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CATÁLOGO

7. F UENTES B IASADAS (Figura 44)

Las fuentes biasadas constituyen una morfo- logía muy característica del repertorio cerámico regional cuyo inicio como producción seriada se inaugura en esta etapa, si bien se prolongará hasta, al menos, fechas avanzadas del siglo II d.C. (Montes, 2009: 436-437). Lo exiguo del repertorio adscribible a estas datas alborales de su fabricación y la escasa entidad de los frag- mentos conservados impiden abordar un análi- sis detallado de sus particularidades formales y técnicas, más allá de la inequívoca asignación genérica al tipo (Hevia y Montes, 2009: Fig.3.11), perfectamente definido más adelante (Benéitez et alii, 1999: 29-30, Fig. 5.8-10). De este modo, no disponemos de datos que permi- tan confirmar las conclusiones obtenidas en Lugo para piezas semejantes. Allí, en los ejem- plares tempranos adscritos al tipo L19 (Alcorta, 2001: 126-127, Fig. 56), se ha observado una tendencia a los perfiles más netamente hemisfé- ricos, a los bordes sencillos, a una mayor pro- fundidad de los recipientes, a un desarrollo más acusado de la nervadura, que adquiere mayor vuelo y que además se ubica en una zona más baja de la pared, y a una presencia más frecuen- te de ornamentaciones bruñidas (Ibidem: 341). Figura 42. Fuente carenada con baquetón.

Foto: J. Arrojo

Figura 43. Fuente carenada con baquetón

26 Para una comparación ajustada, se pueden consultar los ejemplos que se recogen en esta misma publicación.

En nuestro caso contamos con un escaso número de fragmentos que no ofrecen dudas en cuanto a su adscripción formal pero que no han permitido la reconstrucción de perfiles completos. Confirman, en cualquier caso, la presencia del tipo en el yacimiento durante la primera centuria sin que la naturaleza de los contextos de aparición permita hacer estimaciones sobre su frecuencia. En el Chao Samartín será en el siglo II d.C cuan- do se conviertan en elementos habituales en los ajuares (Figura 113).

CATÁLOGO

1. CH.02/2743. Sector N-1. Fragmento de borde y cuerpo. Borde indiferenciado de perfil redondeado remarcado al exterior por una ancha acanaladura. Cuerpo de perfil curvo recorrido al exterior por una nervadura de sección triangular. Pasta de tonalidad pardo grisácea con desgrasantes micáceos y cuarcí- ticos pequeños y abundantes esquistos de variadas dimensiones. Superficies somera- mente bruñidas, la externa de color pardo grisáceo y la interna gris oscura. Dimensiones: diámetro aproximado borde: 120 mm; altura conservada: 21 mm; grosor sección pared: 5.5/7.5 mm. Bibliografía: Hevia, 2006; Hevia y Montes, 2009: Fig. 3.11. VAJILLA ENGOBADA DE IMITACIÓN DE TERRA SIGILLATA(Figuras 45-47)

Los fenómenos imitativos de cerámicas clá- sicas y, de forma especialmente significativa,

de piezas de terra sigillata, resultan frecuentes en territorios periféricos del Imperio, sobe todo en los momentos iniciales del contacto entre las comunidades indígenas y Roma. Los ejemplos se extienden de manera generalizada a todas las regiones occidentales27 y en Hispania podemos

referir múltiples casos. No obstante, cabe en este punto reflexionar sobre la variedad de situaciones que explican estos fenómenos y la compleja realidad social que subyace. En deter- minadas ocasiones, se dan procesos de recrea- ción directa de modelos, tal y como sucede con las producciones de lo que se ha dado en llamar

terra sigillata local de tradición itálica (Morillo,

2008: 279). Es el caso, circunscribiéndonos a los ámbitos más próximos, de la vajilla realizada por el figlinarius de la Legio IIII Macedónica L.

Terentius (Morillo y García Marcos, 2001: 149)

documentada en yacimientos del hinterland del campamento de Herrera de Pisuerga (Carretero, 2000: 447; Sanz Mínguez, 1998: 178 y 355-356; Carretero y Guerrero, 1990: 374-375, Fig.6) o la fabricada en el acantonamiento de la Legio VI vic-

trix de León por diversos artesanos como C.

Licinius Maximus, L.M. Gen o el alfarero de la caliga (García Marcos, 2006; Morillo, 2008: 281- 284; Fig. 4 y 5). En el extremo opuesto se sitúan otros casos en los que el tamiz indígena actúa de una manera mucho más acusada, obteniéndose producciones cerámicas en las que el componen- te clásico se diluye a causa del peso de los modos y gustos de la tradición alfarera local. El ejemplo lucense que analizaremos en estas líneas resulta muy elocuente en este sentido.

Uno de los ejemplos más representativos iden- tificados de este tipo de fenómenos es el que se produce en el ámbito productivo bracarense (Alarcão, 1966; Alarcão y Martins, 1976), en el que se registran imitaciones de diversas formas de

terra sigillata28 en yacimientos como, por ejem-

plo, Aquis Querquennis (González, 2006), Conimbriga (Alarcão, 1976), diversas localiza- ciones del Alto Alentejo (Nolen, 1986) o la propia

Bracara Augusta (Morais, 2008; Delgado y

Morais, 2009: 25-29). Otro sector hispano en el Figura 44. Fuente biasada

27Cabe referir, por ejemplo, el caso de los alfares galos de

que se detectan producciones afines es el valle del Ebro, en alfares como el identificado en Tarazona (Amaré, 1984: Aguarod, 1984; Aguarod y Amaré, 1985)29. En Emerita Augusta, por su parte, también se ha constatado

la imitación de formas de terra sigillata (Rodríguez Martín, 1996: 49) en los alfares ins- talados en la ciudad en el siglo I d.C.30, dedica-

dos paralelamente a la manufactura de lucernas, terracotas, cerámica común y paredes finas (Rodríguez Martín, 1996: 162; Mayet, 1975).

Sin embargo, debemos centrarnos en el ámbito productivo lucense a la hora de rastrear vínculos para el elenco aquí presentado, tan expresivo como reducido en lo numérico. En

Lucus Augusti se registran, en la primera fase

productiva, imitaciones bastante fidedignas en lo morfológico al modelo original de la forma Drag. 2931 (Alcorta, 2001: 131-137, Fig. 58),

que parece ser el tipo más frecuente32, y que se

acompaña de imitaciones de la Ritt. 5 -tipo I5- (Ibidem: 139, Fig.59.3) y tal vez, de la Hermet 4 -tipo I4- (Ibidem: 137-138, Fig.59.1-2). En cronologías más avanzadas, que alcanzan la época bajoimperial, se producirán imitaciones de las formas Ritt. 8, Drag.15/17, Drag.27, Drag. 35, Palol 8 y Hayes 59 (Alcorta, 2001: 364-382, Figs.154-161).

La representación de este tipo de produccio- nes en el Chao Samartín se reduce hasta el momento a un fragmento de galbo de una posi- ble Drag. 29 y a una pieza que imita la forma Drag. 24/25.

8. IMITACIÓN FORMA DRAG. 29