Primera Parte: LAS ISLAS EN LITIGIO ENTRE LA ESCLAVITUD Y EL ABOLICIONISMO
CAPÍTULO 3 EL ABOLICIONISMO COMO NUEVO REFERENTE DE LAS POLÍTICAS COLONIALES (1807-1837).
3. La Libertad no tiene color La rebelión del esclavo.
En este siniestro juego de intereses, en este drama colectivo, hubo unos actores que lo sufrieron sin ningún beneficio: ni ganancias económicas ni satisfacciones morales. Fueron convertidos, por el contrario, en las mercancías de trueque más codiciadas de un comercio cada vez más descarnado y voraz. Fueron las víctimas y pagaron con sus vidas. Unas vidas de las que, salvo raras excepciones, carecemos de datos49 y una historia que solemos dejar en manos de la antropología. Parece como si una humanidad muda, un inmenso y negro rostro anónimo nos mirara interrogante desde el pasado. Parece como si desde nuestra, y quizás inevitable, perspectiva eurocéntrica, hubiésemos interiorizado en lo más profundo de nuestro subconsciente esa incómoda imagen colectiva, reduciéndola a un estereotipo: el dibujo que el abolicionista Wedgwood hizo popular en todo el mundo gracias a su potente y lucrativa industria ceramista, el sello-icono de los Santos que representaba al pobre negro encadenado y humillado, suplicando de rodillas al dios blanco que le concediese el don de la libertad. La justificación ideológica estaba servida en la misma redención de la conciencia europea que, si bien había cometido el pecado de considerar al hermano negro como una
49
Los esclavos sufrieron una rápida y brutal aculturación para ser vampirizados por los idiomas metropolitanos. Pero sus amos se cuidaron bien de que la vampirización no fuese más allá del logro de la capacidad de respuesta obediente. No sólo la inmensa mayoría de los esclavos era analfabeta sino que sus amos se cuidaron de mantenerlos en ese estado.
mercancía, también, en su vertiente salvadora ilustrada, le había otorgado el regalo de la libertad.
Pero el factor de la lucha de los esclavos por su emancipación nos hace dudar de hasta qué punto los europeos se vieron obligados a conceder la libertad o, más bien, les fue en parte arrebatada. Si bien es cierto que los esclavos no tenían demasiada capacidad de acción, debido precisamente a la violencia ejercida sobre ellos y a sus míseras condiciones de vida, no se limitaron a ser simples sujetos pasivos de sus desgracias. Demasiado a menudo solemos olvidar el protagonismo que tuvieron en el proceso de su propia emancipación. Cierto que no se olvida la importancia que tuvo en la abolición "el miedo al negro", pero esto también es una doliente prueba de cómo los seres humanos o las colectividades se reafirman y se contemplan sólo en su choque frontal con el Otro, en el no reconocimiento de la diferencia.
A pesar de nuestros prejuicios, el protagonismo de la digna lucha de los esclavos por su emancipación fue tan importante que le lleva a decir al propio Williams: "Contrariamente a la creencia popular y aún a la erudita (...) la fuerza social más dinámica y poderosa de las colonias fue el propio esclavo"50. Los africanos no aceptaron nunca dócilmente su condición de esclavitud pero esa misma condición, absolutamente desesperanzadora, les paralizaba y marcaba violentamente los límites de sus posibilidades de acción. Es decir, parafraseando a Marx, los grupos humanos sólo se plantean aquellos problemas que pueden solucionar. En este sentido Klein apunta:
"la violencia física, inherente a un régimen que tenía al esclavo por bien mueble, generaba un nivel de miedo y de indefensión sin paralelo en América con otras formas de relaciones laborales o de clase. Esta violencia provenía de arriba, y poco podía hacer el esclavo para contenerla o modificarla"51.
Por ello la respuesta más común entre los esclavos ante el objeto de su alienada existencia, el trabajo forzado, era la de "brazos caídos" como lo resume Williams: "La mayor parte del tiempo, la pasaba en la mayor ociosidad posible.
50
WILLIAMS, E., Capitalismo y esclavitud, op. cit. p. 228.
51
KLEIN, Herbert S., La esclavitud africana en América Latina y el Caribe, Madrid, Alianza, 1986, p. 21.
Esa era su forma habitual de resistencia pasiva. La docilidad del esclavo negro es un mito."52
La alternativa más frecuente, que no implicaba directamente la autodestrucción, había sido y continuaría siendo a lo largo del siglo XIX la fuga individual o colectiva, lo que condujo a la aparición de grupos permanentes de cimarrones, maroons, etc. que sobrevivían en sus palenques, escondidos en las selvas, aunque su existencia se vio cada vez más amenazada por la creciente extensión de las plantaciones que conducía inevitablemente a la desaparición de su clandestino hábitat53.
Aunque las revueltas de esclavos estuvieron presentes desde los inicios de la esclavitud moderna, las rebeliones masivas se hicieron más frecuentes al intensificarse el tráfico a finales del XVIII, con la consiguiente sobreexplotación y el crecimiento, en la mayoría de las colonias de plantación, de la población negra sobre la blanca. Estas rebeliones empezaron, para desesperación de los blancos, a distanciarse de las revueltas espontáneas o de las guerras raciales fácilmente reprimibles, para ir adquiriendo progresivamente una mayor autoconciencia y formas organizativas más eficaces.
La rebelión de Saint Domingue, cuyas causas más elementales ya hemos mencionado en este trabajo, fue la única rebelión de esclavos que se convirtió en una revolución. Dirigida por mulatos y libertos, como su principal líder, Toussaint L'Ouverture, fue seguida por multitud de esclavos de las más diversas etnias africanas54 que, finalmente, después de varios años de lucha rompieron las cadenas que les unían a sus amos a costa de un pírrico triunfo. Aunque Toussaint L'Ouverture55 se movió muy inteligentemente en los estrechísimos márgenes que el juego de intereses de varias potencias sobre Saint Domingue le dejaron, fue
52
WILLIAMS, E., Capitalismo y esclavitud op. cit. p. 228.
53
Ver la ya clásica obra de BARNET, Miguel, Biografía de un Cimarrón, México, Siglo XXI, 1968.
54 Sobre este aspecto vid. FOUCHARD, Jean, “La traite des nègres et le peuplement de Saint-
Domingue”, en UNESCO, La traite négrière du XVe au XIXe siècle, París, 1979, pp. 278-285 (trad.
española en UNESCO, La trata negrera del siglo XV al XIX, Barcelona, Serbal-UNESCO, 1981, pp. 316-323).
55
De quien dice E. Hernández que "había leído a Plutarco, a Epicteto y al abad Raynal. Y se convertirá (...) en dueño casi absoluto de la situación", en HERNANDEZ SANDOICA, Elena, El
Colonialismo (1815-1873) Estructuras y cambios en los imperios coloniales, Madrid, Ed. Síntesis,
finalmente traicionado por todos: por los españoles que veían la posibilidad, en medio del caos, de expulsar a los franceses y recuperar las tierras perdidas, por los ingleses que, aliados con la oligarquía colonial, desembarcaron en la isla tomando varias ciudades y, finalmente, por su enemigo más directo, el Consulado francés56. Fue detenido por Napoleón y murió asesinado en Francia en 1803. Pero al llegar la noticia a Saint Domingue de que Napoleón había repuesto la esclavitud que el mismo Toussaint había abolido en la Constitución de 1801, se recrudeció la lucha y finalmente las tropas francesas tuvieron que abandonar la isla vencidas por los negros y por la fiebre amarilla. El 1 de enero de 1804 se proclamó la independiente República de Haití57.
Fue, insistimos, un pírrico triunfo puesto que a partir de ese momento, Haití, intolerablemente gobernada por negros ex-esclavos, fue premeditadamente marginada del mercado mundial y sus gentes fueron utilizadas durante el siglo XIX como mano de obra cuasi forzada en los otros sistemas de plantación americanos. Pero esto fue después... A principios del siglo XIX, el fantasma de Toussaint L'Ouverture, mitificado por los esclavos como héroe y mártir de la libertad, saltaba de isla en isla y recorría América.
Si la revolución haitiana abrió caminos de esperanza para los esclavos, el largo periodo que media entre la abolición de la trata por Inglaterra en 1807 y la emancipación en 1833, los irritó profundamente y las rebeliones se sucedieron de forma ininterrumpida durante toda la primera mitad del XIX. Los gobernadores de las distintas islas británicas del Caribe advirtieron reiteradamente a la metrópoli que una espera tan prolongada significaba vivir sobre un barril de pólvora a punto de explotar. Así, desde Barbados
"el gobernador insistía en la 'doble crueldad' del suspenso: paralizaba los esfuerzos de los colonos y llevaba a los esclavos, que habían sido
56
La única solución para Saint Domingue, como muy bien lo percibió Toussaint, era ligarse a la República Francesa cuya Convención, reunida el 4 de febrero de 1794, 19 pluvioso del año II, declaraba abolida la esclavitud de negros en todas las colonias y, en consecuencia, la Constitución recogía su condición de ciudadanos franceses. Toussaint aprovechó la coyuntura apoderándose de una parte del territorio oriental y en 1801 proclamó la isla "una e indivisible". Pero era ya demasiado tarde, la Convención había caído y en 1802 un ejército de 20.000 hombres comandados por el general Leclerc, cuñado de Napoleón, desembarcaba en Santo Domingo y dejaba sin efecto la abolición en la parte española.
57
Sobre la revolución haitiana ver FRANCO, J. L., Historia de la Revolución de Haití, Santo Domingo, Ed. Nacional, 1971. Una síntesis correcta se encuentra en DEIVE, Carlos Esteban, "La abolición de la esclavitud en Santo Domingo", en DE SOLANO, Francisco y GUIMERA, Agustín (eds.), Esclavitud y Derechos Humanos, Madrid, CSIC, 1990, pp. 321-329.
mantenidos durante años en la esperanza y la expectación, a una sombría desesperación. Nada podía ser más perjudicial, advertía, que asegurar a los esclavos, de sesión en sesión, que la emancipación era inminente (...) porque la situación engañosa bajo la cual se hallan trabajando, los convierte en una carga para sus amos y en algunos casos aumenta el inevitable infortunio de su condición"58.
Por fin, la masiva y casi exitosa rebelión jamaicana de 1832 acabaría de un plumazo con las últimas resistencias británicas a la emancipación.