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Las expectativas y la dura realidad El engaño de Portugal.

Primera Parte: LAS ISLAS EN LITIGIO ENTRE LA ESCLAVITUD Y EL ABOLICIONISMO

CAPÍTULO 1: EN BUSCA DE UN PUERTO NEGRERO LA EXPEDICIÓN ARGELEJO.

2. Las expectativas y la dura realidad El engaño de Portugal.

Inmediatamente después de firmado el Tratado de San Idelfonso en 1777, José de Gálvez, Ministro de Indias, libró el 9 y 20 de octubre las usuales Instrucciones Reservadas al virrey de Buenos Aires, con destino al jefe político de la expedición africana. Lógicamente la presentación de los españoles debía ser acompañada por un duplicado de las órdenes de cesión de la Reina portuguesa a sus autoridades en el Golfo de Guinea, pero era evidente que si a España le urgía la ocupación de las islas, a Portugal le era indiferente, pues un documento que ya debería estar preparado, tardó todo un mes en llegar a la Corte española a pesar de las constantes reclamaciones del Marqués de Almodóvar, embajador de España en Lisboa. Los pretextos de la corte portuguesa se sucedían, aunque uno de ellos, dado por Ayre de Sa verbalmente al Marqués de Almodóvar, debería haber puesto en guardia a los españoles sobre lo que les esperaba en África. En él le comunicaba que no había despachado las órdenes para la entrega de las islas por no saber a quien dirigirlas pues "una de ellas es desierta y la otra con muy pocos negros, de suerte que sólo hay algunos eclesiásticos para la conversión y pasto espiritual de aquella gente"25.

El duplicado llegó finalmente el 31 de octubre y no pasó desapercibida para Floridablanca la ausencia en su redacción de cualquier mención de los derechos de comercio con las costas vecinas, también cedidos y contemplados en el Tratado de San Idelfonso26. Esta ausencia, absolutamente deliberada, como veremos más tarde, supuso la primera decepción para los ilustrados. Floridablanca, en la carta que envió el 7 de noviembre a los oficiales de la

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A.G.S. Estado, legajo 7411, fol. 14. Citado por CENCILLO DE PINEDA, M., El Brigadier

Conde de Argelejo ..., op. cit. p. 71.

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"A Raynha Nossa Senhora tendo cedido a Sus Magestade Catholica as Ilhas de Annobón e Fernando do Pó é accoens que tem as mesmas Ilhas: Ordena a Vm. Que passando aqueles destrictos com a Fragata de que he comandante meta de posse delas ao Comissario ou comissarios que Sus Magestade Catholica nomear para as receberem no seu Real Nome. E de mesma sorte ordene Vm- ao Capitao Mor que comanda as Ilhas do Principe e de Sao Thome que todos os Navios de Guerra ou Mercantes pertenecentes ao Coroa ou aos Vassalos de Espanha sejan recibidos, e tratados nos referidos Portos da oulas duas Ilhas, como a Navio mais favorecidos: O que tudo Vm. Executara com aquele zelo, prestimo e fidelidades com que ate agora setem empregado no Real serviço -Deus guarde a Vm. Palacio de Vila Viçosa en 30 de Outubre de 1777. Martinho de Mello é Castro-. Sor. Bernardo Ramires Esquivel". En PALAU CLAVERAS, Agustín, Principios de nuestra historia Colonial en el Golfo de Guinea. La expedición Argelejos, Madrid, 1942, original mecanografiado en BN, Af. Caja 7132-4, p. 9.

expedición española, puntualizaba que era imprescindible que, en las instrucciones que se diesen por la corte de Lisboa a Esquivel, se detallasen los puertos costeros frente a las islas, cuyos derechos de comercio habían sido cedidos de hecho por Portugal. Sin embargo, nunca hubo ningún documento oficial (además de la letra de los Tratados) que avalase los más que dudosos derechos cedidos por Portugal.

Si dudosa era la cesión de estos derechos, también lo era la soberanía que Portugal decía detentar sobre las dos islas, hasta tal punto que Das Neves afirma tajantemente que los derechos de Portugal "fundaram-se apenas no principío da primazia da descoberta e nâo no da posse efectiva"27.

El alcance del engaño de Portugal se puede apreciar claramente por la diferencia entre las informaciones que sobre las islas se daban en la Instrucción Reservada de 20 de noviembre de 1777 y la dura realidad. En la Instrucción Reservada que la Corona facilitó a los más altos oficiales de la expedición se les pedía silencio sobre su destino final "de suerte que la noticia de cesión se publique al mismo tiempo que la de estar ya establecidos en ellas mismas los españoles", se les explicaba que el pretexto que se iba a hacer público era "el de algún reconocimiento por las costas de América"28 y, naturalmente, se les daba las informaciones remitidas por los portugueses sobre las islas y que, como veremos a continuación, resultaron ser totalmente erróneas.

Desde el punto de vista estrictamente geográfico, pero vital para la navegación por el Atlántico en el siglo XVIII, la información portuguesa no podía ser más inexacta. En la Instrucción Reservada se sitúa Annobón a 11º 30' latitud sur, cuando su situación exacta es la de 1º 24'-1º 28' sur del Ecuador. Se la suponía una isla mayor que Fernando Poo y provista de buen fondeadero, sana y de tierra fértil para poder desarrollar cultivos de algodón y de caña de azúcar. En realidad, Annobón es una isla de 17 Km.2, un montículo en medio del mar de 598 metros de altura, a 400 Km de la costa de Cabo López (Gabón). Este pequeño islote (ver Apéndice gráfico, Mapa 3), sin apenas tierra cultivable, se encuentra a 670 Km de Fernando Poo y barrido por la corriente de Benguela, con derrota

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DAS NEVES, Carlos A., "A reacçâo dos habitantes de Fernando Pó e Ano Bom à dominaçâo estrangeira" en STUDIA, nº 50, Lisboa, Ministèrio do Planeamento e da Administraçâo do Territòrio, 1991, pp. 199-214, p. 199.

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hacia Brasil29. Es decir, en teoría, podía servir como almacén de esclavos a los portugueses en navegación a su colonia del Brasil, pero era dudoso que pudiese ejercer el mismo papel en el comercio hispano-cubano.

Por lo que se refiere a Fernando Poo, se la considera, de forma acertada, como escala inmediata a la costa africana y, por lo tanto, apta para la trata. Efectivamente, Fernando Poo se encuentra a 30 Km de la región de Bimbia (Camerún) y a 70 del Calabar nigeriano, fuentes históricas de la trata. Sin embargo, se la supone más pequeña que Annobón y sin ninguna de sus ventajas en cuanto a fondeadero o suelo fértil. Por el contrario, Fernando Poo cubre una extensión de 2.017 Km2 a una latitud de 3º 48'-3º 12' norte del Ecuador y 12º 7'- 12º 40' de longitud este (ver Apéndice gráfico, Mapa 2). Forma parte de una cordillera volcánica que, desde el continente africano, se adentra en el mar y enlaza con tierras americanas. El monte Camerún, de 4.000 metros de altitud, es la última estribación del continente. La primera estribación isleña que conecta con este monte, es el pico Basilé, al norte de la isla, con 3.011 metros. En la parte sur, la caldera volcánica de Luba y el collado de Belebú tienen más de 2.000 metros de altura. La climatología, factor que jugará un papel importante a lo largo de esta historia, es, por lo tanto, tropical, con lluvias constantes que empiezan en marzo y terminan en octubre, con picos máximos en julio y agosto. La isla está siempre cubierta de un manto de selva tropical lluviosa y posee grandes extensiones de suelo fértil y cultivable. En su parte alta, y debido a una climatología más fría, puede pastar el ganado y cultivarse especies vegetales no tropicales30.

No cabe duda de que para los portugueses la situación geográfica de Annobón -vía directa a Brasil- era más conveniente a sus intereses coloniales que la de Fernando Poo y, por ello, la utilizaron más que esta última como depósito de la trata. Aún así, su utilización fue, en general, muy esporádica porque su ubicación a 400 kilómetros de Cabo López, en Gabón, la situaba demasiado lejos

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En nuestros días, al barco que conecta (con escasísima frecuencia) las dos islas, el "Acacio Mañé", le cuesta siete días cubrir el trayecto. El barco fondea a varios kilómetros de Palé y los pasajeros desembarcan en cayucos que avanzan a remos.

30 Refiriéndose a Moca, poblado bubi a los pies del monte Basilé, Cabana dice: "L'alçada li

dóna un clima especial, de temperatures molt suaus, con si fòssin a les Illes Canàries. La temperatura màxima no supera els 26 o 27 graus i les mínimes anuals queden al voltant dels 18 o 20. Hi plou molt, més de la meitat dels dies de l'any. El terreny volcànic es fertilíssim. Els Llanos de Moca són como una petita Suïsa en ple tròpic. Es l'únic lloc a l'illa i a Guinea on es poden

de cualquier enclave de trata de esclavos de la costa. El Comandante de Marina de la expedición, Varela Ulloa, en su Informe a la Corona de 1780 alude al asunto, no sin cierta sorna, cuando dice que los tratantes de negros recalaban allí “por casualidad”31. Sin duda, era mucho mejor la situación de Príncipe o Santo Tomé a unos 200 y 270 kilómetros, respectivamente, de las desembocaduras del Muni y el Gabón. Esto explica, hasta cierto punto, la razón de que los portugueses mantuviesen el dominio colonial de facto en estas dos últimas islas y tuviesen abandonadas las otras dos.

Otra razón poderosa para despreciar Fernando Poo era que, aunque su posición geográfica resultaba muy próxima a las costas de Calabar y Bimbia, en la práctica ello no le confería demasiadas ventajas a fines del XVIII porque el tráfico de esclavos estaba en vías de localizarse más hacia el sur. Efectivamente, la costa norte del Golfo de Guinea (costa de Malaqueta, Costa de Marfil, Costa de Oro, Costa de los Esclavos...) había sido el filón más importante de extracción de esclavos desde el comienzo de la trata hasta, precisamente, la segunda mitad del XVIII. Los depredadores habían agotado el filón de oro negro y las expediciones de captura estaban obligadas a adentrarse cada vez más en el interior del continente con el consiguiente encarecimiento de la mercancía. A mediados del XVIII, se encontraron en las costas del sur del Ecuador numerosas vetas vírgenes de extracción forzosa de trabajo esclavo. Eran los territorios de lo que hoy constituyen las naciones artificiales de Gabón, Congo y Angola32 y hacia allí se dirigían los traficantes. Fernando Poo se encontraba pues en zona de influencia inglesa y en medio de un filón semiagotado, en vías de abandono.

Con respecto a la población de las dos islas, lo único que les unía era el temor y la animadversión hacia el hombre blanco al que, lógicamente, asociaban con el tráfico de esclavos hasta tal punto que, si la Corona española esperaba

conrear hortalisses, i és apte per a la ramaderia" CABANA, Francesc, Cròniques de Guinea

Ecuatorial, Barcelona, Edicions Proa, 1995, p. 50.

31 Descripción de la Isla de Annobón, hecha por el Capitán de la Marina Real Española Dn.

José Varela, 1780. A.G.S. Estado 7411-27, fol. 3.

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Por ello, en el tratado del 22 de enero de 1815 del Congreso de Viena -cuando hacía ya ocho años que Inglaterra había abolido la trata e intentaba que los demás países europeos hiciesen lo mismo-, se sancionó el comercio de esclavos al sur del Ecuador y, muy singularmente y debido a la alianza secular Portugal-Inglaterra, el comercio de Brasil con Angola, Congo y Mozambique, al prohibir la trata tan sólo al norte del Ecuador, donde las fuentes de la misma ya habían sido expoliadas.

recibir las dos islas "pacificadas" y colonizadas, se encontró con una sorpresa desagradable. En cuanto a orígenes, costumbres, etc. las diferencias entre ambos pueblos, eran también muy acusadas.

Annobón estaba habitada, a la llegada de los españoles, por unos mil quinientos descendientes de esclavos angoleños, llevados allí por los portugueses en distintos y fallidos intentos de establecer plantaciones33. Durante los sesenta años que duró la dominación española en Portugal (1580-1640), carmelitas descalzos y capuchinos españoles acudieron a "evangelizar" la isla. Después, tres expediciones de capuchinos italianos, de los que aún guardaban los indígenas un buen recuerdo en 1778, hicieron lo mismo en 1645, 1647 y 1654. Las últimas intervenciones misioneras, en pro de la redención de las almas extraviadas de los annobonenses, fueron iniciativas de los portugueses en el siglo XVIII, como luego veremos. En consecuencia, los habitantes de Annobón eran teóricamente católicos, aunque en la práctica, el sincretismo entre sus creencias animistas y las enseñanzas religiosas colonizadoras que ostentaban, escandalizase tanto a los expedicionarios españoles.

En cambio, Fernando Poo era una isla habitada desde tiempos remotos. Cuando el portugués Fernando Poo "descubrió" la isla, a la que bautizó con el nombre de Formosa (entre 1469 y 1474), estaba ya habitada por el pueblo bubi34 cuya cultura se remonta a la última fase del neolítico tardío africano (los bubis hablan uno de los dialectos más primitivos del tronco bantú). Parece que la ocupación de la isla se remonta al paleolítico cuando, en épocas glaciares y de recesión marina, el mar descendió unos 30 metros y el espacio marítimo que la separa de la costa debió desaparecer y

"así se explica el poblamiento de la isla (...), que nos ha dejado restos de picos, lascas, puntas y tranchet de una industria que llamamos 'bonapense'. Hace unos dos mil años entraron en la isla los primeros

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Sabemos que el primer plantador portugués en la isla fue Jorge de Melo que también se dedicaba a la ganadería y al tráfico de esclavos. Das Neves, en una nota a pie de página, nos aclara: "O último senhorío e alcaide-mor de Ano Bom foi António Couceiro de Abreu e Castro, a quem D. José concedeu o benefício de uma o duas comendas vitalícias de Orden da Cristo, equivalentes ao rendimento de 350 mil réis, como compensaçâo pela incorporaçâo da ilha nos bens da Coroa" (en Lisboa, 1755), DAS NEVES, C. A., “A reacçâo dos habitantes...”, op. cit., p. 202.

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Según el sacerdote Miguel Martínez Sanz (en sus Breves apuntes sobre la isla de Fernando

Poo en el Golfo de Guinea, Madrid, Imprenta de Higinio Reneses, 1859) la palabra proviene de la

inglesa “booby” cuyo significado es “tonto”. Si esto es así, los indígenas fueron bautizados como bubis por los ingleses.

neolíticos agricultores de la selva. Sus elementos culturales se han ido prolongando hasta la colonización del siglo pasado"35.

Su economía se basaba en la agricultura del ñame, la recolección de aceite de palma y la pesca, sobre todo, del atún. Su estructura social era de clan matrilineal exógamo y aldea patriarcal endógama. La posesión de la tierra se consideraba comunal dentro de la demarcación, siempre relativamente itinerante, de una aldea clanal.

Refiriéndose a las características del pueblo bubi, Martín del Molino señala que

"pocas conexiones lingüísticas o culturales pueden establecerse entre los bubis y los pueblos que actualmente rodean el golfo de Biafra, como los bakwerw, isubu, duala, batanga, yala, one, bidrio, benga, etc. todos ellos pertenecientes al circulo congolés. Probablemente su conexión habría que buscarla con pueblos desaparecidos de las montañas de Camerún, de capas anteriores a las inmigraciones de los semi-bantú"36.

Así pues, el aislamiento prolongado en que permaneció el pueblo bubi lo protegió no sólo de la influencia de los otros pueblos del continente, sino también de todo tipo de invasión extranjera durante siglos.

La Corona portuguesa no podía alegar, en 1777, desconocimiento de la situación tanto social como institucional de las dos islas puesto que había realizado, desde mediados del siglo, algunos intentos de ocupación que resultaron infructuosos y, en el caso de Annobón, absolutamente decepcionantes. En 1757, y como parte de los planes de Pombal de reanimar la presencia portuguesa en las islas del Golfo de Guinea, fueron enviados dos misioneros junto con el comandante José Antonio Caldas, que debía tomar posesión de la isla, pero "escarnecidos e vexados pela populaçâo, que nâo Ihes autorizou a estadia, acabaron por abandonar Anno Bom e seguir para S. Tomé"37. Los habitantes de la isla temían que la sola presencia de los religiosos atrajese a otros portugueses y terminasen siendo cautivos del rey de Portugal. Sin embargo, la Corona portuguesa no volvió a interesarse por las islas hasta que en 1770 dio instrucciones para la recuperación de su comercio y navegación al recientemente nombrado capitán-mor de Santo Tomé, Vicente Gomes Ferreira. Las instrucciones

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MARTIN DEL MOLINO, A., Los bubis. Ritos y creencias. Madrid, Ed. Labrys, 1993, p. 19.

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Ibídem, pp. 21-22.

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le recomendaban un viaje de inspección a las citadas islas para estudiar el mejor modo de establecer contactos con sus poblaciones y analizar sus potencialidades económicas, y señalaban que la posición geográfica de Fernando Poo, cercana a los puertos negreros del continente dominados por los extranjeros, podía ser aprovechada por éstos para ocuparla y "retiraria a S. Tomé e ao Príncipe o negócio com os navios negreiros de outros países e impossibilitaria o comércio portugués no reino do Benim"38. Por lo tanto, a los portugueses les interesaba ocupar la isla para que otros países no lo hiciesen.

La expedición portuguesa salió de la isla de Príncipe en febrero de 1771, capitaneada por André Gonçalves Santiago y Manuel Gomes da Silva, hijo de Vicente Gomes Ferreira. Les acompañaban dos religiosos con destino a Annobón.

Según los informes destinados a la Corona, que posteriormente redactaron los expedicionarios, era probable que Fernando Poo hubiese sido ocupada por portugueses en el siglo XVI, pero en 1771 ya habían sido borrados todos los vestigios importantes de esta ocupación y, además, se señalaba explícitamente que "É provável que os Portugueses se tenham desinteressado da colonizaçâo da referida ilha por já ser povoada, e por os seus habitantes terem oferecido sempre uma forte resistência"39.

En cuanto a Annobón, a pesar de que la Corona portuguesa sostenía que era preciso evitar conflictos con la población como los acaecidos hacía más de una década, y sabiendo que los indígenas se autogobernaban eligiendo anualmente a su propio jefe que también ejercía de párroco, intentaron imponer la presencia de los padres A. Luis Monteiro y Gregório Martins das Neves que, como señalaban los expedicionarios

"foram impedidos de exercer o seu ministério e perseguidos pela populaçâo amotinada. Gritavan os habitantes em alarido, que 'a terra de Ano Bom nâo hé del Rey, e que só a elles pertenece o domínio della, e que assim haviâo de governa la com muito quizessem, e que nâo nos cançassemos em os querer aconselhar para perderem a liberdade que gozam por innumeraveis annos"40.

38 Ibídem. 39 Ibídem, p. 201. 40 Ibídem, p. 207.

Es decir, la reacción de los annobonenses fue idéntica a la de 1757: la expulsión de los misioneros y de las autoridades portuguesas, con lo que evidenciaron nuevamente la carencia de soberanía de Portugal sobre la isla

Por supuesto, todos estos datos obraban en poder de la Corte lisboeta desde el mismo año de 1771, pero, a pesar de la información, los portugueses, a fines del XVIII, no podían hacer gran cosa. Habían perdido el control de la costa y la mayoría de sus establecimientos estaban en manos extranjeras y el comercio de la trata era ahora organizado y desarrollado por contrabandistas privados (muchos de ellos, mestizos) de diversos países europeos y diversas etnias playeras africanas. Portugal mantenía, a duras penas y frecuentemente con la ayuda “desinteresada” de los ingleses, una rudimentaria administración que, obviamente, era incapaz de controlar todos los complejos aspectos de la situación. Y, por otra parte, como ya hemos apuntado, Portugal había desplazado su interés por la trata al sur del Ecuador. Sus objetivos eran ahora El Congo y Angola41.

Por lo tanto, parece claro que los portugueses utilizaban las islas de Annobón, Santo Tomé42, Príncipe y el archipiélago de Cabo Verde como lugares de almacenaje, descanso y avituallamiento de los barcos negreros extranjeros y nacionales que operaban en la zona, generalmente en derrota hacia Brasil. El papel de Annobón parece que fue escaso a causa de las impropias características