Porcentajes de solicitudes según año
DE LOS QUE EXCAVABAN DE FRENTE Y A OSCURAS
Hacia la segunda mitad del siglo XX el fenómeno del huaquerismo se mantenía vigente, y en crecimiento, siendo inclusive un modo de subsistencia total o parcial para familias completas. Van Horne y Heath trataron el tema con una perspectiva etnográfica, lo anterior es de gran interés ya que presentan datos recopilados en el momento en el que las actividades eran más intensas: la década de 1960.
En dichos trabajos narran su experiencia en el abordaje del tema, desde su participación como espectadores tanto en la extracción de los objetos de los sitios, así como en su trasiego, lo que brinda un contexto espléndido, más si se toma en cuenta la falta de memoria para los detalles que provoca la búsqueda de información mediante la técnica de la entrevista con casi 50 años de haberse dado los acontecimientos (para los partícipes que aún gozan de vida), además del temor generalizado a hablar abiertamente sobre ese tema de corte ilegal. En el caso de van Horne, desarrolló 10 meses de trabajo de campo resaltando no sólo las excavaciones sino que además buscó representar fielmente al hombre, su método de operación, técnicas de mercadeo y actitudes, creencias, entre otros, así como explorar el complejo mercado y proceso por el cual se fijaban los precios de los artefactos, lo anterior también lo cotejó con el registro oficial de los permisos de excavación desde 1952 al momento de su investigación (van Horne, 1965: prefacio).
79
Heath buscó mostrar la variedad de maneras en que el comercio ilícito de antigüedades afectaba la estructura económica y estilo de vida de la población en una nación centroamericana, realizando extrapolaciones conservadoras y creíbles de los datos cuantitativos específicos. Aseguró que la falta de investigación arqueológicas y publicaciones asociadas, exhibiciones, y en general de publicidad, fue una de las razones del por qué las antigüedades costarricenses no disfrutaban de la popularidad e inclusive valor monetario (grandes cantidades de dinero que se pagaban por las antigüedades de Perú, Guatemala, o México), “aunque fuesen comparables en la sofisticación tecnológica, impacto estético, edad, tamaño,
singularidad, condición, y otros factores que generalmente afectan los valores en este mercado internacional peculiar”. (Heath, 1973: 259).
Su trabajo lo desarrolló durante su estadía como profesor visitante de Antropología en la Universidad de Costa Rica (bajo los auspicios del programa Fulbright), realizó estudios documentales y entrevistas, pero el método predominante era la participante- observación, o más precisamente, participación-como-observador, con lo cual se aclara que no tomó parte activa en el saqueo, sino que se hizo amigo de quienes lo practicaban y observó los procedimientos de comercio. Le llamó la atención el hecho de que nadie se opuso a colaborar, a pesar de ser una actividad ilícita. Se valoró la ubicación geográfica de las actividades, antigüedad de los contextos, y el detalle específico en temas como técnicas de exploración y excavación; los métodos de reparación, restauración, y falsificación de artefactos, comercialización. “Mi posición peculiar me hizo "amigo de dios y " el diablo"-ésa es
una redacción común del hecho que yo disfruté las relaciones cordiales (y a menudo las confianzas muy detalladas) de tales "enemigos naturales" como el personal del museo, profesores universitarios, los hombres que realmente buscan y excavan las antigüedades, los distribuidores, la policía, etc.” (Heath, 1973).
Heath estimó la población probable de huaqueros activos en Costa Rica para la década de 1960 en 4330 individuos, según los permisos de excavación del MNCR y extrapolándolos con entrevistas extensas e intensivas con una muestra selecta de 74 huaqueros, a dicha predicción solamente le agregó un par de especialistas en restauración, alrededor de 12 distribuidores y “los tantos "corredores" (quienes a menudo eran intermediarios que vendían a mayor precio), así como varios agentes de policía y cargadores que tomaban grandes sobornos, para llegar a la ronda, Figuraban unos 4400 costarricenses que derivaban más de la mitad de sus ingresos del tráfico de antigüedades
80
((Heath, 1973: 261). “De hecho el huaquero es el responsable de la mayoría de las excavaciones
arqueológicas que se están llevando a cabo en el país sin embargo, el huaquero ha sido importante también por la pérdida de datos científicos invaluables” (Van Horne, 1965: prefacio).
Heath indicó que este país pequeño tenía más huaqueros que tradujo “crudamente” como ladrones de tumbas, arqueólogos comerciales, o convenientemente como saqueadores del pasado) que arqueólogos profesionales/científicos/académicos en el mundo entero!. Las 4400 personas involucradas en el saqueo, representaban entre 1968- 1969 exactamente 1% del total la población económicamente activa, siendo estas personas predominantemente de producción agraria y más de dos veces el número de personal médico en el país.
¿Cuántas personas estaban envueltas en este negocio? es muy compleja de responder. Estaban los huaqueros (los hombres de la pala, carpinteros de media jornada, agricultores, choferes de camión y otros muchos), también los distribuidores, coleccionistas y "el Museo" y las mezclas de estas categorías ya que por ejemplo algunos coleccionistas eran también huaqueros aficionados que excavaban de vez en cuando. Asimismo, estaban los distribuidores quienes vendían los pedazos a cualquier visitante, aunque no hay que olvidar que también muchos huaqueros eran a la vez comerciantes y distribuidores, ya que se desplazaban a la ciudad con su mercancía; inclusive personal del Museo Nacional y la Junta Administrativa compraban y vendían, aunque eso era ilegal (Heath, 1973: 260).
Es preciso indicar que hubo un rango considerable de diferentes formas de excavaciones, lo que Heath llamó "las excavaciones típicas”. Las cuales iban desde el descubrimiento azaroso “una olla mientras cultivaban” y que en adelante saquea en parte de sus fines de semana, vendiendo cualquier cosa que obtenga a un finquero vecino que los colecciona como curiosidades sin tener idea de su valor en el mercado, hasta quienes excavaban más de 5 meses al año y cuyos artefactos buscaban ubicar “por fuera” en la capital, ya que era la forma de poder financiar su estadía de 1 semana en la capital y cubrir los gastos mínimos de los meses que tuviesen que pasar en las montañas de Talamanca. Algunos excavaban por largos periodos sin embargo, era más común que 1 o 2 hombres exploraran durante 1 o 2 semanas en un sitio prometedor y volvían a la capital con o sin bienes para vender y las historias para contar durante los fines de semanas (Heath, 1973).
81
Ambos autores coincidieron en que el huaquero, a pesar de su papel de destructor de los contextos arqueológicos tuvo un papel preponderante en la Costa Rica de mediados del siglo XX, como “investigador arqueológico”, no sólo por sus propias actividades en relación con sus operaciones en el campo, sino por el número muy limitado de profesionales interesados en llevar a cabo estudios arqueológicos en el país.
ORGANIZACIÓN Y VISUALIZACIÓN DE LOS SAQUEADORES Y ENCARGADOS