apoyábamos a Antanas Mockus éramos un mar de nervios —como verán, estoy
aprendiendo muy rápido y en esa frase utilicé una hipérbole para exagerar el
sentimiento que nos producía el profesor mientras trataba de hablar en los debates—.
El panorama electoral era claro. Ya se sabía que la presidencia quedaría en manos de Mockus o de Santos y la ola de debates ya estaba próxima a terminar, esos espacios concebidos para enfrentar las ideas de los candidatos en aras a que los medios cumplan el compromiso que tienen con los ciudadanos y les brinden la posibilidad de elegir la mejor opción de acuerdo a la diversidad de opiniones.
Volviendo a los nervios que producía apoyar a Mockus, es pertinente explicar que la razón de aquella sensación era producto de la profundidad que el profesor trataba de ponerle a cada una de sus intervenciones y la cantidad de términos especializados con los que hablaba, sin nombrar las veces que se quedaba en silencio o decía con toda sinceridad que no podía responder a esa pregunta por falta de conocimiento.
A pesar de todo, la campaña verde seguía haciéndose basada en la legalidad, el respeto por la vida, las leyes y los recursos públicos. Los jóvenes y seguidores del Partido queríamos ser verdaderos modelos de esos principios que defendíamos para
83 que la gente se contagiara y cambiara su manera de pensar tal como Daniel lo describe en esta columna.
Después de hablar de los defectos —físicos e ideológicos— de los otros candidatos, de
Noemí, Petro y Santos, Samper Ospina confiesa una de sus recientes preocupaciones. ―[…] por culpa de Mockus me estoy desconociendo. Hago cosas que jamás haría. Me he vuelto cursi. Y ya no sé que esperar de mi‖. Exageración evidente teniendo en cuenta que la actitud que le produce el apoyo a Antanas no es mala, por lo que sobra la preocupación de lo que espera de sí mismo.
A continuación Daniel nos aproxima a lo que es un debate en Colombia por medio de
una analogía. ―Los debates, por ejemplo: ¿en qué otro país del mundo hacen dos
debates el mismo día, en uno de los cuales una muñeca de la Fábrica Nacional de Muñecos con una voz más aguda que la de Noemí?‖. No sabría decir a cual de las presentadoras nacionales que comparten esas características se refiere Samper en esta pregunta, pero seguramente cualquiera de las que haya elegido como ejemplo es tan postiza y artificial como un muñeco.
Párrafos más adelante Daniel describe al pie de la letra qué pasaba cuando el profesor hacía sus intervenciones en los debates. Exagerando, claro, y utilizando nuevamente
la pregunta y la ironía para ilustrar su ya mencionada preocupación. ―¿desde cuándo
animo a dos profesores de matemáticas (Antanas Mockus y su fórmula vicepresidencial, Sergio Fajardo), miembros del maldito gremio que amargó todos
mis días en el bachillerato? —sobra decir que la misma pregunta me hacía yo,
haciendo énfasis en que lo que más me hacía orgullosa de apoyarlos era precisamente
el hecho de que son educadores— Estoy a punto de colapsar. Necesito desahogarme.
Desde hace un mes mi vida se convirtió en rogar para que Mockus no se demore más de siete segundos entre una palabra y la otra. Cada vez que da declaraciones experimento una angustia similar a la que padezco cuando juega el Santa Fe. Por hacer fuerza he envejecido mucho. Ya no me quedan dientes porque bruxo, bruxo como nunca para que el profesor no pise cáscaras; para que al hablar no se trabe, al menos no tanto como Santos en su juventud‖. Es obvio que la preocupación de Daniel no llega al punto de envejecer, contraer arrugar y quedar sin dientes, pero la repetición, que formalmente es una anáfora le da énfasis al hecho de bruxar (apretar los dientes con mucha fuerza), acción común cuando hay sentimientos de
84 nerviosismo. En cuanto a que no se trabe, es claro que además de referirse a que el profesor logre hablar de corrido, también es una mención a Juan Manuel Santos, quién días atrás había confesado que en su juventud fumó Marihuana.
Para finalizar, Daniel cierra con un comentario casi reflexivo sobre el cambio de actitud que Antanas Mockus le generó utilizando nuevamente la exageración como recurso principal. ―[…] hace unos días me paró un policía y en vez de tratar de caerle bien para neutralizar la multa, reconocí mi error, le pedí excusas y lo tuve media hora comentándole la importancia de cumplir la ley‖.
En esta columna aparece un apodo nuevo al que no debe restársele importancia. Después de que en una reunión, el candidato Gustavo Petro dijera que no podía continuar debido a un dolor testicular, Daniel bautizó al testículo enfermo con el nombre de Venus Albeiro, el mismo del representante a la cámara por el Polo Democrático Alternativo, el mismo partido del candidato.
En cuanto a las filias no hay ni qué decirlo. Antanas Mockus y el Partido Verde producen grandes y muy buenos sentimientos en Daniel Samper, por lo menos por esas fechas.
“Así es difícil hacer oposición”
Agosto 16 de 2010