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Las expansiones de las ciudades y la vivienda social

Habraken afirmaba que, al momento de desarrollar sus ideas en el S.A.R., Holanda funcionaba como “un laboratorio donde se estudian soluciones a los problemas que la construcción masificada de viviendas ha ocasionado en todo el mundo” (Habraken J. , 1974/1979, pág. 7). Si bien ya mencionamos la influencia que tuvieron las principales corrientes arquitectónicas de los Países Bajos en Habraken, resulta necesario entender algunas características propias del desarrollo urbano de sus ciudades.

A principios del siglo veinte, Ámsterdam se destacaba en el terreno de la vivienda social. La apertura del Canal del Mar del Norte y la neutralidad de Holanda dentro de la Primera Guerra Mundial

posibilitaron un periodo de desarrollo continuo para la economía y la industria. La creciente inmigración, sumada a una cultura urbana que dependía de grandes esfuerzos colectivos para sortear las dificultades geográficas, favoreció la experimentación y la continuidad de las propuestas urbanísticas. Las principales ciudades Neerlandesas se ubican en terrenos inundables. El escaso terreno disponible requiere

complejas obras de ingeniería que permitieron construir un país con una parte importante del territorio por debajo del nivel del mar.

En ese contexto, la vivienda aislada, constituye una excepción (Colmenares, 2010). Es un país cuya urbanización ha dependido históricamente de una elevada densidad poblacional. De allí que Habraken afirmara que

En Holanda no hay espacio suficiente como para que cada uno haga su propia casa, se da siempre en contexto urbano de mayor dimensión *…+. Durante siglos, el contexto físico ha sido totalmente hecho por el hombre, nadie hubiese podido sobrevivir solo. Para contener el agua, manteniendo diques, la gente tiene que actuar conjuntamente” (Habraken J. , 1974/1979, pág. 8). En esta frase se genera un vínculo entre la necesaria densidad y la armónica relación entre lo colectivo y lo individual. Es una relación dialéctica. Por un lado, la densidad potencia la coordinación de actores y, por otro lado, la delimitación de las responsabilidades colectivas e individuales permite generar tejidos densos. Es un modelo civilizatorio que rescata el rol moderno de la tecnología, como aquello que permite atemperar y controlar la naturaleza. Afirma que la obra humana permite sortear la adversidad geográfica; mientras que sostiene que el modelo tecnológico determina el tipo de

organización social. En este caso, la consolidación y aprovechamiento del territorio ganado al mar (los pólderes), permiten una organización social basada en el espíritu de cooperación entre la comunidad y el

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individuo166. Sin profundizar en cuanto al determinismo tecnológico de estas nociones, es importante destacar que, en todo caso, las condiciones geográficas determinaron la necesaria densificación de la ciudad.

Ante la frecuente escasez de vivienda, se fortalecieron una serie de corporaciones no lucrativas trabajando en torno al tema y se consolidaron las políticas de vivienda coordinadas desde entidades estatales. Durante su trabajo como director del S.A.R., Habraken afirmaba que “alrededor del 70% de la construcción de edificios de residencia tienen en una u otra forma subsidios estatales” (Habraken J. , 1974/1979, pág. 7). Esto constituye una situación excepcional, privilegiada, con respecto a la situación del resto de las ciudades del mundo.

Por último, para Habraken las condiciones que convierten a los Países Bajos en un laboratorio de vivienda de alta densidad incluyen también un compromiso a nivel disciplinar: “Durante generaciones ha existido un tácito acuerdo entre arquitectos sobre la calidad del contexto en el que la gente vive

(Habraken J. , 1974/1979, pág. 8). Con lo cual, no sólo las condiciones son propicias, sino que además los actores están a la altura de las circunstancias. En las ciudades neerlandesas convergían una serie de factores geográficos y culturales que dieron sus frutos en experiencias urbanísticas que, basadas en la provisión de vivienda para sectores de bajos ingresos, sirvieron de referencia para arquitectos y urbanistas de todo el mundo.

Silvia Colmenares cita tres instancias fundamentales para analizar el desarrollo urbano de Ámsterdam: el Plan Sur de Berlage (1901 a 1917), la Ampliación de van Eesteren (1934) y el Barrio de Bijlmermeer (1960-70) (Figura 14).

Estas intervenciones están totalmente relacionadas con las corrientes arquitectónicas, pioneras de la modernidad, que se mencionan anteriormente. Por ejemplo, en la ampliación del Sur de Hendrik Petrus Berlage, conocida como el Zuid, actuaron los principales arquitectos de la Escuela de Ámsterdam. Quienes, tal como se afirma anteriormente, ejercieron particular influencia sobre los arquitectos del S.A.R., al menos en cuanto al respeto por el tejido tradicional de la ciudad sin sacrificar la expresividad de los edificios.

La ampliación del Zuid se conformaba en base a un “continuo edificado de viviendas en 4-5 alturas, donde las calles y plazas quedan definidas por las manzanas” (Colmenares, 2010).

Como contrapartida al tejido compacto de Berlage, los arquitectos más cercanos a la Nueva Objetividad, retomaban el concepto de espacio continuo y abstracto de los neoplasticistas pero

utilizando formas cada vez más depuradas. A diferencia de la Escuela de Ámsterdam, dentro de la nueva objetividad cobraron especial protagonismo otros polos de desarrollo como Delf y Rotterdam. En esta

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El pólder tiene un valor primordial en la teoría de Habraken, comenzando por el hecho físico-espacial que condiciona el crecimiento en función de módulos regulares, formando una cuadrícula plana que -al igual que los soportes- puede extenderse hasta el infinito. En segundo lugar, por esta relación entre los procedimientos técnicos y la organización social. Es innegable que existe un vínculo dialéctico entre la tecnología y las relaciones sociales. Sin embargo, cuando esta relación se aborda con una excesiva simplificación se corre el riesgo de caer en un determinismo tecnológico que conduce a pensar que los Países Bajos deben todo su desarrollo, exclusivamente, a la cooperación armónica entre actores. Olvidando una serie de factores históricos determinantes, como por ejemplo, los siglos de dominio colonial que permitieron la acumulación necesaria como para iniciar el proceso de industrialización con una ventaja importante con respecto a otros países. En una línea simplificadora similar, se desarrolló toda una teoría económica durante las últimas décadas del siglo veinte que atribuía el crecimiento económico de la región a la coordinación entre los trabajadores, el Estado y el empresariado nacional. Las similitudes entre esta línea económica llamada “el poldermodel” y sus antecedentes en la teoría del S.A.R. constituyen una línea de investigación que valdría la pena profundizar.

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última ciudad, debe citarse la experiencia de uno de los primeros bloques de vivienda que va a tomar la delantera en cuanto a la experimentación con respecto a la vivienda colectiva basada en los adelantos de la industria moderna: el Bergpolder (Figura 13).

Es un edificio de diez pisos destinado a vivienda social, que se alza perfectamente orientado en sentido norte-sur sobre un gran espacio verde. Dentro de esta experiencia, pueden destacarse una serie de características que sirven como antecedentes de la arquitectura de Habraken. En primer lugar, la intención común a toda la nueva objetividad que buscaba aprovechar -e incluso exaltar- las posibilidades de los últimos adelantos de la industria de la construcción. El edificio se levantó utilizando una estructura metálica que se iba construyendo mediante el desplazamiento de una grúa pórtico. Por otro lado, el uso de la grúa ya insinúa una acepción del espacio como continuo lineal, similar a la lógica de bandas

continuas que atravesaban todo el edificio en las propuestas de Habraken. Pese a priorizar la belleza abstracta de la construcción industrial, puede notarse la misma intención de Habraken por humanizar los bloques de viviendas en dos gestos puntuales del Bergpolder: la inclusión de sutiles toldos que rompen la rigidez ortogonal de la fachada; y la incorporación de una serie de negocios de una planta para brindar una escala más acogedora en el ingreso. Una última similitud tiene que ver con el modo de liberar el espacio interior mediante una estructura regular y el agrupamiento de los servicios en un núcleo.

En el diagrama funcional del Bergpolder, puede leerse una clara intención por priorizar la

regularidad de las estructuras generando una planta libre que atraviesa todo el edificio. Ni siquiera se interrumpe esta continuidad con los núcleos de escaleras, dado que se ubican en los extremos del conjunto. Incluso un conducto para la eliminación de residuos que atraviesa el edificio en vertical, también se ubica por fuera de la galería. Del mismo modo, Habraken plantea además una sectorización interior del edificio, pero en lugar de situar los servicios en los extremos, genera bandas lineales que permiten flexibilidad y múltiples variaciones en la planta (Ver Figura 21).

Figura 13 Bergpolder

El Bergpolder no constituía una excepción dentro del panorama internacional. A decir verdad, continuaba el modelo del “Slab House” o bloque laminar, defendido por Gropius en el C.I.A.M. de Bruselas de 1930 (Colmenares, 2010).

Dentro de los arquitectos que difundían las ideas de los C.I.A.M. en el ámbito de los Países Bajos, durante los años treinta, debe destacarse la figura del Cornelius van Eesteren. Además de haber dirigido los C.I.A.M. entre 1930 y 1947, van Eesteren se desempeñó como jefe de la nueva División de Desarrollo

Van Tijen, Brinkman, & Van der Vlugt (1933-1934) Bergpolder. [Conjunto de vivienda]. Rotterdam, Países Bajos. Extraído de http://vaumm.blogspot.com.ar

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Urbano en Ámsterdam. Es decir que, en la propuesta urbanística que llevaba a cabo esta dependencia estatal comenzaban a delinearse algunos criterios que quedarían consagrados en la Carta de Atenas (Helinga, 1997, pág. 14). Siguiendo los criterios de la Nueva Objetividad el diseño se entendía como situado por fuera del juicio estético. El diseño pasaba a formar parte de un hecho eminentemente técnico, donde “el diseñador se convirtió en un oficial, más que en el ‘artista libre’ que había sido hasta entonces” (Helinga, 1997, pág. 20).

Esto terminó desencadenando dos resultados en el urbanismo neerlandés que van a condicionar el surgimiento del S.A.R.. Por un lado, una creciente burocratización, con el establecimiento de grandes aparatos administrativos orientados al diseño, la ejecución y la inspección de las transformaciones urbanas. Un aparato burocrático al cual Habraken va a denunciar como parte del sistema que termina excluyendo a los residentes del proceso de construcción de su propia vivienda. Las propuestas del S.A.R. trataban de remediar esa situación, pero a su vez, se apoyaban en otra de las características propias de la visión urbanística de van Eesteren: el vínculo entre investigación científica y diseño.

Para la División de Desarrollo Urbano de Ámsterdam “la investigación científica tenía que

proporcionar bases objetivas para las políticas municipales, garantizando al mismo tiempo la continuidad de esas políticas” (Helinga, 1997, pág. 20).

En toda Europa, el urbanismo de los C.I.A.M. sintetizado en la Carta de Atenas influenció las políticas de vivienda masivas centralizadas en entidades estatales similares a la División de Desarrollo Urbano de Ámsterdam. El plan de van Eesteren estipulaba controlar el crecimiento de la ciudad hasta el año 2000 en base a una normativa rígida apoyada en investigaciones previas167. Sin embargo, apenas redactado el Memorándum Aclaratorio que lo implementaba, las críticas hicieron foco en la rigidez de su

implementación y en la falta de complementariedad con un proyecto económico y de financiamiento. Una década antes del surgimiento del Team X, y de manera empírica, comenzaban a surgir las críticas hacia el carácter predictivo y determinista del urbanismo moderno. En un principio, las críticas más importantes no apuntaban a la forma física y sólo se dirigían a cuestiones presupuestarias. Con algunos cambios y ajustes, el proyecto de Van Eesteren puede ser reconocido como base de otros todavía en curso, a principios del siglo veintiuno.

Las características del urbanismo moderno, ensayadas en el plan de van Eesteren se pusieron a prueba en grandes sectores de la ciudad, donde la vivienda financiada por el Estado ganaba

protagonismo en los ya mencionados bloques de vivienda en altura. Luego de la segunda posguerra, estos bloques ganaban en complejidad, y los proyectos eran cada vez más ambiciosos. Ya no eran los depurados bloques lineales que presentaran los arquitectos alemanes en los primeros C.I.A.M., sino que se incluían múltiples equipamientos, se planificaban complejos recorridos y espacios comunitarios. Las tipologías eran más grandes, pensando en que también las clases medias y altas podrían adoptar el ideal de vida moderno.

La complejidad de los edificios se compensaba elevando la altura para aumentar la cantidad de unidades, y por ende el rendimiento económico.

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El Plan General de Ampliación como plan definitivo estaba enteramente basado en el crecimiento previsto de población. A partir de aquellas cifras se establecieron los parámetros para acomodar en cada zona las diferentes funciones urbanas en el año 2000” (Helinga, 1997, pág. 24). “Así la planificación urbana aparecía como la expresión perfecta de la filosofía positivista: la sociedad como un modelo predecible cuya evolución puede ser descubierta por medio del estudio. Admitiendo leyes objetivas sería posible hacer ajustes con la ayuda del modelo de planificación urbana”(Helinga, 1997, pág. 25).

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Uno de los conjuntos claves para entender el desarrollo de la vivienda colectiva en los Países Bajos, es el Bijlmermeer. Situado en las afueras de Ámsterdam buscaba reproducir el ideal del urbanismo moderno a partir de una trama de bloques que surcaban todo el territorio generando grandes espacios verdes. En este conjunto pueden verse algunos de los aportes del Team X en cuanto a la generación de largos recorridos peatonales, los quiebres del bloque de vivienda para generar grandes patios y la incorporación de diversos equipamientos dentro de los bloques para dinamizar los recorridos.

Si bien las viviendas estaban orientadas a sectores medios y altos, no tuvo buena recepción en el mercado, acentuando los problemas financieros que determinaron drásticas transformaciones del proyecto inicial. Como ejemplo, puede mencionarse que no se construyó la estación de tren (o subte) que lo vinculaba con el resto de la ciudad y que algunos de los conjuntos no contaban con ascensor. Ante las dificultades financieras y las desventajas en cuanto a infraestructuras, los edificios cayeron

rápidamente en la degradación y la estigmatización.

Mientras las viviendas habían sido diseñadas para familias neerlandesas de clase media, en el Bijlmer se alojaba población de bajos ingresos, solteros, e inmigrantes de todo el mundo.

En cuanto a los resultados de la intervención, Silvia Colmenares remarca con cierta ironía que el Bilmermeer, pensado bajo una “ilusión de consenso *…+, demostró ser un fracaso con numerosos problemas de seguridad” (Colmenares, 2010). Sin embargo, es interesante notar que las ideas de Habraken no son una respuesta específica a la problemática del Bijlmer sino que se desarrollan en paralelo a su fracaso. De allí que, las ideas de Habraken se basen en la lógica de diseño y construcción de los bloques, sin cuestionar el bloque en sí. Ni siquiera hay una crítica hacia la zonificación y la

segregación de usos.

Los soportes diseñados por Habraken parecen saltear las propuestas del Team X y la Unidad

Habitacional de Marsella, en cuanto que no prevén la incorporación de equipamientos dentro del mismo bloque. O, al menos, no se explica el modo de incorporarlos. Aunque, por momentos pareciera que las ideas de Habraken pueden llevarse a cabo incluso dentro de un esquema moderno, como podría ser el Plan General de van Eesteren, siempre va a dejar en claro que es necesario recuperar el tejido compacto de la ciudad tradicional, poniendo como ejemplo Ámsterdam durante el siglo diecisiete168. Busca

recuperar la forma física de la ciudad tradicional, pero en sus primeros textos no plantea recuperar la complejidad funcional de la ciudad, tal como hacían algunos de sus contemporáneos (Jane Jacobs y posteriormente Christopher Alexander). Habraken va a acotar su propuesta específicamente a la función de vivienda, que anteriormente habían aislado y destilado los arquitectos modernos.

Ante lo cual, la influencia de la modernidad en Habraken es compleja, incluso a veces parece incompleta. Retoma el concepto de espacio abstracto y el bloque de la vivienda de la modernidad, respeta la división funcional, pero se enfrenta fuertemente al carácter predictivo y a la posibilidad de concentrar todas las decisiones de diseño en el arquitecto.

Es importante mencionar la continuidad de la arquitectura moderna en Habraken para poder cuestionar esa tendencia a creer que toda la arquitectura participativa avanza unidireccionalmente en contra de los proyectos de gran escala que el Estado de Bienestar resolvía en base a las recetas de la arquitectura moderna. En realidad, los tres autores analizados en este trabajo critican la homogeneidad

168Si recordamos aquellos ejemplos de rededores urbanos que nos asombran por su armonía y feliz solución

veremos en ellos un proceso con presencia y equilibrio de ambas formas de ejercicio del poder. Y estoy señalando de nuevo la ciudad histórica de Ámsterdam, generalmente tenida por uno de los ejemplos más asombrosos de