4.4 Algunas nociones b´ asicas sobre diferenciaci´ on sexual
4.4.1 Explicaciones ambientalistas versus biomaterialistas
La explicaci´on ambientalista de las diferencias de sexo —que sit´ua en los factores socio- culturales el origen ´unico y mantenimiento de estas diferencias— es el prisma dominante en las ciencias sociales y, en concreto, en el feminismo del g´enero. En las secciones anteriores hemos explicado que las hormonas pre y postnatales desempe˜nan una funci´on
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relevante en la organizaci´on hemisf´erica, que tiene un efecto permanente. Por tanto, los factores sociales pueden influir en las diferencias de sexo pero no las causan, y hasta qu´e punto o en qu´e aspectos la cultura pueden subvertir a la naturaleza es un aspecto delicado en el que no existe consenso. Sin embargo, el experimento m´as famoso dise˜nado para subvertir los roles de g´enero (y la familia burguesa en general) fracas´o estrepitosamente. Se trata de los Kibbutzs israel´ıes (Sanderson, 2001, ver pg 203), en los que se pretendi´o acabar con la divisi´on sexual del trabajo y el cuidado maternal femenino. Dos generaciones bastaron para dar la vuelta a este curioso caso de ingenier´ıa social.
En favor de la hip´otesis biomaterialista de las diferencias de sexo —que tiene en cuenta el rol que la biolog´ıa juega en el origen y manifestaci´on de las diferencias de sexo— est´a la existencia de fen´omenos que no pueden ser explicados socialmente. Nos referimos a la relaci´on de estas diferencias con las hormonas fluctuantes. Es decir, si estas diferencias fueran causadas por la educaci´on o la socializaci´on de g´enero no de- ber´ıan ser sensibles a los niveles hormonales, que fluct´uan dependiendo del momento del d´ıa, la estaci´on del a˜no o el ciclo menstrual. Por ejemplo, los cambios diurnos de testosterona alteran las capacidades espaciales de los hombres. Los niveles descienden cuando se aproxima el anochecer, y es en este momento cuando los hombres obtienen mejores resultados. Tambi´en realizan mejor este tipo de tareas en aquellas estaciones del a˜no en las que se produce el nivel de testosterona deseable para un mejor desempe˜no de estas funciones: en primavera, cuando los niveles son m´as bajos (Kimura, 2000)9. Del mismo modo, las mujeres realizan mejor tareas espaciales en los momentos de su ciclo menstrual en los que se segregan m´as andr´ogenos (Silverman and Phillip, 1983), y realizan mejor las tareas ling¨u´ısticas cuando los niveles de estr´ogenos son m´as alto (Hampson, 1990; Kimura, 2000). Si las diferencias en socializaci´on causaran las apti- tudes espaciales del sexo masculino o las habilidades comunicativas del sexo femenino ´
estas no tendr´ıan por qu´e verse afectadas por sustancias qu´ımicas dependientes de nuestra constituci´on biol´ogica.
9La relaci´on entre testosterona y los resultados en habilidades espaciales es distinta en ambos sexos,
pues las mujeres obtienen mejores resultados cuando sus niveles de testosterona son altos, y los hombres cuando tienen un nivel bajo. Este se debe a que existe un ratio ´optimo por encima del cual se obtienen peores resultados; en resumen, los hombres se acercar´ıan a este ratio al descender sus niveles y en las mujeres ocurrir´ıa al contrario.
4.4 Algunas nociones b´asicas sobre diferenciaci´on sexual
El estudio de transexuales revela resultados muy similares a los se˜nalados anterior- mente. Aquellos individuos de sexo femenino que en su curso de reasignaci´on sexual al sexo masculino inician terapia hormonal (administraci´on de andr´ogenos) ven incremen- tadas sus capacidades espaciales, niveles de agresividad y de deseo sexual, todas ellas caracter´ısticas masculinas gobernadas por la testosterona. Algunos de estos efectos masculinizantes, como el aumento de apetito sexual, tambi´en ocurren en mujeres que debido al s´ındrome de deficiencia de andr´ogenos requieren de una terapia hormonal. Del mismo modo, los transexuales que demandan una reasignaci´on al sexo femenino y toman estr´ogenos, ven aumentadas su memoria verbal y experimentan un descenso en su deseo sexual (Luxen, 2007, ver pg 386). La literatura m´edica es bastante amplia al respecto.
Dejando al margen este aspecto, hay otros hechos que las teor´ıas ambientalis- tas explican dif´ıcilmente, por ejemplo, la relaci´on entre testosterona prenatal, zur- dera y masculinidad, as´ı como la mayor incidencia de trastornos relacionados con des´ordenes del desarrollo en el sexo masculino. La mayor´ıa de los individuos muestran la pauta est´andar dominante de lateralizaci´on cerebral: la especializaci´on del hemisfe- rio izquierdo para el lenguaje y la utilizaci´on de la mano diestra,10 y la especializaci´on del hemisferio derecho en el procesamiento de la informaci´on no verbal. Sin embargo, niveles elevados de testosterona prenatal se relacionan con la pauta inversa, que da lugar a que un individuo sea zurdo. Ello explica que la incidencia de zurdera sea m´as alta en los hombres que en las mujeres, y que las mujeres zurdas tiendan a tener una personalidad m´as masculina (Baron-Cohen et al., 2004). Tambi´en explicar´ıa la mayor tasa de zurdera en ni˜nas con HSC (Nass et al., 1987).
Anteriormente dijimos que el proceso de masculinizaci´on es m´as sensible, puesto que al desarrollarse en varias fases est´a expuesto a que ocurra un mayor n´umero de incidencias. De ah´ı que trastornos como el autismo, el deficit de atenci´on y hiperactivi- dad, comportamiento asocial, agresividad y retrasos en el lenguaje ocurran en mayor medida en el sexo masculino (Bishop, 1990)11. En todos estos casos, se sospecha la conexi´on de estos trastornos con la testosterona prenatal, en especial, en el caso del
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El cerebro controla el cuerpo de un modo cruzado.
11Por otra parte, el sexo femenino est´a m´as expuesto a trastornos como la depresi´on, la ansiedad y
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autismo (Baron-Cohen et al., 2004). Pero si estos ejemplos no resultan ilustrativos a la hora de criticar la perspectiva ambientalista vayamos a un caso m´as sociol´ogico.
Un ejemplo muy t´ıpico de explicaci´on ambientalista o basada en los roles sociales de g´enero es que las ni˜nas juegan con mu˜necas o cocinillas porque son socializadas desde una edad muy temprana para ser cuidadoras, y para emular el rol maternal de sus madres. Son delicadas, atentas y afectivas porque as´ı lo establecen los roles asociados a la feminidad. Por el contraio, los ni˜nos son socializados desde el comienzo para ser dominates y asertivos, por eso prefieren las pistolas, los soldaditos o los camiones. Tambi´en dan rienda suelta desde peque˜nos a sus impulsos de agresividad, impulsividad o temeridad, que dictaminan los roles masculinos.
Las pautas de juego ser´ıan, por tanto, la manifestaci´on m´as temprana de la in- fluencia del sistema de sexo/g´enero en los individuos de cada sexo. Este tema lleva cautivando a psic´ologos, soci´ologos y antrop´ologos desde hace varias d´ecadas. Los mecanismos propuestos desde el enfoque ambientalista son la imitaci´on de los roles observados en los padres, la influencia de figuras esenciales como los maestros a la hora de reforzar estos roles, y la exposici´on a m´ultiples fuentes como la televisi´on, la publici- dad en diversos medios, la interacci´on con el entorno ya contaminado por esta divisi´on de sexos, etc. Sin embargo, la pregunta de por qu´e ciertos ni˜nos o ni˜nas se desv´ıan de estas pautas t´ıpicas de sexo ha captado la atenci´on de muchos investigadores. ¿Son inmunes estos ni˜nos a las influencias del medio? Esta pregunta se torna especialmente relevante cuando se trata de analizar diferencias de sexo en pautas de juego y socia- bilidad que emergen a una edad muy temprana, en la que resulta dif´ıcil apelar a los factores externos ambientales, o en casos como el estudio de ni˜nas con HSC en los que la conexi´on hormonal es evidente. Esto ha llevado a conducir algunas investigaciones que cuestionan la hip´otesis ambientalista del sistema de sexo/g´enero. Nos referimos al estudio de pautas de juego en primates no humanos. Sus resultados aliviar´an a m´as de un padre preocupado por la educaci´on no sexista de sus hijos, que pese a sus esfuer- zos por regalar juguetes no estereotipados, observa para su frustraci´on como sus hijos despliegan tendencias sexistas.
Varios grupos de antrop´ologos decidieron observar que es lo que suced´ıa cuando primates no humanos de diferentes especies, de ambos sexos y distintas edades eran expuestos a juguetes masculinos, femeninos y neutros. Lo que se observ´o en investi- gaciones con monos rhesus y vervet es que las primates no humanas escog´ıan aquellos
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juguetes femeninos o bien neutros, mientras que sus cong´eneres de sexo masculino se decantaban por juguetes t´ıpicamente masculinos (Alexander and Hines, 2002; Hassett et al., 2008; Wallen and Hassett, 2009). Podemos suponer que estos primates tambi´en tienen un sistema de g´enero similar al humano, que constri˜ne a los individuos de cada sexo desde una edad temprana, pero esto parece poco probable. Una aproximaci´on desde la perspectiva de sexo nos permite explicar estos resultados en t´erminos de pro- cesos cognitivos determinados, a su vez, por procesos motores, perceptuales y cognitivos (Williams and Pleil, 2008), en los que hay un dimorfismo sexual. Tal dimorfismo ser´ıa el causante de que ciertos objetos cautiven m´as a un sexo que al otro, dando lugar a diferencias de sexo en pautas y preferencias de juego. Estas investigaciones no contradi- cen el papel que los factores sociales puedan jugar a la hora de reforzar estas tendencias innatas, sino que cuestionan el origen social y, por tanto, la perspectiva de g´enero desde la cual se suele enfocar este tema.
4.4.2 Mecanismos implicados en pautas de comportamiento social: el