lenguaje, este fenómeno, propio de toda la Europa moderna, adquirió diferentes nombres según el territorio: charivari en Francia; las llamadas cencerradas en la Monarquía hispánica; la mattinata italiana; o skimmingtonride o rough music en Inglaterra.