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E. EMPRENDIMIENTO TURÍSTICO

1. Expresión Cultural y Desarrollo de Base

La energía cultural ayuda a la gente a encontrar en lo más recóndito de su ser la fuerza y la resolución que no estaba segura poseía. Cuando el coro del evangelio rompe a cantar, cuando notas de las zampoñas se entremezclan con el viento del altiplano, cuando el actor triunfa sobre la adversidad con un solo batir de palmas, cuando el ritmo de los tambores echa a rodar, la gente es inspirada, reafirmada, ligada a los demás integrantes de su grupo y capaz de llegar hasta el borde de sus sueños y aun más allá.

La gente común genera energía cultural por medio de la expresión creativa cotidiana, en el trabajo y en lo que los occidentales llaman “entretenimiento”, separación que muchos no occidentales no hacen. La energía cultural surge también de la acción concertada de activistas culturales que ponen en práctica iniciativas de base; ellos son los que están más dispuestos a aprovechar conscientemente esta fuente de energía y encauzarla hacia metas socioeconómicas (idealmente constructivas). Aunque la magnitud de su labor es difícil de medir con exactitud, es evidente y palpable. La capacidad de estas personas para mantener su activismo es fundamental para muchos tipos de acciones en pro del desarrollo.

En resumen, la presencia o ausencia de energía cultural puede depender que un proyecto se inicie o no, que sea sustentable o no, que dé resultado o no. La energía cultural puede ser una fuerza poderosa para la creación y el fortalecimiento de la solidaridad y el compromiso colectivos, la eficacia de la organización, la participación y el espíritu voluntario.

Por consiguiente, la expresión cultural es una fuente primordial de energía que puede aprovecharse para el desarrollo humano. Las personas y los grupos, demuestran el poder y la eficacia de la expresión cultural como parte de la vida real y no separada de ella. Se trasluce en la melodía, la letra, el ritmo, el movimiento, la imagen, los dibujos y los colores, en una canción, un baile, una leyenda, un poema, una obra de teatro, un tejido o un mural. Más aún, la energía cultural que se genera es renovable. No sólo mueve a la acción, sino también se repone y crece con ella.

A medida que los pueblos utilizan la energía cultural para alcanzar sus metas, toman mayor conciencia de esta fuente de energía que llevan dentro de sí en forma individual y colectiva. Por lo tanto, en vez de agotarse, la fuente de energía cultural tiende a aumentar con el uso, y la gente que utiliza este método siente que el esfuerzo la llena de energía. (KLEYMEYER, CH).

a. Los problemas

Uno de los principales aspectos positivos del enfoque cultural del desarrollo de base es la índole local del trabajo, que se inicia en las bases. Generalmente es idea de las mismas personas desfavorecidas o de los expertos en desarrollo que trabajan con ellas, y no la última moda importada de los países desarrollados. Ofrece una alternativa frente a la creencia de que el desarrollo es sinónimo de modernización, que a su vez es lo mismo que occidentalización. Según este enfoque diferente, hay varios caminos hacia el desarrollo, y cada sociedad debe descubrir el propio. Los cambios tal vez sean convenientes, pero son también perturbadores. Cuando el pueblo participa en la determinación de la forma, la dirección y el ritmo del cambio, cuando eso sale de adentro y no es impuesto desde afuera, es más probable que sea constructivo y duradero y que la gente lo acepte. (KLEYMEYER, CH).

Para desarrollarse y sobrevivir, todas las culturas toman elementos prestados de otras culturas, y también reforman y reinventan su propio patrimonio. El problema es, entonces, ¿quién controla el proceso?, y no si deben producirse cambios o no. ¿Serán los cambios instigados e impulsados desde adentro o desde afuera?. La respuesta a esta pregunta plantea posibles problemas para la formulación, el financiamiento y la ejecución de programas de acción cultural.

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A menudo se necesita ayuda externa oportuna y apropiada para que un grupo hostigado pueda recobrarse y movilizar sus propios recursos en pro del desarrollo. Aunque las etnias son quienes mejor pueden determinar lo que debe conservarse y lo que debe cambiar, las tradiciones no deberían considerarse como algo necesariamente benigno o intocable.

Tal como explica Chapin “los grupos a menudo son objeto de las transformaciones a pesar de los esfuerzos que hacen para controlar el proceso”. Evidentemente, todavía no se sabe el veredicto en cuanto a si el rescate cultural y el mantenimiento de las tradiciones serán viables a largo plazo. La expresión cultural está relacionada con el significado, y esta relación se manifiesta en sociedades vivas. A veces, un género completo de expresión cultural ya no representa esa realidad viva, y es necesario inventar otros significados y formas de expresión más apropiados para la nueva situación. (KLEYMEYER, CH).

Ello indica que con frecuencia no es necesario forjar vínculo entre expresión cultural y desarrollo porque ya existe aunque quizá corra el riesgo de perderse. En esos casos entran en juego las estrategias de rescate y revitalización de la cultura. Se están redescubriendo técnicas de supervivencia que han dado resultado durante varias generaciones; el cambio constructivo no consiste en convertirse en algo diferente, sino en retomar el rumbo.

Las actividades culturales más difíciles de justificar tal vez sean las que presentan un interés y un valor intrínsecos pero ningún fin práctico cierto, por lo menos a corto plazo.

Independientemente del alcance de sus metas (inmediatas o a largo plazo), las actividades de expresión cultural normalmente se enfrentan con los mismos desafíos que los proyectos de desarrollo de base en general: fortalecer la base institucional, fomentar la democratización, establecer prioridades a largo plazo, proporcionar orientación y enseñar administración, contabilidad y comercialización. Enfrentan los mismos problemas y escollos ocultos para mantener la continuidad y la cohesión del grupo, resolver los conflictos internos, compensar las deficiencias de los dirigentes y administradores, defenderse de las intervenciones externas y de la dependencia, encarar los desafíos de la autosuficiencia económica y la comercialización de los productos, y superar el aislamiento social o geográfico.

Aunque algunos de estos problemas son únicos en su género y requieren soluciones especiales, la mayoría refleja la necesidad de capacitación, asistencia técnica, evaluación participativa, experiencia en autogestión y establecimiento de redes; en resumen, desarrollo de recursos humanos y fortalecimiento de organizaciones. Otros problemas, como la discriminación étnica sistemática y el hostigamiento político, requieren soluciones a nivel de la sociedad y en gran medida están fuera del alcance de los grupos locales.

Al fin y al cabo, el apoyo a un enfoque cultural del desarrollo de base requiere que los gobiernos, las instituciones financieras y las organizaciones privadas de asistencia para el desarrollo, manifiesten un grado desacostumbrado de confianza y respeto por los pueblos desfavorecidos. Estas entidades deben estar dispuestas a ceder el control y a responder a las iniciativas y la gestión de las bases. (KLEYMEYER, CH).

b. Plan de Acción

Se recomienda el siguiente plan de acción para quienes deseen facilitar la consolidación y el progreso de esta manera de encarar los desafíos del desarrollo:

1) Incrementar el apoyo directo a las actividades de expresión cultural. Es preciso encontrar la forma de distribuir los recursos en forma más amplia y justa entre los activistas culturales y sus organizaciones, y siempre que sea posible poner esos recursos directamente en manos de quienes llevan a cabo las actividades. Cuando se trata de recursos financieros, hay que proporcionarles en forma juiciosa y apropiada. Aunque el dinero puede causar conflictos en un grupo cualquiera que sea el monto, demasiado dinero puede abrumar al grupo, distorsionándolo y volviéndolo ineficaz.

2) Ofrecer otras formas de apoyo por medio de instituciones intermediarias o redes. Sería útil intensificar los esfuerzos para fortalecer la autosuficiencia, tanto financiera como de otra índole, de los grupos intermediarios de apoyo (a menudo denominadas organizaciones no gubernamentales) y las redes de grupos de base que se dedican al activismo cultural.

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Los organismos de asistencia deben comprender que la mayoría de estos grupos, al igual que los destacados centros culturales de los países industrializados, nunca serán completamente autosuficientes. Muchos necesitarán asistencia monetaria mientras funcionen. Para promover la autonomía y la eficiencia, es importante canalizar servicios a las actividades ya mencionadas, orientadas al desarrollo de recursos humanos y el fortalecimiento de organizaciones, especialmente con el fin de mejorar el liderazgo, la gestión y la autoevaluación.

3) Facilitar el contacto de los activistas y grupos culturales con organismos nacionales e internacionales. Un factor que en todas las recomendaciones precedentes es la necesidad de mejorar e intensificar el contacto de los activistas culturales y sus organizaciones con instituciones clave de la sociedad, como los ministerios de educación, las organizaciones de defensa de los derechos humanos, los órganos de las Naciones Unidas y otras entidades multilaterales, e incluso las instituciones de reforma agraria, los medios de comunicación nacionales e internacionales y las instituciones internacionales de crédito.

4) Apoyar los esfuerzos encaminados a ampliar y fortalecer los procesos que conducen al pluralismo cultural. Crear sociedades que sean verdaderamente pluralistas desde el punto de vista cultural requiere la autodeterminación y la autogestión de las etnias para asegurar su supervivencia a largo plazo. Ello comprende el apoyo a los esfuerzos para fomentar la tolerancia entre distintos grupos, el respeto de los derechos civiles de todas las etnias y el conocimiento y la valoración generalizados de las raíces culturales, las contribuciones y la historia de las distintas etnias.

Cuando el pluralismo se caracteriza por la participación autónoma y la tolerancia mutua, puede llevar a mejorar una democracia más viable, relaciones entre las naciones y grupos de naciones, y disminuir la violencia y otras manifestaciones debilitadoras de animosidad entre individuos y grupos a nivel nacional e internacional.

5) Intensificar las investigaciones y evaluaciones del desarrollo con un enfoque cultural. Habiéndose demostrado la eficacia del enfoque cultural, ha llegado el momento de perfeccionar los conocimientos existentes sobre sus métodos y divulgarlos más ampliamente. Tal como ocurre en todos los campos del desarrollo de base, eso significa realizar muchas más investigaciones.

Para que las investigaciones sean útiles, es necesario adoptar mejores indicadores a fin de determinar las repercusiones y mostrar claramente las causas y los efectos. En vista de la índole de la acción cultural, estos indicadores serán necesariamente más cualitativos que cuantitativos, y para elaborarlos se necesitan otros enfoques del desarrollo. La búsqueda debe comenzar con una reformulación de los conceptos de privación y bienestar. Esta nueva búsqueda de conocimientos, y especialmente de las relaciones causales, debe llevarse a cabo en colaboración directa y equilibrada con los activistas culturales, los artistas y los artesanos de distintas etnias, en vez de hacerlo por medio de estudios inoportunos de terceros que trabajan solos para su propio provecho. La colaboración permite a los analistas externos conocer el punto de vista de los integrantes del grupo, y a los encargados de la ejecución de las actividades adquirir nuevas técnicas de medición y evaluación.

6) Divulgar la experiencia adquirida en lo que concierne al desarrollo con un enfoque cultural. Es fácil que surjan malos entendidos con respecto a un aspecto muy positivo de la labor Cultural: su enfoque innovador y a veces poco convencional de los problemas sociales. Los activistas culturales se enfrentan con el desafío de comunicar cabalmente el alcance y la profundidad de su experiencia a los críticos y a los aliados en potencia, tanto en su país como en el extranjero.

No cabe duda de que las retribuciones potenciales son enormes. Los grupos de expresión cultural poseen la vitalidad necesaria para inspirar programas de desarrollo similares en los sectores de bajos ingresos y ayudar a los habitantes de los países industrializados a comprender que la inversión en las actividades de desarrollo de base de los pueblos desfavorecidos puede arrojar enormes dividendos. (KLEYMEYER, CH).

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