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I. Juventudes empobrecidas y exclusión social:

I.4. Exclusión urbana Soy joven de la pobla y que W´a

Revisadas ya algunas instancias desde las cuales se visualizan ciertas formas de exclusión política, y dicotomías que ubican a los y las jóvenes en contextos de responsabilización pero de negación en otros, cabe mencionar que hay otra forma que resulta importante de profundizar para comprender también la exclusión. Esta es, la construcción de lo urbano, de la ciudad; reflejo de políticas públicas de décadas que han potenciado un desarrollo entre centros y periferias, ubicando a ciertos sectores socioeconómicos de un lado y a los “otros” en un destierro geográfico que también determina y es expresado

como relevante en la trayectoria de vida y construcción identitaria de estos jóvenes, potenciando un fuerte sentimiento de pertenencia.

Para abordar este tema, es importante revisar algunas cifras que dan cuenta de las formas de la concentración de la pobreza y el rol de los gobiernos en esta materia.

El último estudio realizado de pobreza por la CEPAL, “Panorama social de América Latina 2010”, muestra que la persistente desigualdad presente en los países se debe a “la alta concentración de la pobreza en las primeras etapas de la vida, el alto peso de las transferencias familiares hacia la infancia y el mayor peso de las transferencias públicas hacia las generaciones adultas, combinado con la baja eficacia de los sistemas educativos para revertir desigualdades de origen” (CEPAL, 2010).

El documento agrega que en América Latina “los gobiernos cumplen un rol limitado en el financiamiento del consumo de niños y jóvenes (sólo 21%), a diferencia de lo que ocurre en economías desarrolladas en donde el Estado comparte con la familia esta responsabilidad (aporta el 45%). Por ello, es importante aumentar las transferencias públicas hacia el ciclo de vida infanto- juvenil” (CEPAL, 2010).

Estos datos abren la pregunta ¿podemos considerar la evidente asimetría entre nuestro crecimiento, la pobreza y sus marginales consecuencias en términos de participación como una institución aceptada en nuestra estructura cultural? Los datos analizados muestran que sí. Esto si entendemos por institucionalización aquellas reglas vigentes de comportamiento que están internalizadas en las formas de generación recíprocas de conducta que determinan la estructura social. Y esto tiene formas concretas de materialización. Hago referencia a la mencionada reproducción de una

estructura social conformada por periferias y centros. Centros, que se transforman en la cuna de los avances tecnológicos, productivos, culturales; y que generan a su vez, entre ambas partes, estrechos lazos de dependencia en términos de desarrollo. Ejemplo de ello, no es sólo la indiscutible falta de participación de los sectores marginales de nuestras ciudades, como ya hemos indicado anteriormente, sino además el excesivo centralismo que existe en un país donde Santiago más que capital, es centro neurálgico de todas las decisiones que determinan la construcción y el desarrollo político - social de nuestra nación.

Periferia y centro se alimentan en un círculo, que no puede relegarse sólo al plano de la dialéctica conformada entre zonas rurales y urbanas, y de Chile con el resto del mundo; sino a la falta de oportunidades también que hay al interior de nuestras urbes para acceder a información, comunicación y tecnologías que aumenten el poder social, y que se hace aún más visible con el crecimiento y la expansión irregular de éstas. Lo anterior dado que “con la modernización de la economía de Chile, se atrajo al área metropolitana de Santiago parte importante de las redes de producción, las comerciales y las financieras, a causa de la creciente urbanización de la economía. La Región Metropolitana creció a un ritmo superior al resto del país, alcanzando una tasa de 8,1% anual entre 1990 – 1996, asimismo incrementó su contribución al PIB nacional, pasando de un 44,84% en 1990 a generar el 47,45 en 1997. La primacía de la Región Metropolitana no ha cambiado a pesar del proceso de transformación que experimentó el país desde 1973 en adelante. Entre 1970 y el 2002 la RMS creció en un 91.5% lo que evidentemente es superior a la media nacional (69.4%)”(F. Sabatini, Y. Contreras, 2002: 2 y 4)

Ahora bien, si estas cifras dan cuenta de la situación en un plano más amplio de Chile, el tema particular de la construcción de lo urbano en las

ciudades es un factor relevante para comprender la exclusión y esta dinámica centro - periferia. “La segregación de los grupos populares en la periferia de las ciudades tiene impactos urbanos e impactos sociales. Entre los primeros destacan los problemas de accesibilidad y la carencia de servicios y equipamientos de cierta calidad en sus lugares de residencia; y entre los segundos, los problemas de desintegración social que están escalando hoy representan formas de empobrecimiento o de degradación social vinculadas a las desventajas que conlleva el aislamiento físico. La segregación espacial hace que los grupos populares de nuestras ciudades sean aún más pobres”. (F. Sabatini, I. Brain, 2008: 10)

Los sistemas humanos adquieren cierta identidad respecto del lugar geográfico en el que están insertos y que presentan dinámicas propias. Sucede tanto para los sectores bajos, como para aquellos de sectores socioeconómicos altos y medios. Su modo de significar la pertenencia urbana es un dato relevante que luego se expresa también en la obra.

“Mientras en el pasado la segregación de las familias de menos ingresos tenía efectos tanto negativos como positivos, ahora se están agravando sus efectos más complicados de descomposición social. Iguales o, incluso, menores niveles de segregación espacial —en Santiago la segregación retrocedió en forma importante entre 1992 y 2002— estarían dando lugar hoy a fenómenos de "guetización" de los barrios populares (drogas, crimen, deserción escolar) que no existían antes o que eran mucho menores” (F. Sabatini, I. Brain, 2008: 10). Y luego se agrega: “ante ello resulta imperativo promover desde la política pública la evolución de nuestras ciudades hacia mayores niveles de integración socio-espacial, especialmente en favor de los grupos populares, tradicionalmente más segregados. La preca-rización del empleo y la marginación política que afecta a estos grupos urbanos, lo mismo en Chile

como en muchos otros países, están convirtiendo los barrios en que ellos se aglomeran en guetos urbanos de desesperanza, violencia y crimen” (F. Sabatini, I. Brain, 2008: 24).

Abordando también estas desigualdades en un análisis crítico que refleja la falta de oportunidades en la orientación de las políticas públicas para enfrentar estas problemáticas, la misma Reguillo afirma al respecto: “la realidad es que hoy día los Estados nacionales están lejos de poder implementar políticas sociales “niveladoras” y que el denso concepto de “política social de Estado” ha sido reemplazado por el de “políticas compensatorias” que reposan no en la lógica de las garantías ciudadanas, sino en la atención a necesidades y problemas puntuales que pueden convertirse en frentes de alta conflictividad social” (Reguillo, 2003:19).

Estas marcadas diferencias recién descritas, para efectos de esta investigación, no pueden quedar relegadas sólo al plano de lo teórico. Cabe recalcar que es esta condición desigual, uno de lo ejes del relato de la obra en el testimonio de Ricardo. La significación que hace de ser un “joven de la pobla”, lo ubica inmediatamente como otro distinto del resto. Ricardo le habla al público no sólo desde quien lo hace en un escenario, desde una referencia distinta de aquel que está sentado frente a él, sino que explica en detalle el tránsito geográfico y cultural que vivió cuando se enamoró de una chica “cuica2” que vivía en otro sector de la ciudad. Un factor determinante también para el comienzo en el delito: la necesidad de integrarse pareciéndose a otro. La negación de su propia condición.

2 Cuico o cuica es un término ocupado en Chile para hacer referencia a aquellas personas con

“Yo cuando conocí a mi polola me las tuve que dar de cuico. Si poh de cuico. Con la familia de ella, si poh. Tenía que hablar bien. Que buenas tardes, con permiso, por favor… Palabras que uno no conoce”.

Esta es la única oportunidad en la obra en que Ricardo habla desde la frustración. A pesar que logra imprimir un cierto tono divertido a sus palabras y la agilidad de su cuerpo denota relajo al hablar, el contenido de esta historia y la significación que le otorga, pueden ubicarse en el plano de la frustración. Es la negación de sí mismo a la que se hacía referencia. Sin embargo, este relato continúa y adquiere una dimensión aún más profunda, para explicar cuál es la diferencia que existe con los códigos poblacionales. Entonces, Ricardo vuelve a ubicarse desde la rabia, acentuando los gestos de su cuerpo, levantando la frente, mirando desafiante y fijamente al público. Esa es la emoción que expresa hacia el resto. En el escenario, mira a sus compañeros con complicidad, dando cuenta que aquel relato es un código común que marca un profundo sentido de pertenencia y ello queda reflejado cuando suma al resto de sus compañeros en una voz coral: “Si uno es más de población. Uno es más ¿qué pasa vecina? Estay puro sapeando”. Son las diferencias de códigos que distinguen identidad y hábito de clases sociales diferentes. En este caso se refuerzan además con la mímica o señal que da cuenta de alguien que está pendiente de sus vidas. Ricardo, junto al resto, se golpean al unísono el cuello. Es la clave del “sapeo3”.

Luego, detiene a Brasil del paseo constante en que permanecen sus compañeros de escena. Vuelve a endurecer el rostro y su mirada resulta intimidante. El diálogo continúa:

3Sapeo es un chilenismo que hace referencia al acto de espiar o de estar pendiente de lo que otros hacen.

Ricardo: “qué pasa hermano” Brasil: “qué pasa hermanito”

Ricardo: “¿vamos a buscar una guachas?” Brasil: “¿Unas guachas?”

Ricardo: “sí poh hermano”

Del “con permiso”, “por favor” o “buenas tardes” para hablarle a una supuesta mujer del barrio alto y su familia, ahora se refiere con cierto aire despectivo y machista a las mujeres en general, como “guachas”.

Lo relevante de este relato resulta del transitar geográfico por la ciudad y la cultura que lo vuelve a ubicar como un otro distinto, con rasgos identitarios particulares que quedan expresados en el lenguaje, pero también en el trato y el sentido de pertenencia que éste refleja. Aquí, es cuando resulta interesante comprobar que la exclusión no puede verse estrictamente como un fenómeno unidimensional, como podría sugerirlo el hacer un análisis únicamente desde la situación y condición de la pobreza; sino que es también un escenario donde lo relacional ocupa y adquiere un papel fundamental. Es tanto el medio que afecta a este grupo de jóvenes, como la capacidad de incidencia que este grupo tiene en el medio multidimensionalmente lo significativo, y cómo ello queda plasmado en este caso en emociones de rabia y frustración. Frustración y rabia de ver cómo se construye una sociedad de marcados centros y periferias. La desigualdad expresada en una urbe que concentra pedazos de ciudad para unos y otros, que distancian y son espejo de esos contrastes.