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Espíritu Tiene órganos Tiene órganos Es de por sí un órgano

Es cierto que gracias a los órganos de nuestro cuerpo biológico podemos escuchar, ver, sentir, etc., pero también podemos decir que el cuerpo material impide el desarrollo completo de los excelsos sentidos del espíritu.

Pues el cuerpo material, al ser tan grosero, embota y entorpece las maravillas que guarda el espíritu.

Dios es tan perfecto que no necesita accionar de forma directa en la materia pues para ello tiene a sus súbditos más adecuados para hacerlo y además unas leyes que regulan con exacta precisión todo lo que contiene el universo, es decir; TODO.

Tampoco necesita ordenar de forma directa para que las leyes sean ejecutadas, pues el mecanismo universal lo hace con perfecta armonía.

Nosotros somos el medio, por ser el mecanismo perfecto, del que Dios se vale para que todo el universo funcione de tal manera que sea un lugar agradable y armonioso para la vida y el pleno desarrollo de ésta. La forma de vida, en su respectivo orden; mineral, vegetal, animal y por fin humana, es la que escogió Dios para hacer posible el progreso del espíritu. Y el arquetipo humano es el que escogió para el manejo y gobierno del universo entero.

Dios no tiene que evolucionar pues ya es perfecto, ni tiene un destino pues Él es el destino.

Nosotros sí tenemos un destino, y ese destino es Dios. Las leyes de Dios son nuestro medio de trabajo y el universo nuestro escenario para moldearlo tal y como exijan esas mismas leyes.

Sólo depende de nosotros qué tanto tiempo nos demoremos para alcanzar esa patria en donde reina la belleza, la armonía y la absoluta perfección.

En este capítulo tocaremos más a fondo sobre el cuerpo astral o también denominado periespiritu.

El periespiritu o cuerpo astral es un vehículo inmortal que preexiste y sobrevive a la muerte del cuerpo físico.

Así como el germen del fruto está rodeado del periespermo, así también el espíritu propiamente dicho está rodeado de una envoltura, que por combinación puede llamarse periespíritu. "Comentario de Allan Kardec extraído de la pregunta 93, tema "Periespíritu" del Libro de los

Espíritus, Editorial Kier S.A., Bs. As.

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Dijimos en el libro “La Tercera Revelación de la Ley de Dios” en la página 16 que el espíritu no es un cuerpo definido. Es más bien una esfera de energía y el nombre más común es el de espíritu.

A medida que se va purificando, va variando del oscuro al brillo del rubí.

El espíritu es lo que realmente somos, porque como ya hemos dicho, los vehículos o cuerpos astrales no son si no envolturas de manifestación.

Debemos seguir destacando que Dios no crea a los espíritus ni malos ni buenos; éstos simplemente van mejorándose a medida que van adquiriendo conocimiento. El espíritu humano es una llama de luz, es la síntesis de todas las facultades creadoras divinas, o mejor dicho, es como si fuera una miniatura del mismísimo Dios.

En el Génesis (capítulo V, vers. 1) se enuncia que el "hombre fue hecho a imagen de Dios", mientras que el Maestro Jesús confirma el enunciado al decir: "Vosotros sois dioses" y también cuando dice; "Yo y mi Padre somos uno".

NOTA: Para seguir leyendo sobre el espíritu remito a la página 16 del libro “La Tercera Revelación de la Ley de Dios”

Espíritu, mónada, chispa divina, mentalsoma, yo superior, alma, centella divina.

El periespiritu no es un descubrimiento o concepción de Allan Kardec. Lo definió de esa forma porque es un cuerpo que envuelve al espíritu.

Ya otras culturas de muchos países del mundo lo definían de una manera, y todo porque ya sabían de su existencia. Cuerpo sideral, Carro sutil y luminoso del alma, linga sarira, nube de luz, doble del hombre, cuerpo causal y otros muchos términos más.

El periespiritu es un cuerpo inmortal y es realmente complejo, difícil de estudiar. Aunque se ha estudiado lo suficiente como para saber que tiene órganos como los del cuerpo material.

Según información obtenida en sesiones de espiritas de contacto que sean realizado, apenas se conoce un 10% sobre este maravilloso vehículo.

No es mucho, pero lo suficiente para saber lo siguiente: Si un desencarnado lanzara con fuerza un objeto contundente como lo es una piedra (recordemos que en el mundo espiritual también hay objetos) a otro desencarnado, es decir, el golpe lo recibiría el vehículo astral o periespiritu, entonces le haría daño y posiblemente caería al suelo como consecuencia del impacto del objeto arrojado, pero no se produciría heridas ni sangrado, pues el periespiritu como ya hemos dicho es inmortal y está hecho de una sustancia increíblemente especial.

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Espíritu

Periespiritu Astral

Si el cuerpo astral o periespiritu fuera clavado con un cuchillo por otra entidad espiritual (también en el mundo espiritual hay objetos filosos) produciría sin lugar a dudas un cierto dolor, pero no habría posibilidad por ello que fuera herido mortalmente pues la brecha causada por el arma se sanaría de forma casi instantánea después de haberse realizado el aparente fatal apuñalamiento.

Una flecha lanzada con fuerza lo atravesaría arrojándolo lo más seguro al suelo pero la herida sería cicatrizada y sanada por completo nada más la flecha saliera del cuerpo astral.

El periespiritu es un cuerpo que podríamos compararlo a los fantasiosos superhéroes de los cómics, pues reconstruye todo su organismo de forma inmediata y se recupera con increíble facilidad de los golpes ocasionados. El periespiritu tiene en sus venas sangre y un corazón que late a un ritmo perfecto, pero no podemos pensar por ello que se pueda desangrar y que por un apuñalamiento en el corazón pueda éste dejar de funcionar, porque como bien se sabe el periespiritu contiene órganos hechos de una sustancia inmortal que escapan a nuestra lógica.

Es diferente cuando las enfermedades, como por ejemplo la cirrosis hepática, son producidas y ocasionadas al cuerpo físico, pues éstas sí afectan al periespiritu, aunque lógicamente no lo llevará al deceso pues bien sabemos que el cuerpo astral o periespiritu es inmortal.

Las enfermedades que se producen al cuerpo físico por causa del mal cuidado a éste, como por ejemplo una cirrosis hepática, sífilis, cáncer o envenenamiento por suicidio, repercuten al periespiritu debiendo luego ser sanado en el mundo espiritual por los espíritus médicos del cielo.

Aclaremos que el periespiritu deberá ser sanado en el mundo espiritual por los espíritus médicos del cielo de las heridas que se le ocasionen al cuerpo físico siempre y cuando el cuerpo físico haya cesado por causa de las enfermedades.

Porque si alguien se enferma pero no muere y se cura por su buena disciplina y por la medicación terrenal aplicada, entonces el periespiritu no deberá contemplar un restablecimiento en el mundo espiritual.

Pero también es importante destacar que sólo nos llevaremos las enfermedades al mundo espiritual dependiendo de nuestro patrón mental y de nuestras acciones aquí en la Tierra; las buenas acciones y los pensamientos positivos son los mejores antídotos para no llevarnos ningún tipo de enfermedad al mundo espiritual. Las enfermedades ocasionadas al periespiritu sólo pueden venir desde la carne o cuerpo biológico y nunca puede el periespiritu enfermarse desde el mundo espiritual, ya que si está en el mundo espiritual está desprovisto del cuerpo carnal o material.

Vemos con todo rigor que hay que cuidar muy bien nuestro cuerpo físico por ser un templo.

Se han visto espíritus vagando por lugares sombríos con enfermedades dolorosas por mucho tiempo.

Tales espíritus no son rescatados por los rescatadores de las colonias espirituales hasta que dichos espíritus no estén preparados y dispuestos para ser socorridos.

Se conocen de algunos casos de espíritus que sufren en el mundo espiritual hasta siglos enteros una auténtica odisea, como por ejemplo el caso del espíritu de Enrique VIII, el cual gobernó Inglaterra por casi cuatro décadas con mano de hierro que murió de sífilis y excesos de vicios.

puede ser herido en el mundo espiritual gracias a la increíble sustancia de la que está hecho, también es cierto que una vez tocado por una fatal enfermedad por causa del cuerpo carnal o biológico, es apto de padecer por mucho más tiempo del que puede soportar el cuerpo material; porque ya si bien el cuerpo material puede durar con una dolencia a lo sumo 100 años, el periespiritu por ser un cuerpo inmortal no tiene fecha o tiempo de extinción.

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El espíritu puede a voluntad modificar su cuerpo periespiritual, es decir el periespiritu, hasta tal punto de convertirse si lo desea en una mariposa.

Esta transformación podrá durar poco tiempo, pues su uso no aporta grandes experiencias para la evolución propia del espíritu.

Este tipo de facultades se utiliza más por diversión y curiosidad que para una finalidad realmente útil.

No obstante tal experiencia vale la pena, pues si se escoge por ejemplo auto-transfigurarse en una mariposa, se podrá sentir la viva sensación de tener alas, patas y todas aquellas partes de las que está compuesto dicho invertebrado.

Lo más sorprendente es que una vez se escoja el insecto o animal que se desee adoptar, el espíritu instintivamente podrá manejar a la perfección la anatomía del animal que haya escogido.

Aclaremos que por el hecho de utilizar la facultad de la auto-transfiguración en un animal, no equivaldrá a que se sea un animal como tal. Porque eso sería involucionar y además en cuestiones de segundos, lo que no es posible, pues la involución no existe.

La práctica de esta facultad para convertirse anatómicamente en un animal, es simplemente una especie de disfraz.

El espíritu propiamente dicho seguirá teniendo las mismas actitudes y aptitudes humanas aunque se haya transfigurado en un gato. Pero podrá, por el hecho de haberse auto-transfigurado en tal animal, experimentar la agilidad y las cualidades propias de éste.

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Cuando un niño muere a temprana edad, el periespiritu de dicho niño no va creciendo en el mundo espiritual como lo hace el cuerpo físico en el mundo terrenal.

En cuanto a su estatura y fisonomía queda estancado hasta que se le programa una nueva existencia terrenal. Porque el periespiritu sólo va tomando diferentes formas a medida que el cuerpo físico va creciendo y cambiando de aspecto. Es cierto que el periespiritu puede modificar su fachada, pero tal modificación sólo puede mantenerse por muy poco tiempo, pues vuelve a adoptar siempre la misma fisonomía y aspecto que tiene o tenía el cuerpo físico que lo viste o vistió.

Cuando un bebé muere a los pocos días o a los pocos meses de haber nacido, los guías espirituales conducen su espíritu a una nueva y pronta planificación existencial en el planeta en donde le corresponda ir.

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Dios es un Ser de seres y no necesita auto-transfigurarse en nada o en alguien para divertirse o para enseñar algo que deba mostrar como bien lo hacemos nosotros. Porque para que nosotros, que somos espíritus en camino de evolución, podamos sublevarnos hacia la emancipación moral, Dios debe esconderse de todos para que vayamos perfeccionándonos de forma progresiva ya que de esa forma continuamente vamos ampliando la idea que vamos formándonos de Él.

Dios se esconde de todos pero al mismo tiempo está dentro del todo. Es como si abandonara su existencia para ser lo Divino a través de lo maravilloso y armónico de la naturaleza.

Dios no tiene un cuerpo periespiritual como lo tenemos nosotros, porque a diferencia de nosotros Él es la sombra de Alguien que resulta ser incorpóreo, sin sombra y sin límite.

Como conclusión: el espíritu es el órgano más increíble que hay en el cosmos. El periespiritu es la herramienta de trabajo más extraordinaria que pueda llegar a existir y Dios es el motor inmóvil más poderoso de todo el universo.

No tiene sentido quejarnos o enfadarnos por el hecho de que Dios nos haya creado.

Muchas personas en momentos de angustia y de amargura alzan la mirada al cielo reclamando al Padre Celestial por el hecho de haberlos creado sin antes habérselo consultado. Es absurdo semejante reclamo. Pues en principio debemos analizar que recién creados no sabemos que existimos y que somos “alguien” debido a la falta de conciencia que hay en nosotros mismos; así que por tanto no hay la posibilidad de reclamar nada.

Y en segunda instancia debemos saber que cuando nos hayamos desarrollado como espíritus superiores, y por ende tengamos un grado más de madurez, no querremos desaparecer del seno del Cosmos, pues veremos que nuestra propia existencia es un auténtico milagro y que valió la pena pasar por existencias planetarias difíciles y penosas para luego llegar a estados sublimes y maravillosos.

En el libro “La Tercera Revelación de la Ley de Dios” explicamos que Dios puso en sus designios un trazo o mejor dicho una senda evolutiva para llegar a ser sus ministros o plenipotenciarios, la cual si la observamos con detenimiento, nos daremos cuenta que el tramo difícil y complicado no es para nada largo en comparación con el tramo sencillo en el cual rebosa la felicidad.

Recordemos que en el universo se sabe, hasta ahora, que hay por lo menos hasta una quincuagésima séptima dimensión (57), las cuales debemos enfatizar que nos referimos a dimensiones planetarias y que por tanto son dimensiones que pertenecen a la dimensión física.

Ver a partir de la página 73 del libro “La Tercera Revelación de la ley de Dios” para profundizar sobre el tema de las dimensiones planetarias que hay que peregrinar para cumplir o terminar con la rueda reencarnatoria.

Tampoco tiene sentido pedirle a Dios que nos limpie de las malas energías que vamos recogiendo y acumulando en el camino de la vida.

Solemos pedirle a Dios o a Jesucristo y también a la Virgen María que nos ayuden con nuestros problemas, y pensamos que con la Divina Gracia ellos nos quitarán de encima ese peso que solemos cargar en los hombros.

Jesús lo dijo muy claro: “Ayúdate y el Cielo te ayudará” Si a una persona le va mal en todos los aspectos y su forma de proceder en la vida es justo la correcta, entonces hay un indicio de que tiene una carga negativa de energías

fluidicas que le impiden que la buena suerte lo acompañe. Todo empieza a ir mal. El trabajo va de mal en peor. El

dinero no alcanza a fin de mes. Los negocios se caen nada más empezarlos o justo cuando ya iban a concluir. Las amistades actúan de una forma poco apropiada y en el ámbito familiar sólo hay discordias, especialmente en la relación conyugal. La salud empieza a deteriorarse y los accidentes de todo tipo son cada vez más frecuentes. Si todo esto empieza a ocurrir, entonces estamos ante un caso claro de brujería (la brujería existe desde que el hombre tiene uso de razón, porque la brujería no es más que una carga nefasta de energía de una persona, focalizada hacia una determinada persona o lugar).

Debemos, por tanto, tomar las medidas pertinentes y limpiarnos, además de protegernos con los elementos adecuados para quitarnos de encima esa carga de energía inicua que impide que todo fluya con normalidad en nuestras vidas. Pero no pidamos con ruegos o rezos a las Entidades Divinas una solución ante semejante problema. Porque sería como pedirles que nos limpien la casa por haberla ensuciado a causa de una fastuosa fiesta la noche anterior.

Si alguien cae a un acantilado y sale mal herido de ese accidente con varios huesos rotos, no se recuperará de sus heridas ni tampoco restablecerá sus huesos por el hecho de implorar a Dios o a sus Santos preferidos que lo curen. Deberá acudir al médico para sanar las heridas de las infecciones y aplicar adecuadamente el vendaje para que los huesos se restablezcan.

Dios nos da la fortaleza y nos sostiene en aquellos momentos considerados críticos para nosotros. Pero no restablece el orden y tampoco obra con sus manos para arreglar de forma directa aquél problema que bien lo podemos solucionar nosotros con las herramientas que precisamente Él ha colocado en nuestras manos.

Nosotros podemos proyectar, de nosotros mismos, dos tipos de energías; la negativa, la cual es dañina y perjudicial y otra positiva que es benéfica y saludable.

La energía positiva y buena cuando es proyectada con amor hacia otra persona puede curar y aliviar enfermedades de todo tipo, desde un eczema hasta un cáncer.

Mientras que la energía nociva proyectada con odio y rabia hacia otra persona puede enfermar e incluso matar.

Hay personas que utilizan la energía negativa deliberadamente para hacer daño al prójimo. Esto se denomina brujería o uso de magia negra; concentrando la energía nociva hacía un determinado objeto (muñecos, alfileres, piedras, telas de un determinado color, animales muertos o vivos como por ejemplo el sapo, talismanes, e incluso, en ciertas comidas).

No expondremos cómo se preparan estos elementos con la energía negativa (con el propósito de hacer daño al prójimo) por no ser conveniente.

concentrar la energía negativa hacia un determinado objeto, ya que también existen otras formas de dirigir esa energía nefasta con el objeto de perjudicar al que se quiera.

Por ejemplo, con la simple mirada, o con la mala voluntad, o con la envidia ya se puede enviar altas cargas de energía dañina hacia aquél que se dirige el pensamiento o la mirada.

La envidia y la mala voluntad, entre otros malos pensamientos, emanan fluidos perniciosos que al ser enviados hacia una determinada persona pueden ser muy perjudiciales cuando son enviados de forma constante.

El mal de ojo no es más que la mirada déspota y fuerte de alguien, quienes más lo padece son los niños por ser inquietos, gritones y traviesos.

Los síntomas del mal de ojo son los siguientes: apatía, somnolencia, melancolía, inquietud, tristeza e inapetencia. No sólo los niños padecen de este mal pues las personas mayores también están expuestas al “mal mirar” de ciertas personas rencorosas, envidiosas y malgeniadas.

Aunque muchos consideren el "mal de ojo" como una vieja y tonta superstición, la verdad es que se ejerce disciplinado por leyes tan lógicas como lo es la misma gravedad.

Los fluidos inicuos o maléficos proyectados por las personas envidiosas, celosas o despechadas, son enviados por ese mirar fuerte y dañino y pueden tales fluidos acumularse en el periespíritu indefenso de aquellas personas que reciben ese “mal mirar” y es ahí cuando es atizado el cuerpo astral, perturbando el funcionamiento normal de los chakras.

La forma de contrarrestar semejante ataque energético es acudir a los centros espiritistas en donde realizan pases magnéticos o imposiciones de manos para desintegrar o

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