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FACTORES QUE INFLUYEN EN LA MEMORIA DE LAS PERSONAS MAYORES

PRIMERA PARTE: Fundamentación

CAPÍTULO 2. CREENCIAS SOBRE APRENDIZAJE Y MEMORIA EN PERSONAS MAYORES

2.4. FACTORES QUE INFLUYEN EN LA MEMORIA DE LAS PERSONAS MAYORES

2.4.1. Factores psicosociales que influyen en el proceso de envejecimiento Cuando se decide estudiar los factores psicosociales involucrados en el proceso de envejecimiento no sólo lo hacemos con el fin de ampliar la comprensión de dicho proceso, sino también para poder, en un futuro inmediato, ser capaces de diseñar estrategias de intervención adecuadas, que permitan a los mayores la optimización de sus funciones cognitivas y conductuales, y que además le brinden la posibilidad de realizar nuevos aprendizajes que le faciliten una exitosa adaptación a su medio (Aragó, 1985; Fernández-Ballesteros, 1985).

Es importante tener en cuenta estos factores psicosociales, pues son elementos implícitos clave que influyen en cómo la persona responde ante situaciones en las que la salud juega un papel importante; es decir, que influyen en el éxito de las intervenciones para la mejora de la salud. Entre estas variables de tipo psicosocial destacaremos:

1. El control percibido. Según Triadó y Villar (2006), será el grado en el que una persona mayor advierte que existe una relación funcional entre lo que hace y las consecuencias de sus acciones, y que esto puede influir en el bienestar físico y emocional, pues les puede ayudar a adaptarse a enfermedades crónicas, a desarrollar conductas de autocuidado, aceptar el envejecimiento de forma satisfactoria. Este control influye en la salud a través del control del estrés, siendo más consciente de los síntomas, e incentivando al mayor a desarrollar acciones positivas para mejorar la salud (Rodin y Salovey, 1989). La percepción de control, más incluso que el propio ejercicio de este, es el principio activo de los programas de intervención.

2. La autoeficacia. Definida por Triadó y Villar (2006) como la evaluación que realiza la persona mayor para poder poner en práctica una conducta

específica y así lograr un resultado. Esta autoeficacia repercute positivamente en la salud y el bienestar físico y emocional de las personas mayores.

3. Las creencias que tengan las personas mayores acerca de la enfermedad. Las creencias que tengan acerca de los síntomas, las causas, las expectativas de curación, etc., pueden afectar a futuros comportamientos saludables que darán lugar a respuestas emocionales que alterarán de nuevo esas creencias. Esta relación entre cognición y emoción puede tener efectos negativos, pues si la persona mayor atribuye sus síntomas a un estado normal del envejecimiento es muy probable de que no realice ninguna acción preventiva y para contrarrestarlos.

4. Las actitudes escépticas de las personas mayores y de los profesionales influyen en la prevención e intervención. Encontramos aquí que las personas mayores no dan importancia a los síntomas que van presentando porque los perciben como aspectos relacionados con el envejecimiento y esto se agrava cuando además los profesionales presentan bajas expectativas de éxito con las intervenciones de este tipo y, por tanto, desestiman las actividades preventivas en personas mayores. Según Brownlee, Leventhal y Leventhal (1996), las personas con más de 65 años presentan con frecuencia comportamientos de autocuidado de la salud y es menos probable que abandonen los tratamientos. Las personas mayores de este grupo de edad, ante la incertidumbre, buscan ayuda profesional que les ayude a entender y tratar estos nuevos síntomas desconocidos (Leventhal, Leventhal, Schaefer y Easterling, 1993).

5. Las estrategias de afrontamiento. Estas estrategias son importantísimas a la hora de la prevención, el tratamiento y la posible curación pues le permiten al sujeto adaptarse a la situación, compensar las pérdidas y adoptar un papel activo en el cuidado de su salud. Las personas mayores usan, la mayoría de las veces, estrategias de afrontamiento centradas en la emoción a través de la modificación del significado de la situación que viven. La forma en que llevan esto a cabo es a través de la modificación de preferencias y

prioridades y, reinterpretando el significado mediante la comparación positiva; es decir, las personas se comparan con personas de su misma edad que se encuentran en una situación igual o peor (Pearlin y Skaff, 1995). Cuando los problemas son de salud, las personas mayores usan el afrontamiento centrado en la modificación del problema y ponen en práctica conductas saludables y responsables, excepto cuando equivocadamente atribuyen los síntomas al proceso de envejecimiento normal que activan erróneamente estrategias centradas en la emoción (Leventhal et al., 1993). 6. El apoyo social. Es importantísimo que las personas mayores participen en actividades sociales para evitar el declive funcional. Lo importante de estas actividades sociales es que sean significativas y útiles para la persona. Es igual de importante el apoyo recibido como el percibido por la persona (Pinazo, 2005), pues amortiguan las consecuencias negativas, reduciendo la cantidad de estrés y facilitando la trasmisión de conocimientos sobre la salud. Los programas de intervención para incrementar el apoyo social han de estar dirigidos tanto al entorno cercano, a través de formación y apoyo a los familiares, dirigidos a la comunidad, a las instituciones, a los grupos de autoayuda, etc., como hacia el contexto general en el que se encuentran. Además, existen evidencias de que variables como las actitudes de la sociedad hacia las personas mayores, el grado de aislamiento social que sufren en muchas ocasiones, la presencia o no de estados depresivos y, por último, los factores motivacionales afectan negativamente a su funcionamiento intelectual (Fernández-Ballesteros, 1985; Poon, 1989; Luszcz, 1992). Así, las actitudes y estereotipos de una sociedad concreta hacia la vejez influyen en el autoconcepto y la autoestima de los propios individuos de forma negativa, y este tipo de percepciones sobre las propias destrezas, como ya hemos visto, suele conducir a un decrecimiento de la ejecución mnésica (Francés y Pelegrina, 1992). Un estereotipo de la sociedad actual, según Montero (2000), es que el uso de las tecnologías se asocia, por principio, a la gente joven, aunque son muchas las personas mayores que ya las usan, pues éstas les facilitan su autonomía personal y social. Según Cabero y Barroso (1996) las

nuevas tecnologías usadas en el aprendizaje con personas mayores presentaría una serie de características como son la individualización, la flexibilidad y la accesibilidad.

Siguiendo con este último planteamiento, queremos destacar una forma extrema de alteración de la autoestima que suele producirse durante el envejecimiento y es la denominada “depresión geriátrica”, que suele llevar a frecuentes confusiones de diagnóstico (Yesavage, 1983). El síndrome depresivo en una persona mayor conduce a un descenso de su motivación y de su interés, así como a una aguda percepción subjetiva de pérdida de memoria, lo que provoca que, en ocasiones, una persona mayor depresiva sea diagnosticada clínicamente como pseudodemente, con un aparente pero incierto deterioro cognitivo y de memoria. Pavón (2000) establece que algo tan atractivo como las nuevas tecnologías pueden ayudar a levantar la autoestima de las personas mayores, abriendo nuevas puertas a su conocimiento y a sus relaciones sociales.

Por último, concluiremos con Gázquez, Rubio, Pérez y Lucas (2008) y su teoría acerca de la percepción negativa de las personas mayores sobre su salud, que afirmaron que la percepción de la incapacidad y el consumo de tabaco aumentan el nivel de dependencia y de necesidad de ayuda. Por el contrario, el nivel de educación, satisfacción de la vida y la actividad física hacen que el nivel de dependencia disminuya.

2.4.2. Factores actitudinales y mentales negativos que afectan a la memoria de las personas mayores

Según Lapp (2001) las personas actuamos según nuestras creencias, y nuestras actitudes mentales determinan nuestros actos. Cuando alguien cree que no puede confiar en su memoria, ni siquiera lo intenta. Así, renunciando a usarla es como la memoria va menguando pues para mantenerla activa debemos ejercitarla siempre.

Por tanto, se ve así cómo las actitudes negativas (desesperación, impotencia y falta de valor) no ayudan a la solución de problemas de memoria. Cuando una persona piensa que es demasiado vieja para aprender cosas nuevas o que no se le da bien el aprendizaje de números, nombres, etc., siente un sentimiento de impotencia ante estas actividades y le falta valor para autoayudarse.

Se observa cómo el sentimiento de culpabilidad no ayuda a solucionar el verdadero problema, pues hemos mandado una señal equívoca a nuestro cerebro de porqué no podemos con esa tarea. Por ello, cuanto antes seamos conscientes de que nuestra actitud negativa obstaculiza el aprendizaje, antes estaremos en disposición de cambiarla y seremos capaces de identificar que existen estrategias para mejorar la capacidad de memoria a cualquier edad. Cuando las personas conseguimos hacer algo con éxito esto nos ayuda a cambiar nuestra predisposición a tener actitudes positivas mentales. Por ello debemos estimular que se trabaje con buena voluntad y que se analicen los resultados obtenidos. La mente necesita de ciertas instrucciones y tácticas ante las cuales la memoria funcionará satisfactoriamente, potenciando así el recuerdo de lo que se quiera recordar, eliminando a su vez, cualquier actitud negativa.

Una de las actitudes negativas más comunes en el ejercicio de la memoria es el perfeccionamiento, pues aquella persona que todo el tiempo se manda mensajes de “debería haberlo hecho mejor” está insatisfecho a cada momento con lo que es capaz de hacer-conseguir y esto es muy desmotivador, pues aspira a la perfección, lo cual es un objetivo vago e inalcanzable. Según Les Brown (2000, citado en Lapp, 2001, p.70), para rebatir una tendencia perfeccionista debemos usar estrategias, como por ejemplo decirles que “la práctica nos hace mejores, no perfectos”. Aunque siempre es posible mejorar, nunca se llega a la perfección, porque en realidad ésta no existe completamente. Así que les debemos decir que dejen de mandarse esos mensajes sobre si deberían recordar todo lo que olvidaron y que será mejor que se centren en intentar solucionar sus problemas de memoria poco a poco.

Para potenciar la memoria de las personas, Lapp (2001) recomienda aliviar el miedo a olvidarse de las cosas a través del conocimiento de los aspectos que conforman la memoria y la relajación.

CAPÍTULO 3. DETERIORO Y CAMBIOS COGNITIVOS ASOCIADOS A LA